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El castillo

El castillo  

A la muerte de Amenofis IV, más conocido como Akenaton, los sacerdotes del culto a Ra se dispusieron a borrarr cualquier rastro de la existencia del faraón. Desaparecieron los nombres del rey del Nilo de la estelas de piedra, de los papiros e incluso sus representaciones estatuarias fueron destruidas. Los egipcios no eran nuevos en esta tarea de borrar a alguien para el futurio, siglos antes ya habían repetido el procedimiento con la reina Hatsepsup. Los arqueólogos e historiadores del siglo XX vieron su tarea dificultada por la escasez de registros sobre estas dos épocas de la civilización egipcia.

Pues bien, algo similar está ocurriendo en la fabulosa Cataluñalandia. Cualquier referencia a la dictadura del general Franco está siendo borrada, literalmente, de la vida cotidiana de los catalanes. Al natural y, por otro lado, nada discutible traslado de las estatuas ecuestres del dictador, se le ha sumado la chiripiflautica idea de cargarse el castillo de Montjuic. Un castillo que, por otro lado, lleva desde el siglo XVIII en la montaña que preside Barcelona y que se sólo tangencialmente se vinculó con la dictadura. Los argumentos de la izquierda nacionalista y el progresismo de salón son varios. Algunos sostienen que el castillo es un símbolo (y contiene símbolos) fascistas. Cabría entrar aquí en lo que se considera o no fascismo, pero dudo que muchos de ellos lo entendieran. Otros, avispados, ven en el castillo un ejemplo de militarismo galopante que poco concuerda copn la Cataluñalandia pacifista, moderna y progre-guay que nos quieren vender. Y, los más, ven el pasado del castillo como prisión del franquismo yq eu en su foso de fusilase a LLuís Companys , un argumento más que suficiente. Son los mismo que no recuerdan que el castillo también fue prisión republicana y que en su foso se fusiló a franquistas.

La idea principal de estos bien pensantes caballeros es la de convertir el castillo en un museo de la paz. La cosa parece de coña, pero no lo es. Según IC-V, ese partido de gente que se la coge con papel de fumar, habría que convertirlo en un alegato contra las guerras, etc, etc,etc. Apostaría cualquier cosa a que el 99 % de los que hablan de la paz y estas monsergas no han estado en su vida en el museo del castillo. Se trata de un museo militar que recoge diferentes colecciones relacionadas con aspectos de la historia militar. Podemos encontrar espadas de todas las épocas, ballestas, lanzas, alabardas, armaduras, armas de países lejanos como Filipinas o la India, armas de fuego, uniformes, maquetas de castillos y fortificaciones, piezas de artillería e incluso una pinacoteca de pintura de tema militar realizada por artistas catalanes. Ah! Por cierto, un gran número de las armas expuestas están fabricadas en Cataluña.

Esto, ya se sabes, es políticamente correcto. Poco importa que los 5000 años de historia del ser humano se puedan narrar casi exclusivamente con sus guerras. Poco importa que innovaciones militares como los estribos, la pólvora, la artillería o tantos otros, cambiaran el curso de la historia humana en un sentido u otro. Poco importa que las guerras hayan decidido cosas tan importantes como que este país haya sufrido una dictadura durante casi 40 años. Todas esas cosas no importan Guerra, caca, mala. Cosa, que por otra parte, todo el mundo con dos dedos de frente ya sabe. No hace falta que venga el jipi de turno a decirte lo mala que es la guerra, con que cualquiera vea un telediario al día estará de sobra informado de lo cruel, sucia y terrible que es la guerra. Queda saber si el susodicho museo de la paz costará otra millonada -como el Forum- a costa de los impuestos de los barceloneses.

La polémica está servida. Bono advierte que cederá el castillo si no quitan la bandera española (que la quitarán, y si no al tiempo) ni las antenas militares que están en el recinto (que las trasladarán también). Así que si nada lo remedia, el museo se irá a tomar viento, por fascista y por franquista. Ayer, Mónica Terribas se preguntaba cómo podía haber gente que se tomara un café rodeada de cañones, como si esos cañones no fueran tan humanos como ella misma. Como si los hubiesen fabricado en Marte y alguna raza pretérita y alienígena los hubiera dejado en el patio del museo.

Si duda, por ahí van los tiros, hacer creer que esas cosas son producto de una pesadilla, de una invasión marciana a la que fuimos sometidos los pacíficos catalanes por parte de unos extraterrestres peligrosos, belicistas e imperialistas. Como si no hubiesen existido almogávares, voluntarios con barretina en la Guerra de Cuba, somatens, milicianos antifascistas o voluntarios de la Virgen de Montserrat. Como si Cataluña no se hubiese formado a partir de guerras. Como si Jaime I hubiese ido a Valencia de Picnic y, amablemente, les hubiese dicho a los musulmanes que se fueran, por favor, que voy a montar mi reino aquí. Todo esto recuerda demasiado a lo que aquellos sacerdotes de Ra hicieron con Akenaton; borrar cualquier rastro de su presencia y crear una historia ideal y perfecta.

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