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Negociaciones

Por una vez, y sin que sirva de precente, le voy a dar la razón a los de la caverna. Parcialmente, que quede claro. No se me caen los anillos ni nada por el estilo, lo cortés no quita lo valiente. El caso es que estamos liados con lo de si negociación con ETA sí, o negociación con ETA no. Como persona de izquierdas, de las izquierdas de antes -se entiende- el Estado, entendido como un instrumento ddel ciudadano, es intocable. Ergo, quien se mete con el Estado lo tiene chungo. A saber, si a un tipo le da, por ejemplo, por liarse la manta a la cabeza, pillar la escopeta -o el amosal- y liarse a tiros o lo que sea contra todo el mundo en nombre de la nación del patio de su casa, pues muy bien. Pero que sepa que va a pringar. Que ese mismo individuo tenga pero que muy clarito que como lo pillen le van a dar de hostias hasta en el cielo de la boca, y que luego no venga con derechos humanos ni leches que él mismo no ha tenido nunca en cuenta. Sé que esto no es políticamente correcto, pero a mi plin, es lo que me pide el cuerpo. Me pide, en concreto, que a los de los coches bomba los metan en el agujero más oscuro e incomunicado que pillen y que tiren la llave al Atlántico, for example. No es muy humanitario, pero qué leches, soy de los que piensan que los derechos humanos se aplican a los seres humanos, es decir, y para que se entienda, que cuando uno es el primero en no cumplirlos ni respetarlos, luego ha perdido toda legitimidad para reclamarlos. Me hace gracia que un tipejo que ha puesto un pepino y que se ha llevado por delante a Cristo y su madre, luego aparezca quejándose porque su pobre familia lo tiene que ir a visitar al Puerto de Santa María provincia de Cádiz. Suena como a coña. En otros tiempos, mucho más fascistas y mucho más españoles que los de ahora, la visita seguramente se la harían en su pueblo, pero en un nicho. Así que me descojono cuando hablan de negociaciones e historias por el estilo. Muerto el perro muerta la rabia, y si en una sociedad democrática te da por darle matarile a la peña, pues apechuga, tio, demuestra lo machote que eres, lo buen gudari que piensar que también eres y no vayas luego en plan madalena. El mensaje es sencillo: o dejais de matar o vamos a por vosotros. Dentro de los límites constitucionales, of course. Sin guerras sucias ni historias de varietés como antaño, pero dándoles mucha candela. A ver si encima de putas vamos a pagar también la cama. Faltaria más...

Esquinas

Cada noche las veo cuando vuelvo del trabajo. Haga frío o calor allí están, esperando un cliente que les pague 20 pavos por una mamadita. La mayoría están en cueros, apenas algún trapito cubriendo la mercancía que ofrecen ante los faros de los coches que van pasando. Cuando paso ante ellas la noche ya está bien entradas y apenas puedo distinguir las facciones de sus rostros. Pertenecen al escalafón más bajo de la prostitución callejera, son trnsexuales sin operar. Algunas, las más afortunadas, tienen facciones femeninas y cuerpos trabajados en un gimnasio o en una mesa de quirófano. Son las que más trabajan, las que atraen a un número mayor de clientes en busca de ese tercer sexo. Otras, en cambio, siguen manteniendo una fisonomía masculina, algo disonante en esos trajes ceñidos de cuero y látex. Son el oscuro objeto del deseo de muchos hombres que no lo admitirían jamás. honrados padres de familia que preferirían morirse antes de aceptar que se van de travelos, que les pone una mujer con "sorpresa" entre las piernas.
Algunas de ellas se me ofrecen al pasar, otras me piden un cigarrillo que siempre les doy, incluso alguna ha mantenido una breve conversación conmigo entre cliente y cliente. No puedo por menos que sentir una triste y profunda tristeza cuando las veo hacer la calle. Prisioneras en un cuerpo que no les pertenece. Una broma de mal gusto del destino, de Dios, o de quien coño maneje este cotarro. Al final acaban haciendo la calle porque no saben hacer otra cosa. Porque la pasta que ganan está libre de impuestos y, al final, acaban acostumbrándose a meter la cabeza entre las piernas de cualquier burgués votante del PP que conduzca un Audi A8.
Uno piensa en ello. Piensa en la cantidad de ellas que no tendrían que hacer esquinas si los cuatro subnormales que chupan de la teta del Estado fueran gente con un mínimo de vergüenza. Si en vez de de gastarse el dinero en tener tropecientos cuerpos de policía, duplicidad de administraciones y fastos y boatos para encumbrar su ego, se lo gastaran en una seguridad social en condiciones. Si esas chicas, en vez de tener que comer pollas a 20 pavos, tuvieran la posibilidad de una operación pagada por el Estado, que a fin de cuentas, bien que cuenta con ellas a la hora de amoquinar y ya se está pensando en legalizarlas. Por lo menos, me consuelo, de la viruta que ganan los muy cabrones no ven ni un duro.

