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Indiferencia

Indiferencia

Casualidades de la vida, el otro día leía una frase de Albert Einstein que decía que sólo el Universo y la estupidez humana son infinitos. Amén.

Después de la elecciones de la semana pasada me queda un persistente sentimiento de indiferencia hacia la gente que me rodea. Y es que cada vez me vuelvo más ácrata y más escéptico. Los gobiernos pasan y las cosas siguen igual. Aunque peor irían si los pocos iluminados que todavía quedan quisieran revolucionarlo todo y crear un estado totalitario en el que tuvieras que pedir permiso para ir a mear. Por esa parte me alegro, sí. Me congratulo de que aquellas posiciones ucrónicas hayan quedado reducidas al ridículo. Léase IU y ERC. Estos fósiles decimonónicos se han hundido en la miseria electoral por culpa del “Tsunami bipartidista” que decía Gaspi el otro día. Ahora se acuerdan las huestes del progreso mal entendido de que tenemos una ley electoral patética.

Cosas veredes...

Lo cierto es que un servidor fue a votar con la ilusión más nimia que recuerda desde sus 19 añitos, edad en la que introdujo por primera ver un voto en una urna. Por primera vez en mi vida he votado a un partido que no es IU en una elecciones generales. Bueno, antes era IC y después lo fue EUiA, pero viene a ser lo mismo. Aunque los años han pasado y las cosas se ven de diferente modo, lo cierto es que todavía recuerdo aquella IU orgullosa con Anguita a la cabeza. Un tío con las ideas claras, sí señor. El mojogaterío progre de pantalón de pijama a rayas, pañuelo palestino y salvador de ballenas se ha estrellado. Normal, si uno tiene en cuenta que los obreros del cinturón rojo hace tiempo que pasan de los pijos de la calle Ciutat de Barcelona.

Una vez instalado el movimiento obrero en la sociedad de consumo sólo queda espacio para ZP y su séquito de izquierdistas de visa oro. La bandera roja ha sido sustituida por la multicolor y la hoz y el martillo por vaya usted a saber qué. Pese a lo que representa el comunismo hoy en día, lo cierto es que esa izquierda combativa, sobre todo en el caso de la Europa occidental, tenía algo de utópica y de esparanzadora que el moderno progresismo ha enterrado. Esa conciencia social que se ha diluido en la nada del poscomunismo.

¿Y la derecha? Pues anclada en posiciones que no la benefician, arrimada al ascua candente de una Iglesia que se resiste al paso de los siglos. Por no hablar del miedo que le tienen a un liberalismo serio y alejado de dogmatismo de la moralina.

Muchas veces he escrito en este blog sobre la necesidad de una política transversal que se asiente en los principios del reformismo democrático como impulsador de una sociedad de hombres libres. Parece que nada de esto está en la agenda de ningún partido. Bueno, alguno tímidamente lo reivindica, como el caso de UpyD, pero sin concretarlo mucho.

Yo ya no sueño con revoluciones, pues he escuchado de primera mano los terrores de los paseos nocturnos, las chekas y la arbitrareidad de quien decide sobre la vida ajena. No, ya tan sólo sueño con que me dejen en paz, con que no me pongan trabas y me dejen desarrollarme como persona. El resto son cantos de sirena, brindis al sol y palabras huecas.

Gnossiennes

Por suerte, todavía quedan cosas en el mundo aparte de la política...


Lent et douloureux

 

 

Me paso a Linux

Me paso a Linux

Después de innumerables años de batallar contra Windows, al final he decidido pasarme (otra vez) al lado oscuro de la fuerza e instalarme Linux. Hasta la fecha no había encontrado una distribución que fuera sencilla de usar y en la que instalar programas no se convirtiera en un suplicio. Hasta que encontré Mandriva 2008.

Sólo puedo decir cosas buenas de este maravilloso sistema operativo. Llama la atención lo bonito que es (incluso más que Windows), el gran poder de autodetección de hardware y la “sencillez” para instalar paquetes (así es como llaman los linuxeros a los programas). Hay que tener en cuenta que no es Windows, y que no es tan sencillo como darle al archivo.exe y esperar. Pero nada que no se resuelva “googleando” y consultando alguna web especialiaza como www.blogdrake.com.

Tomé la decisión después de que mi Windows XP muriera por segunda vez en 48 horas. La verdad, ya estaba harto de cuelgues, mensajes de error, virus, incompatibilidades y demás movidas. Con Linux no hace falta instalar antivirus y la gran mayoría de programas son gratuitos. Además, por cada programa de Windows existe su equivalente en Linux. Por otra parte, todos aquellos que estén demasiado enganchados a algún juego o programa de Windows lo podrán emular con programas como Wine o Cedega (yo lo he hecho con Ares y funciona). He de decir, que pese a todo, hay que dedicarle algo de tiempo para saber cómo hacerlo, pero el resultado final merece muchísimo la pena.

Por mi parte, también existe cierto sentimiento de revancha contra el señor Will Gates y su cuasimonopolio windowsero. Esto de bajarte un sistema operativo mejor y que además es gratis da mucho “morbo”.

Lo dicho, lo recomiendo a todo el mundo. Es especial a usuarios medios de Windows (por su parecido con el programa de Microsoft) que utilicen el ordenador para escribir textos, bajarse pelis, música y cosas por el estilo. Decir que me he pasado horas "puteando" al sistema y no se me ha colgado ni una vez. Es mucho más estable y seguro que Windows.

Existe una versión gratuita, que es la que tengo instalada, que se llama Mandriva One y que ocupa poco más de 600 megas. Sólo hay que “quemarla” en un CD y ejecutarla desde la unidad de CD o DVD (arrancando el ordenador desde dicha unidad). Esta versión básica viene de serie con gran cantidad de programas como reproductores multimedia, grabador de DVD's, OpenOffice (que es la versión gratuita del Microsoft Office) y un largo etc. Además, existe una versión de pago llamada Powerpack 2008 que incluye 4,5 Gigas de utilidades. Cualquiera que esté un poco avezado en Internet sabrá cómo conseguirla “de free”.

He probado otras distribuciones como Kubuntu o Knoppix, pero me quedo con esta por lo cuidado de su presentación, las traducciones al castellano y lo rápido que lo autoconfigura todo. De todas maneras, las demás, y en especial Kubuntu, también son unas grandes alternativas.

Aquí les dejo la web donde descargar este sistema operativo que pueden probar sin ejecutar desde el mismo CD o DVD (Live CD lo llaman).

www.mandriva.com


¡A disfrutar!

Jóvenes y liberales

Decían esta mañana en la radio que nunca antes en la historia de España había habido un número tan considerables de jóvenes liberales como ahora. Supongo que es cierto, aunque me hubiera gustado ver lo que se cocía en las facultades durante la primera mitad del siglo XIX. En fin.

De todas maneras, lo que uno sí percibe es cierto distanciamiento con las ideas que nos movilizaron a muchos no hace tanto tiempo. Las universidades ya no son un hervidero de jóvenes revolucionarios dispuestos a cambiar el mundo y jugar a mayo del 68, y eso se nota. No puedo decir que me alegre, puesto que soy de los que piensan que las ideas revolucionarias son una estupenda escuela para los liberales del futuro. En muchos casos, el ansia de justicia y de libertad, que ton tanta vehemencia se practica durante la juventud, cristaliza con el paso de los años en una nueva concepción del mundo que pasa por la libertad individual entendida como piedra de toque sobra la que se sustenta cualquier otro derecho.

Pues bien, lo que sí que parece claro es que muchos jóvenes se saltan este paso previo y se instalan en el liberalismo de forma natural. Una posible explicación pasa por los ejemplos del llamado Socialismo Real. Porque en estos tiempos que corren ya nadie, o casi nadie, sueña con una reedición de ese sistema fallido que condenó a la carestía, cuando no directamente al hambre, a millones de seres humanos.

