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librodearena

Un asco

Dese cuenta, este mundo es un asco. Pones la radio por la mañana y ya te están contando desgracias y majaderías. Que si en Irak ya se han llevado por delante a otro rehén, que si en la isla tal el huracán cual no ha dejado títere con cabeza, que si esto que si aquello. Un asco, vamos. Se te quitan las ganas de todo apurando el zumo de naranja.
Lo de las chavalas cooperantes en Irak me ha tocado la fibra sensible. Y eso que ya te vas inmunizando contra estas cosas y cada vez te vuelves un poquito más cabrón. A ver la culpa que tenían las pobres de que a los yankis les guste jugar al Risk “en vivo” en Oriente Medio.
Mire usted, si le pegan un zambombazo a un Abrahams pues mala suerte. Que para eso cobran y nadie te obliga a coger un M-16 e irle a tocar los cojones a los “iraquises”. Ya lo sabes, es tu curro, las quejas al maestro armero, chaval. Te queda la caja de pino y el entierro con honores en Arlington. Salva de honor de una formación de marines, le dan el trapo dobladito a tu señora o a tu pobre madre y te conviertes en una foto vestido de uniforme encima del televisor. Una pena, pero ya te lo imaginabas, chavalote. Además, cuenta que por cada uno como tú que cae, revientan un montón de árabes a los que ni les va ni les viene. Que encima de aguantar al sátrapa de Sadam ahora tienen que vivir con el miedo incrustado en sus cuerpos. Lo dicho, mala suerte. No es que me alegre, me sabe mal que pringuen siempre los mismos, porque seguro que tú no te has criado en Beverly Hills, pero así es la vida y donde las dan las toman.
Otra cosa son las cooperantes italianas. Buena gente. De la queda poca. Veintinueve añitos, como el que escribe, y una vida por delante. El único pecado conocido querer echarle una mano a los pobres niños desnutridos y harticos de aguantar bombardeos y cafradas de un mundo que no entienden pero que les ha tocado sufrir. Eso ya no es mala suerte, eso es una cabronada. Que los muy perros sabían quiénes eran y cómo se ganaban la vida. Hay que tener mala sangre para hacerles lo que les han hecho. Ya me dirás tú el mal que hacían las pobres criaturas. Que uno no se va a una guerra desarmado y con ganas de echar un cable tan a la ligera. Esta es la gente que de vez en cuando te devuelve un poquito de fe en el género humano.
Esta panda de cafres va a conseguir que se tomen las de Villadiego los pocos cooperantes que aún resisten allí. Solitos como la una, sin nadie que ayude a la gente de a pie, que al final es la que siempre pringa en todos los saraos. Porque dese cuenta, al final siempre palman los de siempre; el camarero hispano del restaurante de las Torres Gemelas, el currito madrileño que cogió el tren en Atocha y el niño iaquí que iba al colegio de la mano de su padre cuando le explotó un coche bomba. Un asco.
A este paso periodistas van a quedar los justos para que salga el boletín de la CNN. Tan subnormales y tan fanáticos ellos que le están haciendo el juego sucio a los americanos. No me imagino lo que puede ser aquello sin testigos, pero en fin,cuando tienes a Dios de tu lado no hay error posible.
Así revienten todos –los que mandan, los que dan las órdenes, claro--, por mal nacidos. A ver si hay suerte y no queda uno. Que nos dejen vivir en paz, cada cual con su historia y a su manera, y Dios en casa de todos. Que vayan a salvar a su puta madre, porque visto lo visto yo ya no quiero que nadie me libere, oiga. Ni en nombre de la democracia ni en nombre de Alá.
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