Sepharad

Y seguimos para bingo. Supongo que se habrán enterado de la pataleta de Carod-Rovira en Israel. En estas también supongo que los israelíes habrán pensado que esto de Sepharad es una casa de putas y que menos mal que a los Reyes católicos les dió por mandarlos de colonias. Imaginen ustedes si no. Esos viejecitos israelíes originarios de, pongamos, Bulgaria, que llevan escuchando hablar español desde hace 500 años y que, literalmete, se ponen a llorar como madalenas cuando les hablan de Sepharad. Imaginen que algunos incluso tienen todavía la llave de la case de Toledo, o de donde sea, de la cual tuvieron que darse el piro por culpa del fanatismo atávico de este maldito país. Unos auténticos hijo de puta. En el buen sentido. Porque los pobres no dejan de querer y admirar a un país que lo trató como a perros, igual que uno quiere a su madre aunque se dedique a hacer esquinas. Pues bueno, en eso que están allí los Isaacs y las Myriams hablando ladino con sus llaves a cuestas y aparece un sujeto como Carod Rovira. Y encima el tipo se pone de moños porque no le ponen la bandera de Cataluña. Alguno, supongo -los judíos son gente culta y algún historiador habrá- se quedará flipado cuando se entere de que el analfabeto este anda pidiendo que le pongan la enseña del rey de Aragón. Puede que ese mismo señor o señora, se ponga a pensar y a decir, coño, pero si mi familia viene de Barcelona, y no recuerdo que nos hayan transmitido sentimiento nacional periferico alguno. Joder! Yo pensando toda la vida que era sefardita, o sea, de Sepharad, y resulta que no, que soy judío catalán -o lo que sea- y que tengo que ponerme como una moto ante la bandera aragonesa. Manda huevos. Quinientos años viviendo una farsa. Menos mal que ha venido el subnormal este del bigote y me he enterado a tiempo. Y menos mal que soy israelí y, pese a tener que aguantar los zambombazos de Hamas de vez en cuando, no tengo que lidiar con sopladores de vidrio de este calibre. Oh, Sepharad! Menos mal que nos dimos el piro.

hecho diferencial

¿Recuerdan ustedes aquellas declaraciones de Jimenez de Parga referente a unas fuentes de colores? Sí. Aquello de que en Andalucía ya teníamos fuentes de colores cuando aquí vivían en chozas y tal. Bien, pues resulta que le he estado dando vueltas a la cosa a raíz de leer “El puente de Alcántara”, una novela ambientada en pleno siglo XI. La Edad Media –cosa que nunca reconoceré ante mi amigo Chorche- me parece apasionante y, siempre que puedo, leo algún libro (novela o ensayo) ambientado en la época. El caso es que sí, vamos que tenían fuentes de colores en Andalucía cuando los bárbaros montañeses del norte no veían el agua ni en vaso. Y sí, en Córdoba había una biblioteca que te rilas merced a una clase intelectual del 15. Si quieren ustedes más información les recomiendo un tocho –pero tocho- de libro entitulado "Al.Andalus. Estructura antropológica de una sociedad islámica en occidente” de Pierre guichard. Y si no, pues tírense ustedes de cabeza a las novelas, que cunden más y encima te enteras más o menos lo mismo. Pues eso, que estoy yo ayer leyendo y me hizo gracia una cosa que antes había leído también en un libro de los llamados serios. Al parecer, los moros, los andaluces, a los cristianos del norte les llamaban “españoles”. Osea, que aquí los moritos de la morería eran andaluces y el resto españoles. Vamos, que Andalucía no era España y , por ejemplo, Cataluña, sí (cosa que a cualquier aficionado a la Historia de Roma ya sabrá de sobra, incluyendo, además, Andalucía, o la Baetica como la llamaban entonces). Y eso en el siglo XI. Así que bueno, miren ustedes, a tanto pazguato de tres al cuarto y tanto bobalicón de pueblo fan de Asterix le recomendaría que leyese un poquito antes de hablar de España como de un engendro del franquismo. De hecho y para que vean, cuando hablaban de españoles incluían a portugueses también. Que luego ellos, los muy subnormales, ya se encargaban de liarse a guantazos y decir oye, que yo soy de León, castellano de mierda. O cosas asín. Y visto y visto y leído lo leído que le vayan a vender la moto de que esto no es España a su señora madre.

El apaño de la Faraona

Conmmocionado acudí ayer a una de las últimas entregas de la vida de un personaje clave de la Historia de este país que antes se llamaba España. Resulta que, contra todo pronóstico, la Agustina de Aragón de nuestros días tenía un apaño. Estupefacto, consternado, fuera de mi, contemplé en compañía de mi señora madre cómo el amante de Lola Flores lloraba en la pantalla. Y es que este país no volverá a ser el mismo tras la revelación. El mito tenía los pies de barro, señores. Auqella madre devota, esposa fiel, amante entregada, era una cualquiera.
La revelación se produjo en hora de máxima audiencia. Millones de españolitos se arremolinaron ante la pantalla del televisor para escuchar las revelaciones del "amigo" de la Faraona.
Les he de confesar que el tema me pilló leyendo un libro. Una de esas cosas con páginas y sin dibujos que algunos leen con fruición. En fin, que no pude menos que dejar el susodicho sobre la mesilla -durante algo más de 5 minutos- y entregarme deviotamente a aquella catársis. Qué planos, qué lágrimsas, qué desconsuelo. Y una sóla idea rondando en mi cabeza : menudo país de mierda.

