"No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. [...] Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo"
"No me gusta nada que haga postrarse a un hombre"
"La libertad no hace felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres"
Disculpen ustedes el retraso pero la vida del aprendiz de piniodista es muy dura a veces uy otros menesteres reclamaban mi atención.
No sé si se han enterado vuestras mercedes de lo ocurrido en un pueblo jienense llamado Guarromán—se lo juro—. Pues resulta que el párroco de la localidad se ha negado a darle la comunión a un hombre por tener pareja de hecho y para más INRI masculina. Vamos, que era homosexual. Ya lo decía el bueno de don Quijote, encarnación novelesca de la España soñadora, “con la Iglesia hemos topado, Sancho”. Con la Iglesia se ha topado este pobre hombre, escarnecido en público por un señor con sotana. Yo ni soy creyente ni homosexual, cosa que me permite ver tranquilamente los toros desde la barrera. Desde mi posición ventajosa observo como, día a día, se van quedando sin clientela. Que conste que a mi plin, que hagan de su capa un sayo. Si no aceptan a divorciados, homosexuales y demás calaña pecadora es su problema. Al fin y al cabo, como decía Norberto Bobbio, Juan Pablo II es un estupendo ejemplo de Papa de la Contrarreforma. No es de extrañar pues que de ahí para abajo mucha gente siga viviendo en el siglo XVI. Aunque injusto sería meter a todo el mundo en el mismo saco, porque católicos los hay muy apañaos. Mucha gente que se deja la piel cuidando leprosos, y monjitas con hábitos blancos charlando con prostitutas en cualquier esquina del Chino. En tiempos de Jesús a los homosexuales se les lapidaba. En Judea, claro, porque en Roma se pegaban unas fiestas de agárrate que vienen curvas. Hoy en día las lapidaciones son psicológicas y cualquier cura de pueblo puede ejercer de inquisidor. Decía el Papa que España sufre una ola de laicismo—ya era hora—y no se quién que se pecaba de forma masiva. Como laico y pecador masivo tengo ya claro que al cielo no voy a ir. Cosa que, por otro lado, no me preocupa lo más mínimo dado mi poca afición por los países donde manda un autócrata, sean terrenales o celestiales. Si en cielo hubiera un parlamento, una constitución y una separación de poderes, a lo mejor me lo planteaba y todo. Así que mi consejo para todos aquellos creyentes que se sientan decepcionados por sus pastores es que acepten su condición de pecadores y la ejerzan con alegría. Al fin y al cabo Cristo predicaba entre putas, y lo dejó muy clarito ante aquellos que pretendían lapidar a una pobre adúltera, “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”… Y nadie la tiró.
Qué país es una expresión a la que los españolitos estamos tan acostumbrados como los franchutes a comer croisants y los hijos de la pérfida Albión a tomar té a las 5—con pastas, claro—. Esta alocución intemporal ya fue recogida por el bueno de Larra, maestro de periodistas y tonto del culo que se saltó la tapa de los sesos por una gachí. ¡Qué país! En este solar celtibérico nos pasan las cosas en pack, o dicho de modo más castizo, a mogollón. Después de los perros asesinos o de la matanza indiscriminada de mujeres a manos de los cabrones de sus parejas nos ha dado por el hundimienting. Se trata, en pocas palabras, de que se te caiga la casa encima, ya sea por un terremoto murciano o por una vía del metro barcelonés. Sorprendente cuando menos que día sí día también estemos viendo por la tele cómo se van cayendo edificios por media piel de toro. Inauguró la moda un túnel carmelita y catalán. El barrio del Carmelo vive con el ay en el cuerpo por la incapacidad de alguien aún sin determinar a la hora de hacer estudios geológicos como Dios manda. En el Turó de la Peira—otro castizo barrio barcelonés—otros edificios tienen los días contados. Estos por la doble amenaza de la aluminosis y de otras obras varias en el subsuelo. Siguen en el ranking un edificio en Tarragona, y un pueblo murciano meneado por un terremoto bailongo Ante este panorama de cascotes uno se pregunta si los señores que planean los agujeros aprendieron ingeniería de minas en la playa con el cubo y la pala de plástico. Sabido es que aquí los poderes públicos quieren hacer las cosas a las buenas de Dios, con prisas y dejándose cuanta menos pasta mejor. Así de paso se la podrán patear montando proyectos faraónicos y chorradas varias—léase Forum. Está la cosa muy malita para conseguir un piso en este país. Y si encima luego van y te lo tiran abajo unos señores jugando a los túneles pues ya ni te cuento. Este debe de ser el único país del mundo occidental donde no son las catástrofes naturales las que te tiran la casa por tierra, sino las administraciones públicas. En fin, Spain is different.
