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Parque Jurásico

Parque Jurásico Le preguntaba Juan Pedro Valetín, a la sazón jefe de informativos de Tele 5, a nuestro amado prócer si se arrepentía de algo. Ansar contestó si titubear: no. Cabe entender la respuesta de Aznar; qué mente podría soportar haber llevado a millones de conciudadanos al punto de mira del terrorismo internacional. Atrás quedan sus motivos y su supuesta megalomanía, sólo nos quedan los hechos irrefutables.
Dijo Aznar, en una entrevista memorable que nada tuvo que ver con aquellas jabonosas que le hacía Urdazzi, que se iba con las manos limpias y las cuentas claras. Ni una cosa ni la otra son ciertas. No puede tener las manos limpias. No las tiene limpias de chapapote, ni las tiene limpias tras contratar aviones defectuosos para transportar soldados españoles, ni tampoco las tiene limpias de la mentira de las armas de Sadam. Puede que tenga las cuentas claras, pero serán las suyas, porque el resto de españolitos apenas pueden pagar ya pisos que valen un 111% más que hace seis años con los sueldos de unos empleos inestables y mal pagados.
Y es que el partido del gobierno en funciones se empeña en cargar las culpas en los demás. El ala dura –legionarios de Cristo Rey, opusdeianos y franquistas reconvertidos—acusa a la presión de los medios de su derrota. La vieja táctica de matar al mensajero. A la luz de las nuevas informaciones la actitud de la SER parece que no fue del todo loable. A estas alturas no creo que nadie niegue que los medios de PRISA tenían la firme intención de sacar al PP del gobierno. Pero en todo caso fue el mensaje lo que contribuyó a derrocar al gobierno; una mentira más que colmó el vaso de tanto despropósito.
La reacción del Partido Popular es la de siempre: escurrir el bulto y no moverse hasta que pase el temporal. Las responsabilidades están muy bien para pedírselas a los demás. Pero es que este partido son dos partidos. La extrema derecha mesetaria cohabita con el centro liberal en una esquizofrenia que incluye en el seno del partido a señoritos sevillanos, ejecutivos liberales catalanes y ministros exfranquistas. En estas circunstancias una posible civilización del PP pasa por un cisma. Pero el cisma pasa a su vez por una larga travesía del desierto que no muchos están dispuestos a realizar. La separación del sector más paleontológico del liberal más moderado conllevaría la aparición de un partido de extrema derecha al estilo del de Lepen en Francia. Un partido que sin duda obtendría representación parlamentaria, pero por el contrario el centro liberal se vería libre de la sombra del franquismo sociológico. Si lo que quieren es un espacio de centro-derecha a la europea tienen que desprenderse de los dinosaurios que campan a sus anchas por el partido. Es inexplicable que en pleno siglo XXI el partido de una nación moderna y democrática que se dice liberal-reformista no sea otra cosa que una mala copia castiza de Parque Jurásico.
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