Borregos

Aquí me tienen ustedes de nuevo. Recuperado y descansado tras dos semanas de curro agotador. Lo malo del asunto es que este fin de semana he acudido como testigo a dos hechos lamentables. A saber, la victoria del Barça y la peregrinación del Rocío. Dos hechos que me han ratificado, una vez más, en la opinión de que vivo en un país de gilipollas. Porque esto no tiene otro nombre. No tiene nombre el salir del currelo a las doce y media de la noche y toparte con una panda -miles y miles- de capullos tocando el cláxon, gritando en pleno estado de éxtasis. Que sí. Que visca el Barsa y visca Cataluñalandia, que sí. Pero por favor, en tu casa y con tu señora. No a las tantas por una ciudad impracticable a causa del borreguismo humano. Porque a ver de qué que una panda de monos -untermenchen los llamaba uno- millonarios provoquen lo que provocan. Mire usted, si ganan la liga los millones, las putas y la farlopa se la llevan ellos, no usted. Usted, querido amigo, se queda con su piso de 60 metros, su maruja y su curro de 600 euros al mes. Y mañana, querido soplapollas, seguirá usted aguantando al estúpido de su jefe tras meterse dos horas de metro y autobús entre pecho y espalda. Y si eso no es ser un pringao, que baje Dios y lo vea.
Que lo celebren lo ostros, los monos, pues tiene su sentido. Al fin y al cabo viven del tema, y se trincan una pasta gansa por darle al esférico. Son ellos, y no la caterva de tontos del culo, los que se trincan las lumis ­como ya he dicho-, tienen novias top model igual de subnormales que ellso y van a trabajas en Ferrari o en BMW. Que se alegren ellos, que además suelen ser de clase humilde y algunos incluso pobres de solemnidad, pues de coña, un aplauso de mi parte. Pero lo demás ya es de juzgado de guardia. Y eso por no hablar de lo del Rocío. Eso sí que toca la moral cuando ves a según qué energúmenos pasándose criaturas en volandas como si fuesen bolsas de la compra. Total ¿para qué? Para que toquen el manto de la “sin pecado” o como coño la llamen. Panda de vividores, señoritos de medio pelo, folklóricas copn el arroz pasado y su coro de palmeros finos -aquí sí, literales- hasta la cofia de cocaína y fino La Ina, que hasta rima y todo, mireusté. Pues eso, que ahí los tienen. Dos millones de soplagaitas que no se echarían a la calle ni auunque les privatizaran el respirar. Una panda de borregos, qué iluzión, vé a la virhen, compadre. Ehto eh lo mah grande. Con sus ataques de histeria y ese look innenarrable que mezcla trajes de sevillana (o de cordobés) con gafas de sol estilo pantalla de rádar.
Vergüenza lo que siente uno ante tanto majadero y tanto asaltarenes. Borregos, que se dan de hostias por su Barça o su virrgen del rocío. Pane et circus, que dedcían los romanos. Aunque por lo menos en el circo a los futbolistas de la época, los gladiadores, y a los devotos de la virgen los pasaban a navaja. Qué tiempos aquellos.

Floreros

Llevo un par de días sin escribir. No por falta de ganas sino por saturación. A este humilde periodista en prácticas le han mandado cubrir el Salón del automóvil. Ya se pueden ustedes imaginar el trajín diario que la cosa conlleva. Pues eso, que entre pitos y flautas la cosa está complicada para encontrar un hueco y darle -más si cabe- a la tecla.
El caso es que estoy disfrutando como un enano. De sobras es conocida mi afición por los vehículos contaminantes de 4 ruedas. Todo el santo día entre carros que cuestan un huevo de la cara. Pero entre tanto lujo y tanta historia hay una cosa que me ha tocado singularmente las maracas. A priori algo que debería-- y de hecho lo hace-- gustarme.- resulta que en cada estand, o como se diga, hay 3 o 4 señoritas con ropas sugerentes y con cara de hola, qué tal. Están de toma pan y moja las zagalas, tendrían ustedes que verlas. El problema viene cuando te paras a pensar un poquito sobre el tema. Al fin y al cabo son chaviltas jóvenes, de no más de 25 años, con unas pintas de diez mil y la cama aparte que alucinas (aunque la experiencia me dice que una o dos de cada diez se dedican a ello profesionalmente, cosa harto respetable por otra parte) . Vale, están tremendas y dan ganas de subirte al Jaguar y darle un repaso allí mismo a la niña. Pero, joder, cuando las ves horas y horas allí en plan estatua sin moverse y con su sonrisa profident te da un no sé qué que qué sé yo. Mal rollito, vamos, de verlas a las pobres en plan florero aguantando cincuentones babosos. A ver. Uno cree que cada cual se lo monta como puede. Y si Dios, o quien sea, te ha dado un par de domingas del 15 y un cuerpazo que quita el hipo, pues vale, sácale provecho. Lo jodido es que nos vienen a vender un par de motos con tanta posecita. A saber, que las mujeres son floreros –porque tordas con taje poquísimas— y que si te compras el útlimo modelo de Mercedes deportivo te llevas, junto con el navegador GPS, a la jaca del vestidito ceñido. Un poquito de porfavor. Y miren ustedes que uno es de todo menos feminista. Pero pasa de castaño oscuro que utilicen a la peña como ganado. Porque esas tienen padres, madres, hermanos y hermanas y toda una serie de parentela y amigos que las ven de otra manera. Y aunque, por lo que he podido escuchar, sus coeficientes intelectuales se equiparan a los del mundo vegetal, eso no quita para que cuatro pastosos se aprovechen del percal. Que no.

