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Siempre igual

Siempre igual Decir que los palestinos han decepcionado a alguien es como decir que éstos se han ganado en algún momento el respeto de cualquiera bien informado. Más allá de la retórica clásica -y comprensible- de que el pueblo palestino tiene derecho a tener un Estado, éste ha demostrado desde 1948 ser de todo menos un pueblo razonable. Precisamente desde la creación del Estado de Israel, los árabes en general y los palestinos en particular, han derrochado falta de sentido común. En estos momentos se darían con un canto en los dientes por recuperar las fronteras de 1967, sensiblemente menores en extensión a las que la ONU les concedió en el ya mencionado año 48 y que perdieron por una mezcla de arrogancia, ineptitud y falta de coordinación. Todo esto viene al caso -no se vayan ustedes a pensar-  por los resultados de las elecciones en Palestina. Hamas se ha erigido en dueño y señor del porvenir de su pueblo. Ante esto, Al-Fatah, el partido de Arafat, se echa a la calle Kalasnikov en ristre y monta el pitote padre. Una derrota, dicho sea de paso, provocada por años de corrupción de un gobierno clientelista y nepotista hasta extremos inconcebibles en cualquier país democrático serio, o sea, occidental. Las diferencias con Israel son más que notables, un cambio de gobierno en el Estado de Israel no supone nada traumático para la sociedad israelí, es más, se han dado numerosísimos casos de gobiernos formados por laboristas y miembros del Likud. En los territorios árabes, por el contrario, un cambio de gobierno supone abandonar el momio y dejar de chupar de la teta. Miles de millones de euros y dólares a cuenta de la cooperación se han derivado a cuentas corrientes suizas. Las infraestructuras son inexistentes en Palestina y la clase política oscila entre la corrupción y el fanatismo religioso. Ahora queda ver qué harán los señores de Hamas. Terroristas confesos capaces de meter a un terrorista suicida en un autobús escolar. Queda ver si serán capaces de cambiar la dinámica de corrupción y llegar a un acuerdo con los isralíes. Éstos ya han dicho de antemano que nanai, que de pactar con terroristas nada. Lógico si tenemos en cuenta la cantidad de muertos que Hamas lleva a sus espaldas. Todo ello si no vemos estallar una guerra civil entre palestinos, lo cual ya sería el colmo del ridículo. Así que o se meten por vereda y se dejan de hacer el chorra, o a los palestinos les quedan otros 50 años de ir por la calle de la amargura con el sambeniro colgado de impresentables. Alguno dirá que todo es culpa de Israel y de gente como Sharon. Un tipo vilipendiado pero que al final retornó Gaza a manos palestinas. Pero si tenemos en cuenta el territorio que Israel ha ocupado en sus diferentes guerras con los Estados árabes y su extensión actual podremos comprobar que no se han querido montar un imperio a costa de nadie. La solución ya la plantearon hace casi 60 años unos señores en Palm Springs, Nueva York: un Estado judío y otro árabe. Pero parece que después de seis décadas los árabes siguen faltos de algo indispensable para tener su propio Estado: sentido común.
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