Les paso un artículo de Emilio Masiá. Poeta, escritor y amigo.
Ahora debe estar ocurriendo. ¿Será el fin?; como que las imágenes se le suceden a velocidad de vértigo y le pasa toda la vida en un barullo de fotogramas que la memoria pasa sin apenas tregua. Aún no había soñado Juan Marsé con escribir «Últimas tardes con Teresa», pero otra Teresa, su Teresa y él ya deambulaban cogidos de la mano por El Carmelo, mirando embobados algunos áticos, como el que mira el cielo fabricando sueños de habitar un día un palomar de esos que primero firmas en el banco y luego entregas media vida a cambio de una escritura que dice lo adjudica de por vida.
En la secuencia del derrumbe aún puede apreciarse el empapelado color salmón con florecitas del dormitorio. ¿Sabe usted?, a la izquierda estaba la cocina, se adivina a por la chimenea y esa mancha de negro humo, y qué curioso, pero aún persiste colgado de la pared desnuda un cazo para calentar el café que nadie tomará. En esa mecedora vieja, a punto de perder el equilibrio y sentarse en el vacío, hacía punto Teresa las tardes de invierno, al tiempo que con un ojo vigilaba de cerca a los nietos. Que ella nunca quiso volver a Granada desde que se casaron los chicos. Así que en ella mecía el vaivén de la contradicción sin queja alguna, consagrada a preparar meriendas y aparcar los ritmos de sus siestas dando cabezadas en silencio. Fue al irse cuando ya aparecieron las primeras grietas, que todos achacamos al deterioro implacable de los años y la desaprensiva construcción de los cincuenta. Y ya no tejió más lana, tornándose los días más crudos, las tardes más cortas, las paredes mudas y peligrosas las agujas, que en el ovillo parecían inyectar la última dosis inservible de insulina.
A Teresa la enterramos en Montjuich. Y la casa... la casa ya ve usted. La casa se fue con la construcción del metro a los infiernos, incluidas las fotos de esta historia y la caja de Suchard que las guardaba. Pero a mis años, qué quiere que le diga, mejor coger el petate y punto. O Maragall nos hará volver al banco, a rellenar otro papel mojado y vuelta a empezar. No, amigo. Los sueños rotos ya no tienen compostura. Los chicos se quedan, lógico. Que Clos tendrá que dar la cara. Pero yo me largo.
