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Marginalidad

Marginalidad Como viene siendo habitual he acabado de hacer mi sesión blogeo diario. Interesante, a veces incluso más que leer los diarios. El caso es que en uno –del que no diré el nombre para no ofender al autor- he leído que a un mitín de Ciutadans de Catalunya han acudido como 8 personas. El autor se congratula de tan mínima asistencia y les dedica epítetos como insignificantes y poco menos que paranoicos.
El caso es que recuerdo conversaciones -por no hablar de otras en las que Arcadi Espada era poco menos que el hijo de Dios encarnado- en las que me decían que esta gente no llegaría nada porque montar un partido cuesta mucho, etc. Bueno, hasta aquí bien. He de decir que yo fui uno de los que asistieron al acto fundacional de Ciutadans y de los que tuvo suerte de pillar butaca en el Tívoli. Dos mil personas dentro y otras tantas fuera, que se dice pronto para un partido que no existe, más si se tengo en cuenta otros actos fundacionales a los que he asistido. El caso es que en los pocos meses de existencia de Ciutadans del Imperio (del Mal, of course) ya triplican en afiliados –por no hablar de las 39 agrupaciones locales- a lo que ha conseguido IC (junto con su escudero EUiA) en 20 tacos.
Por cierto, de cuando aquí el que escribe era buena persona, tolerante y militaba en la extrema izquierda, recuerdo actos de mi partido (de entonces) con asistencia similar. Es más, recuerdo actos que quedaron desiertos.
Que Ciutandans es una formación extraparlamentaria es algo sabido. Que posiblemente no saque más de 2 o 3 parlamentarios es normal, pero que desde la marginalidad política se critique precisamente la marginalidad me parece poco coherente.
De todas formas, en las próximas elecciones, por lo que voy oyendo por la calle, creo que 2 o 3 parlamentarios caerán. Y si eso sucede, tengo preparada una botellita de cava catalán para celebrarlo.
Por cierto, no sé si se han dado cuenta ustedes, queridos lectores, de que me estoy moderando en el estilo y en la inclusión de epítetos. Ello es porque pese a todo, pese a que le retiren a uno la palabra y le llamen fascista y otras cosas, todavía sigo albergando cierto sentimiento de lealtad -podríamos decirlo así- o incluso de afecto, por ciertas personas con las que he compartido grandes momentos de mi existencia y con las que espero -aunque cada vez menos- seguir contando en un futuro. Pero lo cortés no quita lo valiente, y ahí va todo mi apoyo a ese grupúsclo de fascistas y españolistas llamado Ciutadans de Catalunya.
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