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Desmontando mitos Parte I: ¿Puede un cubano hospedarse en un hotel de Cuba?

 

Como pueden apreciar, se trata de una burda manipulación de los gusanos fascistas de Miami en contubernio con la CIA y el capital internacional... Hay gente pa to... Yo, de todas formas, pese al imperialismo Yanki, a la explotación de los trabajadores y a la aliencación consumista, me alegro de haber nacido en una democracia "burguesa" y poder hospedarme en el hotel que me salga de la bisectriz... ...

 

Contradicciones del progresismo de salón II Parte

Contradicciones del progresismo de salón II Parte

Por lo visto no es algo que suceda sólo en España.Como dice mi señor padre, "en este mundo no cabe un tonto más"...

Patria o muerte, venderemos

Patria o muerte, venderemos

Derrota tras derrota hasta la derrota final...

Contradicciones

Contradicciones

Con motivo del aniversario de la Guerra de Irak,se han producido muchas manifestaciones en todo el mundo. Pese a que la guerra fue uno de los mayores errores político-militares de los últimos tiempos -sin olvidar la catastrófica operación en Somalia-, es curioso ver como una legión de progres de salón se dedican, con el único propósito de desacreditar a los EE.UU., a defender regímenes teocráticos, abusos contra los derechos humanos (y estoy pensando en Cuba) o incluso bombardeos. Sí, sí, bombardeos de la OTAN. Aun recuerdo cuando muchos de los que ahora se sienten tan unidos -lease IC V- al pobre pueblo irakí pedían a la Alianza Atlántica que bombardease Belgrado. Cosas veredes, querido Sancho...

Las tres españas

 

Son muchos los días en los uno siente pena por este país. Mañana tras mañana nos levantamos con la última trifulca entre Gobierno y oposición. En este solar ibérico se aprovecha cualquier cosa para tirarle los trastos al oponente. Lo que pasa ya de castaño oscuro es lo del 11 M. Y que conste que en lo referente a este asunto da igual de quién hablemos. Unos y otros, con los cuerpos de las víctimas todavía calientes, se enzarzaron en una carrera frenética hacia la Moncloa. Todo vale, parecía ser la consigna. Dos años después, los muertos siguen siendo moneda de cambio entre sociatas y peperos. Por no hablar de IU, pero esos están en órbita hace tiempo -qué pensará Julio Anguita de todo esto-. En fin, que ahora nos salen con que la mochila encontrada en Atocha era falsa. Y uno piensa que, de ser cierta la acusación, el pollo que se puede liar es considerable. Ello en el caso, repito, de que la información sea cierta, porque de ser falsa no crean ustedes que el sarao sería menor.

Lo que queda claro es que alguien miente como un bellaco. Ya sea el Pesoe o el Pepé, aquí a alguien le canta el aliento. Y jode, jode mucho que el que sea esté tan enganchado al poder que sea capaz de metir sobre 200 cadáveres.

Pero ¿de qué nos sorprendemos? Ya decía don Antonio -Machado, of course- aquello de "españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos españas ha de helarte el corazón". Las dos españas, el viejo cuento de Abel y Caín. LLevamos desde el alba de los tiempos dándonos mojadas por las esquinas; sociatas y peperos, españolistas y nacionalistas periféricos, rojos y nacionales, republicanos y monárquicos, isabelinos y carlistas, liberales y absolutistas, patriotas y afrancesados, borbónicos y austracistas, comuneros e imperiales, la Buisca y la Biga. Y luego nos quejamos.

Las pocas oportunidades que hemos tenido para salir adelante han sido, la inmensa mayoría de las veces, desprovechadas. ¿Saben ustedes dónde quedó la Constitución de 1812? Bajo las ruedas del carro de Fernando VII tirado por el glorioso pueblo español al grito de "vivan las caenas". Una pena, teniendo en cuenta que fuimos el tercer país del mundo -tras EE.UU. y Francia- en tener una constitución. Todo ello por no hablar de aquellas desamortizaciones de pacotilla que contribuyeron a asentar el régimen de los señoritos y el latifundio. O aquella Primera República, auténtica olla de grillos, que acabó con un señor a caballo entrando en el Congreso. Lo demás ya lo conocen ustedes; guerras carlistas, alternancia de poder, dictablanda de Primo de Rivera y Segunda República. La otra gran oportunidad desaprovechada.

Decía Niceto Alcalá Zamora que él quería una república de obispos y de burgueses. Lo que le deparó la historia fue una carnicería. Nadie quiso a la República -salvo honrosas excepciones-. Todos quisieron prostituirla en favor de sus intereses y sus dogmas. Para más inri, vino al mundo en plena pugna entre totalitarismos. Y así nos fue, con una Guerra inCivil que dejó el solar patrio sembrado de cadáveres, tumbas y fosas comunes. Lugares donde las nuevas generaciones tuvieron un sitio donde ir a llorar a sus muertos y renovar así el secular odio entre españoles.

Así que, miren ustedes, nada nuevo bajo el sol. Particularmente, un servidor se queda con la Tercera España. Aquella que defendieron gente como Ortega o Unamuno. Una España ilustrada, democrática, serena y alejada de dogmatismos fanáticos. Una quimera, tal vez, pero una Arcadia que se hace necesaria entre tanto capullo vendedor de motos y sus respectivos epígonos.

Otra víctima

 

Alba tiene 6 años y está en el hospital en estado grave. Su padrastro - un presunto hijo de puta- le propinó -presuntamente- una paliza casi mortal. Hechos así le hacen hervir la sangre a cualquiera, más si la víctima es un ser indefenso y a todas luces inocente de cualquier tropelía. Vivimos en un país en el que los maridos ensañan con sus mujeres casi a diario, y en el que casos como el de Alba saltan a la palestra cada dos por tres.

A riesgo de que caer en la demagogia y el populismo, uno se pregunta en qué narices están pensando los políticos patrios. Sin duda es mucho más importante reformar la Constitución para que doña Leonorcita pueda llegar a ser reina, o para que los capitostes periféricos se queden con la pasta de los aeropuertos. En España, los verdaderos problemas pasan por que La Caixa o E-On se queden con Endesa, o que el castillo de Montjuic -del que ya les he hablado- pase a convertirse en un museo del buen rollo. Estos son algunos de los debates abiertos en la prensa española. Patético.

Mientras tanto, el españolito de a pie se enfrenta cada día a una verdadera jungla. Indefenso, sólo puede rezar para que no le pase nada y a ningún cafre se le ocurra ponerlo frente a su punto de mira. Luego pasa lo que pasa, y a la gente se le hinchan las pelotas y acaba votando al primer desaprensivo de extrema derecha que le promete tranquilidad. De momento no se ha escuchado a ningún político patrio -por lo menos en público- hablar de un cambio en nuestra blandita legislación. Nadie -además de las familias de las víctimas de cualquier fechoría- parece estar interesado en dotarnos de una justicia de verdad. Y digo esto desde mi constitucionalismo ferviente y mi incondicional adhesión a los principios reflejados en la Declaración de los Derechos Humanos. Nada de penas de muerte, torturas ni milongas por el estilo. Eso queda para salvapatrias y fascistas varios. Aquí, por lo que el ciudadano medio clama es por una justicia de verdad, no contaminada por principios de patio de colegio que culpan de todo a la sociedad y convierten al delincuente en una mera víctima. ¿A dónde vamos con un cuerpo judicial compuesto por jovenzuelos empollones que se sacan una oposición ? ¿Es que no sería más razonable que para ser juez hiciera falta una larga trayectoria profesional como jurista? Por no hablar de esas leyes de mentira que han convertido a España en el paraíso de la delincuencia (dicho esto por varios integrantes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado).

Posiblemente esta no sea la solución para acabar con la delincuencia, y de hecho puede que incluso les de la razón a quienes lo piensan, pero uno se quedaría más tranquilo al saber que a gentuza como el padrastro de Alba no la soltarán del talego hasta el 2050 -por lo menos-.

El Israel desconocido

 

Ayer, por fin, pude ir a ver Munich, la película de Steven Spilberg sobre el atentado de Septiembre Negro durante la olimpiadas de 1972 -en el que fueron asesinados 11 atletas israelíes- y la plosterior venganza del Mossad. La película me gustó mucho, he de decirlo, las tres horas de metraje se me pasaron volando sentado en la butaca del cine. Spilberg logra transmitir al espectador la forma en la que la violencia acaba por destruir al ser humano. De todas formas, y a efectos históricos, la película diverge sustancialmente en algunos aspectos de lo que pasó en realidad. Por ejemplo, la operación llevada a cabo en Beirut contra terroristas palestinos difiere de como la narra la película, o la supuesta ejecución de los integrantes del equipo N (que así se llamaba) por parte no se sabe muy bien de quién pero eso es material de otro artículo.

De todas formas, me quedo con la magistral interpretación de los actores, incluida la de la actriz que da vida a la inconmesurable Golda Meir, madre del estado de Israel. La película, auqnue de forma sutil, confronta las acciones del Mossad en Europa con la de del terrorismo palestino como respuesta -aunque cabe pensar en si lo habrían hecho igual de no haber actuado el Mossad-. Pese a todo, el propio film , aunque intenta igualar las acciones de ambos bandos, da un par de claves que me parecen interesantes. Mientras los agentes hebreos realizan operaciones selectivas contra una persona (en las que intentan por todos los medios que no muera nadie más) los palestinos perpetran atentados indiscriminados en aeropuertos, aviones comerciales, embajadas, etc. alguno podrá decir que previamente los israelíes bombardearon bases terroristas, pero eran precisamente eso, campos de entrenamiento para terroristas.

