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Otro vendrá...

Otro vendrá... Recuerdo perfectamente el día en que el expresidente Reagan bombardeó Trípoli. Si la memoria no me falla un par de F-14 "Tomcat" dejaron caer una lluvia de fuergo sobre la residencia de Gaddafi, que por aquellos tiempos era el malo de turno. En los años ochenta Libia era la meca del terrorismo internacional y el líder Libio era el mecenas de varios grupos terroristas. Aquella fue la excusa que EEUU necesitaba para poner en solfa a Gaddafi.
Los años han pasado y ahora los malos son otros. Bin Laden es el enemigo público número 1 y el integrismo islámico se perfila como la némesis de este principio de siglo. En este contexto no deja de sorprender como los líderes de las llamadas democracias hacen cola para entrevistarse con el bueno de Gaddafi y hacerse una foto con él. Hay un viejo refrán castellano que reza "otros vendrán que a mi bueno me harán". En le caso del coronel parece que el dicho sigue teniendo plena vigencia. En estos tiempos que corren cualquier aliado es bueno, más si el aliado en cuestión posee grandes reservas de petroleo y pasa a condenar al terrorismo que en otros tiempos financió. Poco tienen que ver los terroristas de los años 70 y 80 con los de ahora. Si aquellos se movían bajo los preceptos de las luchas popualres de liberación, estos lo hacen bajo una interpretación fanática de la palabra de Alá. Cuando Gaddafi se desvinculó de este nuevo tipo de terrorismo dió un primer paso para acercarse a occidente. El siguiente paso fue entregar a los responsables del atentado de Lokerbie y el pago de indemnizaciones. Ya todo estaba servido para la sesión de fotos. El último ha sido Blair, pero antes fueron Berlusconi y el propio Aznar. De Libia se traen el compromiso de un nuevo aliado y rentables acuerdos económicos. En este sentido no es de extrañar que los primeros hayan sido los europeos. Una vez en manos americanas las reseervas iraquíes, Europa intenta asegurarse el acceso a otras fuentes de petroleo.
El caso de Gaddafi es el contrario al de Saddam Hussein, éste pasó de ser aliado a ser el enemigo. Las necesidades caprichosas de la política internacional crean extraños compañeros de viaje. Uno se pregunta si, en un futuro no muy lejano, no llegaremos a ver en la portada de los periódicos alguna foto todavía mas desconcertante.
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