Decía Winston Churchill que la democracia es el peor sistema si exceptuamos todos los demás. Y es que el ser humano no ha sido capaz de encontrar una alternativa viable al capitalismo y, por ende, al liberalismo político (entendido éste en su definición más amplia). Esta falta de alternativas ha calado en muchos de nuestros jóvenes, más si se tiene en cuenta que durante los últimos 30 años de democracia en España, 16 los hemos vivido bajo gobiernos de izquierda con todo lo que ello representa. Y es que el caso de España es singular, ya que en la izquierda se ha instaurado una especie de pensamiento “progre” y políticamente correcto que adolece de cierto anquilosamiento. Al estar basado en clichés e ideas preconcebidas, esta ideología es incapaz de evolucionar y adaptarse a los nuevos retos que plantea el futuro. Aspectos como la inmigración, el auge de los nacionalismos, la globalización, la educación o la defensa de la democracia contra sus nuevos enemigos, son tratados por los “progres” desde el simplismo políticamente correcto y la frase hecha.

Es cada vez mayor el número de españoles, y por ende de jóvenes, que ven la artrosis en la que se ha sumido el izquierdismo. Es difícil, por no decir imposible, habla de que “un mundo mejor es posible” cuando al mismo tiempo se defiende una dictadura como la castrista, con más muertos en su haber (guste o no es un hecho objetivo) que la infame dictadura del general Pinochet en Chile. Por no hablar de las prácticas poco democráticas de Hugo Chávez y del fracaso estrepitoso de su política económica.

Así que, pese a que los últimos tiempos algunas universidades saltan a los titulares de los periódicos por agresiones e insultos a María San Gil o a Rosa Díez, lo cierto es que cualquiera que se de una vuelta por una facultad puede darse cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas últimamente. Aunque siempre quedarán los cuatro irreductibles de siempre, que ya, estas alturas, forman parte del folklore universitario. 

Entrevista a Leguina

Entrevista a Leguina

Aunque muchas cosas me separan de Joaquín Leguina, por lo menos me parece un hombre coherente. Ahí les dejo una interesante entrevista de la que me han lamado gratamente la atención algunas respuestas.

–Tras esta legislatura dice adiós al Congreso de los Diputados y de alguna manera a su vida política.Aunque ya lo anunció hace tiempo, ¿como se siente ahora, que llega el momento?
-Ganas de marcharme porque estar aquí ya no tiene sentido. En unos días me iré al Instituto Nacional de Estadística. Pero eso no quiere decir que no vaya a volver, no sé si al Congreso... No está el mañana en el ayer escrito, que decía Machado.
-Ahora tendrá más tiempo para su pasión, la literatura.
- Pues sí. Tengo una novela muy avanzada. O cae antes del verano o después, pero este año cae.
-¿Es una novela de trama política?
- No. Es una novela con muchos rasgos autobiográficos, que quiere ser un poco la historia de una generación, que es la mía. Es una mezcla complicada, que por un lado es autobiográfica y por el otro es ficción. La parte sentimental que tiene que tener cualquier novela, si no se iría de las manos, es completamente de ficción y la parte intelectual, ideológica y vital es el resto.
- Parece que se va decepcionado. ¿Cree que José Luis Rodríguez Zapatero le ha señalado con el dedo, a usted a Manuel Marin…?
"ZP señaló con el dedo a una generación por intereses espúreos"

-¿A mí? No creo. Ha señalado con el dedo a toda una generación por intereses puramente espurios, pero explicables. Es la forma de dejar sin alternativas su propio liderazgo, que es una pretensión de casi todo el mundo y casi todo el mundo fracasa... y espero que él también.
-¿Por qué?
-Porque espero que el PSOE tenga alternativas y que no acabe el PSOE con Zapatero.
-¿El relevo generacional en el PSOE ha sido demasiado brusco?
- Demasiado injusto. Algo hemos hecho mal, pero algunas cosas hemos hecho bien. No sé por qué somos basura.
-Usted y Rosa Díez representan dos maneras dignas de entender la política y de discrepar con el propio partido...
-Rosa Díez ha creado un partido, que a mí me parece una ocurrencia, más que una idea. A mí no se me ocurrirá crear un partido nuevo.
-Pero sí ha acatado la disciplina de partido en contra de sus ideas, como sucedió a la hora de votar sobre el estatuto catalán.
- Por eso no juego a presentarme más, porque que te obliguen a votar cosas en las que estás radicalmente en contra no me gusta.
- El PSOE no despega en las encuestas y la cosas están igualadas. ¿Cuál cree que va a ser el resultado del 9-M?
- Se lo dije una vez a Zapatero en público y él no me desmintió. El gran capital político que tiene en este momento Zapatero es el PP, porque peor que lo hace el PP no se puede hacer. Como se trata de elegir entre dos, más que ganar las elecciones Zapatero, que creo que es lo que va ocurrir, las va a perder el PP.