A pesar de todo, existe una realidad en Israel que casi nadie conoce y que posiblemente sería muy esclarecedora para muchos. La imagen general de los judíos es la de un pueblo que somete a los palestinos, los bombardea indiscriminadamente y destruye sus viviendas cundo lo cree oportuno. Según lo políticamente correcto, Israel ha concentrado en ghettos a miles de árabes y los mantiene viviendo en la pobreza. Sin duda esa es la realidad de los territorios ocupados, pero no es toda la realidad. Nadie, o casi nadie sabe que en Israel, alrededor de un 20% de la población es árabe. Y cuando me refiero a Israel hablo del territorio del estado de Israel, no de Cisjordania,m Gaza o los altos del Golán. Cuando se creó, en 1948, el Estado de Israel, fueron muchos los árabes que decidieron vivir en paz con los judíos. Sus descendientes viven dentro de las fronteras, reconocidas internacionalmente, del Estado Judío. Estos árabes tienen pasaporte israelí, hablan hebreo y van a las mismas escuelas y universidades de que los hebreos. Alguno podrá pensar que son ciudadanos de segunda, pero la propia política del Estado de Israel le ha “mimado” especialmente. Dentro de la Knesset, el parlamento Israelí, estos árabes cuentan con representación parlamentaria a través de sus propios partidos. Como resultado, los árabes con pasaporte israelí disponen de un nivel de vida equiparable al de cualquier europeo medio. Estamos hablando de alrededor de 2 millones de personas, no de un grupúsculo al que se dan privilegios de cara a la galería.

Sayed Kashua es un joven árabe-israelí que, a trañés de su libro “Ärabes danzantes” narra la realidad de su gente. Sin duda no todo es de color de rosa; son árabes y como tales sienten un sentimiento de afinidad para con sus vecinos de los terriotorios ocupados, pero han sabido vivir en paz con los judíos y ahora están a años luz de sus vecinos. El otro día, un compañero de hebreo me comentaba que había conocido a uno y que se había emocionado al encontrar a alguien con quien hablar en su otra lengua.

Los historiadores no solemos hablar de política ficción, pero no dejo de preguntarme qué habría pasado si la historia hubiese discurrido por caminos diferentes. Pese a todo, la patria palestina no habría existido jamás, ya que el rey Abdullah de Jordania, ya en 1948, había llegado a un acuerdo con el Reino Unido para anexionarse el territorio conocido como Transjordania. De todas formas, la imaginación vuela y uno se vuelve a preguntar si les habría costado tanto dejar a los judíos en paz y vivir con ellos, o junto a ellos, como buenos vecinos. Quizá los árabes serían los primeros en alegrarse.


La otra Cataluña

Artículo publicado por un servidor en www.lavozdesalamanca.com

 

Hace algunos años podría decirles tranquilamente que un servidor es catalán y no hubiera pasado absolutamente nada. Muchos, incluso, habrían sentido admiración para con esta tierra tolerante y dinámica. Eso, ya digo, haces mucho tiempo. Ahora me mirarían con recelo si no con abierta hostildad. Tres décadas de nacionalismo victimista han acabado con la buena reputación de los catalanes en el resto de España. Pero ya se sabe, quien siembra vientos recoge tempestades. En Andalucía, Valencia y Extremadura -por nodecir en toda españa- ha aparecido un sentimiento anticatalán por razones muy diferentes. Mientras que en la Comunidad Valenciana rechazan de plano el expansionismo decimonónico catalán que les atribuye el papel de comparsas exóticos en su pequeño imperio, en la España meridional están hasta las narices de que les cuelguen el sambenito de gorrones y vagos. Normal. Todo esto se ha originado en una Cataluña donde se ha instaurado el pensamiento único nacionalista. En un país donde la mitad de la población es castellanoparlante, la Cataluña oficial es monolingüe. En un territorio donde la mayoría de la población lleva apellidos castellanos, la historia narrada es la de una nación sometida por el invasor. España es cutre, tercermundista, folklórica y, por oposición, los catalanes somos divinos de la muerte, modernos y emprendedores. Vamos, que somos la leche. Pero algo está cambiando en este oasis idealizado que es Cataluñalandia; alguien se ha atrevido a decir que el rey está desnudo. El pasado verano, un grupo de intelectuales lanzaron un manifiesto pidiendo la creación de un nuevo partido político no nacionalista. La reacción del stablishment fue brutal. Desde amenazas de muerte en columnas de opinión del Avuí, pasando por insultos varios o ninguneos -como el del redactor jefe de un diario catalán de tirada nacional- calificando la iniciativa como brindis al sol. A los pocos días de la presentación del manifiesto ya eran miles los ciudadanos catalanes que lo firmaron. A las pocas semanas hubo una auténtica avalancha de personas que ofrecían su apoyo al proyecto. Así hasta este sábado, cuando unas 2000 personas llenaron hasta la bandera el teatro Tívoli de Barcelona en la presentación del nuevo partido. La reacción de la ciudadanía fue tal, que otras 2000 personas se quedaron en la calle Caspe cortando, dado su número, el tráfico de la vía. Hasta los más optimistas quedaron boquiabiertos ante la respuesta de la ciudadanía. Una marea heterogénea invadió el centro de Barcelona. Podían encontrase señores con El País o El Mundo bajo el brazo, ex votantes del PSC, jóvenes, amas de casa, artistas, periodistas varios e incluso inmigrantes extracomunitarios. La consigna común era el rechazo a treinta años de pensamiento único. Hacía mucho tiempo -algunos recuerdan que desde el 23 F- que en Barcelona no se oía gritar “Viva la Constitución”. Eso en la calle, porque en el interior del Tívoli, los que tuvimos la suerte de encontrar una butaca pudimos disfrutar de momentos irrepetibles. El acto se desarrolló indistintamente en catalán y en castellano, algo que llama poderosamente la atención dado el monolingüismo oficial de los actos públicos. Como aperitivo, una pantalla gigante ofreció las emotivas imágenes del regreso a Cataluña del president Tarradellas y sus célebres palabras de “ciutadans de Catalunya, ja soc aquí”. Seguidamente, se proyectaron los numerosos casos de corrupción política acaecidos durante el pujolismo, para acabar con imágenes del burro catalán-seña de identidad automovilística del nacionalismo rancio- subrayadas por la oratoria del ínclito Pasqual Maragall. Representantes de las 39 agrupaciones locales de Ciutadans de Catalunya dieron ejemplo de compromiso y pluralidad. Sus alocuciones fueron constantemente interrumpidas con aplausos entusiastas del público asistente. La guinda del pastel la pusieron los tres oradores principales. Francesc De Carreras dio un repaso general a estos meses históricos en los que una gran parte de la ciudadanía catalana se ha rebelado contra el nacionalismo imperante. En un momento de su discurso, y como recalcando la normalidad de la convivencia lingüística en Cataluña, De Carreras olvidó el idioma en el que estaba dando el discurso, hecho que arrancó grandes carcajadas de los asistentes. También denunció la existencia del PUC (Parido Unificado de Cataluña), ese engendro que algunos llaman cuatripartito y que no es más que un bloque monolítico nacionalista. Por su parte, Fernando Savater deseó todo lo mejor al nuevo partido y expresó su envidia como vasco ante una iniciativa antinacionalista de este calibre. Ya por último, el maestro Arcadio Espada dio uno de los mejores discursos que se recuerdan en la historia reciente de Cataluña. En su habitual tono irónico -”nunca pensé que había tantos pijos en Barcelona”- arremetió contra la estultez institucional, dejando al descubierto sus fundamentales carencias teóricas. El acto llegó a su fin con gran júbilo por parte de los asistentes. Fue algo reconfortante saber que, en palabras de la portavoz de una agrupación, “no estamos solos ni somos bichos raros”. Y es que somos muchos los que en Cataluña pensamos que lo de los papeles de Salamanca, lo de las selecciones deportivas, lo del Estatut y lo de la normalización lingüística son "auténticas chorradas". Queremos una Cataluña por y para sus ciudadanos, que se preocupe de resolverles los problemas y de ser solidaria con el resto de pueblos de España. No deseamos estar siempre mirándonos el ombligo, queremos pensar en el futuro y olvidar las fechas míticas del nacionalismo catalán. Alguien dijo que no queríamos vivir ni en 1714 ni en 1936, y creo que resume perfectamente lo que piensa la gran mayoría. Menos de un año después de que un grupo de intelectuales lanzasen al océano un mensaje en una botella, una impresionante marea de apoyo ha barrido las playas del oasis catalán. Dentro de tres meses quedará constituido en nuevo partido político basado, entre otros principios, en los ideales del Siglo de las Luces, la tolerancia y el bilingüismo. Las bases para la nueva Cataluña posnacionalista han quedado establecidas. Muchos ya ven peligrar su poltrona institucional.

 

Ciutadans de Catalunya

Ciutadans de Catalunya

 

Mañana se presenta el partido político nacido de la plataforma Ciutadans de Catlunya. Un rayo de esperanza para los que no comulgamos con el ideario nacionalista y, a la par, tenemos ciertas reticencias con el Pepé. Por mucho que insistan algunos desde sus columnas y sus televisiones, el nuevo opartido no enlaza con el españolismo rancio de la dictadura, sino con el constitucionalismo clásico y la defensa de la libertades democráticas. Muchos eran los que creían que Ciutadans de Catalunya se quedaría en una mera pataleta de cuatro intelectuales iluminados. Por el momento ya cuentan con más de 7.000 afiliados y un número importantes de simpatizantes. La trayectoria política y personal de muchos de sus impulsores son argumento más que suficiente para acreditar el pedigrí democrático y tolerante del nuevo partido. Tanto el Pepé como el PSC han intentado neutralizar sus efectos en la sociedad catalana de diferentes formas. Los socialistas pretendieron que no se constituyera como alternativa política, ya que temen el impacto que entre su electorado puede tener el mensaje que transmiten. Por su parte, el Pepé ha intentado fagocitar la iniciativa, pero las divergencias ideológicas de fondo son demasiado grandes.

El proyecto nace como partido transversal, esto es, que no discrimina a nadie por su ideario político sino que aglutina a diferentes familias -democráticas- contrarias al nacionalismo que excluye de la vida pública cualquier manifestación ajena a sus postulados. Ciutadans de Catalunya nace como partido abierto, democrático y , sobre todo, constitucionalista. Sin duda, un balón de oxígeno para todos aquellos que huyen de los dogmatismos étnicos y culturales y apuestan por una sociedad abierta.

Queda ver qué resultado obtendrán en las próximas elecciones, pero de momento, la histeria de ciertos medios de comunicación sirve de indicador de los miedos de muchos.

Mañana, a las 12:00 horas en el Teatro Tívoli, Arcadi Espada, Albert Boadella y francesc de Carreras apadrinarán el nacimiento del partido. Ello si no lo impide o dificulta la presencia -como ya viene siendo habitual- de algún grupo fascista. Desde esta página les mando todo mi apoyo. Mañana nos vemos en el Tívoli.

