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librodearena

Libre...

De lo poco que un servidor ve la televisión salvaría, a veces, los anuncios. Esas pequeñas películas de veinte segundos que intentan hacernos comulgar con ruedas de molino son, en muchos casos, mejores que los programas a los que interrumpen. De todas formas hay uno en particular que me repatea el higadillo. Mi primo el publicista diría que está muy bien realizado y es efectivo—que al final es la madre del cordero de la publicidad—. No sé, y la verdad es que me importa poco que sea o no efectivo. Lo que me preocupa es cómo se puede llegar a mercantilizar algo como la libertad.
En el anuncio en cuestión—o spot como dirían en los mopdernos—aparecen unas imágenes en blanco y negro y un “speech”—o discurso—en el que un tipo repasa la tabla de multiplicar de la vida moderna. A saber, que estamos atados a trabajos que son un coñazo, a una vida mediocre y a una existencia anodina. Vamos, que han descubierto la sopa de ajo. El quid de la cuestión viene al final, cuando a todo color aparece en nuevo Golf GTI. Bonito es, las cosas como son, pero que me lo intenten vender diciéndome que resulta que voy a ser más libre no cuela. A estas alturas uno ya sabe lo que le cuesta un seguro, la gasolina, las ruedas y todo lo demás. Un ojo de la cara y parte del riñón “para ser más libre”.
Viendo estos espots uno se pregunta si es que los publicistas se piensan que somos gilipollas o si realmente lo somos. Porque a ver de qué si no un tipo cualquiera se compra el mencionado automóvil pensando que va a ser libre como en la canción de Nino Bravo. Aunque pensándolo mejor, si existe tal clase de sujetos se merece que le soplen 4 kilos del ala por el cochecito en cuestión.
Uno ya está acostumbrado a que le intenten vender motos a la mínima que se descuida, pero hay cosas que son incómodas de ver en un anuncio. Son muchos los que se han dejado la piel en mil esquinas de este asqueroso mundo intentando alcanzar un concepto tan abstracto como la libertad. Cada uno a su manera y a su estilo, pero pegando un puñetazo en la mesa en un momento determinado si no veían las cosas claras.
En estos tiempos parece que la única libertad válida es la libertad de empresa, la libertad para comprarme un GOLF GTI de la hostia y la libertad de tener un curro mal pagado, una hipoteca y unas vacaciones en Benidorm. Pues no, mire usted, no. Todavía quedan cosas que por mucho que se quiera no se podrán comprar. Ni con un coche ni con una bicicleta. Y si al final uno es tan sumamente cretino que para sentirse un poco más se compra un pepino que coja los 200 por hora—que ese es otro tema—, y a la sazón se acaba empotrando contra un muro de cemento, pues mala suerte, chaval, que se vaya a pedir explicaciones al del anuncio—o al maestro armero, que en este caso viene a ser lo mismo—.

2 comentarios

Elprimo -

Estoy completamente de acuerdo contigo primo, salvo en eso de que el anuncio sea efectivo...A estas alturas, no creo q necesiten demasiada publicidad para el Golf, pero han cerado una imagen, un concepto a partir de sus anuncios y siguen por esa línea. Este spot en concreto posiblemente sea el q menos me guste por todo lo que dices. Seré publicista, pero ante todo humanista.

Biafra -

Y es indignante, porque mientras la voz en off del anuncio es absolutamente impecable, el resto es vomitivo. Que si, la vida es una mierda, pero como mola mi Golf GTI. O el cómo absorver dicursos críticos en favor de un vender producto. Joder, que me recuerda casi el video ese de los Chemical Brothers.
Y por cierto, aunque tu ya lo sabes. como amante de los automoviles debo decir que el GTI de segunda generación es uno de mis trastos favoritos de todos los tiempos. Pero ello no quita que se pasen mil pueblos.