-¿Se juegan PP y PSOE algo más en las elecciones? Me refiero al liderazgo.
-El perdedor va a tener que coger y hacer las maletas, que no está mal.
-¿A quién beneficia la entrada de los obispos en campaña?
-Le ha metido a Zapatero un millón de votos en el bolsillo. Son unos listos. Es simplemente increíble. ¿No se han dado cuenta en qué país están? ¿No leen las declaraciones de la renta? En un país que se dice católico y es católico, la gente prefiere que se lo gaste el Estado a que se lo gaste la Iglesia Católica. ¿Cuántos ponen la cruz? Visto lo visto, si son personas inteligentes, lo mejor es que cuando hablen de política es que miren para otro lado porque lo único que hacen es excitar a aquellos que se niegan a poner la cruz a ir a votar al contrario de lo que ellos digan.
- Por tanto, cree que sirve para movilizar más al electorado de izquierdas...
- Esto moviliza más el voto de izquierdas, el voto al PSOE, que todos los mítines que se van a hacer durante la campaña electoral. Así de claro. Desde un punto de vista neutral y de espectador es de risa.
-¿En caso de victoria del PSOE sería bueno volver a tener de compañeros de viaje a los partidos nacionalistas?
- No. Evidentemente, no. El gran problema político que existe en España se llama así: los nacionalistas. Parecería lógico, si todo el mundo está de acuerdo con que es un problema político creciente, porque no hay más que oír las declaraciones cada vez más subidas de todo de los Ibarretxe, de los Carod o del propio Artur Mas, que es un magnífico vendedor de corbatas de El Corte Inglés, como todo el mundo sabe, ponerse las pilas y decir: ‘Queridos amigos, hasta aquí hemos llegado’. Este juguete que habéis tenido, como niños malos que sois os lo vamos a quitar. ¿Y cuál es el juguete? La Ley Electoral.
-¿Por qué no se afronta la reforma de la Ley Electoral?
- Porque no se quiere y se tiene miedo. Para los aparatos de los partidos cualquier reforma del sistema proporcional corregido actual a un sistema mayoritario, que dejaría fuera de juego a toda esta barandalla, no se quiere. En un sistema abierto, mayoritario, temen que les pase lo que a Tony Blair en Londres. Dijo a ‘este chico que hay ahí y que quiere ser alcalde, que me lo quiten’. Y ese chico que le quitaron de la candidatura del Partido Laborista se presentó por libre y les ganó. Es el actual alcalde de Londres. Al día siguiente tuvo que llamarle Blair por teléfono para decirle ‘me he equivocado, vuelve al partido’. Los aparatos de los partidos en España son una de las mayores perversiones que se han creado.
-Y la reforma es necesaria...
Han secuestrado el sistema electoral, te ponen una escoba en la lista y la tienes que votar. Eso es lo que está pasando. El cambio para el crédito de los partidos y para acabar con la broma de los nacionalistas es bastante fácil de hacer. Si se pusieran de acuerdo en el objetivo básico de que hasta aquí ha llegado la broma lo otro vendría luego.
-En una legislatura tan crispada como esta no ha habido acercamiento en los grandes temas de Estado...
-He estado en una comisión que suele tratar temas de Estado, soy el presidente de la Comisión de Defensa, y aquí las leyes que se han sacado han sido por unanimidad. Por tanto, no es imposible. Y para crispación la del 93...
-Calificó de ‘ocurrencia’ que Zapatero hablara de ‘España plural’. ¿Falta sentido de Estado?
-Eso de la España plural es una estupidez. Claro que España es plural, lo que hay que exigir es que el País Vasco y Cataluña sean plurales. Que no se persiga a la gente simplemente porque hable o escriba en español. ¿Cómo se puede permitir que estos tipos vayan a Francfurt a presentar la literatura catalana y prohíban a los escritores catalanes de toda la vida simplemente por escribir en español?
-Tal vez uno de los errores de los últimos años han sido las continuas reformas de las leyes de Educación, no?
-Yo recuerdo bien cómo hizo la reforma educativa el PP. La penúltima la hizo con nocturnidad y alevosía, sin unanimidades ni consensos, haciéndonos votar a las tres de la mañana. Un escándalo la señora Pilar del Castillo. Y luego viene el otro y el bandazo. Los alumnos y los chavales no pueden estar a bandazos. Tiene que haber una Ley de Educación que dure al menos veinte años.
-¿El voto se decidirá más por la situación económica actual o por la ideología?
-Los datos económicos forman parte de la realidad social de forma relevante, pero si miramos atrás con objetividad, estos años han sido bastante buenos. En tres meses no va a cambiar la gente tan radicalmente. Cuando hay una crisis de verdad sí que influye, pero así a corto plazo, no lo creo. Las ofertas electorales, más que sobre puntos económicos, son fiscales... y dan risa.
-¿Un presidente de un gobierno puede negociar con ETA sin el consenso de todos los partidos?
-No es un tema en el que Zapatero se encuentre incómodo porque su argumento es muy poderoso: ‘Todos lo han intentado y todos han fracasado; yo también’. No creo que le quite un solo voto, porque todos los que se meten con él y le maldicen por esto son gente que jamás le iba a votar. No entiendo bien por qué el PP se mete en ese jaleo.
–¿El Gallardonazo ha dañado el crédito de las instituciones madrileños?
- No me atrevería a decir tanto, pero no le ha hecho ningún favor ni al PP ni a la política.
-¿En qué ha cambiado la Comunidad de Madrid desde que abandonó su presidencia en 1995?
-He sido presidente en el Jurásico... Desde el punto de vista institucional han cambiado competencias y luego la sociedad ha cambiado, en general para bien. Díría que todo ha cambiado para bien menos en una cosa: el tipo de urbanismo que ha hecho la derecha.
-¿Por ejemplo?
- Me refiero al tipo de urbanismo como el de los Planes de Actuación Urbanística, un desastre. Como el de las Torres del Real Madrid, para mi gusto; como el la carretera de La Coruña, con miles de adosados, que me parecen estéticamente deplorable.
-¿Y en el Corredor?
- Se ha destrozado menos, quizá porque era un sitio muy degradado antes de la democracia. Era un territorio industrializado a todo correr, que cuando llega la democracia entra en crisis desde el punto de vista industrial. Pero como ejemplo de mal urbanismo pondría otro.
-¿Los madrileños se sienten más identificados con su Comunidad o desconocen , por ejemplo el trabajo de la Asamblea de Madrid?
- A veces es bueno... Los madrileños saben qué es la Comunidad de Madrid. Si salen a la calle, desde la enseñanza de los niños, la universidad, la Sanidad, el agua,... toda la vida cotidiana depende de la Comunidad. Los malos ratos que pasamos en los inicios pasaron a la historia.
-¿Sería bueno retomar el debate de las circunscripciones que quedó paralizado en la anterior legislatura y que necesita consenso de los partidos?
-No estoy de acuerdo. Las cosas hay que cambiarlas cuando algo no funcionan bien. ¿Qué es lo que no funciona? Que me lo expliquen.
-Algunos dicen que se sentirían mejor representados por zonas...
-Pero si aquí no somos nacionalistas, somos racionalistas. Si yo vivo en la Puebla de la Sierra, por qué no me voy a sentir representado por un diputado porque haya nacido en Navalcarnero. A esas zonas les va de cine con la Comunidad de Madrid. Siendo un sistema proporcional no ha surgido el gran problema que es la dispersión de voto.
-¿Tras el batacazo del PSM en Madrid el 27-M y con el desembarco de Tomás Gómez llega la hora de apostar en firme?
-Lo veo difícil y con un virus interno brutal en la antigua FSM. Tomás Gómez salió casi con el 90% de los votos, arrasando en las urnas internas. Han pasado seis meses y ya le están montando el lío, ya le están preparando la cama. No hay derecho.
-¿Quién lo está haciendo?
-Los anteriores, Simancas y compañía. Tienen un argumento básico: no se van a ir. Y no se van a ir porque no tienen adonde irse. Me temo que le van a hacer la cama y es una locura.
- ¿Confía en Tomás Gómez? ¿Y en el nuevo socialismo?
-Bueno, mejor el antiguo socialismo, que ganaba elecciones... Tomás Gómez es un hombre valioso, tiene un buen equipo.
-Además le dijo a Gómez que sería bueno que fuera diputado...
-Sí, se lo dije. Y le dije más: ‘Tienes que ir de diputado y si gana Zapatero que te haga ministro de Fomento, que mejor que lo están haciendo ahora seguro que lo haces’. No quiso, entre otras razones, porque no quiere dejar su Alcaldía de Parla. Me parece razonable porque ha tenido éxitos muy notables y la gente le quiere mucho. Y en política es muy importante.

 

La aventura africana y la cueva de Moratinos

La aventura africana y la cueva de Moratinos

HENRY KAMEN 

Pensarán algunos que yerro cuando cito aquí pasajes del famoso libro sobre Don Quijote, escrito por el honorable Miguel de Cervantes, pero pienso sinceramente que mis fuentes son correctas. Me refiero, por supuesto, a «las admirables cosas que el estremado Don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Moratinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa». La verdad es que no se puede dudar de la existencia de la cueva, porque yo también la he visto y paso a contar lo que de labios de Don Quijote salió. Tú, lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere.

La verdad es que antes de que el famoso hidalgo bajara a la cueva de Moratinos, le habían dicho que ésta se encontraba en el corazón de la Mancha; sin embargo, cuando entró, vio que estaba en otro continente. En la cueva se topó con un venerable señor, pequeño y un tanto corpulento, medio calvo y con una alegre sonrisa en su redonda cara, que le dijo: «Soy el mismo Moratinos de quien la cueva toma nombre, y ésta es mi tierra que, vosotros mortales, conocéis como Africa». «¿Cómo es eso?» le preguntó el valeroso caballero, «¿cómo es que yo entré dentro de las entrañas de España y he acabado en Africa?». «Eso es fácil de explicar», dijo el otro, «porque en verdad todos los caminos llevan a Africa». «¿Pero no sois vos, venerable señor, una persona de cierta distinción en vuestro propio continente? ¿Por qué habéis venido a Africa?».