El castillo

El castillo

 

A la muerte de Amenofis IV, más conocido como Akenaton, los sacerdotes del culto a Ra se dispusieron a borrarr cualquier rastro de la existencia del faraón. Desaparecieron los nombres del rey del Nilo de la estelas de piedra, de los papiros e incluso sus representaciones estatuarias fueron destruidas. Los egipcios no eran nuevos en esta tarea de borrar a alguien para el futurio, siglos antes ya habían repetido el procedimiento con la reina Hatsepsup. Los arqueólogos e historiadores del siglo XX vieron su tarea dificultada por la escasez de registros sobre estas dos épocas de la civilización egipcia.

Pues bien, algo similar está ocurriendo en la fabulosa Cataluñalandia. Cualquier referencia a la dictadura del general Franco está siendo borrada, literalmente, de la vida cotidiana de los catalanes. Al natural y, por otro lado, nada discutible traslado de las estatuas ecuestres del dictador, se le ha sumado la chiripiflautica idea de cargarse el castillo de Montjuic. Un castillo que, por otro lado, lleva desde el siglo XVIII en la montaña que preside Barcelona y que se sólo tangencialmente se vinculó con la dictadura. Los argumentos de la izquierda nacionalista y el progresismo de salón son varios. Algunos sostienen que el castillo es un símbolo (y contiene símbolos) fascistas. Cabría entrar aquí en lo que se considera o no fascismo, pero dudo que muchos de ellos lo entendieran. Otros, avispados, ven en el castillo un ejemplo de militarismo galopante que poco concuerda copn la Cataluñalandia pacifista, moderna y progre-guay que nos quieren vender. Y, los más, ven el pasado del castillo como prisión del franquismo yq eu en su foso de fusilase a LLuís Companys , un argumento más que suficiente. Son los mismo que no recuerdan que el castillo también fue prisión republicana y que en su foso se fusiló a franquistas.

La idea principal de estos bien pensantes caballeros es la de convertir el castillo en un museo de la paz. La cosa parece de coña, pero no lo es. Según IC-V, ese partido de gente que se la coge con papel de fumar, habría que convertirlo en un alegato contra las guerras, etc, etc,etc. Apostaría cualquier cosa a que el 99 % de los que hablan de la paz y estas monsergas no han estado en su vida en el museo del castillo. Se trata de un museo militar que recoge diferentes colecciones relacionadas con aspectos de la historia militar. Podemos encontrar espadas de todas las épocas, ballestas, lanzas, alabardas, armaduras, armas de países lejanos como Filipinas o la India, armas de fuego, uniformes, maquetas de castillos y fortificaciones, piezas de artillería e incluso una pinacoteca de pintura de tema militar realizada por artistas catalanes. Ah! Por cierto, un gran número de las armas expuestas están fabricadas en Cataluña.

Esto, ya se sabes, es políticamente correcto. Poco importa que los 5000 años de historia del ser humano se puedan narrar casi exclusivamente con sus guerras. Poco importa que innovaciones militares como los estribos, la pólvora, la artillería o tantos otros, cambiaran el curso de la historia humana en un sentido u otro. Poco importa que las guerras hayan decidido cosas tan importantes como que este país haya sufrido una dictadura durante casi 40 años. Todas esas cosas no importan Guerra, caca, mala. Cosa, que por otra parte, todo el mundo con dos dedos de frente ya sabe. No hace falta que venga el jipi de turno a decirte lo mala que es la guerra, con que cualquiera vea un telediario al día estará de sobra informado de lo cruel, sucia y terrible que es la guerra. Queda saber si el susodicho museo de la paz costará otra millonada -como el Forum- a costa de los impuestos de los barceloneses.

La polémica está servida. Bono advierte que cederá el castillo si no quitan la bandera española (que la quitarán, y si no al tiempo) ni las antenas militares que están en el recinto (que las trasladarán también). Así que si nada lo remedia, el museo se irá a tomar viento, por fascista y por franquista. Ayer, Mónica Terribas se preguntaba cómo podía haber gente que se tomara un café rodeada de cañones, como si esos cañones no fueran tan humanos como ella misma. Como si los hubiesen fabricado en Marte y alguna raza pretérita y alienígena los hubiera dejado en el patio del museo.

Si duda, por ahí van los tiros, hacer creer que esas cosas son producto de una pesadilla, de una invasión marciana a la que fuimos sometidos los pacíficos catalanes por parte de unos extraterrestres peligrosos, belicistas e imperialistas. Como si no hubiesen existido almogávares, voluntarios con barretina en la Guerra de Cuba, somatens, milicianos antifascistas o voluntarios de la Virgen de Montserrat. Como si Cataluña no se hubiese formado a partir de guerras. Como si Jaime I hubiese ido a Valencia de Picnic y, amablemente, les hubiese dicho a los musulmanes que se fueran, por favor, que voy a montar mi reino aquí. Todo esto recuerda demasiado a lo que aquellos sacerdotes de Ra hicieron con Akenaton; borrar cualquier rastro de su presencia y crear una historia ideal y perfecta.

Añoranza de Cataluña

Les paso un artículo buenísimo de Juan Carlos Girauta. Como historiador he vivido en propias carnes lo que se comenta en el artículo. Es bastante largo pero merece mucho la pena leerlo.

 

A la muerte de Franco, círculos intelectuales catalanes, con prolongaciones baleares y valencianas, desplegaron una serie de iniciativas tendentes a divulgar una nueva visión de la historia de Cataluña y a proporcionar, de paso, elementos ideales de legitimación a los sectores progresistas y nacionalistas, así como argumentos de autoridad a los dirigentes de la oposición local y a los grupos influyentes en el campo intelectual. Como bien preveían, pronto se iban a crear o recuperar instituciones, nuevos centros de poder, y había que empezar a tomar posiciones. En aquel contexto, se consideró que no tardaría en generarse una fuerte demanda de relato nacional catalán. Y cumplieron con su papel, aunque quizá con menos eco del que cabía esperar: en la mayoría de los casos, las puras consignas, sin mayor profundización, satisficieron los requerimientos. Vayan a preguntarles hoy, uno por uno, a los diputados autonómicos del PSC y de CiU, por ejemplo, quién era Ramon Berenguer IV.

Existía una producción historiográfica local que había llegado a las universidades y a los estudiosos, pero hacía falta remozarla, dotarla de intencionalidad para una etapa específica, armar algunos nuevos constructos y escamotear una parte de la visión de España presente en la escuela de Vicens Vives: una visión contrapuesta a la de los historiadores llamados visigóticos y que rechazaba la exclusividad constitutiva castellana en lo español. Es la que prevaleció en la Constitución del 78, pues implícita está en nuestro sistema jurídico-político. Paradojas de la vida, la nueva historiografía catalana de mediados de los 70 prefería decantarse en este crítico asunto -sin reconocerlo explícitamente, claro está- por los visigóticos: España era básicamente Castilla. Lo nuestro era otra cosa.

Sirva como ejemplo privilegiado de aquellas iniciativas divulgadoras, legitimadoras, portadoras de argumentos de autoridad y preñadas de intenciones inmediatas, una especialmente reveladora por los fundamentos que plasmó en su acta de nacimiento: la revista mensual L’Avenç (Història dels Països Catalans). Su embrión estuvo en la facultad de Letras de la Universidad Central de Barcelona, en el folletón ciclostilado Història i Societat, que cristalizó en L’Avenç con el apoyo de Editorial Avance. El editorial de su número cero, gratuito, de diciembre de 1976, da cuenta de los avatares de sus impulsores a la hora de lograr financiación. Muy en la línea de la descontextualización burda y simpática de las fuentes marxistas tan propia de aquellos ambientes y de aquella época, informa: “Nos hacía falta lo que, según Engels, es determinante en última instancia: el factor económico”. La práctica totalidad de los miembros del Consejo Asesor eran profesores universitarios de historia. Encontramos a Rafael Aracil, Albert Balcells, Josep Benet, Ernest Lluch, Joaquim Nadal, Borja de Riquer o Jaume Sobrequés, entre otros.

Nos situamos en una cesura histórica. Desde julio, sustituyendo a Arias Navarro, gobierna Adolfo Suárez, nombrado ministro Secretario General del Movimiento tras la muerte de Franco. Suárez impulsa su proyecto de reforma política, que la izquierda rechaza, pero la ley se aprueba por referéndum justamente en diciembre. La situación española está a punto de dar un vuelco formidable de la mano del régimen. El principio rector del proceso será “de la ley a la ley”. La oposición, a la vista del aplastante apoyo popular a los planes del Gobierno, transitará, sucesivamente y a rastras, la renuencia, la desconfianza, el escepticismo, la esperanza y el asombro, para terminar en la plena aceptación de una democracia hija de la iniciativa de un grupo de franquistas. De las Leyes Fundamentales del Movimiento a un Estado de Derecho plenamente homologable, siguiendo cauces legales y sin solución de continuidad. Habrá una excepción a la regla “de la ley a la ley”: la Generalidad restaurada.

La Generalidad será previa a la Constitución, y su presidencia se le reconocerá a Josep Tarradellas, que mantuvo prácticamente en solitario, en el exilio francés, la llama de la institución. Aquel grupo de profesores de historia se había puesto manos a la obra un año antes con un objetivo que, en palabras de Josep Fontana inspiradas por Jean Chesneaux, consistía en “atender las demandas populares e insertar la historia en la práctica social”. Más concretamente, Fontana reconoce: “Nuestra tarea más inmediata y urgente, aquella que ha de responder a las primeras demandas sociales que nos lleguen, será la de restituir a nuestro pueblo la visión histórica nacional que le ha sido negada desde 1939”. Se trata de “aprender a hacer una historia nueva”, y por si hubiera alguna duda de lo que esto significa Fontana afirma sin ambages: “Contra la historia científica, entendida en el sentido de neutra e imparcial, hay que propugnar una historia política, objetiva pero partidaria (…)”.

