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Regreso

Acabaron las vacaciones, y con ellas el buen tiempo, la playa y el merecido asueto. He tardado bastante en regresar, no por falta de tiempo, sino de ganas. Me explico. Uno se pregunta si merece la pena compartir con todos ustedes -queridos amigos- todo lo que le pasa por esa olla de grillos que tiene por cabeza. Al fin y al cabo ¿a quién le importa lo que piense o deje de pensar? Más aún ¿realmente tengo ganas de ir cabreado y cabreando a la gente? Después de todo, la vida son cuatro días y uno quiere pasarlos tranquilo.

Elevado precio he tenido que pagar por mis palabras en este blog. ¿Se imaginan que, por ejemplo, el diario El Mundo -salvando las diferencias- se pusiese a dorarle la píldora al PSOE? Pues es precisamente lo que ha pasado en este blog. No que le dore la píldora al PSOE, cosa que no creo que haga en mi vida, sino que deje de dorársela a la izquierda en general. Les seré sinceros, gente como Enric Sopena me pone de los nervios. Y  la cosa no viene de ahora, sino que lleva larvándose mucho tiempo. Supongo que uno no puede negar lo que es en el fondo, por mucho que lo adorne o lo obvie. Y yo, dado el caso, no aguanto al típico progre. No soporto la pose, la hipocresía, lo políticamente correcto, los pantalones de pijama, los cantautores pelmas, el típico semianalfabeto que critica a Bush por la tele porque es la moda. No los soporto, no sé si decir que lo siento, pero es así.

Y que conste que este verano he intentado hacer Zen, dejar de fumar y no alterarme por nada. Pero no puedo, ya ven, es lo que hay. No puedo dejar de indignarme por esa izquierda de salón que se rasga las vestiduras porque Israel se defiende en el Líbano y calla como una puta ante las atrocidades del islamismo (ideología que los colgaría de los mismísimos por ateos si tuviera oportunidad). Me mosquea soberanamente la hipocresía de esa gente que se tiró a la calle con lo del chapapote -con razón, por otro lado- y mira para otro lado cuando Galicia se quema. Me pone literalmente de los nervios la peña que puso el grito en el cielo cuando el PP sedó a unos inmigrantes para devolverlos a su país y tiran balones fuera cuando Canarias se encuentra en situación de crisis humanitaria. Pero aquí no pasa nada, la culpa de todo la tiene el PP. Esperemos que no llegue la sangre al río y que todo lo que publica El Mundo sea mentira. Por mis muertos más frescos les juro que espero que a Pedro J. se le haya ido la olla, porque si no esto es grave de narices.

¿Qué hacer? Como dijo Lenin hace casi un siglo antes de pasarse por la piedra a media Rusia. La verdad es que mi salud mental me pide calma, silencio y pasar depsapercibido. Pero mi espíritu de mosca cojonera, de sniper  verbal, de torracollons, me pide guerra. Y ya que estamos y que tenemos el chiringuito montado, vamos a seguir dándola. Aunque esto lo lean cuatro, bienvenidos sean. Y aunque alguno se mosquee en demasía -asín es la vida, amigo-.

A pesar de todo y a pesar de todos creo que en este país hace falta gente que diga lo que piensa por encima del pensamiento único, bienpensante y chupiguay que impera en medios e instituciones.  Y, como decía, a pesar de que te pongan de chupa de dómine, te llamen facha (habría que ver quiénes son los auténticos fachas), radical de centro u otras lindeces, defender la libertad individual hasta sus últimas consecuencias me sigue pareciendo algo cojonudo.

 

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1 comentario

Anónimo -

Bien dicho hermano! ;)
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