«¡Ay!», contestó él, «debéis escuchar mi triste historia. Hubo un tiempo en que yo estaba en una posición de autoridad en mi tierra, y dirigía su política exterior. Muy pronto, sin embargo, los dirigentes de las otras naciones empezaron a cuestionar mi política y despreciar mis iniciativas. Los mandatarios extranjeros que hablan extrañas lenguas como inglés, alemán, francés y ruso empezaron a discrepar de mi política y me contradecían en sus reuniones. Un comentarista del Strategic Study Group de Estados Unidos llegó a declarar que 'España ha perdido su credibilidad'. Así que comprendí que es mejor cultivar amigos en tu propia familia, y me adherí a los generosos dirigentes que hablan nuestra misma lengua. Tu habrás visto como me acojo al amable y cultivado dirigente de Venezuela, a quien el anterior Gobierno de mi país vilmente intentó derrocar; pero todos mis gestos de amistad se colapsaron cuando mi Rey, públicamente, le enseñó el dedo. Realmente no es justo. He puesto todo de mi parte para apoyar el régimen progresista de Cuba, pero los otros europeos se me han opuesto constantemente. Y ahora otros países europeos acaban de tener una reunión en Londres, pero han rehusado invitar a mi venerado dirigente. Ciertamente, parece que todos se burlan de mí. Ni tan solo he tenido el privilegio de encontrarme formalmente con el gran dirigente de Estados Unidos. Su representante, Condi, me visitó brevemente el año pasado. Cuando defendí mi amistad con Cuba y dije 'estoy seguro de que con el tiempo usted se convencerá de que mi estrategia producirá resultados', ella simplemente movió sus ojos y dijo: 'No aguantes la respiración.' ¿Puedes entender por qué estoy molesto?».

«Veo vuestras razones», dijo Don Quijote, con cierta simpatía, «¿pero supongo que habrá alguna salida para vos?».

«Por supuesto, por supuesto», respondió el guardián de la cueva. «He inventado una nueva Alianza que substituirá todas las otras alianzas, porque sólo será entre gente civilizada. La he llamado Alianza de Civilizaciones, porque será sólo para gente progresista, no para europeos o norteamericanos. Tuvimos una reunión en Madrid este año. Costó muy poco, unos cuatro millones de euros, que no es nada por tan valioso foro. Y ofrecimos nuestro firme apoyo a Turquía, a quien los europeos han excluido de su familia. Tenemos mucho en común con nuestros amigos turcos».

«Sé eso», dijo Don Quijote, «mi amigo Cervantes tuvo un notable encuentro con ellos en un lugar llamado Lepanto. Pero de eso hace ya mucho tiempo. Decidme, amigo Moratinos, ¿cómo es que habéis limitado vuestra Alianza sólo a musulmanes? Corregidme si me equivoco, ¿pero no tenían los judíos también una civilización en España?».

«Tonterías, los judíos no han sido parte de España desde hace mucho tiempo, mucho antes de Lepanto. No pertenecen a la Alianza porque sus puntos de vista son diferentes, ellos no piensan como yo. No son parte de nuestra civilización. ¿Acaso sois judio?».

«No, no en absoluto, os lo aseguro. Soy un buen cristiano, como vos. Y apoyo a la Santa Inquisición».

«Pero si apoyáis a la Santa Inquisición, ¿acaso sois un integrista, fundamentalista y neoconservador, como los obispos de mi país, que también se me oponen?».

«No, no, os lo aseguro. Entonces, decidme, buen amigo, ¿pensáis que deberíamos rechazar a los europeos y norteamericanos y confiar sólo en los musulmanes?»

«Bien, es verdad que nuestro destino no es Europa, sino que se sitúa hacia el sur, en Africa. Es por eso que esta cueva se halla en Africa. Acabo de hacer un largo viaje a través del continente, y tranquilizado a todas las gentes del continente diciéndoles que obtendrán de mí -de nosotros- aquello que no han podido obtener de los europeos y norteamericanos, amistad verdadera y mucha ayuda financiera, de modo que puedan vivir al fin en paz. Incluso hablo su lengua: 'nalingi botondi', les dije en el Congo. Tal vez os preguntéis, por qué Africa. Os lo diré, en palabras de uno de nuestros filósofos, Ortega y Gasset: Africa para nosotros es 'una fatalidad histórica y, en la Historia, la fatalidad es obligación'. Otro de nuestros grandes hombres, Joaquín Costa, explicaba que 'el Estrecho de Gibraltar no es un tabique que separa una casa de otra casa; es, al contrario, una puerta abierta por la Naturaleza para poner en comunicación dos habitaciones de una misma casa'».

«He oído», comentó Don Quijote, «que intentáis construir un túnel por debajo del mar para conectarnos a Africa».

Al oír la palabra «túnel» los ojos del guardián Moratinos se iluminaron, y las palabras casi se precipitaron de sus labios. «¡El túnel, el túnel! Sí, ese es el gran futuro. Costará casi nada, y será más grande y mejor que cualquier cosa que han construido los británicos y franceses bajo el Canal de la Mancha. Mi túnel irá desde La Mancha -perdón por el juego de palabras- directamente a Marruecos. Realmente convertirá a Africa y a nosotros mismos en 'dos habitaciones de la misma casa'! ¿Os podéis imaginar eso? Millones de españoles podrán ir libremente a Africa, y millones de africanos nos vendrán a visitar. Como dije el otro día en Luxemburgo: 'Va a ser irreversible que el continente africano sea uno de los ejes prioritarios de la política exterior española'. ¡Africa, Africa, ese es el gran futuro para nosotros! ¡España será grande en Africa!».

«He oído estas palabras antes», Don Quijote murmuró, sin atreverse con el emocionado guardián, «pero las dijo alguien poco antes de una batalla que ocurrió en un lugar llamado Annual».

«Como no estás experimentado en las cosas del mundo», el guardián respondió, a penas escuchado lo que Don Quijote decía, «todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles. La verdad es que en esta cueva he descubierto los secretos del futuro, y aunque neguéis con la cabeza os puedo asegurar que, a pesar de que tanto Washington como Londres me han cerrado las puertas, el camino hacia delante se encuentra donde siempre ha estado desde los grandes días de Isabel la Católica, en Africa».

Esas fueron las últimas palabras que Don Quijote oyó antes de que, de repente, se desvaneciera, y se despertara delante de su buen amigo Sancho Panza. Cuando explicó todo lo que había visto y oído a su sorprendido asistente, Sancho comentó: «Bien se estaba vuestra merced acá arriba con su entero juicio, tal cual Dios se le había dado, y no agora, contando los mayores disparates que pueden imaginarse».