Desde ese momento, las elites intelectuales y los estudiantes universitarios serán alimentados en Cataluña, Valencia y Baleares, y aun en la francesa Catalunya Nord, por un cuerpo de doctrina que incluye, de entrada, el concepto de Països Catalans. Tal es la nación de la que hablan, sobre la que escriben, para la que se disponen a “hacer una historia nueva”. No está clara la relación entre la historia que, según Fontana, nos estaban negando desde 1939 y tal constructo político-cultural. Nunca existió una entidad llamada Països Catalans. Entendemos que se refieren a la Corona de Aragón, cuyo nombre no es plenamente satisfactorio de cara a los fines que propugnan los avanzados del catalanismo universitario en aquella cesura histórica de mediados de los 70 (“una historia política, objetiva pero partidaria”). Muchos historiadores escribieron y escriben acerca de una Confederación catalano-aragonesa, denominación no tan flagrantemente engañosa cuando matizan “confederación avant la lettre”, aunque, hecha la advertencia, siguen usándola sin matiz. La página web oficial de la Generalidad de Cataluña de noticia de lo siguiente: “Con este nombre [¿Generalitat? ¿Generalitat de Catalunya? No se especifica] se ha designado, desde hace casi setecientos años, al organismo ejecutivo creado por las Cortes Generales de la Confederación [sin matices] de la corona catalanoaragonesa (s.XIV-XV). Las raíces de Cataluña como pueblo con una unidad de territorio y de gobierno se adentran en la lejanía de los siglos de la edad media. (…) La nación catalana ha tenido a lo largo de los siglos las instituciones políticas y las formas de gobierno propias de cada época, con un grado de soberanía también diverso. Estas instituciones han sido, en ciertos periodos de su historia, las propias de un estado soberano, y en otros más recientes la expresión de un poder compartido con el poder central del Estado español”.

Con la elección del término “Confederación” se trata de destacar que aquello que se conoció como Corona de Aragón tuvo su centro político en Barcelona, que sus reyes (reyes de Aragón) pertenecían a la Casa de Barcelona. Que, referidos a ésta, su título era el de condes, etcétera. Pero es que antes de 1939, en aquella historia que luego “nos negaron”, las instituciones republicanas no reconocieron nada parecido a unos Países Catalanes. Basta echar un vistazo a la Constitución de 1931 para comprobarlo: “Artículo 13. En ningún caso se admite la federación de regiones autónomas”. Y ponerla en relación con el Estatuto de Cataluña de 1932: “Artículo 1. Cataluña se constituye en región autónoma dentro del Estado español con arreglo a la Constitución de la República y al presente Estatuto (…)”. Así que la negación de nuestra historia procederá de épocas anteriores, no será una consecuencia del final de la Segunda República. ¿De cuándo exactamente? ¿Con qué mundo sin negaciones entroncaba la “nueva historia” que habían de “hacer” Fontana y sus colegas?

Sostenía Jaume Sobrequés, hoy director del Museo de Historia de Cataluña, que la Generalidad republicana no había hecho sino “continuar la tarea que se inició en 1359 y que Felipe V malogró en 1714”. Así, el precedente de la institución que estaba cerca de recuperarse cuando nació L’Avenç no era otro que la Diputació del General. Nada nuevo, dirá el lector: siempre que un círculo se arroga la posesión de la verdad sobre los orígenes, naturaleza y unidad esencial de un grupo mayor, siempre que alguien se dispone a iniciar un proyecto de “construcción nacional”, hurga en la Edad Media, lo suficientemente oscura para que un nacionalista le atribuya la época dorada de su patria (en la lejanía de los siglos, como diría la web de la Generalidad). Se puede retroceder aún más: “Con la desaparición del Imperio Romano de Occidente, los visigodos se establecieron en la Península Ibérica. La entrada en Cataluña se produjo al comienzo del siglo V” (Recursos del profesorado, XTEC, Consejería de Educación de la Generalidad). Obsérvese: como no existía España, los visigodos entraron en la Península Ibérica, donde sí existía “Cataluña”. Para la Generalidad y sus medios, España sigue sin existir; se refieren a ella como “Estado español”.

Lo esencial es buscar, y encontrar, pautas con las que armar una trayectoria coherente hasta el presente y así justificar cualquier operación de ingeniería social de cara al futuro. Se trata de construir un relato comprensible, aun si en tal cometido se sacrifica la historia científica, como admite Fontana sin disimulo. Vaya por delante que el que firma desconfía profundamente del adjetivo “científico” cuando se aplica a las ciencias sociales. Sorprende sin embargo que hace treinta años los defensores de los Países Catalanes despacharan tan tranquilamente “lo científico” y que hoy en día sus epígonos, o ellos mismos más talluditos, lo invoquen a la mínima de cambio para pintar como aprendices, amateurs o simples intrusos a cuantos se atreven a llevarles la contraria.

En 1976, a los profesores de historia más concienciados les parecía urgente proporcionar al pueblo un arsenal legitimador de nombres propios, fechas clave, viejas luchas (¡que ya estaban en la buena línea, o en la mala!), instituciones, victorias y derrotas. Fuera del ambiente universitario, todo hay que decirlo, estas pretensiones se recibían con una cierta frialdad o, incluso, con un escepticismo burlón. La llegada de Tarradellas y su Generalidad fue bien acogida por razones diferentes que tienen que ver con la inteligente gestión del propio don Josep, a quien las izquierdas no veían con buenos ojos, ni mucho menos aprobaban su estrategia. Fueron decisivos el afán conciliador del honorable y su habilidad para hacer valer activos morales y solemnes. Tarradellas no dudó en aceptar la autoridad de las instituciones españolas del momento. Visitó al Rey y a Suárez en Madrid antes de pisar suelo catalán; conectó del mejor modo posible el pasado con el presente. Tarradellas era un hombre extraordinario. Su jugada maestra consistió en presentar públicamente una crucial entrevista negociadora con Suárez que había resultado un rotundo fracaso como un éxito, con lo que forzó irresistible y diplomáticamente al presidente del Gobierno hacia su terreno y precipitó el proceso que estaba dispuesto a culminar. Y que culminó, plantándose el 23 de octubre de 1977 en un balcón de la Plaza de San Jaime y dirigiéndose a la multitud con una frase memorable: “Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí!”. La policía había cerrado la plaza, donde no cabía un alfiler. Tener tan cerca a los temidos uniformados causaba una cierta impresión. Doy fe de que franqueaban el paso a quien mostrase algo parecido a un carné con una hoz y un martillo. En esas anécdotas se comprendía el vuelco histórico.

Ya estaba ahí Tarradellas, ya estaba ahí la Generalidad restaurada. Y todavía no teníamos Constitución ni, por tanto, diseño territorial y político para la España de la democracia. No empezó su discurso diciendo “Catalans!”, como Macià el 14 de abril de 1931 o Companys el 6 de octubre de 1934. Ni por supuesto dijo “Ciutadans dels Països Catalans!”. Dijo “Ciutadans de Catalunya!”. Sus palabras estaban perfectamente medidas. La conclusión es obvia: decidió romper con una trayectoria histórica (y acaso con una maldición) y apelar a la ciudadanía, a la razón.

Su fórmula se impuso a pesar de la oposición de las izquierdas y del nacionalismo catalán (bastante escuchimizado a la sazón). Ellos hubieran preferido recuperar las instituciones por una vía distinta a la encarnación en un viejo presidente exiliado que apostaba por un entendimiento fluido y colaborador con el gran proyecto español de la Transición y que, habiendo vivido las experiencias de la Cataluña republicana, consideraba un peligro la permanente adopción del tono reivindicativo, de enfrentamiento, que la jovencísima Convergencia Democràtica de Catalunya ya apuntaba y que el pasado de Jordi Pujol, marcado por unos años de prisión injusta y por una naturaleza exaltada, aseguraba.

Esperanzados con lo que la nueva situación iba a traer, a la inmensa mayoría de los ciudadanos de Cataluña les dejaban bastante indiferentes las repentinas indignaciones, doscientos sesenta años después, por el Decreto de Nueva Planta. Los multitudinarios onces de septiembre de aquellos años pueden llamar a engaño a quienes los conocen a través de documentales televisivos. Quienes los vivimos sabemos que, en aquel estallido civil, la reivindicación de la autonomía (no de la independencia) era inseparable del afán de libertades públicas que recorría España. Está en el lema Llibertat, amnistia, estatut d’autonomia. Cualesquiera que fuesen las intenciones con que la Assamblea de Catalunya lo puso en circulación -tácticas, parciales, coyunturales…-, la interpretación que le dio la gente fue clara: un estatuto más o menos similar al del 32 y libertades democráticas para España. Y una amnistía, que también se obtuvo y que, con la perspectiva del tiempo, parece claro que hubiera debido quedarse en indulto para los presos políticos. No se comprende en qué beneficiaba a las libertades políticas y a la salud democrática que un reciente violador, un atracador o un asesino de ancianas dejaran sin pagar sus crímenes. Si todas las sentencias penales por delitos comunes del tardofranquismo estaban contaminadas, ¿por qué no lo estaban las civiles, las laborales o las contencioso-administrativas?

Los que con más insistencia se proclaman continuadores directos (y superadores) de aquellas manifestaciones por las libertades y el estatuto ahora sólo exclaman: In-de-pen-dèn-ci-a! Al cabo, son ellos los que se han nutrido más que nadie de la reinterpretación del pasado, de la nueva historia que postulaba Fontana y del sesgado rescate secular de Sobrequés: de Pedro el Ceremonioso a Pascual Maragall. El resto de los catalanes simplemente no justifica demandas políticas acudiendo a la Edad Media. La nueva historia de los siglos lejanos ha quedado en unos cuantos conceptos vagos que se invocarán ocasionalmente sin entrar en detalles. Por ejemplo, cuando se quiera marcar distancias con otras autonomías, o bloquear competencias mediante el expediente de los “derechos históricos”. No operan siquiera como argumentos. Son motivo para elevar los corazones, para retroceder de tanto en tanto a aquella sentimentalidad que Josep Pla calificó de obscena. Para gozar de la experiencia del médium con un pie en la historia y otro en la leyenda. Con una mano jurando los hechos y con otra jurando las falacias. Con la cabeza en la gloria de los elegidos y los pies ansiando la moqueta del Parlament, de la conselleria o de la fundación subvencionada. La perfección mística llega cuando se puede vivir del patriotismo. Se trata de insertarse uno, personalmente, en el ámbito conocido como casa nostra. Ayudará al proceso cualquier actividad demostrable dirigida a nostrar la realidad. “Nostrar” es un verbo insólito, no sé si tiene equivalente en otro idioma. Ni siquiera sé si existe realmente en catalán; en mis diccionarios no aparece, ni en el clásico Els verbs catalans conjugats, de Xoriguera. Cabe traducirlo por “hacer nuestro”, siempre en el sentido de catalanizar. Puesto uno a nostrar lo que se le ponga por delante, puede llegar a pensar que trabaja con conceptos nítidos. Pero no. Se encontrará con lo etéreo; sólo contará con presupuestos (de presuponer) y sólo se saciará con presupuestos (de presupuestar).