La risa de la señora Bush

Qué risa, oigan, qué sentido del humor. La señora de Bush, a la sazón presidente de los yuesei, se marcó la otra noche un monólogo a lo Andreu Buenafuente. Supuraba humor e inteligencia, sólo había que verla. Luego todo el coro de palmeros finos, chupaculos, pelotas y correbeidiles le doraron la píldora. Lo mejor fue cuando la señora de Bush se puso a montar coña respecto a la facilidad de su marido a utilizar la motosierra, comparando dicha afición a su particular visión de la política exterior. Qué cómico, sobre todo para esos irakís que han aguantado dos guerras, un embargo económico, bombardeos por un tubo y la actual escalada terrorista. Qué gracioso, de verdad, es que me parto. El bueno de George y sus colegas, Rumsfield y Chenney, tan flamenco ellos arreglando el mundo.
Todo el mundo reía. Todo kiski con esas sonrisas de escualo que ponen los que manejan el cotarro. Qué divertido todo. Pero aún podría ser más divertido. Sí, podría ser mucho más divertido. Especialmente si resultara que uno de aquellos camareros hispanos con cara de ciscarse en todo lo que se menea resultase que no fuera hispano--ya se sabe que estos de piel oscura se parecen todos--, sino moro del mundo moruno, concretamente de Bassora o de sus alrededores. Un tipo al que Sadamm mató media familia durante esa dictadura fascista apoyada por los EEUU. Veterano de la guerra contra Irán; un conflicto financiado también por los yankis para tener a raya al majareta de Jomeini. Pongamos también que nuestro morito es un chií de los que se rebelaron contra el sátrapa cuando entró Schwarkopf en el 91 en plan Séptimo de Caballería, y al que dejaron tirado como un perro cuando los benditos Estado Unidos se lavaron las manos mientras Saddam pasaba a navaja a cuantos kurdos y a chiís revoltosos le rotaba. Pongamos que nuestro camarero es uno de esos. Y pongamos también que entre el J&B con cola y la copita de Jim Bean, el amigo se saca de la bata blanca un UZI de fabricación israelí--para darle más morbo al asunto--y se pone en plan fallero valenciano, montando una mascletá como Diós manda. Entonces iban a ver ustedes lo que es sentido del humor, lo que se puede llegar a reir uno cuando el 9 mm lo tiene un tipo bajito, moreno y con cara de mala hostia. Una risa, oigan, una auténtica risa.

La risa de la señora Bush

Qué risa, oga, qué sentido del humor. La señora de Bush, a la sazón presidente de los yuesei, se marcó la otra noche un monólogo a lo Andreu Buenafuente. Supuraba humor e inteligencia, sólo había que verla. Luego todo el coro de palmeros finos, chupaculos, pelotas y correbeidiles le doraron la píldora a la torda. Lo mejor fue cuando la señora de Bush se puso a montar coña respecto a la facilidad de su marido a utilizar la motosierra, comparandodicha afición a su particular visión para solucionar prblemas mundiales. Claro, qué cómico, sobre todo para esa getne que ha aguantado dos guerras, un embargo económico, bombardeos por un tubo y la actual escalada terrorista en Irak. Qué gracioso, de verdad, es que me parto. El bueno de George y sus colegas, Rumsfield y Chenney, tan flamenco ellos arreglando el mundo.
Todo el mundo reía. Todo kiski con esas sonrisas de escualo que ponen los que manejan el cotarro. Qué divertido todo. Pero aún podría ser más divertido. Sí, podría ser mucho más divertido. Sobretodo si resultara que uno de aquellos camareros hispanos con cara de ciscarse en todo lo que se menea resultase que no fuera hispano--ya se sabe que estos de piel oscura se parecen todos--, sino moro del mundo moruno, concretamente de Bassora o de sus alrededores. Un tipo al que Sadamm le mató a media familia durante esa dictadura fascista apoyada por los EEUU. Veterano de la guerra contra Irán. Una guerra financiada también por los yankis para tener a raya al majareta de Jomeini. pongamos también que nuestro morito es un chií de los que se rebelaron contra el sátrapa cuando entró Schwarkopf en el 91, y al que dejaron tirado como un perro cuando los benditos Estado Unidos se lavaron las manos mientras Saddam pasaba a navaja a kurdos y a chiís revoltosos. Pongamos que nuestro camarero es uno de esos. y pongamos también que entre J&B con cola y copita de jim bean, el amigo se saca de la bata blanca un UZI de fabricación israelí--para darle más morbo al asunto--y se pone en plan fallero valenciano, montando una mascletá como Diós manda.Entonces iban a ver ustedes lo que es sentido del humor, lo que se puede llegar a reir uno cuando el 9mm lo tiene un tipo bajito, moreno y con cara de mala hostia. Una risa, oigan, una auténtica risa.