Cómo dejé a Marx

Cómo dejé a Marx

Por Pío Moa

En De un tiempo y de un país escribí: "Una mañana, tomando café en el café Kühper [de Madrid], junto a la glorieta de Bilbao, llegué, tardíamente, a esta conclusión: la cuestión central del marxismo no puede ser más que el stalinismo".
"Si algo tiene de científico el marxismo es su subordinación al criterio de la práctica –añadía–. Y la práctica marxista, más allá de cualquier condicionamiento especulativo, consiste en el stalinismo, insuperado e insuperable, salvo matices o intentonas frustradas, en los países del socialismo real. Insuperado en Occidente por bibliotecas enteras de lucubraciones que no anuncian revolución alguna. Considerar el stalinismo como la práctica del marxismo es sin duda una hipótesis, pero no una más, sino la única desde la que es posible ahondar. Ni la controversia chino-soviética ni los discursos jruschofianos ni los tochos occidentales han resuelto la cuestión. Ni siquiera la han planteado consecuentemente. Al contrario, la han rehuido por sistema (…) Comprendí el sinsentido de la reconstrucción de inciertos partidos proletarios auténticos. Era la crisis del marxismo el problema que había que considerar".
En otras palabras, ¿por qué la teoría marxista derivaba, cuando quería realizarse, hacia stalinismos variados, pero reconocibles? ¿Y cómo se podía construir una sociedad mejor por medio de tanto evidente crimen?
(Por cierto, que Cristina Losada me ha comentado que ella también frecuentaba el hoy desaparecido café Kühper, no sé si por las mismas fechas –debía de ser sobre el 79 o el 80–. No llegamos a conocernos entonces, desde luego).
Pese a aquella conclusión sobre el stalinismo, no le di luego demasiadas vueltas. Entre tres que quedábamos (los hermanos Luis Miguel y Francisco Úbeda y yo), sacamos en abril de 1979 una revista, Contracorriente, para fundamentar la reconstrucción del partido comunista sobre bases sólidas y examinar la crisis del marxismo, cada día más indisimulable. En ella fuimos examinando diversos problemas que nos parecían cruciales: la teoría de los Tres Mundos, base de la estrategia mundial china de entonces, derivación revisionista de la concepción de las "cuatro concepciones fundamentales" maoístas; también la doctrina de Lenin y Stalin sobre las nacionalidades, y otras, como la teoría del descenso tendencial de la tasa de ganancia capitalista según Marx.
Tirábamos la revista en un tabuco alquilado, en el interior de un mugriento patio de una casa vetusta, en el número 3 de la calle del Amparo, próxima a la plaza de Tirso de Molina. Al estrecho patio se accedía por un oscuro pasillo, y a nuestro cuarto de trabajo por unos escalones de madera. Cubrimos la puerta con carteles de árboles y paisajes, para dar la impresión de que nos dedicábamos a la ecología, y organizamos la habitación con mesillas de noche, sillas cojas y otros muebles rescatados de la basura. Utilizábamos una multicopista manual de segunda mano comprada con 25.000 pesetas que nos había facilitado Eliseo Bayo, a la sazón directivo de la revista Interviú. También nos proporcionó la basura algunas planchas de corcho normal y blanco para aislar el sonido de la máquina, poco ruidosa de todas formas, que disimulábamos asimismo con música de una pequeña radio.
Pagábamos el pequeño alquiler (5.000 pesetas mensuales o algo así) entre todos, aunque mis ingresos correspondían en realidad a los de mi abnegada y valiente compañera, P., ya ajena a todas aquellas cosas sin necesidad de disquisiciones teóricas, y que daba clases en un colegio de secundaria. Mi familia me hacía llegar a su vez algunas ayudas, y vivíamos espartanamente.
Otro habitáculo, al lado del nuestro, lo había alquilado gente del PCE (m-l), el partido que había organizado el grupo terrorista FRAP unos años antes. No recuerdo bien cómo lo descubrimos, me parece que porque una vez vi llegar a él, sin que él me viera, a mi viejo compañero de la Escuela Oficial de Periodismo Manuel Blanco Chivite, uno de los indultados en las últimas ejecuciones del franquismo, de 1975. Me parece que el PCE (m-l) estaba ya legalizado, pero posiblemente sometido a vigilancia policial, por lo que redoblamos las precauciones. Los del "m-l" dejaron el local al cabo de un tiempo y más tarde lo ocupó un grupo pro nazi.
El lugar rezumaba ese estilo entre sórdido y romántico que tanto atraía a Pío Baroja y recordaba algunas descripciones de su serie Memorias de un hombre de acción. Ahora que lo pienso, ¡quién sabe si aquellos cuchitriles no habrían albergado otros antiguos trabajos conspirativos!
Normalmente íbamos al sitio al atardecer, uno o dos días a la semana, para discutir los textos e imprimirlos, un trabajo pesado porque la máquina, harto primitiva, funcionaba bastante mal. Aunque mantuvimos el local durante dos años, a la memoria sólo me vienen los dos inviernos, con sus anocheceres fríos y a veces lluviosos. Al terminar parábamos a tomar unas cañas de cerveza en un bar gallego de la inmediata calle de la Espada, A Lareira, que aún existe, cosa rara en una zona donde los pequeños negocios han cambiado tanto. "Vamos a ver si nos dan algo de perro", decía alguno de nosotros, refiriéndose a los trocillos de jamón que nos servían de aperitivo; bromeaba, claro, el jamón estaba bueno.
Mis compañeros no estaban fichados por la policía, que a aquellas alturas tenía seguramente tareas más urgentes que darme caza como en otros tiempos. La foto mía publicada en la prensa nunca le había servido de mucho, por lo que yo me sentía bastante seguro con mi carné falso y mantenía unas precauciones simples: asegurarme de no ser seguido al salir de casa y al volver de cualquier reunión. Hacía mucha vida de bares, donde iba a leer y escribir a base de algún café o algunos vinos. También por entonces tomé afición a los viajes a pie. Pero al mismo tiempo que sacábamos la revista manteníamos una agitación endiablada, con pintadas, repartos de hojas, en las estaciones de metro que daban al Rastro y otros lugares de concentración "de masas". Rara vez tan pocos habrán realizado una agitación tan intensa y sostenida, la cual, pese a nuestra experiencia y precauciones, estuvo un día a punto de ocasionar mi detención, como he contado en el libro.
Tirábamos cosa de un centenar de ejemplares de Contracorriente y los dejábamos en varias librerías izquierdistas. Pocos se vendían: abordábamos la evidente crisis del movimiento comunista, pero, para nuestra sorpresa, tal labor no despertaba apenas atención entre la muchísima gente que hasta hacía poco había creído en Marx. Ya años antes de la caída del Muro de Berlín el marxismo hacía agua en España, aunque siempre de esa forma oscura tan característica, sin estudio ni debate. Intelectuales y no intelectuales cambiaban de convicciones llevados por las modas, sin que ello restara peligro a doctrinas y creyentes.
Organizamos unas charlas sobre estos problemas en el colegio San Juan Evangelista, de tradición progre, y asistieron dos o tres estudiantes y alguna persona algo mayor. Ya me había percatado del cambio de ambiente cuando distribuíamos propaganda en la Complutense: carteles ecologistas, anuncios de tarot, de pronósticos astrales y similares, un tono general de blandenguería y simpleza impensable en los últimos tiempos del franquismo, aún tan recientes, cuando los comunistas de un grupo u otro, siendo pocos, parecíamos dominar la universidad.
Nuestro esfuerzo terminó en abril de 1981, duró dos años justos y sacamos 19 números de la revista, y al final el grupo, grupúsculo do los haya, se disolvió: las dudas impedían seguir como hasta entonces, el trato con otros grupillos parecidos se hacía más y más decepcionante, y la pretensión reconstructora de un "auténtico" partido comunista perdía sentido.
Durante esos dos años escribí asimismo De un tiempo y de un país, y en 1982 intenté publicarlo. Lo conseguí finalmente gracias a la generosidad del editor José María Gutiérrez (Ediciones De la Torre), antiguo militante comunista. Poco antes, en octubre, yo había concertado con Rafael Cid una amplia entrevista y la publicación de un capítulo para Cambio 16, revista muy leída entonces. Cid era un periodista próximo a los círculos ácratas, que por entonces también se iban descomponiendo entre querellas internas, después de haber resurgido en la Transición con aparente impulso.
Logo de los Grapo.La distribución del libro la hice yo mismo, pero aun teniendo en cuenta esa limitación despertó muy poco interés. Me sorprendía de que, tras pasarse años hablando del "oscuro Grapo" tantos periodistas y políticos, casi ninguno mostrase curiosidad por aclarar el enigma a partir de un testimonio tan directo. En fin, como dije antes, la época y el ambiente cambiaban con rapidez.
Empecé a interesarme entonces por los programas de reinserción que había puesto en marcha el anterior Gobierno de UCD y mantenía el PSOE, llegado al poder en el 82.
De todas formas, gracias al libro pude hablar en 1983 con Antonio Alférez, de Diario 16, quien me admitió artículos para su periódico. Más tarde telefoneé a Luis María Ansón, que había sido subdirector de la Escuela Oficial de Periodismo (el director era Emilio Romero) cuando le organicé una huelga, creo que la primera de la historia de la Escuela, allá por 1970. Ansón, siempre generoso con los discrepantes, acogió a su vez artículos míos ocasionales, pese a que en ellos rara vez seguí la línea del ABC. Con ello ganaba algún dinero, no llegaba a las 20.000 pesetas al mes de promedio, pero algo era. Vivía aún en la ilegalidad, de hecho tolerada.
Hablé con Juan María Bandrés, célebre abogado que gestionaba la autodisolución del sector polimili de la ETA, parte del cual ingresaría en el PSOE. Me incluyó en la lista, pero el proceso se alargaba, y finalmente mi padre habló no sé si con el Defensor del Pueblo o con un juez que le aconsejó me presentase solo, y así lo hice, por intermedio de una abogada, Pilar Luna Jiménez de Parga. Y en diciembre de 1983, catorce años después de haber ingresado en el PCE, mi vida comunista y clandestina concluyó con una libertad condicional por dos años.
En la entrevista de Cambio 16 me declaraba "marxista con serias dudas", pero me he alargado un tanto y necesitaré otro artículo para concluir el asunto.