Si uno escribe, verá su obra publicada y distribuida. Si no, tendrá al menos la confortable sensación de pertenencia. Pertenencia a un sujeto colectivo tan generoso, atractivo y absorbente que, si uno es catalán, o simplemente está en Cataluña e intuye el funcionamiento de ciertos códigos (porque se dedica a algo relacionado con la cultura, el intelecto, las artes o los medios de comunicación; por ejemplo, un corresponsal extranjero), se da por hecho, sin más, que es uno de los nuestros. Pertenencia que no se refiere a pagar impuestos en Cataluña, o a colaborar al crecimiento de su PIB, o a tener la vecindad civil, datos sin mayores consecuencias. Lo decisivo es compartir una Weltanschauung. Que las opiniones sobre una larga lista de asuntos no se muevan demasiado de una aceptable franja. Todo en el terreno del sobreentendido y gracias a una infinita generosidad ambiental, pues no es necesario demostrar ni afirmar nada en absoluto, en ningún sentido. Sólo arriesga quien se pronuncia. Es la famosa complicidad, en la acepción que le dan los locutores de televisión y, si se tercia, también en la acepción estricta.

Los catalanes nacemos solidarios y progresistas. Por tanto, declararlo no aporta mucho, es una ingenuidad. Si un artista es entrevistado en televisión y quiere marcarse un tanto seguro, tiene que ir un poco más allá. Insultar a Aznar, por ejemplo, sin que venga a cuento, o a Ana Botella. Nunca falla. Si al entrevistado, incluso siendo contrario a Aznar, le repugnan los salvoconductos grupales, perderá esta fácil ventaja. En la última década, denigrar a Aznar en Cataluña ha sido jugar con las cartas marcadas. La famosa escuela catalana que copa el prime time de las televisiones españolas se ha forjado en esa facilidad. ¡Cuánto han tenido que fatigar algunos los libros de historia para que otros lo tengan tan fácil! El profesor, escritor, periodista o cantante que no desee ninguno de los privilegios que se derivan de los sobreentendidos y esté resuelto a opinar sin morderse la lengua, aunque se salga clamorosamente de la franja permisible de discrepancia, puede buscarse problemas. Si el disidente es colectivo, se organiza, publica un manifiesto, da una rueda de prensa, se erige en interlocutor de peso (tanto como tenga su grupo) y hace valer a toda costa su libertad de expresión, reunión y asociación para enmendarle la plana a la Weltanschauung, entonces se encienden todas las alarmas. ¿Quién no tiene en mente un ejemplo reciente y otro antiguo? Por si cupiera alguna duda sobre la relación entre esas dos iniciativas, separadas por más de veinte años, el republicano Bargalló, conseller primer, la ha subrayado. Algo escalofriante, teniendo en cuenta el modo en que acabó el manifiesto de los 2.300. Y que el grueso de Terra Lliure se aloja en su partido, sin arrepentimiento alguno, desde que comprendió al fin, en los años 90, que insistir en la lucha armada era una falta de urbanidad.

El líder de la formación de Bargalló niega ser nacionalista, igual que el presidente Maragall. Cabe interpretarlo como una muestra de cansancio tras revolver demasiado las esencias. Habrán comprobado cuánto más eficaz resulta esa variante de la propaganda que descansa en la ocurrencia: la francofonía de Maragall, la oficialidad en toda España del catalán, de Carod. Son cosas que no podían prever aquellos profesores de historia a mediados de los 70. El desmarque del nacionalismo nominal también responde a la voluntad de distanciarse de Convergència i Unió. Los socialistas de Madrid, Sevilla o Cáceres deberían preguntarse seriamente por qué Carod está más cómodo gobernando con Pasqual Maragall que con Artur Mas. PSC, ERC e ICV lo ven así: durante casi un cuarto de siglo ha gobernado el nacionalismo conservador. Ahora nos toca a nosotros, las izquierdas, a los que no nos define la condición de nacionalistas sino la de progresistas. Cabe replicar a esto que todas las energías del Gobierno tripartito se han puesto al servicio de una reivindicación identitaria: un estatuto nuevo que reconozca derechos históricos, blinde competencias y defina a Cataluña como nación. No les han quedado fuerzas para nada más. Carecen prácticamente de producción legislativa. Por otra parte, su supuesta renuncia al esencialismo histórico se referirá quizás a los siglos XIII al XIX (o del V al XIX, si hay que hacer caso de aquellos Recursos para profesores). No al siglo XX.

De hecho, es ERC quien ha impulsado con mayor vehemencia, en Cataluña y en Madrid, donde el Gobierno central depende de sus votos, la “recuperación de la memoria histórica”, sin que nadie dude de que dicha recuperación se circunscribe a la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo. Y sin que nadie sueñe con que su arrebato mnemotécnico alcance, dentro de las épocas señaladas, ni a la represión ejercida por las izquierdas y los anarcosindicalistas durante la República, ni a la de retaguardia, ni a las checas, ni a los juicios bufos y sumarios, ni a la cacería de poumistas en Barcelona, ni a la violencia contra los católicos por el mero hecho de serlo. Lo que tenemos que recordar, inducidos por su péndulo hipnótico, es una República humanista cuyas reformas se vieron frustradas por militares, obispos y terratenientes; también las execrables insurrecciones reaccionarias; la muy legítima revolución del 34, incluyendo el golpe de Companys; la feroz represión del “bienio negro”; el estallido de libertad y de alegría del Frente Popular; la infame sublevación de julio del 36; la ayuda italo-germana a los nacionales; los juicios de posguerra, la cárcel y los fusilamientos subsiguientes. Y la pérdida de las libertades de Cataluña, que, como un solo hombre, se adhería al bando republicano. Igual que se adherían, siempre en defensa de las libertades y de la democracia, los comunistas de toda España. Esto, es, resumidamente, lo que hay que traer a la memoria.

Repito que es ERC el grupo que más ha impulsado la interferencia de todo ese muestrario trucado del pasado en la actual política española. Parcialidad asombrosa, sufrimiento vicario y exaltación tardía. Y simetría perfecta con la actualidad, como si no hubiera llovido desde entonces. La grandiosa propaganda diseñada por el estalinismo sigue dando sus frutos podridos. Y es el caso que a esa iniciativa esquerrana se ha sumado con entusiasmo el PSOE de Rodríguez Zapatero, tirando de abuelo y descubriendo una poderosa arma cuyos mortíferos efectos se resumen en señalar con el dedo al Partido Popular, el único que no existía en los años treinta (aparte de CDC, siempre coaligada con Unió, que sí existía). Señalarlo para identificarlo con “los fascistas”, que es como llamaban las izquierdas, siempre tan precisas, a Gil Robles y a Francesc Cambó, a José Calvo Sotelo y a Alejandro Lerroux, a Andreu Nin y a Julián Besteiro.

Y en estas nos tenemos que ver en pleno siglo XXI. Quién se lo iba a decir a tantos republicanos de izquierda, socialistas, comunistas y anarquistas como publicaron sus memorias sinceras, situando en su lugar, con la fidelidad de quien ya no tiene nada que perder, las copiosas porciones de culpa que les correspondían a los suyos. No sé si será mucho pedir que la recuperación de la memoria histórica que nos ha cocinado la Esquerra y que nos va a servir el PSOE incluya una cosita: ya que se proclaman, frente a otros, herederos directos de la legalidad republicana, ¿les importaría, por favor, representar en TV3, con buenos actores, cierto diálogo escrito por Manuel Azaña? A fin de cuentas fue el personaje más importante de la Segunda República, el que la encarnó, el que la presidió durante la guerra. Antes había sido jefe del Gobierno. Y antes miembro del Comité Revolucionario. ¡Fue la cabeza visible del Frente Popular! ¡Defendió personalmente el Estatuto de Cataluña en las Cortes republicanas! Con estos antecedentes, no se pueden negar, ¿verdad? Además, la obra está escrita en Barcelona. Se llama La velada en Benicarló. ¿A que no la pasan por TV3? ¿A que no la representan en el Romea? No, desde luego, en esta Cataluña. Quizá se representó en aquella otra, donde ocurrían tantas cosas. Como que unos profesores de historia se organizaran para explicarnos, justo a tiempo, quiénes éramos. Quizá en la Cataluña que añoro, sin haberme movido de ella, todos los días.

¿Casualidad?

 

Como viene siendo habitual, la derecha se echó a la calle este fin de semana. Le han cogido gustito a lo de manifestarse, cosa harto natural si tenemos en cuenta los pollos que les montó el Pesoe cuando gobernaba. Esta vez fue por cuenta de las víctimas del terrorismo. Víctimas que, para no ser menos, también están dividas según se escoren hacia la diestra o la siniestra. Las dos españas se perpetúan hasta en los muertos.

Que conste que esta vez -porque lo de la manifa en defensa de la familia daba miedo- estaba con ellos. Ya lo reza un dicho: al enemigo ni agua. Así que veo estupendamente que a ETA no le den cuartel después de cuarenta años llevándose gente por delante. Pero vamos, que esto ya lo dejé clarito el otro día en artículo de este humilde blog.

El asunto de hoy viene dado por unas imágenes que se “colaron” en la crónica de TVE. No sé si se dieron ustedes cuenta pero, en un momento en el que el cámara enfocaba a los manifestantes, aparecía, como quien no quiere la cosa, Ricardo Sáenz de Yniestrillas. El fascista por excelencia en la mani contra las víctimas del terrorismo. Aunque motivos tiene, el hombre, porque a su señor padre -que era un golpista confeso- lo ametralló un comando de ETA a las puertas de su casa.