Si al final tendrá razón mi abuelo cuando decía aquello que todos son iguales. No es que lo dudase nunca, pero todos tendemos siempre a escorar para un lado. En el poco tiempo que llevan mis amigos del tripartito en el poder ya han montado una serie de pollos que pasarán a los anales de la estupidez política. Primero fue aquello de Rovireche reuniéndose con etarras en Francia, cosa que le costó el puesto. Sigió la cosa con aquella circular a los profesores para que no utilizaran el castellano, ya se sabe que es una lengua fascista y de ocupación. Para más inri volvió a salir el Rovi contando aquello tan bonito de las olimpiadas de Madrid, con la consiguiente caída del 12% en las ventas de cava en la capital del reino. Seguro que me olvido alguna, pero la memoria es selectiva. Ahora nos han sorprendido con el socavón del Carmelo. Verdadero cráter en la vida política del oasis catalán, donde según decían nunca pasa nada. Pues bien, ha pasado, y menudo problema para la lidia y disfrute del gobierno tripartito—partido en tres—. Y uno se pregunta viendo las caceroladas de los vecinos del Carmelo si aquellos que tanto hablaban de transparencia y de asumir las responsabilidades cuando aquello del chapaote tienen un mínimo de vergüenza torera. Permítanme que lo dude muy seriamente. Ya se sabe, las dimisiones están muy bien para pedirlas cuando gobierna otro. Aquí no se mueve ni Dios de su poltrona oficial ni nadie renuncia al Audi con chófer en la puerta de la conselleria. Está la vida muy mala. Lo que ya toca mucho la fibra sensible es lo del apagón informativo. Ya saben, lo de no dejar pasar a la prensa, no se vayan a hacer pupita con las obras. Indignante, propio de una dictadura bananera. Mucho progresismo y mucha gaita pero al final se comportan como aquellos señores de bigotito recortado de antaño. Si esto es un gobierno progresista que baje Dios y lo vea. Si darle 1500 euros a una familia para que se compre muebles y 12000 para que se ajencien un piso es ser de izquierdas, es que la izquierda está muy mal—cosa harto sabida—. A Maragall no paran de crecerle enanos en el circo y mucha gente ya se está planteando la analogía “govern-casa de barrets”. Al parecer las obras del Carmelo se hcieron tan chapuceramente por culpa de la pasta gansa que se dejaron los amigos en el Forum. Según se cuenta de aquellos polvos vienen estos lodos. Y es que se rumorea que más de uno se agenció dinero que no era syo y se quiso tapar hinchando otras obras municipales. Esto es sólo un rumor, que conste, pero a uno no le extrañaría nada que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid algún listo se pasara del tal condición. De momento lo único que sabemos es que aparte de unos incompetentes tienen a medio barrio viviendo en hoteles y a otro medio con los mismísimos de corbata. Ahora, eso sí, el presidente Petazeta y nuestro president periférico ya se han pasado por la Zona 0 y han charlado distendidamente con 6 vecinos debidamente escogidos. Para que luego digan.
Hoy se ha casado un amigo. En breves momentos, al acabar estas líneas, saldré con el resto de amigos a celebrarlo. No es el primero pero sí el más cercano en casarse. Parece mentira que ya hayan pasado 17 años desde que nos conocimos y le contaba que a las chicas hay que darles dos besos cuando te las presentan. Un mundo y una vida que han pasado desde entonces. Parece mentira cómo hemos cambiado desde aquellos 13 años. Cómo cada uno de nosotros, de todos, hemos escogido un camino diferente. Un músico, un ejecutivo, una maestra, un comercial y un periodista. Quien nos lo iba a decir entonces. Pero el tiempo pasa, las cosas cambian, conoces a más gente, a mujeres que te cambian la vida y te encuentras que un buen día tus amigos se casan, se arrejuntan o siguen siendo unos crápulas—como es mi caso—. Hipoteca y matrimonio son dos palabras que no entran en mi diccionario. He de reconocer que alguna vez me he planteado alguna de las dos por junto y por separado. Al final siempre he acabado por desechar la idea y seguir con lo mío, que no es poco. Pero cuando tu gente más cercana se mete en según qué jardines te da por pensar que te queda poco para acabar con alguna de las dos variantes, o las dos. En fin, que me alegro mucho por el bueno de Alex y por Aiko, su ya esposa japonesa. De rasquis a ver si lo convencemos para que monte un bodorrio sintoista en Japón y nos invite a dar un garbeo por el país del sol naciente. De momento aquí seguiremos al pié del cañón. Siguiendo la senda del soltero empedernido, del Peter Pan eterno y del mujeriego impenitente. Por lo menos mientras dure y ninguna gachí me meta por vereda, que todo puede ser. Así que nada, felicidades, Alex.
