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Chapuceros

Que este es un país de chapuceros es cosa sabida. La historia de España está llena de cagadas monumentales y hechos vergonzosas. No todo es así, pero la poca afición por el trabajo metódico es algo inherente al españolito de a pié. Explicaciones hay muchas, pero la que más me convence es una que dice que el ciudaddano ibérico no tiene la impresión que el Estado sea algo suyo. Para nosotros el Estado siempre ha estado enfrente, ha sido la fuente de nuestros problemas y de la represión. A ello añádase una gotita de anarquismo individualista 100% carpetovetónico y obtendremos una mezcla explosiva.
La última chapuza patria ha sido la de la identificación de los cadáveres de los militares del Yak-42. Al parecer sólo 17 de ellos fueron correctamente identificados por los expertos de defensa. La actuación del ministerio que lideraba Trillo ha sido nefasta ya desde la elección de los aviones que llevaban a nuestros militares. Las familias no sólo han tenido que tragarse que sus hijos, maridos, hermanos y padres estén muertos porque a Trillo no le daba la gana gastarse el dinero en un avión decente, sino que además ahora saben que los que enterraron no eran los suyos. Lamentable.
Sería cómico si no hubiesen muertos ni dolor por el medio. Lo mínimo que podría hacer el señor trillo es renunciar a su acta de diputado –como le han exigido los familiares de los muertos—y esconderse en algún agujero remoto durante mucho tiempo. Lo malo es que ya sabemos que los políticos de este país se aferran a sus cargos con la intensidad de una sanguijuela. Imperdonable.
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