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¿Quién?

No deja de sorprenderme la facilidad verborreica con la que se aplica el término "fascista". Como lo cortés no quita lo valiente, este servidor de ustedes se incluye en el "pack", ya que en demasiadas ocasiones lo utilizó para refereirme al nacionalimso periférico peninsular. Dicho esto, he de decir que el fascismo, para ser purista, sólo se dio en Italia entre el periodo que va de 1923 a 1945. Así, en Alemania lo que dio fue en régimen nacionalsocialista, en la Unión Soviética una dictadura comunista y en España una dictadura autocrática de corte ultraconservador (llamada nacionalcatolicismo). De hecho, en esta querida Piel de Toro se aplicaron con cuentagotas las ideas del nacionalsindicalismo de Jose Antonio primo de Rivera, ideología esta inspirada en el fascismo italiano.

Dicho esto,  lo que sí me gustaría aclarar es que el fascismo es una ideología ultranacionalista en la que se reivindica un pasado glorioso, se acusa de todos los males a un enemigo interno o externo, se rinde culto a un líder y se desprecia profundamente el sistema liberal-democrático. Saquen ustedes sus propias conclusiones de quiénes son los neofascistas de hoy o aquellos que más puntos de contacto tienen con esta ideología. 

La llamada "democracia burguesa" defiende principios como la libertad individual, el sufragio universal, la propiedad privada y el concepto de Nación que se originçó durante las revoluciones liberales de los siglos XVIII y XIX. Por su parte, muchos de los que se llenan la boca con la palabra "fascista" lo único que pretenden es crear un Estado totalitario que intervenga en cada una de las actividades de los súbditos que viven bajo su bota.  La democracia liberal ha sido el único sistema que ha mejorado la calidad de vida de sus ciudadanos y que ha sabido adaptarse a los retos del devenir histórico (una característica que sus enemigos desprecian profendamente). Y esto es un hecho. Ningun regimen totalitario, ya sea de izquierdas o de derechas, ha conseguido igualar los estándares de vida de una democracia liberal ni prolongarse tanto en el tiempo. Es más, a la hora de la verdad, ninguno de estos sistemas dictatoriales ha pasado la prueba del algodón de unas elecciones libres. Ni en Rusia, ni en Polonia, ni en Ucrania ni práctiamente en ningún país del antiguo bloque socialista han ganado unas elecciones los neocomunistas. Sólo en repúblicas bananeras de sudamérica, donde las elites económicas han acaparado el poder durante generaciones a través de la corrupción institucionalizada, los populismo de izquierda han logrado acceder a un poder que monopolizan rápidamente.

Como conclusión, me gustaría resaltar que aquellos que aplican alegremente el término "fascista" para referirse a liberales y demócratas son los que más tienen que callar al respecto. Líderes como Lenin, Stalin, Fidel Castro, Pol Pot, Kim Il Sung y un largo etcétera no se han caracterizado precisamente por su respeto a los Derechos Humanos (algunos hablan de 100 millones de muertos durante el siglo XX). En la actualidad, los aprendices de brujo de Hugo Chávez o Evo Morales despiertan una ola de simpatía entre aquellos que dicen defender la libertad de los oprimidos. Falsa retórica que sólo conduce al totalitarismo y a la miseria. Y por mucho que se empeñen, ahí está la Historia para demostrarlo.

Así que ¿quién es el fascista?

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1 comentario

Antonio -

No hay nada como la preclaridad. Hay están las cosas, en su punto, pero supongo que alguno que otro las puede rebatir en su espíritu confuso y barroco tan propio de nuestra era.
Me dedico, entre otras cosas, a dar clase a todo tipo de clases socioculturales (es lo que tiene un centro cultural de barrio) y me siento felizmente amargado al ver políticos, amas de casa, pre y posjubilados, deficientes, aburridos, intencionados... Sea lo que sea, me veo con una versión semiglobal de nuestra sociedad activa (los que quieren participar, hacer algo, entretenerse...), y gracias a ello me siento fuerte para acompañar tus teorías.
El otro día, al pronunciar una frase tan lógica como sencilla (a la libertad se llega por el conocimiento) un alumno me tachó de academicista, por no llamarme otra cosa (el tan típico fascista). Tal término no puede ser tomado por insulto, sino por posición, y el que no se halle en ella tan sólo ha de ver que el increpador no sabe de qué va. ¡Pobrecillo!
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