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La duda

La duda Decía el otro día el señor Marín—a la postre presidente del Congreso—que en este país se hacía una política de trinchera. Que cada mañana se vocean las consignas y por la noche todo el mundo ya tiene aprendido su discurso. No hay más que escuchar la radio matutina para darse cuenta de cómo los inquisidores herzianos sermonean a la audiencia. Desde la derecha el loco del Fede—un tipo que se ve que era bastante normal hasta que un iluminado de Terra Lliure le pegó un tiro en la rodilla—y al otro lado del ring el angelical Iñaki Gabilondo, esa especie de Milikito del periodismo nacional.
COPE y SER, SER y COPE, las dos españas; la misma cantinela de siempre. Poco hemos evolucionado desde aquellos tiempos en los que don Anotnio Machado escribió aquello de españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos españas ha de helarte el corazón. Pues eso, que la tira de años después seguimos siendo tan gilipollas como siempre. Ahora a eso le sumamos la estupidez supina del aldeanismo nacionalista y la falta de valores de la izquierda patria, más interesada en cargarse la lengua española con gilipolleces como “violencia de género”, y ser chupiguays, que en resolver los problemas de este país.
Pues bien, decía que nil sub sole novi, o sea, que segumos con la misma copla de siempre. A veces le parece a uno que vive en aquella película entitulada La invasión de los ultracuerpos en la que todo quisqui estaba como teledirigido. Esto se presenta claramente en las reuniones familiares. El pepero contra el sociata y algún despistado del IU que pasaba por allí, o la variante nazionalista periférica. Vamos, que te dan la comida, todos hablando a base de clichés y viendo conspiraciones por todos lados. Lástima que nadie se ponga a pensar por sí mismo o que no caiga en que después de llamarse tonos del culo, los políticos se van de cañas y de putas comentándose la candela que se han dado—que lo sé de buena tinta—. Pero nada, el espíritu cainita que decía aquel, y las ganas inveteradas de polémica que tenemos los mediterráneos desde el principio de los tiempos. Así que miren ustedes, que cada uno siga recitando su Corán particular embutido en su hábito ideológico como si fuera lo más normal del mundo si así son felices.
Todo esto viene a cuento porque el otro día el que escribe se topó con una frase que le dejó enganchado a la pantalla del ordenador: “Dudar es mi credo “ ,y luego una especie de subtítulo que rezaba “soy de los que nunca están contentos”. Coño. Esto promete, se dijo su humilde servidor y se puso a leer la entrevista que seguía a a un viejecito italiano noventón con más mili que el caballo de Espartero. Resulta que el señor en cuestión se llamaba Norberto Bobbio—cascó no hace mucho—y era un filósofo italiano versado en filosofía política. Este no es ni el lugar ni el que escribe es la persona indicada para explicarles nada, así que si alguno tiene ganas y tiempo que se dedique a buscar textos suyos en Internet y lea a este autor defensor de la democracia, de la libertad individual frente al Estado pero—y esto le hace interesantísimo—sumamente crítico con la economía liberal-salvaje y el conservadurismo. Aquí el abuelete ha dejado perlas como que Juan Pablo II era un excelente ejemplo del Papa de la Contrarreforma--ahí duele--, o los epítetos dedicados al cavalieri Berlusconi, que no tienen desperdicio. En fin, que tiene miga el gachón para dudar tanto.
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