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librodearena

Regreso estival

Acabaron las vacaciones y uno se prepara para el incio del curso siguiente. Vuelve el amanuense a su tarea cotidiana de transcribir textos e ideas que siempre son de otro. Y así, después de un verano que no ha sido precisamente de juerga continua sino más bien de aprendizaje digital, regresa el alumno a su aula dispuesto a engrosar el rebaño, tras creerse, por uno meses, un periodista de verdad. Y si bien este que escribe tiende más a la pluma que la imagen, un cierto hechizo catódico ha venido a turbar la claridad diáfana de sus ideas de futuro. Sí, amigos, se acabó el estío, los amores clandestinos, la soledad disfrutada, los baños a media tarde y la novela devorada con vehemencia.
Muda uno ya la vestimenta veraniega por una más acorde con la nueva temporada. Regresa el curso político a su anormalidad y estallan en las radios los improperios de los voceros apesebrados.
Decían los antiguos griegos, faro del occidente olímpico, que la existencia es cíclica. Vamos, que todo se repite. Y un año después de pisar por primera vez una facultad de periodismo regresa el estudiante con una mezcla de hastío y de ilusión por encontrar a los camaradas de cuartillas y borracheras. Retornan las caras conocidas, y aún aquellas a las que la mala memoria no pone nombre, en una especie de carrusel que, aunque parezca siempre reiterativo, añade cada año nuevas especias al guiso de lo cotidiano.
Esperemos que este año vaya todo mejor --aunque no saldrá de mi boca queja alguna sobre el anterior--, que la sabiduría se derrame sobre nustros capelos inocentes aunque no tonsurados, todavía.
Por mi parte me reitero en la equivocación de la providencia por hacerme nacer en este siglo ( o mejor dicho en el pasado) tan dado a la mediocridad de espíritu. Pero bueno, no nos quejaremos, todavía nos queda un año para pasar por el haro.
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1 comentario

Víctor -

Por fin!!! Ya te echaba demasido de menos. Seguro que tomándonos un café acompañados por la gente de clase y el espíritu de la iguana, nos podrás contar más cosas de tu verano digital. Por cierto, yo tampoco tuve que nacer en este siglo (o en el pasado, vaya). Hasta pronto.
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