Turistas

No los soporto. Lo siento pero cada vez los aguanto menos. Vaya donde vaya me encuentro al rebaño de guiris de turno bebiendo sangría, entorpeciendo el tráfico peatonal o trincándose una jarra de sangría. Lo de Barcelona raya ya la invasión en toda regla. No se veía tanto gamba desde que llegaron los visigodos. De entre toda la diversidad humana, a la única que un servidor no soporta es a la de guiri descolorido en su variante turista. El 99% no tiene ni pajolera idea de dónde va, y así los ves, con sus sombreros mejicanos en plenas Ramblas. Ni papa de catedrales góticas, ni rincones con Historia, que va, ellos tan contentos de meterse unas cuantas jarras de Estrella entre pecho y espalda. Y al final pasa lo que pasa. Acaban bolingas perdidos montando el numerito en cualquier esquina.
Los peores los anglosajones. Panda de vikingos incivilizados. Qué pena de Armada Invencible, oigan, qué pena. En según qué momentos uno empieza a sentirse hooligan de Felipe II.
Lo peor del tema es que mi ciudad se está volviendo un parque temático. Algo normal si tenemos en cuenta que los ibéricos vendemos a nuestra madre por un plato de lentejas. Pues eso, que Barcelona da asco de lo chupiguay y lo moderna que es. Todos los bares con sus diseños vanguardistas y ni una puta tasca para tomarse una cerveza en condiciones. Mucho colorín y mucha historia, pero están dejando a esta ciudad sin alma. Y claro, te ves abocado al compadreo con los teutones. Lo peor es cuando se ponen a gritar, hasta el ojete de cerveza, cantando cualquier cosa ininteligible. Por Dios, donde está la Guardia Civil cuando se la necesita. Vaya asco de país éste que, dándole mil vueltas en civilización e Historia a cualquiera de esos de por ahí arriba, acaba siendo famoso por la priba barata y el desmadre veraniego.

Pijísimos

Ayer fue uno de aquellos días en los que te pasan dos o tres cosillas que te dan que pensar. Resulta que, como ya les he dicho unas cuantas veces, trabajo en pijolandia. Concretamente en un edifico que supura capitalismo decimonónico por cada una de sus ventanas. Como obra arquitectónica tiene hasta su puntito. La mayoría de plantas están ocupadas por asesorías financieras y tinglados por el estilo. Así que, como no es de extrañar, alguna vez te cruzas con el personal al subir en el ascensor. Y ayer fue uno de esos días. Concretamente a las 18:30 hora zulú. En eso que se abren las puertas de acero pintadas de bronce y salen cuatro tipos encorbatados. Sus pelitos largos—ahora les ha dado por dejarse melena, manda narices—, sus trajes azules impecables y sus corbatas de diseño. Unos auténticos tiburones de moqueta, de esos que venden a su madre por una Opa hostil. Nada nuevo bajo el sol, uno ya los tiene muy vistos, se deberían de pensar que aquí el que escribe era un mensaka o algo por el estilo porque ni me miraron. El caso es que una vez en la redacción, en uno de esos momentos en los que no hay nada que hacer, pillo el suplemento semanal y me veo a uno calcadito a los mencionados en la portada. Resulta que le hacían una entrevista/reportaje all propietario de Globalia, un holding o como se llame de empresas dedicadas al turismo. El fulano en cuestión tiene 34 tacos y está forradísimo. Amigo íntimo de Ronaldo, mujeriego—a ver si no—y con una mansión de 1000 metros cuadrados. Un pisito de soltero. Pues el amigo le comentaba al peridista que nunca, nunca, trabaja más de ocho horas. No se nos vaya a cansar el niñó. También decía el gachón que cada noche le decía a Lita, la chahca, que le preparase un baño con sales e incienso. Que la vida está muy mala y hay que cuidarse. El tipo tenía un BMW serie 7 para ir a currar, ya saben, un utilitario que gasta poco y lo puedes aparcar facilmente.
El resto de la entrevista seguía la tónica. El amigo, igual que los tiburones que les he mencionado, llevaba sus greñitas y decía que le gustaba el Rock&Roll. Me emocioné de veras al verlo sobre la mesa del comedor de su casa—una mesa que parecía la pista de despegue de un Jumbo—con una guitarra eléctrica regalada por su amigo Brian May.
En fin, que el tipo era para echarle de comer aparte. Uno se acuerda de sus colegas, gente, en algunos casos, con dos carreras, que curran en un kiosko, de comerciales o cosas por el estilo. Y claro, una oleada de mala leche recorre tu cuerpo serrano. Ay que ver, que haya gente así en este puto mundo donde palman cada día mogollón de niños y adultos de mil cosas diferentes por no tener un duro en el bolsillo.
Pero en eso que, como uno tiene sus ligeras nociones de Historia, me acuerdo de según qué cosas. Recuerdo que, una o dos veces cada siglo, a la gente se le hinchan las pelotas de aguantar a tanto parásito y vividor de tres al cuarto. Recuerdo el afeitado a navaja que le hicieron al tonto del culo de Luís XVI. El paseo turístico guiado del que disfrutó el zar Nicolás II por Ekaterinenburgo. O, ya más recientemente, todas esas imágenes del Tercer Mundo en las que un negro, un chino, un árabe, un latinoamericano, o lo que sea, enarbola un Automatik Kalashnikov 1947 (AK-47 para los íntimos) y sonríe con con una mirada que dice te vas a enterar tú de baños con sales, hijoputa. Y en eso que me dio como un alivio, un calorcillo agradable y una sonrisa de oreja a oreja.

