"No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. [...] Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo"
"No me gusta nada que haga postrarse a un hombre"
"La libertad no hace felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres"
Conmmocionado acudí ayer a una de las últimas entregas de la vida de un personaje clave de la Historia de este país que antes se llamaba España. Resulta que, contra todo pronóstico, la Agustina de Aragón de nuestros días tenía un apaño. Estupefacto, consternado, fuera de mi, contemplé en compañía de mi señora madre cómo el amante de Lola Flores lloraba en la pantalla. Y es que este país no volverá a ser el mismo tras la revelación. El mito tenía los pies de barro, señores. Auqella madre devota, esposa fiel, amante entregada, era una cualquiera. La revelación se produjo en hora de máxima audiencia. Millones de españolitos se arremolinaron ante la pantalla del televisor para escuchar las revelaciones del "amigo" de la Faraona. Les he de confesar que el tema me pilló leyendo un libro. Una de esas cosas con páginas y sin dibujos que algunos leen con fruición. En fin, que no pude menos que dejar el susodicho sobre la mesilla -durante algo más de 5 minutos- y entregarme deviotamente a aquella catársis. Qué planos, qué lágrimsas, qué desconsuelo. Y una sóla idea rondando en mi cabeza : menudo país de mierda.