Cómo dejé a Marx (y 2)

Por Pío Moa

Karl Marx.
Después de Contracorriente seguí estudiando lo de la tasa de ganancia capitalista y sus descensos. Avanzado 1984 o a principios de 1985 vivía en un pequeño piso interior, muy cercano a la glorieta de Cuatro Caminos, con Violeta, chica guapa, inteligente y llena de vida, refractaria a la política.
Violeta había estudiado turismo y trabajaba en una agencia de viajes. Integrado ya en la legalidad, me deprimía e irritaba lo que juzgaba chabacanización de la vida, una de las compañías parasitarias de la democracia, muy acentuada bajo la gestión socialista e impulsada, diríase que deliberadamente, desde la televisión y otros medios; y la pérdida del sentido de la cultura propia, tachada de franquista o algo así.
Yo debía de resultar bastante intratable a ratos, y recuerdo el extraño consuelo que me producían algunos documentales televisivos sobre las aves nocturnas: me daban una sensación de vida al margen de una normalidad pestífera, de alejamiento de la ramplonería tan visible, tan chocante a la luz diurna. La misma sensación me causaría una novela que leí bastantes años después, El enamorado de la Osa mayor, de Sergiusz Piasecki, narración de las andanzas nocturnas de unos contrabandistas por la frontera soviético-polaca de entreguerras, una vida marginal que encontraba muy atractiva. Por la misma razón me interesaban los libros de Atienza sobre los templarios, pese a hallarlos un tanto disparatados.
A raíz de un viaje a pie por el Camino de Santiago, que no pasó de Burgos, pensé formar una asociación que colonizase algún pueblo desierto, como Tiermas, sobre el embalse de Yesa, y organizase a partir de él actividades que yo mismo no tenía muy claras, no muy esotéricas en cualquier caso. La idea me dio poco trabajo, pues nadie se interesó por ella.
Solía levantarme antes que Violeta y hacía el desayuno; y mientras ella se preparaba, releía en la cocina, a breves trozos, la Historia de la guerra del Peloponeso. La leía en la edición de Juventud, traducida del latín, mejor, para mi gusto, que otras traducciones del griego que, por intentar ser demasiado fieles a la difícil sintaxis de Tucídides, pierden fuerza expresiva en español y a veces se vuelven apenas inteligibles. Después desayunábamos y salíamos, ella a tomar el autobús para su trabajo y yo a una cafetería cercana, Sirius, armado con un cuaderno y libros sobre la tasa de ganancia, de Claudio Napoleoni, Lucio Colletti (los marxistas italianos han trabajado bastante sobre el tema) y otros parecidos. Allí me pasaba media mañana a base de un café con leche y un cruasán, dando vueltas a la abstrusa cuestión.
Por esa época conocí, quizá a través de Martín Prieto, a Ludolfo Paramio, que tenía mano en El País. Me sugirió escribir algo para el periódico, pero yo tenía dudas: Cebrián me vetaría. "Paranoias tuyas –replicó–. Allí escribe la gente más variopinta, no hay censura".
Juan Luis Cebrián.Mis dudas venían de que unos años antes, en un librito titulado La España que bosteza, Cebrián se había permitido aludirme como supuesto "cerebro" del secuestro de Oriol y probable colaborador de la policía, como lo indicaría el inventado hecho de que yo me moviera por Madrid con plena libertad y hablase tranquilamente con periodistas: he ahí retratada la frivolidad señoritil y la precaria deontología de un personaje procedente por familia de altos cargos de la Falange, tan capaz de hacer cómoda carrera con el franquismo como con la democracia y experto, por tanto, ¡en la vida clandestina! Modelo, también, de antifranquista retrospectivo. Le había replicado con una carta que publicó el periódico, dejándome encantado con el juego limpio del caballero; pero más tarde Martín Prieto me desengañó: mi carta había salido estando ausente Cebrián y sustituyéndole él, Prieto, quien recibió una regañina por su osadía, por lo demás perfectamente democrática. Aun así, hice la prueba, envié un artículo y Paramio me comentó después: "Tenías razón, estaba el artículo compuesto para salir y Cebrián, al ver la firma, ordenó retirarlo sin más". La asechanza de Cebrián la repetirían después Mienmano y el héroe de Paracuellos, entre otros, bien conscientes –no puede ser de otro modo– de que su aserto, además de radicalmente falso, constituye una incitación al asesinato.
Pero a lo que vamos. Discutí con Paramio un par de veces acerca de la tasa de ganancia, y hasta creo haberle mostrado el borrador de mi estudio al respecto. Yo estaba bastante satisfecho de él, pero dieciséis años después, cuando lo desempolvé para publicarlo en el libro de ensayos La sociedad homosexual, comprobé que el texto quedaba farragoso, y hube de reordenarlo y rehacerlo.
Como fuere, Paramio no entraba en esas menudencias y rechazó mis conclusiones. Según enseñaba a sus alumnos de la universidad, la cosa era en el fondo muy simple: los capitalistas, movidos por la competencia, mejoran y amplían constantemente la producción introduciendo más y mejor maquinaria, materias primas, etc. (capital constante), y reduciendo proporcionalmente la mano de obra (capital variable). Con ello suben de momento su masa de beneficio, pero como la base de él consiste en la plusvalía extraída a la mano de obra, su codicia les conduce a una trampa, pues merman dicha base y así debilitan la tasa o promedio de su ganancia. Lo cual, a través de crisis sucesivas, marcaría el destino del capitalismo, empujándolo al derrumbe.
Esto no me decía nada, pues sólo resumía la tesis de Marx, de la que yo partía y a la que criticaba. Pero la actitud de Paramio, repitiendo una evidencia sólo aparente, es muy común, demasiado, entre los profesores e intelectuales españoles. No se trata de ignorancia, generalmente saben mucho de sus materias, y Paramio, desde luego, "sabía latín". En cambio, su destreza de análisis y su atención a posibles problemas bajo las teorías prestigiosas caen bastante por debajo de sus conocimientos. Si saben muy bien lo que dijeron tales o cuales pensadores o científicos, ellos, a su turno, son incapaces de decir algo por su cuenta.
Como he expuesto en el citado ensayo, la formulación de la ley marxiana contradice su pretensión de que la ganancia nace exclusivamente de la plusvalía y, yendo un poco más allá, permite ver cómo la teoría del valor-trabajo, base de toda la construcción económica de Marx, es a su vez contradictoria e inaplicable para medir el valor de las mercancías.
La conclusión resultaba demoledora: el marxismo trata de explicar la historia a través de la economía, clave de la evolución humana (esta idea ha arraigado con tal fuerza que, implícita o explícitamente, con unos u otro matices, siguen repitiéndola y enseñándola como algo evidente innumerables intelectuales por todo el mundo). Pero si el análisis económico marxiano, cifra de todos sus títulos científicos, se revela inoperante, entonces su entero edificio teórico se derrumba inapelablemente, quedando como una de tantas elaboraciones utópicas del siglo XIX –tan despreciadas por el propio Marx–, si bien más pretenciosa y compleja, embrollada en realidad.
A menudo se ha criticado al marxismo oponiéndole su propia experiencia histórica (el stalinismo, en suma), mas frente a esa crítica cabría argüir que se trata de una experiencia muy reciente, muy joven dentro de la historia humana, y por tanto deben comprenderse sus errores prácticos, incluso sus crímenes, corregibles con más tiempo, y que no afectarían a la corrección científica de la teoría. Este argumento cae por tierra, como digo, una vez descubierta la incoherencia de la teoría en su mismo núcleo. Entonces los errores, los crímenes, los stalinismos no nacen de una teoría buena aunque aplicada con deficiencias explicables, sino de la propia teoría.
Otro ejemplo, salvando los niveles, lo hallamos en la tesis del carácter legítimo y democrático del Frente Popular, piedra angular de una abultadísima historiografía izquierdista y separatista, también de alguna derechista. Tal falsedad genera de modo irremediable desvirtuaciones en cadena y falsea la historia hasta lo grotesco.
Llegar a aquella conclusión sobre el marxismo me produjo un sentimiento mezcla de liberación y melancolía. Nuestras sospechas, a cada paso más perturbadoras durante el período de Contracorriente, se confirmaban, pero la lentitud de aquella evolución hizo poco traumático el descubrimiento y nos permitió reorientarnos con más libertad. La posterior caída del Muro de Berlín, aun si inesperable, no me dejó perplejo, o pesaroso, o angustiado, como a tantos sofistas de izquierda en España y fuera.
De paso debía preguntarme sobre el sentido de tantos años de esfuerzos por una causa de pesadilla, mucho peor en sus objetivos que en sus métodos, con ser éstos brutales. Pregunta sin respuesta. Hace meses, en una pequeña fiesta o xuntanza organizada por mi paisano Pepín Calaza, canté con mi voz, reconozco que mala –pero la voluntad es lo que cuenta, según me han contado–, un par de estrofas del himno ruso de la Gran Guerra Patria, Sviaschénnaia Vainá, la guerra sagrada, tan inspirador. Y Pepín me dijo, con sarcasmo: "¿Para qué sirvió toda aquella lucha? Para que los rusos anden de pobretones por Europa y aguantando a las mafias en su país". "Sí, pero, ¿para qué sirve cualquier cosa que hagamos? Dentro de unos años estaremos todos calvos de verdad".
Uno debe reconocer el error, pero aun así la perspectiva general de la vida se le escapa, al menos tal es mi caso.