Carta a un Nobel

Señor Gabriel García Marquez, permítame usted que le escriba esta carta con motivo de su actual visita a la ciudad de Barcelona. Le escribo esta espístola, que usted no llegará a leer en los dos telediarios que le quedan de vida, con un motivo muy concreto. Vaya ante todo mi admiración por su obra literaria y periodística, de la cual no puede, este que escribe, decir sino halagos. Pero como lo cortés no quita lo valiente, también le diré que, a mi modesto parecer, el Nobel se lo tenían que haber dado a Borges. Dicho lo dicho, le comunico que si usted no quiere que le graben o fotografíen periodistas, se quede usted en su casa. Más que nada porque va teniendo ya usted una edad, y le pega más quedarse en el hogar leyendo en la mesita camilla que liarse en según qué saraos. Lo digo por sus declaraciones en las que advierte que como no le dejen en paz los periodistas no vuelve a Barcelona. Por mi como si se la machaca, oiga. Si no quiere usted venir a Barcelona pues muy bien. Aquí paz y después gloria. Como si no supiese usted lo que es ser periodista y montar guardia esperando a que aparezca cualquier divo para ponerte cara de asco. O a lo mejor se cree que los compañeros están a las tantas a la intemperie esperándole para ver su bonita cara arrugada. No vaya a creerse, por mucho que insista su coro de palmeros finos, la única cocacola en el desierto. Y lo dicho, si no quiere que le graben ni le fotografíen, se queda usted en su mansión o lo que tenga por Colombia. Porque si no le gusta el tema, siendo usted periodista como es y sabiendo de qué va el percal, habérselo pensado dos veces antes de ser figura pública y apuntarse a todas la jaranas. Como si le preguntasen a usted con quien se acuesta como a Marujita Díaz, vamos hombre. Así que ya lo sabe. Por mucho que le bailen el agua los cuatro tontos del culo de siempre, y por muy escritor y Nobel que sea usted, aquí gilipolleces las justas. Y le recuerdo, si me lo permite, que está en una edad ideal para jubilarse, irse a Benidorm con los de su quinta, y dejar de decir chorradas cada cinco minutos.

Primavera

Tengo a los colegas alterados.Por fin llegó el buen tiempo, el calorcito, la abejitas y las florecitas. Ya me entienden, cuestión de hormonas. Es que es normal, no vayamos a leches. Camina uno tan ricamente por la calle y no hace más que toparse con mozas de buen ver ligeritas de ropas. Y ni los colegas ni el que escribe somos de piedra. La carne es débil, para qué nos vamos a engañar.
Entre lo nacional y lo foráneo lo tienen a uno frito--en elsentidoliteral--. Tanto escote, tanto tanguita y tanta relajación de costumbres. Esto en Irán no pasa. Ahora, que tampoco los iraníes se pueden regalar la vista como los ibéricos. Que se jodan.
Volviendo al tema, mis señores amigos están todo el día con lo mismo. Que si fijate en esa, que si mira que culo,que si por Dios, eso no lo hace ni un arquitecto. En fin, una panda de quemaos del 15. La mayoría con novia, no se vayan ustedes a pensar, y con su cartilla de racionamiento en toda regla sellada cada sábado por la noche por su respectiva. El famoso sábado sabadete. Pues eso, que no tienen perdón de Dios. Y ahí seguimos los solteros. Trabajadores temporales, y en precario, de esto del hola qué tal, cómo te llamas. Más salidos que el rabo de una boina. Menos mal que el ser humano, en su inmensa inventiva, creó las gafas de sol. Practiquísimas para que no te pillen con la mirada clavada en las regiones meridionales de anatomía femenina.
Según mi propia teoría, personal e intransferible, estas señoritas de buen ver están almacenadas durante el invierno en inmensas naves industriales. Cuando llega el calor, por eso de mortificarle la existencia al personal,las sueltan en tropel por la ciudad. O a lo mejor me equivoco, y lo que pasa es que durante la primavera,la madre naturaleza,que es la leche, te pone las pilas y acabas como el conejito de Duracell pero en plan sátiro.

Moda moderna

Tengo la inmensa suerte de trabajar en uno de los lugares más bonitos de Barcelona; el Paseo de Grácia. Es una auténtica gozada bajarse del autobús una tarde de primavera y recorrer la ilustre avenida barcelonesa entre guirirs y jamonas. Lo de las jamonas se acentúa en estas épocas de calor. Qué maravilla para la vista alternar las arquitecturas modernistas con las modernísimas esculturales. Pero a lo que iba. Siempre que bajo paseando me fijo en los escaparates. Sabido es que el Paseo de Gracia es el equivalente con barretina de la Quinta Avenida neoyorquina. Aquí se instalan todas las firmas de moda de nivel. Una pasta, oigan, lo que cuesta cualquier trapito ultramoderno de los que exhiben los escaparates. Lo jodido del tema viene cuando te fijas en la ropa masculina. Me indigno. A ver de qué me voy a vestir, a estas alturas y con casi treinta tacos, de mequetrefe. Vaya pintas que tienen los pobres maniquís. Si es que dan hasta pena.
La sangre no llegaría al río si sólo se tratase de un escaparate. Pero es que lo hacen todos. Al lado del trajecito apañado de Ives Sant Lourant, o como coño se llame el amigo, siempre se exhibe un maniquí con ropa de payaso. Tampoco es que uno sea excesivamente clásico, pero todo tiene un límite, y según que ropitas se las puede ir poniendo la señora madre de alguno. Una conjura, se lo digo yo. Una auténtica maquinación sinárquica para acabar de agilipollarnos. Porque esa ropa antonta, no jodamos. Tanto colorín colorado y tanta solapa, no pueden ejercer una influencia positicva sobre el portador. Yo, por ejemplo, veo a un gachón con eso puesto y me decojono durante dos horas seguidas. Serán muy caras, muy chachis y muy modernas, pero a un servidor de ustedes no le verán pasando por la puerta. Como no sea para mirar a las dependientas no entro.
Pues eso. Que en la actual conjura por volvernos estúpidos de solemnidad, los diseñadores de moda se han unido con ahínco a la empresa. Eso por no hablar de lo poco masculino del atuendo, que ese es otro tema. Porque a ver de qué van a vestir a un servidor de loca--con todos mis respetos para las locas, que no gays, pues es otra cosa--por la jeta. Que no. Prefiero pasarme tranquilamente de moda a que me vistan de lagarterana.

