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librodearena

Otro que cae

Hoy se ha casado un amigo. En breves momentos, al acabar estas líneas, saldré con el resto de amigos a celebrarlo. No es el primero pero sí el más cercano en casarse. Parece mentira que ya hayan pasado 17 años desde que nos conocimos y le contaba que a las chicas hay que darles dos besos cuando te las presentan. Un mundo y una vida que han pasado desde entonces. Parece mentira cómo hemos cambiado desde aquellos 13 años. Cómo cada uno de nosotros, de todos, hemos escogido un camino diferente. Un músico, un ejecutivo, una maestra, un comercial y un periodista. Quien nos lo iba a decir entonces.
Pero el tiempo pasa, las cosas cambian, conoces a más gente, a mujeres que te cambian la vida y te encuentras que un buen día tus amigos se casan, se arrejuntan o siguen siendo unos crápulas—como es mi caso—.
Hipoteca y matrimonio son dos palabras que no entran en mi diccionario. He de reconocer que alguna vez me he planteado alguna de las dos por junto y por separado. Al final siempre he acabado por desechar la idea y seguir con lo mío, que no es poco. Pero cuando tu gente más cercana se mete en según qué jardines te da por pensar que te queda poco para acabar con alguna de las dos variantes, o las dos. En fin, que me alegro mucho por el bueno de Alex y por Aiko, su ya esposa japonesa. De rasquis a ver si lo convencemos para que monte un bodorrio sintoista en Japón y nos invite a dar un garbeo por el país del sol naciente.
De momento aquí seguiremos al pié del cañón. Siguiendo la senda del soltero empedernido, del Peter Pan eterno y del mujeriego impenitente. Por lo menos mientras dure y ninguna gachí me meta por vereda, que todo puede ser.
Así que nada, felicidades, Alex.
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