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Reflexiones matuninas

Hace dos meses conversaba con mi señor padre sobre la conveniencia de votar o no al Partido Popular. Él sostenía que era necesario votarlo porque era la única manera de que el país se recuperara de la crisis económica y de que de detuvieran las concesiones al nacionalismo periférico. por mi parte, yo sostenía que una vez instalado en el poder, el PP no tendría ningún problema para volver a pactar con los susodichos nacionalistas y que si bien estaba de acuerdo con que gestionarían la economía a mejor, lo único que querían los políticos populares era volver a pisar moqueta.

Dos meses después me reafirmo en mi postura de entonces. El cambio de rumbo del PP no hace sino demostrar que las ideas son accesorias y que lo verdaderamente importante es alcanzar el poder. Uno puede estar o no de acuerdo con la ideología conservadora de este partido, pero lo cierto es que no deja de asombrar lo rápido que se dice Diego donde antes se decía digo. Por mi parte, como he manifestado muchas veces en este blog, el PP sigue arrastrando ciertos comportamientos que se podrían definir como reaccionarios. Nunca he visto con buenos ojos esas manifestaciones en defensa de la familia (¿defenderla de qué? ¿de los gays? ¿de la promiscuidad sexual?) o esos arrimamientos con el pensamiento más conservador que se opone, por ejemplo, a la experimentación científica con células madre. por otra parte, no puedo dejar de reconocer que dentro del PP existe una corriente liberal (si bien liberal-conservadora) con la que coincido en algunos puntos.

Ahora bien, la verdadera sorpresa de las últimas jornadas la ha dado el pequeño, casi podríamos decir que minúsculo, partido de Rosa Díez. Unión progreso y Democracia se ha erigido como la única oposición real contra los desmanes de ZP y su séquito de progres de visa oro. El otro día, en una entrevista, oí que Rosa Díez se definía como una mujer de izquierdas, si bien matizaba que de una izquierda "heterodoxa". También matizaba que UPyD era un partido transversal en el que militaban muchos liberales que procedían de la corriente clásica del liberalismo. De este modo, el partido de Rosa Díez defiende sin complejos el concepto de nación española, no ese concepto vetusto acuñado durante el franquismo, sino el concepto liberal de nación compuesta por ciudadanos libres, el constitucional. ¿Es ser de izquierdas pactar con los que ponen bombas y asesinas a gente? matizaba Díez. ¿Es ser progresista aliarse con el nacionalismo, una ideología claramente reaccionaria? Permítanme que lo dude. No es ser de izquierdas mirar hacia otro lado cuando se pisotean los derechos lingüísticos de quien sea. Como no lo era imponer el castellano en los colegios durante la dictadura. No creo que sea de izquierdas o progresista el defender el Estado más caro de Europa mientras siguen existiendo problemas con la educación o la sanidad. No es progresista mantener un monstruo  con 17 cabezas incapaz de solucionar los problemas de la gente. Chapó por Díez, qué quieren que les diga.

Desde hace tiempo vengo defendiendo que la verdadera libertad no se consigue a través de un Estado que regule todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas. Yo no quiero que nadie me diga cómo tengo que vivir. Por lo tanto, no quiero vivir en un país en el que me digan cómo tengo que ser y lo que tengo que pensar. Y esto se nota, o por lo menos yo lo noto, con mucha contundencia en esta Cataluña en la que me ha tocado vivir.

Por todos estos motivos no me fío ni del PSOE ni del PP, qué quieren que les diga. Ni quiero que me frían a impuestos (por los que luego apenas sí recibo alguna contrapartida) ni quiero que me digan qué tipo de familia tengo que construir, ni qué lengua tengo que hablar o dejar de hablar. Por eso, aunque muchos vean en mí un moderno defensor del sistema capitalista, ése que condena a la pobreza a millones de seres humanos en todo el mundo, yo digo que no es así. Soy esencialmente un escéptico, una persona que no cree en recetas milagrosas ni en grandes proyectos. A la Historia me remito. Por eso estaré de acuerdo con todo aquel que alce su voz (eso sí, sin militar en ningún partido, ni tener carné que me comprometa a la defensa a ultranza de unos ideales) en contra del dirigismo, de la imposición de nada y que abogue por que pueda desarrollar libremente mis capacidades en una sociedad abierta y libre. Una sociedad que defienda sus libertades con todo el peso de una ley implacable para todos aquellos que la vulneren y violen así los derechos de sus conciudadanos (resumido en la típica y tópica frase que dice que mi libertad acaba donde empieza la tuya). No una moderna casa de putas en la que el delito sale casi gratis en pos de un supuesto progresismo de salón que ve en el delincuente una víctima de la sociedad. No un Estado derrochador incapaz de ofrecerme soluciones y que se queda sólo en la frase políticamente correcta y el buenismo barato. No con unos políticos que lo único que quieren es sentarse en un sillón y trincar de los presupuestos. No.

Por todo eso me gustaron las palabras de Rosa Díez. No sé si al final, como sucede casi siempre, todo quedará en palabras vacías que se lleva el viento. Puede ser, pero por lo menos me gusta la música.

 

PD. Aunque ya no comparto sus posiciones políticas, me alegró saber que vuelve Julio Anguita a IU. Un tipo decente, sí señor. Y aunque a estas alturas me va a encontrar al otro lado de la calle, eso no quita que sea uno de los poquísimos políticos a los que respeto.

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