La viejecita

Me deben de haber tomado por un alienígena. La verdad es que le he subido los colores a más de uno, cosa que me ha alegrado mucho, no se vayan ustedes a pensar. El caso es que venía en el 7 a Paseo de Gracia camino de la redacción. Yo todo puesto, con mi pinta de JASP habitual y pasando muchísimo de la parroquia. A mi rollo, leyéndo la última joya de APR--entre carcajada y carcajada--sentado tranquilamente en el autobús. Y en eso que se sube una viejecita. Una señora octogenaria, muy arreglada y con esa cara de haberlas pasado putísimas que tiene la gente a según qué edad. La buena mujer se me ha ido a poner mi vera, agarrándose desde su escaso metro sesenta a la barra del autobús. Coño--me he dicho--levántate y déjale el asiento, no seas mamón. Dicho y hecho. Pues no se imagianan ustedes la cara que me ha puesto la señora en cuestión. Un muchas gracias, joven, que me ha llegado muy dentro. Uno que tiene su corazoncito. Tenían que haber visto ustedes la cara de asombro que ha puesto la cohorte de capullos que llenaban el 7. Para grabarlo en vídeo. Total, porque aquí el amigo, un veintinueveañero de buen ver, le ha cedido su asiento a una viejecita. Lo mejor ha venido luego. La señora se ha levantado en una parada y, antes de bajarse del autobús, ha vuelto a darme las gracias con una sonrisa de oreja a oreja.
Como se pueden ustedes imaginar he vuelto a sentarme en el asiento vacante y esta vez me he adelantado descaradamente a cuantas marujas se me han puesto por delante. Les he hecho un favor, no se crean, seguro que les va de coña para esa celulitis que no se quitan a base de Biomanán.
No sé el resto de gente que ha mirado hacia otra parte cuando ha subido la viejecita al autobús, pero aquí al menda la sonrisa de la viejecita le ha alegrado considerablemente la tarde.

Cosas veredes...

Hace cuatrocientos años un señor manco publicaba una novelita de cachondeo en la que a un hidalgo manchego se le iba la olla y salía por esos mundos de Dios a hacer el caballero andante. Un tipo flaco, cincuentón, cristiano viejo y de buena familia lo dejaba todo para ir a buscar la gloria por una Piel de Toro miserable y desagradecida.
Nacía el Quijote de la mano de un ex soldado de Felipe II. Don Miguel se dejó media vida y una mano luchando contra el turco frente a la costa griega defendiendo la fe erdadera y el honor patrio. Qué no se diga. Todavía era la época en la que los saraos nos salían bien y nos temían por medio mundo. Cafres, sí, pero con un par. En los territorios del Rey prudente no se ponía el Sol y ser español tenía su puntito. Más o menos como ser americano ahora, del norte, se entiende.
Pues aquel viejo soldado, preso en Argel, veterano del humo de mil batallas, acabó su vida más pobre que un perro. Cosa natural, por otra parte, en esta tierra de desagradecidos. El autor más importante de nuestra literatura. Lamentable.
Cuatro siglos después le montan el chiringuito del desagravio. Una jamona estupenda presenta un Telediario a la sombra de un molino manchego y nos sacan la efigie del Quijote hasta en camisetas. Programas especiales, señores ilustres y literatos encantados de haberse conocido elogiando la obra de Cervantes. Aquí, por estas tierras cervantinas periféricas, algún soplapollas se indigna porque se intente pillar algo, aunque sea de rasquis, aprovechando que el hidalgo pasó por aquí buscando el mar. Se entiende que el Quijote era u tipo hispano y, por ende, fascista. Puestos a elegir,se dicen qué coño no sacan al Tirant lo Blanc, el tirante el blanco que también leyó nuestro caballero de la triste figura.
Yo lo leí en el instituto. De aquella época también recuerdo haber leído a Shakespeare por primera vez. Tenía su gracia. Me gustó especialmente Macbeth, pedazo de hijo de puta. El caso es que el Quijote me gustó más. Y no por chovinismo sino por el cachondeo que se traía el hidalgo castellano. Pocas veces he leído algo que representase tan bien cómo somos. Personalmente creo que la gracia del Quijote se haya ahí; en lo mal que nos pone pero la gracia que tiene el jodío. Es una novela que se lee sola, divertida, trágica y con su mucho de ternura. Le coges cariño al loco, y al final te da un no se qué cuando se muera. Es, salvando las distancias, como si se muriese alguien de tu familia. El Quijote lleva muriéndose cuatrocientos años en la vida de los españoles. De él hemos sacado lecciones y ejemplos. Al fin y al cabo era un tipo que buscaba la justicia, y eso tira mucho. El mejor reconocimiento que podemos hacerle es leerlo
A pincipios de siglo XX no se leen novelas de caballerías. Se vende mucho bodrio y cualquier cantamañanas escribe una novelita por el mero hecho de lucir palmito en la tele. Aunque de todas formas siempre nos queda—a los que amamaos la letra impresa—algún rinconcito donde encontrar a gentes de valía. Alguna paradita de libros de segunda mano en la que encontrar un pequeña joya. Toda una aventura encontrar un libro amarillento. El placer de oler a rancio en sus páginas. Algo parecido a lo que debió sentir nuestro héroe cuando hojeaba el Amadís de Gaula.
Al final todos elegimos el motivo de nuestra locura. Y todos, sin excepción, cargamos al galope contra nuestros molinos de viento.
Cosas veredes, amigo Sancho. Cosas veredes....

