"No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. [...] Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo"
"No me gusta nada que haga postrarse a un hombre"
"La libertad no hace felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres"
Me explicaba ayer mi buen amigo Víctor, que una articulista de eso que llaman periódico y entitulan “Avui”, se iba de vereta y repartía canela fina a propósito de extremeños, andaluces y tópicos variopintos. Por lo visto, el fulano en cuestión repasaba todos los tópicos; desde el andaluz palmero y vago hasta el extremeño parásito que vive de los catalanes. He buscado el artículo para hacer lo que pienso hacer en breve con todo conocimiento de causa, pero me ha sido imposible encontrar la mierda de artículo ese por el que sin duda habrá recibido el apoyo de todo su corro de palmeros finos y talibanes. Bien, con lo que sé y con lo que intuyo me da, dado el caso, para calificar al susodicho cantamañanas como hijo de la gran puta. Como dice el maestro Reverte esto no es lo mismo que hijoputa, todo seguido. El hijoputa no deja de ser un desgraciado de los que te encuentras por la vida, un tonto del culo que muchas veces ni sabe que lo es. El hijo de puta se hace, se lo curra. Es un personajillo que se gana a pulso el calificativo a base de tocarle los cojones al personal y de ser un mal bicho. Lo dicho, que el tipo este es un hijo de la gran puta. Pero quiero que entiendan todo el matiz y todo el ritual. No basta con decirle, por ejemplo: S (por decir algo), eres un hijo de la gran puta. No. Como también dice el maestro, hay que arrastrar la i del comienzo, apoyarse delicadamente en la j, suave al principio, sonora al final, pasar como de puntillas sobre la preposición y el artículo y recrearse sonoramente en el gran, dando a entender lo grande que resulta su madre dentro de este venerable oficio. Lo último del asunto deviene al disparar esa p final. Debe uno de pronunciarla de forma sonora, labial, casi escupiéndola, ya que es ahí donde reside el intríngulis del asunto; en la p sonora y limpia de puta. Ahora imagínense como pronuncio serenamente y con todo el sentimiento del que soy capaz ese S, eres un hijo de la gran puta. Mucho mejor, sin duda. Algo en el que escribe se alivia infinitamente, pero pasaremos ahora a la faceta intelectual del asunto. Si el arriba firmante fuera un inculto talibán, un mercachifle barato y un, repito, hijo de la gran puta, podría recrearse en la comparación histórica. Me explico, que si se me fuera la olla podría ponerme a recitar un sinfín de personajes históricos que mi tierra andaluza ha dado; desde personajes homéricos, pasando por emperadores romanos (en esto nos ganan los extremeños), conquistadores, literatos, artistas, filósofos y arquitectos. Me dejo categorías, sin duda, pero no es plan, oigan. No diría aquello tan vulgar de las fuentes de la Alhambra, de las bibliotecas de Córdoba, ni le recordaré al fulano este cómo vivían en Cataluña en la Edad Media. No lo voy a hacer porque a parte de un mal gusto impresionante, no me quiero poner a la altura de según qué gilipollas. Tampoco le voy a recordar cómo los vagos andaluces y extremeños se han dejado la piel en la industria catalana para que según que señorito burgués pueda irse de vacaciones al santuario de Nuria o escalar Montserrat con la colla barretinaire. Repito, de eso nasti de plasti. ¿Y saben ustedes por qué no? Pues porque yo quiero a esta tierra a pesar de subnormales de este calibre. Adoro este idioma, hermano del mío, tan suave y sedoso en el que escribían Verdaguer y Pla. Porque aunque este cateto y otros como él se empeñen en lo contrario, mi tierra y la suya son hermanas desde tiempos inmemoriales. Ya de antes de los romanos mi gente y su gente eran la misma, hablaban prácticamente el mismo idioma, rezaban a los mismo dioses y se levantaros juntos contra catagineses y romanos. Y luego más de los mismo, pero esta vez en latín. Porque según que tonto del culo ignora que en Tortosa fueron tan andalusís como los granainos. Y porque, sobre todo, catalanes y andaluces se partieron los cuernos por todo el mundo contra todos los enemigos que sus majestades católicas y españolas fueron haciendo a lo largo de los siglos. Y si no, ahí están los archivos, no jodamos, please. Vamos, cretino, que has cortado el trigo verde. La única espinita que tengo clavada es la de que este humilde blog no lo lea tanta gente como ese periodicucho subvencionado y en bancarrota en el que escribes. De todas formas, hijo de la gran puta, si no te queda claro algún asunto y prefieres discutirlo en un ambiente mucho más térmico, por mi ningún problema. Y así de paso te puedo hacer unas palmas, cantarte una buleria y meterte la guitarra por el agujero del culo, gilipollas.
Lo reconozco. Soy andaluz, y no me gusta nada trabajar (aunque a veces reconozco que es gratificante).
Me encanta el ocio, pasarlo bien, hacer el vago a ratos, las cañitas con sus tapitas, el sol, las verbenas de pueblo...No sé, esas cosas tópicas del submundo y la vida "baja" y canalla.
soy catalá viviendo en andalucia desde hace un año y puedo decir q todos los topicos q se dicen d los andaluces quedan cortos... aparte d vagos son una pandilla d sumisos alcoholicos, catetos, inutiles y parasitos.
Estoy de acuerdo con Josep Lluis. Soy de Valladolid, llevo desgraciadamente un año y medio en Sevilla y en mi vida me imaginé que esto iba a ser así. Los andaluces son falsos, mentirosos, vagos, machistas, marranos, maleducados... Esto es la ciudad sin ley, aquí cada uno hace lo que sale de la entrepierna. Y lo más triste de todo, es que los andaluces se creen que ellos y su comunidad son lo mejor de España, y no tienen ni idea de lo que en el resto de España se piensa de ellos, ignorantes. Pero ellos son felices pensando que son los mejores, la mejor gastronomía (cuando sólo saben comer puntillitas, cazón y tortillitas de camarones, es decir, una mierda), el mejor clima, la mejor gente, la mejor semana santa.... En fin, que sí, que lo que ellos digan. Por no hablar de la "gran cultura" que tienen. No saben salir de Andalucía, en vacaciones los de Huelva se van a Málaga, los de Cádiz a Almería y los de Granada a Sevilla. Patético.