No quiero que te vayas dolor, última forma de amar. Me estoy sintiendo vivir cuando me dueles no en ti, ni aquí, más lejos: en la tierra, en el año de donde vienes tú, en el amor con ella y todo lo que fue. En esa realidad hundida que se niega a sí misma y se empeña en que nunca ha existido, que sólo fue un pretexto mío para vivir. Si tú no me quedaras, dolor, irrefutable, yo me lo creería; pero me quedas tú. Tu verdad me asegura que nada fue mentira. Y mientras yo te sienta, tú me serás, dolor, la prueba de otra vida en que no me dolías. La gran prueba, a lo lejos, de que existió, que existe, de que me quiso, sí, de que aún la estoy queriendo.
Se quejaba mi buen amigo Víctor de la caída de un mito. Aquella fantástica foto de Cartier Bresson en la que unos enamorados se besaban frente a un café parisino era más falsa que un euro de madera. Al pobre aquello le tocó la fibra sensible, un icono menos. Pero si de símbolos hablamos resulta que la mayoría de ellos son gigantes con pies de barro. Si hacemos un breve repaso de algunos de los más conocidos veremos que no son del todo como la imagen que se nos ha vendido. Así, grandes conquistadores y guerreros como Julio César, Alejandro Magno o Ricardo Corazón de León tendían al dracqüinismo y a la sombra de ojos. Nada malo, por cierto, pero enfrentado a esa versión machunga y obsoleta del guerrero viril. Felipe II era un tipo bastante dialogante y un padre amoroso; Sisí de Austria era una anoréxica histérica y tiránica; Rousseau era una mala bestia con su descendencia; Wiston Churchill simpatizaba con la causa franquista y boicoteó cualquier intento de la República por obtener reconocimiento internacional; Albert Einstein le ponía a su legítima unos cuernos de aquí te espero y la trataba con la punta de la bota; y Lenin pronunció frases lapidarias como “democracia ¿para qué?” (mi amigo Toni lo matizará convenientemente aunque desde aquí le recuerdo la famosa carta de Rosa Luxemburg). Si seguimos por el solar hispano veremos que a Rafael Alberti--además de escribir una inmundicia de columna titulada "A paseo" durante la Guerra Civil en la que señalaba a personas susceptibles de paseos nocturnos--le gustaba organizar bailes de disfraces en un palacio requisado en el que vivía con su señora mientras que a pocos kilómetros miles de españoles se dejaban la piel en trincheras inmundas. O también que el bueno de Durruti se jactaba de haber limpiado Barcelona de Homosexuales después de haber prohibido el baile y los bares en tierras de Aragón, cosa harto libertaria. Vamos, que se mire por donde se mire los ídolos que uno pueda tener siempre acaban siendo señores de lo más normal e incluso deleznables. Así que bueno, viendo el panorama parece aconsejable tomar ciertas distancias con aquellas personas que tenemos en un pedestal, no vaya a ser que de tanto idolatrarlos se nos acabe pegando algo.
Después de lo del apagón informativo ya lo único que les faltaba a los del tripartito nacionalsocialista es vetar la creación de una comisión investigadora. Vaya, ahora resulta que es muy malo investigar. Justo lo contrario que cuando se rasgaban las vestiduras en el Congreso para que se creara una por lo del 11M. Otra vez se aplican un rasero diferente. Ahora es a ellos a los que les tocan las cacerolas. Aunque siguen sin darse por aludidos. Debe de ser porque ellos siempre tienen la razón o porque el aura mística de la pureza nívea de la izquierda les envuelve. Ahora me gustaría ver al señor Puig (ERC) hablando de mentiras y transparencia. O al señor Rubalcaba diciendo que este “govern” miente. Pero claro, ahora tienen poltrona y cochazo con conductor a cuenta del presupuesto público. De paso—y cambiando de tercio—nadie nos ha informado de que este referéndum por la Constitución europea no es vinculante. O sea, que aunque salga que no ellos dirán que sí. Eso es lo que quiere decir “no vinculante”, aunque a lo mejor los del talante nos sorprenden con una nueva pirueta léxica como cuando aquellos de las “soluciones habitacionales”. Con este panorama que vaya a votar Rita, o por lo menos que vaya a votar Sí, Rita la cantaora—y aquí notarán ustedes que me desdigo de declaraciones anteriores emitidas con vehemencia por parte del que escribe—. Que le vayan a tomar el pelo a su señora madre. Aquí ya está todo el pescado vendido.