Pero miren ustedes que a mi el mosqueo me vino por la supuesta “inocencia” de las imágenes. Como no había gente allí -algunos dicen que más de un millón- van y sacan a uno de los líderes de la extrema derecha patria. Esto sucede después de lo del frame de Rajoy -al que quizá ya no vea tan accidental- dentro de una crónica sobre la prisión de Abu Graib.

Algún inocente podrá pensar que la cosa es mera casualidad. Pero cuando uno sale, cámara en ristre, graba y luego edita, queda poco espacio para casualidades de esta índole. No quiero pensar que el avispado editor quiso mezclar churras con merinas dando a entender que los de la AVT son unos fachas de cuidado y, oh, casualidad,  miren ustedes quien aparece por aquí. Cosas más raras se han visto, pero esto de utilizar medios públicos para hacer política ya pasa de castaño oscuro. Para este viaje no hacen falta tantas alforjas; se privatiza TVE y punto. A ver si vamos a estar pagando una millonada para que el sátrapa de turno utilice los medios públicos a su conveniencia y contrate a sus compadres cada vez que llega a la Moncloa. Si es que no aprendemos.

OPA

OPA

 

Que conste que de temas económicos ando más bien pez. Lo justitio para entender de OPAs, inflacion, IPC, Down Jones, NASDAC y poca cosa más. Pero como el resto de españolitos de a pie me he dado por enterado de la operación de La Caixa para quedarse con ENDESA. Tampoco es que me haya rasgado las vestiduras, al fin y al cabo el mercado es asín. Mosquea un poco más que para el asunto en cuestión se hayan producido presiones, condonaciones de deudas y cenas secretas. Como decía Hamlet, algo huele a podrido en Dinamarca. Todo apuntaba a que se produciría una peligrosa concentración en el mercado energético. Falta de competencia y todo eso, que les voy a contar, la peor de las pesadillas de la libre competencia.

Decía que la cosa mosqueaba y que desprendía un tufillo sospechoso. Más, viendo como se ha visto a la “Barretina mediatica” y a los políticos nacionalistas defendiendo a capa y espada la OPA de Gas Natural sobre ENDESA.

El cachondeo ha venido de parte de unos señores alemanes. E.On ha mejorado la oferta de Gas Natural y ahora -parece cachondeo- hasta Carod Rovira apela a la españolidad de la operación de La Caixa. Vivir para ver. El presidente Petazeta ya ha dicho que no piensa utilizar su acción de oro, cosa comprensible, por otra parte, porque si no la cosa tomaría visos de sainete y se le vería el plumero. Lo que realmente me gustaría ver es la cara de póker que se le ha quedado a más de uno. Porque todo esto viene después de la famosa cena entre Petazeta y Durao Barroso, en la que supuestamente el presidente renunció a parte de los fondos de cohesión europeos para que la UE no dijese esta boca es mía. Una operación que los alemanes han sabido aprovechar. Y claro, la Merkel -viendo que una de sus empresas iba a sacar tajada- ha llamado también a ZP y le ha dicho que cuidadín, José Luis, mariconadas las justas.

Así que ya está el lío servido. No creo que al bueno de ZP le de por buscarse todavía más enemigos por esos mundos de Dios, que bastantes tiene ya.

De todas formas, el asunto no deja de tener su puntito gracioso. Ya se sabe; donde las dan, las toman.

Medios públicos

Medios públicos

Antes de leer mi post de hoy, por favor, lean este artículo .



Los que leen este blog ya sabrán del españolismo furibundo y del fascismo incipiente de quien lo escribe. Cosas que pasan. De todas formas, para que luego digan, les quiero narrar un par de cosas que hacen algunos de mis compañeros periodistas en nombre del progreso, el talante y el buenrrollismo chupiguay. Ayer, sin ir más lejos, este servidor de ustedes se fue a dormir calentito. No vayan a pensar mal, no estuve viendo la peli nocturna de Teletaxi Televisión. La cosa va por otros derroteros. Algunos de ustedes conocerán al ínclito Ferran Monegal, un tipo que sienta cátedra desde su programa nocturno en Barcelona Televisió. A veces incluso está bien y le ataca a la telebasura. Lo malo viene cuando se pone sublime y se sube al púlpito. En eso se parece a su querido Federico Jiménez Losantos, miren qué casulidad.

El caso es que ayer, ante mi sorpresa, el tipo se dedicó, durante más o menos media hora, a meterse con lo que él denomina “la Brunete mediática”. Todo esto venía al caso por aquellas imágenes de Abu Graib -o como se escriba- en las que se intercalaba un frame de Rajoy. Que quede claro que, conociendo como conozco el asunto de la edición de vídeo, aquello se les coló. Más una cagada que otra cosa.

Volviendo al asunto, en esto que el inefable Monegal se pone de uñas y empieza a arremeter contra el PP por la cara. Les aseguro que nunca, en mis años de telespectador, había visto a un presentador de un canal público arremetiendo directamente contra un partido político. Y miren que he visto cosas. Desde Urdazi hasta Isabel San Sebastián dándole jabón a Aznar de forma vergonzosa. Pero lo de ayer no lo recuerdo. La cosa iba por una campaña radiofónica que ha lanzado el Pepé en Andalucía. En la cuña en cuestión, un señor le dice a su legítima que se ha sacado unas oposiciones pero que no va poder ir a currar de maestro a Cataluña porque no sabe catalán. Seguidamente, el mismo señor le vuelve a decir a su señora que si se van a vivir a Cataluña a su hijo apenas le van a enseñar castellano en el cole. No se imaginan ustedes como se puso el señor Monegal. Que si el PP miente, que si son unos falsos del 15, que si son especialistas en la mentira, que quieren enfrentar a los andaluces con los catalanes, que si la guerra de Irak, etc. Así media hora, declaraciones de Carrillo diciendo que si no fuera por la tele el PP negaría el 23 F incluidas.

Miren ustedes, por mucho que se empeñen algunos, el PP no es ni será santo de mi devoción. Motivos tengo por un tubo, pero si han leído este blog regularmente se harán una idea de por dónde van los tiros. Ello no es óbice para que me parezca lamentable la campaña de persecución contra el PP que se está llevando a cabo en esta bendita tierra. Y lo digo así, alto y claro, para que no queden dudas. Les digo que me parece lamentable, igual que me parecería terrorífico que lo hiciesen con los comunistas o los ecologistas. En una democracia se pueden permitir muchas cosas, pero que se insulte a un grupo de señores por defender sus ideas de forma pacífica me parece el colmo de la estupidez y del fanatismo. Y ya que estamos, también les diré que me parece lamentable lo que el PP está haciendo con Telemadrid y lo que hizo en sus tiempos con TVE. Pero lo cortés no quita lo valiente. El señor monegal se pasó tres pueblos y, puestos a pasar, se pasó la deontología profesional por el arco del triunfo. Que lo haga el Fede en la COPE, vale, pero en un medio público, que en teoría está pagado por todos, no es de recibo que se ponga a despotricar contra un partido con un amplia base electoral en Cataluña. Para eso ya tiene su columna en El Periodico, no vayamos a leches.

Si la cosa se quedara ahí, tampoco pasaría de un calentón nocturno. Pero no. Me viene a la memoria otro programa, esta vez en TV3, llamado “El Club”. El presentador, Albert Om, es un señor que se pasa la mayoría del programa lanzando puyas contra los que no son nacionalistas. Si no me creen ahí está para que lo vean ustedes. Tiene, este periodista, una tertulia que más que una tertulia parece una concentración de Boixos Nois. La disparidad de criterios brilla por su ausencia y no pasa un día en el que no se ponga a hablar de nacionalismo, Estatut, sentimiento nacional y demás. Aquello parece el programa de la televisón local del pueblo de Astérix dando cera a los romanos. Es vergonzoso. Algo así estaría bien en un medio privado, pero vuelvo a repetir que un medio público -pagado por igual por gente nacionalista y no nacionalista- no se puede permitir según qué cosas. Por cierto, este es el programa donde sacaron a Pepe Rubianes haciendo el indio. Y también por cierto, el otro día, en un programa de fútbol de TV3, sacaron una pieza sobre la manifestación nacionalista en Barcelona. Un reportaje en el que, oh, casualidad, entrevistaron al susodicho Albert Om como asistente a la manifa. Y que conste que cada uno es libre para ir donde le rote en su tiempo libre, pero ver al señor Om hablando sobre la nación catalana en un programa de fútbol -mientras un señor a su espalda le decía que felicitase a Rubianes de su parte- ya es para darse de cabezazos contra la pared. Insisto, el programa era de fútbol.

Resumiendo, en Cataluña no se puede ser del PP. Está mal visto, eres un facha y encima se meten con tus ideas en una tele que pagas con tus impuestos. De todos modos, ya imagino que este post levantará ampollas y que me caerán los sambenitos de pepero, fascista, españolistas -con este sí que me quedo- y una serie de lindeces más. Los más perspicaces sabrán que no van por ahí los tiros. La cosa va de algo tan serio como la manipulación de los medios públicos para la obtención de un fin político. Y va también de la marginación de todo lo que no sea nacionalista en este bello oasis de progres de salón.

Proceso de Paz

 

Les confieso que no he adoptado una postura definida en cuanto a lo que se ha venido en llamar “el proceso de paz” de ETA. Después de oír a unos y a otros no he conseguido sacar nada en claro, cosa habitual si uno lee más de un periódico o ve más de un canal de televisión. Los hechos los conocemos todos más que de sobras. ETA lleva cuatro décadas cepillándose a todo el que no comulgue con sus ideas fascistas. Curiosamente, ahora, en sus momentos más bajos, les ha dado por lanzar globos sonda. A lo mejor es casualidad, pero es muy extraño que precisamente en estos momentos se pongan en plan dialogantes.

Bajo mi modesto punto de vista se han obviado ciertas premisas que permitirían conocer mejor el fenómeno en su conjunto. Primero, ETA está en un callejón político sin salida. Después del 11 M no se puede permitir el lujo de perpetrar atentados a gran escala ni tampoco llevar a cabo una campaña de atentados selectivos -que tan malos resultados les dio-. Tanto los atentados de Madrid como el asesinato de Miguel Angel Blanco representaron dos puntos de inflexión en la trayectoria de ETA. En estos momentos, sus actuaciones se ven limitadas a atentados contra bienes materiales y sobre los que avisan previamente. Incluso dejan un cartelito avisando de dónde está la bomba.