Me voy...

Sobre letras e himnos

Recuerdo que cuando era un crío me gustaba investigar por el desván de casa de mi abuela en busca de algún tesoro olvidado por un antepasado desconocido. El fruto de la búsqueda era, casi siempre, algún libro lleno de polvo que había pertenecido a mi padre o a alguno de mis tíos. En una de aquellas incursiones conseguí rescatar del olvido una vieja Enciclopedia Álvarez que leí con auténtica fruición. Me gustaron especialmente aquellas historias de guerras pretéritas en las que unos españoles buenos luchaban contra invasores musulmanes, pérfidos herejes protestantes o revolucionarios autóctonos que querían destruir España y entregarla al kaos.

Sólo años después, tamizadas mis ideas por otras lecturas y compañías, supe que aquel libro era el manual de adoctrinamiento de una dictadura pasada que había impuesto su ley tras una cruenta Guerra Civil.

Conservo, pese a los años, intacta en mi memoria la letra del himno nacional que compuso el poeta José María Pemám, hombre del régimen insuflado de un patriotismo acérrimo. Años más tarde descubrí que la letra fue ligeramente adaptada por el franquismo a su estética de camisas azules y brazos en alto. En realidad, Pemán escribió la letra en 1927 durante la dictadura de Primo de Ribera. En el original se habla de frentes en alto en vez de saludos a la romana, aunque el resto sigue siendo idéntico al comúnmente conocido.

He de reconocer que la estrofa que habla del azul del mar y del caminar del Sol siempre me ha parecido estupenda; obra de un poeta de acerada pluma.

En cualquier caso, los españoles nos hemos acostumbrado a tener un himno sin letra. El hecho de que ahora queramos darle una para que nuestros deportistas canten me parece, cuando menos, ridículo. Otro problema, y no el de menor importancia, es que debemos ser uno de los pocos países del mundo que no se creen que lo son. Aquí, a diferencia de otras naciones como Francia o Alemania, cada cual tiene su propia idea de lo que es esto. Es por ello que una letra para el himno ha de contentar a todo el mundo, por lo que el resultado ha de ser forzosamente un auténtico churro. Vamos, que el himno tiene que representar la pluralidad nacional, el respeto al medio ambiente, la igualdad de sexos, la lucha de clases, la democracia, la monarquía y, sobre todo, el pacifismo. Lo dicho, un churro.

La Marsellesa es un himno revolucionario plagado de estrofas sangrientas, el himno americano no se queda corto y habla (cosa que me gusta mucho) de una tierra de hombres libres. Estas letras se compusieron hace más de 200 años, por lo que la propia historia ha relativizado su significado original y la gente las canta sin prestar demasiada atención a su significado.

En mi modesta opinión, un himno tiene que tener un toque épico. Un ejemplo perfecto puede ser el Cant dels Segadors adoptado como himno autonómico de Cataluña. En él se habla de un país triunfal, un enemigo péfido y un golpe de hoz de los defensores de la tierra. Al fin y al cabo lo que se pretende en cantar lo guay que se es, y en eso los nacionalistas nos llevan mucha ventaja y tienen menos complejos. Incluso en la Internacional, himno del movimiento obrero, se hace referencia a una famélica legión que ha de alzarse y combatir para hacer el pasado añicos y derrocar al tirano. Ejemplos mil, así que si se hace todo lo contrario va a quedar una sosez como la que nos han presentado en los medios de comunicación. Sí, muy políticamente correcta, pero una ñoñería al fin y al cabo.

La crisis

Se veía venir. Y es que ya tenemos encima la tan cacareada crisis. Normal, si se tiene en cuenta que este des-Gobierno de pandereta se ha dedicado a lapidar los fondos del Estado, a conceder subvenciones a diestro y siniestro y a aumentar los impuestos directos e indirectos. Un economista calculaba el otro día que, sólo en éstos últimos, una familia media pagará este año 1.000 euritos más del ala. A todo ello hay que añadir que la inflación no deja de subir y las hipotecas están por las nubes.

Ahora viene Solbes y dice que una crisis sería deseable ya que ajustaría la economía. La suya no, seguro, por eso lo dice. Y es que este Gobierno de izquierdas, amigo de los pobres, a quien está sangrando miserablemente es a los asalariados. Por mucha ayuda que den a los neonatos y mucha prestación al alquiler, lo que realmente nos interesa a los curritos es que bajen los precios, se cree empleo de calidad y nos reduzcan las cargas impositivas. Lo demás se queda en un brindis al sol, un gesto de cara a las próximas elecciones.

Mientras no tengamos un gobierno que tenga en cuenta que la economía española depende en gran parte de autónomos y pequeños empresarios esto irá de mal en peor.

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Educación vernácula

Sí, vale, soy un fascista paranoico...

 

Permitidme tutearos, imbéciles


ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 23 de Diciembre de 2007

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Copyleft

En www.cantecademacao.org se puede descargar el disco del grupo. Merece mucho la pena, de verdad. 

Todos contra el canon

Todos contra el canon

Que se vayan a robar a Sierra Morena. Firma contra el canon en http://www.todoscontraelcanon.es/

Propuestas climáticas

No sé ustedes, pero a mí me da la impresión de que estamos de rebajas. Y es que cuando se acercan las elecciones los partidos políticos se empeñan en vendernos motos de saldo. La última viene de la mano de nuestro queridísimo presidente Petazeta a costa del apocalipsis climático. No se vayan ustedes a creer, a uno le parece bien todo lo que esté dirigido a la conservanción del medio y a que pueda darse un paseo por la Sierra de Cazorla sin encontrarse latas de cocacola. Lo malo, y en esto parece ser que coincido con algunos ilustres políticos patrios, es cuando la factura del asunto la pagamos los currantes.