Si el hombre pudiera decir lo que ama, Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo Como una nube en la luz; Si como muros que se derrumban, Para saludar la verdad erguida en medio, Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando solo la verdad de su amor, La verdad de sí mismo, Que no se llama gloria, fortuna o ambición, Sino amor o deseo, Yo sería aquel que imaginaba; Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos Proclama ante los hombres la verdad ignorada, La verdad de su amor verdadero. Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina, Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu Como leños perdidos que el mar anega o levanta Libremente, con la libertad del amor, La única libertad que me exalta, La única libertad por que muero. Tú justificas mi existencia: Si no te conozco, no he vivido; Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
Vio Roma a sus pies y supo que al mundo ya no volvería a ser el mismo. La ciudad que desde hacía siglos regía el destino del mundo se presentaba ante él como una vieja indefensa y cargada de achaques. Él, un godo, un bárbaro, tenía a la capital del mayor imperio que conocieron los tiempos a su merced. Demasiados años de sometimiento y traiciones condujeron a su pueblo a declararle la guerra a Roma. Roma, la ciudad eterna, el ombligo del mundo. Se quitó el casco a causa del calor sofocante y aferró con la mano izquierda la empuñadura de su espata. Ellos le habían enseñado a guerrear. Le habían entrenado en sus tácticas de batalla e instruido a su pueblo como eficaces tropas auxiliares. Guerreros bárbaros al servicio de los intereses de Roma. Hombres de pelo rubio e imponentes figuras defendiendo una civilización moribunda. Pero todo aquello era ya cosa del pasado. La ciudad le esperaba. Honorio había huido a Rávena como una muchacha asustada y le había dejado una ciudad enferma como botín. Ya nada volvería a ser como antes. Ningún caudillo había conseguido nunca someter la ciudad. Y ahora él, un Godo, un mercenario a sueldo, iba a entrar al mando de sus hombres en aquel recinto amurallado que había sometido con puño de hierro a la casi todos los pueblos de la Tierra. Alarico volvió a ceñirse el casco. Comprobó su cota de malla y espoleó a su caballo para situarse al frente de sus guerreros. Pensó que su nombre se relacionaría, de ahora para siempre, con el del hombre que doblegó, al fin, al Imperio Romano. Un imperio débil, un león sin garras, apenas los restos de una gloria pasada. Pero un imperio al fin de cuentas. Miró a sus hombres dispuestos en perfecta formación. Observó sus espatas, sus escudos redondos, sus hachas y los restos de uniformes romanos de algunos de ellos. Después de él ya sólo quedarían restos. La venganza, por fin, había llegado. Su destino le salió al paso aquella mañana de agosto del año 410. Ellos serían los primeros. Pero de aquí en adelante todos sabrían que Roma era una ciudad más. Un botín de guerra como cualquier otro. Y algún día, no demasiado lejano, otro bárbaro se sentaría en el trono imperial. Sólo era cuestión de tiempo.