A esto se suma que su infraestructura está más debilitada que nunca. Su cúpula dirigente ha sido desarticulada una y otra vez y en estos momentos apenas cuentan con militantes entrenados y fogueados. Su entorno político cada vez es menos partidario de seguir con la lucha armada, incluso se han producido escisiones en el seno de Batasuna como la que protagonizó Aralar.

Su referente más inmediato, el IRA, dejó las armas hace tiempo y en Irlanda del Norte se camina hacia la normalidad política. Ello con unas concesiones por parte del gobierno británico -autonomía limitada- que aquí ya hace tiempo que se dieron por parte del Estado. Por si todo esto fuera poco, militantes históricos de la organización se han postulado abiertamente desde la cárcel por el cese de la violencia. Y por último, ETA y su entorno han sido estigamatizados por la UE y han sido incluidos en la lista de organizaciones terroristas, con lo que pierden un considerable apoyo en el exterior.

ETA está débil, cosa que ya sabía el gobierno Aznar y que conoce perfectamente el gabinete de Zapatero. Las actuaciones de PP y PSOE divergen por motivos diferentes. El Partido Popular cree que se puede llegar a una solución policial del asunto al estilo alemán. El PSOE cree, por su parte, que una solución dialogada sería la mejor alternativa. El problema viene cuando uno se pregunta si no es mejor acabar con ETA sin concesiones. Si no es mejor destruir a ETA y que el Estado, aunque muchos no quieran hablar de vencedores ni vencidos, se erija como vencedor final. Sin duda, en un Estado de Derecho esta sería la mejor alternativa. El mensaje lanzado a los terroristas sería claro: con el Estado no se juega, no hay réditos por el uso de la violencia y quien mata, paga. Claro está que una solución dialogada evitaría sufrimientos innecesarios y nuevas víctimas. Pero, como ya he dicho anteriormente, no creo que ETA se pueda permitir el lujo de seguir matando.

Tal y como yo lo veo, ETA sabe que, ante un eventual cambio de gobierno, el PP dedicaría todos sus esfuerzos a acabar con ella. Y tal y como están las cosas no parece muy descabellado que lo consiguiera. El PSOE también lo sabe y, en una situación tan precaria en intención de voto como en la que se encuentra, necesita un balón de oxígeno. Este salvavidas político le vendría de la mano de un cese de las hostilidades. El PSOE se eregiría como el partido que acabó con ETA y sus réditos electorales serían considerables. ETA sólo puede tener -a su modo de ver- una salida “digna” a través de un proceso de paz dialogado. También podría obtener algunos beneficios como la excarcelación de sus presos. De todas formas, la organización terrorista está acabada.

Se echa en falta un acuerdo entre los dos grandes partidos para finiquitar el asunto. El PSOE prefiere sacar un beneficio político y el PP espera llegar al poder para acabar con ETA a través de medidas policiales. Personalmente me quedo con la segunda opción, por lo menos evitaría la humillación de muchas víctimas al ver salir a los verdugos de la cárcel. Quizá sea el precio a pagar por la paz, pero también puede que sea un precio demasiado alto cuando el triunfo del Estado de Derecho se ve tan cerca.

Genocidio

Genocidio

 

Hoy les quiero escribir sobre una cuestión que muchos de ustedes desconocerán. Si acaso, algún avispado habrá leído algo o habrá visto algún reportaje de casualidad sobre el asunto. Se trata del genocidio armenio. Armenia es un país pequeño y montañoso situado en medio del Cáucaso. Fue el primer país del mundo en adoptar el cristianismo como religión oficial y desde entonces ha estado amenazado por multitud de enemigos. Armenia perteneció durante muchos siglos al Imperio Otomano, un conglomerado de diferentes pueblos que pervivió hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Precisamente en esta última etapa fue cuando el Partido de los Jóvenes Turcos, que gobernaba entonces, ideó un plan para el reasentamiento forzoso y el exterminio del pueblo armenio. Las causas no están claras a día de hoy, pero parece que influyeron distintos factores, entre ellos el apoyo de los armenio a una posible invasión rusa por el norte. De todas formas, Armenia fue víctima, primero, de una campaña de presión fiscal y jurídica sin precedentes en el tolerante Imperio Otomano. Como suele pasar en estos casos, una cosa llevó a otra y el propio pueblo turco, en connivencia con el kurdo, inició una oleada de asesinatos, violaciones en masa y robos indiscriminados. Entre 1915 y 1918 se calcula que alrededor de un millón y medio de armenios murieron asesinados, de hambre o sed. La deportación forzosa llevó a los más fuertes al desierto de Siria, donde las autoridades turcas los dejaron para que muriesen de inanición y deshidratación en medio de la nada. Teniendo en cuanta la población de Armenia antes de 1915, se cree que pereció el 50% durante el genocidio.

Raphael Lemkim fue el judío polaco que creó el término genocidio uniendo la raíz griega gennos (pueblo, raza, grupo) y la latina cidera (matar). La ley internacional contempla el genocidio como aquellos actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Lemkim aseguró en una entrevista que se inspiró el la matanza indiscriminada de armenios y posteriormente de la de judíos durante el régimen nazi para crear una palabra que dotase de significado a esos horrores.

Hoy en día, la República de Turquía sigue negando el genocidio armenio y lo califica de “bulo”. En ese país se gastan ingentes cantidades de dinero en enterrar el asunto y en fomentar la mentira a través de su historia oficial. Un grupo de intelectuales que hablaron valientemente del asunto fue encarcelado y perseguido durante la década de los 90 del siglo XX. Las presiones del gobierno turco han hecho que el armenio no sea reconocido internacionalmente como genocidio. Existe por ello una campaña para darlo a conocer y conseguir su reconocimiento.


Dicho esto, alguno podrá pensar que a qué viene ahora esto de hablar de los armenios. Algún suspicaz creerá que esto se encuadra en una campaña antislámica y que por eso sale ahora a flote. Bajo mi punto de vista, Turquía ha sido un país modélico en cuanto a sus cambios democráticos e insdustriales. Por mi parte esto no se basa en ninguna islamofobia, ya que siempre he pensado que a la Unión Europea le sentaría muy bien que entrase una Turquía moderna. Y al resto de países musulmanes también les sentaría bien tener el ejemplo de hacia dónde conduce la democratización, el laicismo y el desarrollo. De todas formas, el asunto habría que mirarlo con lupa y a Turquía todavía le queda mucho, especialmente a esa facción islamista de la sociedad. Europa no sólo es dinero.

Lo que es vergonzoso es que Turquía no haya reconocido el genocidio armenio. Existe una multitud de pruebas de todo tipo, incluso fueron enviados embajadores especiales por los EE.UU que dieron fe de ello. Fue un hecho que apareció en las primeras portadas de los diarios de la época y que originó una respuesta contundente por parte de Occidente. Un Occidente que luego se sintió extasiado con las reformas de Mustafá Kemal, Ataturk, y que decidió olvidarse del asunto en pos de un buen entendimiento con el Estado Turco.

Por todo ello es necesario que se haga justicia y que se reconozca el genocidio del pueblo armenio por parte del Estado Otomano. Se hace necesario que la moderna Turquía reconozca su gran error del mismo modo que lo hizo la Alemania de posguerra. Lo demás sería un insulto para la memoria de más de un millón y medio de muertos.


Y dale Periquillo al torno...

Y dale Periquillo al torno...

 

Les juro por lo más sagrado que hay días en los que me gustaría escribir sobre otras cosas. Porque al final uno se repite más que el ajo. Pero es que me lo ponen a huevo, día sí, día también. Es abrir el diario -ya sea impreso o digital- y parece algún señor preguntándose qué es España. Opinioes las hay para todos los gustos. Qué les voy a contar que ustedes no sepan. Que sin nación a palo seco, que si nación de naciones, que si invento borbónico, que si tal o cual. Y aquí estamos, dos mil y pico años después de que el primer Escipión pusiese el pie en Ampurias, preguntándonos que narices somos.

Otra cosa es lo que dicen que somos por esos mundos mundiales. Ayer les transcribía una entrevista a una moza teutona, corresponsal de un diario Alemán, que nos ponía a caldo. Hoy, cual es mi sorpresa cuando leo lo que el resto de corresponsales extranjeros piensan de nosotros. Se repiten los tópicos, algunos infundados y otros ciertos, pero al final, la mayoría negativos. Tampoco es que crea que sus respectivos países sean de otra dimensión, porque de ser así no estaríamos a estas alturas pisándoles los talones con todo el equipaje que llevamos a cuestas. Pero una cosa sí que parece intrínseca al españolito de a pie; esa apatía en cuanto a los malos gobernantes que hemos tenido secularmente. Aquí los reyes y jefes de gobierno decentes se cuentan con los dedos de una mano. Lo demás, guerras civiles por un tubo,militares salvapatrias, moral católica decimonónica y poca cosa más. Quedan episodios de los que uno se siente orgullosos, la mayoría relacionados con un puñado de tios del pueblo llano. Me vienen a la cabeza pasajes de La Batalla del Ebro y La Batalla de Madrid de Jorge María Reverte, donde una serie de paisanos mal dirigidos le echaban al asunto unos reaños del copón. De ambos lados, que conste, que para estas cosas no hay ideologías. Pero, decía, los malos han sido y serán siempre los gobernantes. Una casta de apoltronados que aprovechan cualquier excusa para tirarse los trastos a la cabeza y de paso liar al personal en el títere que les interese en ese momento. En eso sí que tenemos culpa lo que se ha venido a llamar el pueblo español. Nos dejamos liar por cualquier asaltatrenes de tres al cuarto con el consiguiente sainete posterior.

Lo he repetido hasta la saciedad, pero creo que deberíamos dejar de ser tan viscerales y tomarnos las cosas un poco más a cachondeo -y me incluyo en el paquete, mea culpa, mea culpa-. Entre el PP recogiendo firmas contra el estatuto y ERC montando manifas independentistas, aquí nos van a dar la del pulpo como nos descuidemos. Ya va siendo hora de que el pueblo español les diga a sus gobernantes que lo que quiere es vivir tranquilo y que le solucionen los problemas del día a día. Que no aparezca el patriotero de turno -centralista o periférico- calentando los ánimos. Porque ya nos conocemos todos. Sería una idea estupenda que, a pesar de nuestras diferencias políticas, empezáramos a tener en cuenta que en este barco -que hace siglos que se llama España- vamos todos , y que como se vaya a pique no va a haber suficientes botes salvavidas. Porque, dicho sea de paso, una cosa es discutir sana y democráticamente de política y otra bien distinta joder la marrana.