Volviendo al tema. Dice Petazeta que va a hacer que medio millón de viviendas utilicen energía solar y esas mandangas. Ya les digo, por mi parte dabuten. Lo que no entiendo es cómo la clase media va a incidir en el cambio climático a costa de poner paneles solares. Y no lo entiendo porque resulta que los 40 millones de españolitos apenas contaminamos en comparación con las grandes industrias. Porque es realmente molesto que nos echen la culpa de casi todo. El hombre blanco occidental de clase media es el responsable de casi todos los males del planeta. Y vale, muy bien, algo contribuiremos, pero no me creo según que milongas.

Por ejemplo, pocos han dicho que en vez de llenar nuestras sierras de molinillos, cargarnos nuestros ríos con embalses o acribillar Almería de paneles solares, con tres o cuatro centrales nucleares tenemos energía por un tubo. Tampoco ha salido ningún político proponiendo una especie de Proyecto Manhattan para que los gobiernos del mundo se unan y posibiliten la utilización segura del a fusión nuclear como medio para obtener energía.

En lo que sí coinciden todos es en acribillarnos a impuestos y subir los precios de la luz, de la gasolina, o, más recientemente en esta Cataluñalandia de mis amores, prohibirnos circular por los alrededores de Barcelona a más de 80 km/h. Claro, como los transportes públicos son tan baratos y fiables.

Y así seguimos, pagando por todo un huevo de la cara (textualmente) mientras nuestra clase política se llena la boca de buenas intenciones. Por mi parte propongo que les pongamos pedales en los escaños del congreso y así generen electricidad mientras pasan la tarde. A ver si así hacen algo útil.

NO

NO

El socialismo del siglo XXI, que es el mismo que el del siglo XX pero con moqueta, ha recibido un varapalo en el referéndum celebrado ayer en Venezuela. Por la mínima, sí, pero victoria al fin y al cabo. Lo que pone de manifiesto este plebiscito es que más de la mitad de los venezolanos no están por la labor de convertir a su país en un calco de la Cuba de Castro. Quizá haya influido a ello que ya no se encuentren productos de primera necesidad en los supermercados, que las diferencias sociales se estén acentuando (paradójico, ¿no?) o que, por ejemplo, el pasado noviembre se saldara con una media de 11 asesinatos diarios.

Cabe esperar que el gorila se las componga para desvirtuar la victoria de sus oponentes y busque algún camino sinuoso para conseguir sus fines, que pasan por la perpetuación en el poder, el enriquecimiento de una camarilla de allegados y la erradicación paulatina de las libertades individuales.

Por el momento, el 50,7% del los venezolanos han dicho NO. Y lo han dicho de forma clara pese a la presencia omnipresente del chavismo, al control de los medios y a la coacción, a veces incluso armada. La mayoría de los venezolanos que han acudido a las urnas (ese es otro asunto, el de la altísima abstención) han dado una lección al aprendiz de brujo de Chávez. No quieren ser como Cuba, no quieren perder lo poco que aun les queda, no quieren, bajo ninguna circunstancia, que su presidente se convierta en un dictador perenne que los lleve a la miseria y al aislamiento.

Me congratulo especialmente de que este revés al llamado socialismo del siglo XXI se lo hayan dado en las urnas. Y lo hago porque es el lugar donde hay que vencer a estos dictadorzuelos bananeros. Me congratulo de que la derrota sea resultado de la voluntad popular y no de un golpe de Estado a manos de militares (cosa en la que Chávez tiene experiencia) que siempre podrían achacar al imperialismo yanki. La verdad es que no hace falta. La propia dinámica de estos sistemas los condenan al fracaso. Sólo hace falta esperar y ver cómo se derrumban. En este sentido, Chávez lleva casi 10 años en el poder en los que no ha podido atenuar las dierencias sociales en su país, más aun, éstas se han acentuado. Tampoco ha podido acabar con la feroz delincuencia que azota grandes zonas del país, no ha respetado la libertad de prens; en definitiva, ha llevado a su país a un estado de involución democrática y fractura social de imprevisibles consecuencias. 

De todas formas, ya se empieza a ver la luz al final del túnel. A esta primera derrota del chavismo han de seguir otras. Sólo es cuestión de tiempo.

La mani

Este fin de semana se celebra en Barcelona una manifestación convocada por la plataforma “Dret a Decidir”. Esta entidad promueve el derecho del pueblo catalán a decidir libremente su destino político (como si no lo hiciera ya) a través de la independencia. Pues bien, a esta manifestación, a la que no apoyo, van a acaudir diferentes asociaciones, grupos y partidos políticos. Como es natural, ERC y CiU estarán presentes. Nada extraordinario. Lo que sí me sorprende, o no, es la presencia de IC-V, ese glorioso residuo del antaño combativo comunismo catalán.

Me perdonarán ustedes la digresión, pero yo milité un par de años en ese partido. Lo hice, como tantos jóvenes, movido por un sentimiento de justicia social e internacionalismo proletario. Nada de qué avergonzarse, más bien todo lo contrario. El tiempo y los propios seres humanos, entre los que destacaría a los propios proletarios, me hicieron matizar mi postura inicial.

Pues bien, uno de los motivos que influyeron decisivamente en mi cambio ideológico fue el del coqueteo con el nacionalismo de esta y otras formaciones de la llamada “izquierda transformadora”. No podía entender, en aquel tiempo, como aquellos defensores del internacionalismo le bailaban el agua a lo que yo consideraba una ideología reaccionaria; el gérmen mismo del fascismo.

Perdido ya el referente del Socialismo Real, estos grupúsculos se han apuntado al carro del “soberanismo progre”. Su target ha pasado del obrero de la SEAT de Santa Coloma al pijo-perro-flauta de la Autónoma (la universidad, se entiende). Del marxismo al independentismo pasando por los sillones de la Generealitat. Lo que hay que ver. Pero, por otro lado, es normal. De Gregorio López Raimnundo han pasado a estar dirigidos por Saura y señora. Del obrero al niño de papá de la “gauche divine”.

Si he de ser sincero, esto ya me lo veía venir. Lo que no sé es cómo lo justifican los dirigentes y militantes de la formación eco-progre. O quizá sí. Y es que España es un invento. Una creación de los borbones allá´por el siglo XVIII. Luego vino Franco, con su camisa azul y su cara al sol. Y ya está la ecuación montada, España=fascismo.

La verdad es que me da pena pensar en esos currantes del cinturón rojo de Barcelona cuando los ningunea algún niñato del Eixample (y he sido testigo de ello), los satiriza alguna serie de TV3. Me da pena el propio Montilla, que pide perdón cada 5 minutos por no tener el nivel C de catalán, y me dan pena esos escolares que no llegan al nivel educativo medio de España, que ya es decir. Esta es la Cataluña mediocre y provinciana que estamos creando. Pero bueno, tenemos lo que nos merecemos. Esa es la grandeza de la democracia.

PD. Me comentaba un amigo mío mosso d'esquadra que les han "sugerido" que hablen catalán entre ellos, auqnue sean castellanoparlantes. Hay que dar ejemplo.

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Cambio de registro

Cada vez más me aburre escribir de política y me dan más asco los políticos. Y más en estos tiempos en los que nos crispamos por todo. No merece la pena. Y no tengo ganas de cabrearme con nadie ni mantener disputas inútiles. Que cada palo aguante su vela.  Así que cambio de registro y a partir de ahora me voy a dedicar a escribir sobre lo que más me gusta: la Historia. Aquí les dejo el link de mi nuevo blog: http://rincondeclio.blogia.com

Espero que les guste.

Sí, que se calle...

Que conste que soy republicano por definición. Pero el ya famoso “¿por qué no te callas” hizo que me congraciara, por una vez, con la figura del Rey.

Ya iba siendo hora de que alguien le parase los pies al golpista venezolano. Aunque he de reconocer que en una cosa estoy de acuerdo con él: las empresas españolas fuera de Venezuela... Y de Nicaragua, y de donde no las quieran. Que se vayan, y que los dictadorzuelos se las compongan como puedan. Que copien a la próspera y democrática Cuba. A un servidor plin. Como si se la machacan.

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