Se habrán fijado ustedes, sobre todo si son asiduos al “blogeo”, que muchas de las bitácoras que aparecen por estos mundos cibernéticos son de personas que se califican de liberales. Ya he tratado el tema en esta página, pero considero que el tema en cuestión es harto interesante. Pues bien, ante la ofensiva laicista y bochevique que asola el solar hispano muchos se han puesto manos a la obra y han cargado las tintas. Cosa que tampoco resultaría del todo dañina si los personajes en custión fueran o fuesen liberales de verdad. Aquí lo que pasa es que desde que aquel señor de bigote enarboló la bandera del liberalismo en este país salen liberales de debajo de las piedras. Resumiendo, que sin ánimo de generalizar, se podría decir que la mayoría de quienes se consideran liberales siguen siendo los mismos conservadores y derechones de toda la vida. La misma gente de la CEDA y los tecnócratas que arrinconaron a la poca gente con sensibilidad social del franquismo. Desde sus bitácoras—respetabilísimas por otra parte—lanzan consignas a favor de la democracia, de la libertad y todo eso. Bueno, habría que ver qué tipo de libertad es la que pregonan. La libertad de la ley de la selva, la libertad del búscate la vida y de la economía desregularizada. Pero la libertad sólo en lo económico, porque no se plantean—salvo excepciones muy marginales—un anarquismo integral. La libertad del dinero, la economía como fin y no como medio, que manda narices. Porque de la dignidad humana se habla poco. De los derechos de una persona a tener garantizados unos mínimos casi nada. El wellfare state a tomar por saco en nombre de una economía de mercado salvaje incapaz de solventar la exclusión social y la marginalidad. Si quieres seguridad social te la pagas tú, como en los yuesei. Y así les va. No pienso hacer antiamericanismo barato, pero tampoco me gustaría vivir allí y pagarme el dentista, la universidad, el seguro médico y trabajar echando más horas que un reloj. Y si te pica te rascas. Han pasado muchas cosas desde que en el siglo XIX unos señores empezaran a plantearse que el Estado era algo más que una maquina de represión. La concepción del Estado como árbitro y como garante de los derechos de sus ciudadanos no puede relegarse al olvido así como así. No sé ellos, pero muchos de los que escribimos casi a diario por estos mundos no hubiésemos tenido la oportunidad de tener una educación universitaria en según qué países. Aunque pensándolo mejor posiblemente sea eso lo que putea a más de uno.
Lo descubrí hace dos semanas. En el canal 305, arrinconada del resto, aparecía la inefable Cubavisión. La programación la compone, casi en exclusiva, una retahíla de culebrones caribeños. No desistí en mi empeño de ver un noticiero cubano, cosa que me provocaba una especie de morbo indescriptible. Al final lo conseguí, y mereció la pena. Los telediarios cubanos son la lehce, si se me permite la expresión castiza. Se pasan la visda hablando de “los cinco héroes” cubanos de Miami. Unos tipos que han sido condenados por espieonaje—y fijo que lo son—por el amigo americano y que sacan cada dos por tres en el informativo. Las arengas son constantes, a los yuesei les dan canela fina cada dos por tres. Imagínense ustedes a Elena Resano—la maciza que presenta el telediario de la 1—llamando a Bush “el emperador” y su país “el imperio”—of course—. Les dan una de candela que es para alucinar. Fidel apenas aparece el hombre, salen imágenes suyas en la presentación de programa, pero le dedican más tiempo a la “Pelota”, o sea el Baseball. Como parte positca tienen un espacio dedicado a la cultura que dura un ratito largo, cosa de la que podrían aprender aquí. Lo de los derechos de copiright se lo pasan por el arco del triunfo, sacan imágenes de la CNN en español (“una televisión de habla hispana informa”), de TVE, de Al-Jazeera, y de todo lo que se les ponga por delante. Que pague Rita, deben pensar. Siempre sale más a a cuenta que mandar corresponsales. Les contaba todo esto porque ayer me quedé expresamente hasta las tantas esperando ver si decían algo de Cabrera Infante. Ya saben, el escritor cubano que cascó ayer a los 75 años y diciendo que a Cuba no volvía hasta que fuera una democracia como Dios manda. Pues no volvió el hombre, y ahora sus herederos a guardar las cenizas hasta que palme el de los habanos. Pues en eso estaba yo allí esperando una noticia, un qué se yo y ellos dando noticias de los famosos 5, de la cosecha de papa en el oriente, de la sequía en la isla, de un método para bombear agua con energía solar. Pero de Cabrera Infante nada. Joder, pensaba yo, si aquí casca hasta Gracita Morales y le sacan un programa homenaje en Cine de Barrio y una hagiografía en el Telediario. Pues nada, que no, que de Cabrera Infante ni mu. Aparte de las ideas políticas del susodicho y de la animadversión hacia Fidel Castro y su régimen, Cabrera Infante era uno de los escritores cubanos más internacionales por no decir el más. Así que lo podían haber sacado ni siquiera de refilón diciendo que fulano de tal había muerto y toda esa milonga. Pero no. Se me quedó un regusto así como amargo en la boca y una especie de mala folla en el cuerpo. Con la cantidad de cosas que hacen bien esta gente en Cuba—y que sacan cada dos por tres en el informativo—y se empeñan en seguir siendo una dictadura. Nada de cancha a la oposición—pagada o no desde Miami—, y a los intelectuales desafectos les queda la cárcel o el destierro. Lo de tratar a los intelectuales como anomalías y prohibir libros ya lo contaba Stefan Zweig de su Austria y Alemania en los años 30. No es propio de un sistema—se compartan o no sus ideas—que reivindica la libertad y la justicia. Seguiré viendo el informativo a ver si les da por poner una esquelita. Ya se sabe que lo último que uno pierde—aunque en según qué cosas ya está más que perdida—es la esperanza.
