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Las tres españas

 

Son muchos los días en los uno siente pena por este país. Mañana tras mañana nos levantamos con la última trifulca entre Gobierno y oposición. En este solar ibérico se aprovecha cualquier cosa para tirarle los trastos al oponente. Lo que pasa ya de castaño oscuro es lo del 11 M. Y que conste que en lo referente a este asunto da igual de quién hablemos. Unos y otros, con los cuerpos de las víctimas todavía calientes, se enzarzaron en una carrera frenética hacia la Moncloa. Todo vale, parecía ser la consigna. Dos años después, los muertos siguen siendo moneda de cambio entre sociatas y peperos. Por no hablar de IU, pero esos están en órbita hace tiempo -qué pensará Julio Anguita de todo esto-. En fin, que ahora nos salen con que la mochila encontrada en Atocha era falsa. Y uno piensa que, de ser cierta la acusación, el pollo que se puede liar es considerable. Ello en el caso, repito, de que la información sea cierta, porque de ser falsa no crean ustedes que el sarao sería menor.

Lo que queda claro es que alguien miente como un bellaco. Ya sea el Pesoe o el Pepé, aquí a alguien le canta el aliento. Y jode, jode mucho que el que sea esté tan enganchado al poder que sea capaz de metir sobre 200 cadáveres.

Pero ¿de qué nos sorprendemos? Ya decía don Antonio -Machado, of course- aquello de "españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos españas ha de helarte el corazón". Las dos españas, el viejo cuento de Abel y Caín. LLevamos desde el alba de los tiempos dándonos mojadas por las esquinas; sociatas y peperos, españolistas y nacionalistas periféricos, rojos y nacionales, republicanos y monárquicos, isabelinos y carlistas, liberales y absolutistas, patriotas y afrancesados, borbónicos y austracistas, comuneros e imperiales, la Buisca y la Biga. Y luego nos quejamos.

Las pocas oportunidades que hemos tenido para salir adelante han sido, la inmensa mayoría de las veces, desprovechadas. ¿Saben ustedes dónde quedó la Constitución de 1812? Bajo las ruedas del carro de Fernando VII tirado por el glorioso pueblo español al grito de "vivan las caenas". Una pena, teniendo en cuenta que fuimos el tercer país del mundo -tras EE.UU. y Francia- en tener una constitución. Todo ello por no hablar de aquellas desamortizaciones de pacotilla que contribuyeron a asentar el régimen de los señoritos y el latifundio. O aquella Primera República, auténtica olla de grillos, que acabó con un señor a caballo entrando en el Congreso. Lo demás ya lo conocen ustedes; guerras carlistas, alternancia de poder, dictablanda de Primo de Rivera y Segunda República. La otra gran oportunidad desaprovechada.

Decía Niceto Alcalá Zamora que él quería una república de obispos y de burgueses. Lo que le deparó la historia fue una carnicería. Nadie quiso a la República -salvo honrosas excepciones-. Todos quisieron prostituirla en favor de sus intereses y sus dogmas. Para más inri, vino al mundo en plena pugna entre totalitarismos. Y así nos fue, con una Guerra inCivil que dejó el solar patrio sembrado de cadáveres, tumbas y fosas comunes. Lugares donde las nuevas generaciones tuvieron un sitio donde ir a llorar a sus muertos y renovar así el secular odio entre españoles.

Así que, miren ustedes, nada nuevo bajo el sol. Particularmente, un servidor se queda con la Tercera España. Aquella que defendieron gente como Ortega o Unamuno. Una España ilustrada, democrática, serena y alejada de dogmatismos fanáticos. Una quimera, tal vez, pero una Arcadia que se hace necesaria entre tanto capullo vendedor de motos y sus respectivos epígonos.

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4 comentarios

Anónimo -

quiro joder con un tio bien buenazo coño

Anónimo -

que hijueputa no dijo nada estais jodido coño

el erotico enmascarado -

vaya pinta de maricón tiene el de la foto de la izquierda

Ya ves -

Dictablanda de Primo de Rivera, hay que joderse.
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