VIOLENCIA PROPORCIONADA Y OTRAS MURGAS

Les paso la última "joya" del maestro Pérez Reverte. Como siempre, da en la diana. Léanlo bajo su responsabilidad, no vayan a convertirse de golpe en "fachas" peligrosos por pensar obviedades.

 VIOLENCIA PROPRCIONADA Y OTRAS MURGAS

Quisiera saber a qué atenerme. Con los amigos que tengo en la madera y en Picolandia diciendo por lo bajini Dios te ampare, colega, no damos abasto y esto va a más, sería bueno que alguien me instruyera en los asuntos de legítima defensa, provocación suficiente y proporcionalidad en la violencia que una persona decente puede emplear en su propia casa contra los malos. Porque estoy confuso. Cuando pones tu vida, tu familia y tus propiedades en manos del Estado y te ves desamparado por éste –falta de ganas o falta de medios no cambian la situación–, el sentido común y el instinto de supervivencia aconsejan adoptar otras defensas razonables. Y ése es el problema: lo que las leyes españolas consideran razonable en legítima defensa doméstica tiene poco que ver con el sentido común. Tendría que ver, quizá, con ese mundo ideal, esa Europa responsable, ordenada y ciudadana que parecíamos a punto de conseguir. Pero eso ya no cuela, Manuela. Al corderito de Norit se lo zampan hoy al horno con absoluta impunidad. Y con patatas.

Así que me gustaría que alguien cualificado ilustrara mis dudas legítimo-defensivo-hogareñas. Si unos ladrones, por ejemplo, saltan a un jardín con intenciones dolosas y son atacados por el perro de la casa, ¿la indemnización que debe pagarles el propietario del perro incluye las lesiones por mordiscos o también la ropa rota en la refriega? ¿Debe esperar el perro a que los intrusos demuestren inequívocamente sus intenciones malvadas antes de hacerles pupita? ¿Da lo mismo a quién muerda el perro, o hay connotaciones xenófobas si en vez de un español o un ucraniano rubio la víctima es moro o colombiano? ¿Es agravante ladrar? ¿Será sacrificado el cánido por las autoridades competentes? En caso de que el perro despache al intruso, ¿deben ser indemnizados los parientes próximos de la víctima?

Como ven, el asunto no es baladí. Y eso que todavía estamos en el jardín. Pero imaginen que, con perro o sin él, los malos penetran en la casa. Ahí sí debemos hilar fino. ¿A partir de qué momento es legítimo defenderse? ¿Es adecuado sacudirle con un garrote a un fulano que entra en tu casa a las tres de la madrugada, o es preciso antes averiguar sus intenciones? ¿Y qué hacer cuando, tras preguntarle cortésmente, «Caballero, ¿qué intención lo trae por aquí?», el otro se hace el longuis? ¿Hay que esperar a que empiece a meter en un saco la colección de Tintín? ¿A que desenchufe el Deuvedé? ¿A que coja las llaves del coche? ¿Es atenuante para el intruso que la interpelación no se le haga en la lengua autonómica correspondiente?

Pero, en fin. Supongamos que la actitud del malevo es inequívoca. Eso, lejos de aclarar las cosas, plantea más problemas legales. De noche y dentro de la propia casa, ¿qué es provocación suficiente? ¿Basta con que los asaltantes amenacen a la familia de palabra, o hay que esperar a que te pongan una navaja en el cuello o una pistola en la cabeza? ¿Violar a las hijas, a la esposa o a la chacha ecuatoriana es provocación suficiente? ¿Basta con adivinar la intención, o hay que dar tiempo a que se consume el asunto? ¿Hay que esperar a que te maniaten o sodomicen para que la provocación sea suficiente y manifiesta?

Llegados a ese punto, por cierto, entramos en el resbaladizo terreno de la proporcionalidad en la respuesta. ¿Es proporcionado que el dueño de una casa, cuando le entran varios individuos armados o sin armas, intente cargarse a alguno, si puede? ¿A partir de qué momento, poseyendo una escopeta de caza o un fusco con papeles, puede liarse a tiros con los malos? ¿Debe esperar a que las intenciones de provocación sean manifiestas, como por ejemplo, a que lo inflen a hostias preguntándole dónde esconde la viruta? Si los malos llevan cuchillos, ¿debe renunciar al uso de la pistola, por aquello de la proporcionalidad, y utilizar sólo un cuchillo de cocina o el palo de la fregona? Si en una casa entran a robar diez albanokosovares veteranos de guerra, ¿a cuántos puede atacar a mordiscos el propietario si ninguno de los diez lleva armas? ¿Y si las llevan? ¿Debe esperar a que le disparen para disparar él? ¿Hace falta un tiro previo de advertencia al aire? ¿Si los mata a los diez y encima le da risa, se considera ensañamiento?

Dicho de otro modo: ¿Y si nos fuéramos todos a hacer puñetas?

 

PD. Ahí dejo un regalito para los "revertianos" de pro. Que lo disfruten y vayan prerándose, ¡Voto a bríos!...

Entrevista

Hace unos días le hablaba a ustedes de sectas. Por aquello me calló la de Dios es Cristo y se me dedicaron cariñosos epítetos. Pues bien, me reafirmo en la postura; España es un país de caínes y sectarios donde cada uno se arrima a su pesebre y donde un amigo de toda la vida te puede retirar la palabra por razones políticas. Lamentable. Así nos va. Y así nos ha ido; con 4 guerras civiles en 200 años. Que se dice pronto. Y para ilustrar esto que digo acerca de nustro carácter sectario -no me vayan a tachar luego de manipulador- ahí les dejo una entrevista publicada en Periodistadigital a Karin Finkenzeller, corresponsal en España de del Financial Times Deutschland. No tiene desperdicio.

Pregunta: Lo que sucede en España, ¿no interesa en el extranjero?

Respuesta: Decir eso sería generalizar demasiado. Claro que hay temas que interesan en el extranjero, pero no son necesariamente los temas que aquí copan las portadas.

P: Vistos desde fuera, ¿qué importancia tienen temas como el Estatut de Catalunya, la OPA de Endesa u otros que, actualmente, copan las portadas en España?

R: Al igual que mis colegas del Financial Times, escribí mucho sobre la OPA de Gas Natural sobre Endesa. Pero nos interesó más el impacto económico que el impacto político. Es una pena, pero en los medios españoles nunca se podía leer o escuchar ningún análisis objectivo sobre si una OPA tendría sentido o no: sólo se puede leer la opinión del PSOE o la del PP. Es una desgracia que los medios españoles sean tan partidistas.

P: ¿Y los demás temas?

R: Sobre el Estatut de Cataluña no escribí casi nada. En el extranjero nadie cree esa historia de la "balcanización" de España: es otro de los temas que aquí están explotados por razones políticas. Entiendo que, por razones históricas, sea un tema muy emocional, pero si se ve con un poco de tranquilidad no hay ningún riesgo de que se cree un estado separado de Catalunya. Los catalanes nunca van a arriesgarse a ponerse en la fila detrás de Turquía para pedir la entrada en la Unión Europea. Yo soy de Baviera, la región más al sur de Alemania; cuando se constituyó la República Federal de Alemania los bávaros rechazaron la Constitución, por ello Baviera tiene una Constitución aparte, un himno nacional aparte: es un "Estado Libre". Desde siempre hay un grupo pequeño que desearía separar Baviera de Alemania para introducir de nuevo un rey. No obstante, seguimos felizmente dentro de Alemania.

P: Y para usted, ¿cuáles serían realmente los temas con más importancia en España?

R: Desde el punto de vista de un diario financiero, los temas con más importancia son los riesgos económicos del boom inmobiliario, el déficit comercial, la baja competitividad o las bajas inversiones en I+D. Hablando de política, la paz en el País Vasco seguramente es uno de los problemas más importantes. En Alemania, dos veces en los últimos 60 años ha sido necesario buscar la paz social entre víctimas y autores: entiendo que para la víctima puede ser muy duro, pero no queda otra. No es ninguna traición de encontrar una solución para el bien de todos.

P: ¿Cómo ve a los medios de comunicación españoles?

R: Como ya dije, es una desgracia que los medios españoles sean tan partidistas. No se puede leer un diario, escuchar una emisora de radio o de televisión y estar segura de que realmente esté informado bien. Sólo existen medios en ambos bandos, del PSOE o del PP. Ponen lo que cabe mejor en la agenda política y dejan todo lo que no cabe. Además, se utilizan especulaciones, fuentes dudosas y frases que empiezan con "habrá hecho" o "habría hecho" para subrayar una "tesis". Y sobre lo que está haciendo la COPE no tiene nada que ver con libertad te opinión o libertad de prensa: en Alemania probablemente una emisora así ya se hubiera cerrado por instigar a la población.

P: ¿Qué imagen da la contínua pelea PP-PSOE en el extranjero?

R: Personalmente, me cansa mucho esa pelea. Si el PSOE propone una cosa, el PP dice que no por la sóla razón de decir que no y viceversa. En el extranjero, a los lectores no les interesa esa pelea de niños: en los medios no hay lugar para eso, lo necesitamos para cosas más importantes en el mundo. Es una pena que los políticos aquí no vean la necesidad de cooperar. Hay un montón de problemas importantes para los cuales hay que buscar una solución.

Virus

Mi amigo Armando ha introducido el virus en la Biblioteca de la Facultad de Historia de la UB. Conociéndola como la conozco -la Facultad-, no creo que sea uno de los libros recomendados por el Departamento de Historia Contemporánea. En fin, tampoco me quejo, he leído libros muy buenos y he tenido profesores excepcionales que me han permitido tener más de una visión de las cosas. De todas formas, algún avispado lo cogerá y espero que le saque algún provecho.
Siguiendo con esta política de "entrismo", aprovecho para pasarles el link del vídeo de Norberg "En defensa de la globalización " y agradecer la inestimable colabolarción del amigo  Kali en el asunto.

Y ya que estamos, el link quedará colgado de forma permanente en este humilde blog. Que lo disfruten.