“No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había uchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedís en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá, deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras más.” Así empezaba esa edición del Capitán Alatriste que mi señor padre tuvo a bien a regalarme la Navidad de 1994, si mal no recuerdo. Desde la fecha no he faltado a la cita con el Capitán en todas y cada una de sus lides. Ya se tratase de repartir estopa por las calles de Madrid, rescatar alguna doncella de un convento, robar el oro de su majestad católica o poner una pica en Flandes, que se dice pronto. Y como yo millones de españoles encantadísimos de la vida porque al fin un escritor decidiese hacer una novela de aventuras históricas como Dios manda. Todo esto viene a cuento porque esta semana empieza el rodaje de la película. El protagonista será Vigo Mortensen o algo asín, que representó a Aragorn en El Señor de los Anillos (otra saga de la que no me leí ni un libro). Pinta de Alatriste tiene, con esos ojos azules y fríos, aunque le tendrán que teñir el pelo de negro para que tenga más pinta hispana. En fin, que los revertianos estamos de enhorabuena y con el corazón en un puño. A ver si esta vez no la cagan como en La Tabla de Flandes (Territorio Comanche estaba mejor). Y es que 4 millones de alatristanos estamos deseosos de ver al Capitán en carne y hueso después de habérnoslo imaginado mil veces. Y es que Reverte se ha documentado como un auténtico historiador y ha escrito una serie de novelas ejemplares. Mucho que aprender tendría el fulano ese del Código Da Vinci que confundía épocas y personajes. Pero en fin, que hablamos de Alatriste. Voto a Dios porque la peli se deje ver y no hagan un pastiche a lo jolibú con explosiones en pleno Madrid del Siglo de Oro, saquen pistolas de pedernal (las del XVII eran de mecha), o muestren las calles limpias como patenas, que todo puede ser. Porque por mucho que se empeñen cuatro necios, tenemos una historia que merece la pena ser recordada. Aunque esto que digo no es políticamente correcto—ya se sabe—y en este país, como en el siglo XVII, sigue habiendo mucho cantamañanas.
Esta mañana Ana Rosa Quintana le preguntaba a una ex lumi de lujo si se había sentido sucia alguna vez. La chavala de 23 años paodada Virginia se llevaba 6000 euros del ala cada mes por sus servicios, y encima el asunto le ha dado para escribir un libro. Contaba que, además, había cumplido todas sus fantasías. En tales circunstancias y ante la bienpensada y politicamente correcta Ana Rosa uno se pregunta si no se sentió sucia al firmar un libro que no había escrito ella misma. Al menos la puta no engaña a nadie. La suciedad depende de los ojos de quien te mira.
El Govern de la Generalitat destinará 1100 millones de euros a política lingüística. Luego van y se quejan de que nos roban el dinero en Madrid, que no tenemos infraestructuras y que los niños extremeños tienen más ordenadores en las aulas que los catalanes. Calculen ustedes mismos la cantidad de cosas que se hacen con 1100 millones de euros. Calculen ustedes mismos la estultez del nacionalismo pazguato y sus prioridades. Coros y danzas...