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"Revoluciones"

"Revoluciones"

Hacía ya tiempo que tenía ganas de escribir sobre lo que sucede en Iberoamérica. El trinfo de los sandinistas en Nicaragua (por los pelos, es cierto), es un ejemplo inmmejorable de hacia dónde han conducido a esos países el caciquismo y la corrupción.

Mi ilustre exprofesor Miquel Izard habló una vez de la curiosa situación que vivió en Venezuela. Que conste que Izard ha sido siempre un tipo que cojeaba del pie izquierdo, no sé si me entienden. Bien, les decía que don Miquel, a su vuleta a Venezuela tras la victoria del Chavismo en las elecciones, se encontró con antiguos amigos de ministros, directores generales o vaya usted a saber. La cosa le chocó, y no es para menos. También se dio cuenta cómo el poder estaba empezando, si bien no a corromperlos, por lo menos a cambiar sus hábitos. La cuestión es que el bueno de Izard nos contó que no tenía muchas esperanzas en el chavismo y poca o ninguna fe en el maestro de ceremonias de aquel sarao. Y no lo tenía porque conocía aquellos lares y sabía pèrfectamente que lo que allí sucede es más un problema cultural que político. Vamos, nos vino a decir –a sus alumnos– que entendía perfectamente el cambio de régimen, que incluso lo apoyaba porque el sistema anterior era corrupto y despótico. Veía en el chavismo un cambio de aires pero empezaba a notar como ese mismo aire se esta viciando.

Cuatro años después pienso lo mismo que mi antiguo profesor sobre los nuevos gobiernos de izquierda del contienente americano. Los sistemas políticos de países como Bolivia, Venezuela o Nicaragua no han sabido solucionar –en gran medida– las necesidades de sus ciudadanos. Es normal que la gente acabe por agarrarse a un clavo ardiendo. Pero no se excarmienta en piel ajena, y sólo dentrop de unos años los ciudadanos de estos países podrán saber, bajo la luz de la experiencia, lo que suponen las políticas intervencionistas  y uniformizadoras.

Por otro lado, las políticas económicas aplicadas en el contienente han favorecido a un pequeño grupo de industriales y terratenientes. El verdadero problema es que en estos países nunca se ha llevado a cabo una reforma agraria "a la americana" o "a la taiwanesa". Parece contradictorio pero no lo es. En EE.UU. primero y Taiwan después, la propiedad de la tierra se repartió entre los campesinos. No se colectivizó, ojo, se privatizó y el Estado pagó un rescate justo a sus antiguos propietarios. La diferencia es que la propiedad quedó muy distribuida y acabó por configurar una nueva clase media agraria con excedentes económicos susceptibles de ser invertidos en otro tipo de negocios.

Por el contrario, en Iberoamérica se han llevado a cabo medidas que concentraban la propiedad en muy pocas manos y, de resultas, en lugar de una clase media aparecía un proletariado agrario depauperizado. Una clase de pobres que ven con buenos ojos las propuestas de gente como Chávez o Morales. De todas formas hago notar la diferencia entre políticos como los mencionados –maximalistas– con otros como Lula, que si bien proyecta políticas sociales no toca el el sistema productivo sabedor de a qué desastre conduciría a su país.

Por último, muchos de los que se llaman liberales en América no son más que conservadores o ultra reaccionarios más interesados en salvaguardar los privilegios de una casta dominante que en aplicar medidas que favorezcan el desarrollo. Iberoamérica no necesita más revoluciones –ahí tienen ustedes a Cuba– sino unas clases medias –primero agrarias y luego urbanas– capaces de sacar a sus países de la miseria.

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