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Contrato social

Contrato social  

Zapeando ayer por esos canales de Dios topé con una tertulia en la 2. El tema del debate era, según creo, la seguridad ciudadana. Las opiniones, como no podía ser de otra manera, eran diversas y enfrentadas. Luis del Val, escritor y periodista, dijo una cosa que me pareció interesante. A su parecer el Estado ha roto el contrato social con el ciudadano. Esto es, el Estado no garnatiza una educación de calidad, una sanidad sin listas de espera ni masificación, ni una mínima seguridad ciudadana. Consecuencias las que muchos de ustedes ya saben. La clase media opta cada vez más por llevar a sus hijos a colegios privados, contrata seguros médicos y, cosa preocupante, aumentan las llamadas “patrullas ciudadanas” a la par que se dispara la compra de armas en el mercado negro. Eso sí, nos cosen a impuestos. Aquí se paga hasta por respirar, aunque eso ya lo saben ustedes mejor que nadie.

El gasto público se centra en tener 17 administraciones distintas, policías por un tubo que a la hora de la verdad no tienen medios, subvenciones a la cultureta de estar por casa, televisiones y radios públicas a mansalva, obras faraónicas tipo Forum de las Culturas, etc, etc, etc.

Cualquier Estado cobra impuestos, pero éstos deben ser bien administrados. Si pagas y encima no recibes, pasan cosas como que en Cataluña la gente se eche en manos de cualquier asaltatrenes que diga que les están robando desde Madrid. Porque luego, a la hora de la verdad, si yo quiero ir de Barcelona a Granada me sablean más de treinta eurines del ala por el morro. Cosa que no importaría si bajasen el 75% de impuestos que lleva la gasolina, uno de los cuales es el impuesto de lujo. Luego los transportes públicos valen una pasta que ni les cuento. Raro es el mes que no te dejas más de 30 pavos en tarjetas. Aparcar, para qué les cuento; zonas azules, verdes y ahora incluso rojas para motos. ¿Y toda esa pasta dónde va? Porque luego no se ven los resultados que serían de esperar.

Todo ello por no hablar de la justicia. A Henri Parot, con una condena de más de 3000 años de cárcel por haber asesinado a 87 personas -muchas de las cuales eran niños- lo sueltan en 2009. Y ya no nos pongamos a examinar las condenas a menores asesinos -inexistentes- o la gente que lleva acumuladas cientos de denuncias y siguen en la calle. España se ha convertido en el paraíso de la delincuencia. Tenemos una legislación de cachondeo y claro, ellos lo saben y lo aprovechan. Por cepillarte a alguien por la cara te pueden caer 20 años, de los cuales, entre pitos y flautas, te quedan menos de 10. Si encima el delito es robo con violencia o algo por el estilo la cosa ya es para echarse a llorar.

De la educación ya hablaremos un día largo y tendido porque merece un apartado a parte. En fin, que ahí lo tienen ustedes, un Estado que no es Estado y encima te aplasta económicamente. Si, como decía Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre y éste cede parte de su libertad al Estado para que le proteja, aquí el lobo voraz pasa a ser el propio Estado en connivencia con aquellos de quienes nos tendría que defender. En resumidas cuentas: el chichi de la Bernarda.

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