Sant Jordi

Bonito día, sí señor. Todo el mundo con su rosa y esas paraditas de libros tan monas que monta todo kiski para sacarse un duro. En esta fiesta tan y tan catalana—iniciada por el general Miguel Primo de Rivera—a uno se le encoge su corazoncito literario. Ver a tantas personas interesadas por la lectura hace que el observador se pregunte si será cierto aquello de que en este país se lee poco.
Por lo pronto tenemos la polémica servida por obra y gracia de un manifiesto. Los escritotes “serios” están que trinan porque los “mediáticos” venden más que ellos. Ah, se siente. Es lo que tiene salir por la tele. A partir de ahora para vender más libros que nadie ya saben, salgan por la caja tonta. Y si además se bajan ustedes los pantalones a la mínima de turno o son más truchas que Boris Izaguirre, pues mejor que mejor. Por montar espectáculo que no se diga.
Lo que realmente es de risa es la distinción entre autores “serios” y “mediáticos”. Vamos, que a estas alturas me salga el pesado de Baltasar Porcell como insigne escritor “serio” es para mear y no echar gota. Un tipo que ha salido hasta la saciedad en cuantos programas de TV3 se puedan ustedes imaginar y que ahora arremete de forma implacable contra los “mediáticos”. Antes me compro el libro de Buenafuente que el último ladrillo de Porcell.
De todas formas esto ya lo advirtieron los señores de la Escuela de Frankfort allá por los años veinte del siglo pasado. No sé si habrán oído hablar de “la industria de la cultura”. Pues más o menos venían a decir que la cultura se estaba convirtiendo en una industria más, que la obra de arte se convertía en un bien de consumo, y que el autor pasaba a ser un mero productor. Casi na. Cien años después salen unos tipos ilustradísimos quejándose de algo que ya se advirtió cuando Franco era cabo. Manda narices. Pero es lo que pasa cuando los escritores “serios” de este país son—salvo honrosas e ilustres excepciones—para mearse de la risa.

Cultura

Un ilustre profesor de periodismo cultural me dijo—a mí y a más gente—que el elemento definitorio y sustancial de la cultura es la lengua. Lo dijo y se quedó tan ancho el hombre. N el momento de la aseveración me imaginé al pobre Levy Strauss pateándole el higadilllo al buen profesor con una botas de puntaera de acero. Uno ya se ha acostumbrado a oír barbaridades en las aulas universitarias, pero hay cosas que no te pueden dejar indiferente. El caso es que, entre el aprobado y la polémica, opté por el aprobado. Así que tras levantar la vista del periódico que estaba leyendo, puse cara de asco y continué con mi lectura.
El tipo insistía. A ver por qué narices Barcelona tiene que gastarse 20 millones de euros en promocionarse como ciudad cervantina—manda cojones—. Y a ver también por qué oscuro y españolísimo motivo tienen que representar “Fuenteovejuna” en el Teatre nacional de Catalunya. Según este maromo cultura catalana es la que se hace en catalán, y la que no, por mucho que la hagan artistas e intelectuales catalanes, no lo es ni de coña.
Así que Manuel Vázquez Montalbán no es cultura catalana, ni Eduardo Mendoza, pese a que ambos han escrito las mejores páginas sobre mi ciudad natal y bilingüe—Barcelona, mon amour—. Por esa misma regla de tres, un pintor como Tápies hace arte catalán porque pinta sus obras mientras piensa en catalán. Pero otro cualquiera que haya nacido aquí, que viva en este bendito país pero que no hable catalán, no puede ni debe incluirse en el selecto y exclusivo mundo de la cultura catalana—como si los cuadros hablasen—. Siguiendo el razonamiento del ilustre profesor, el autor de estas líneas no pertenece a la cultura catalana. Es más, su cultura es la misma que la de un guineano ecuatorial o un colombiano—gente que vive a miles de kilómetros, con estructiras mentales diferentes y, en muchos casos, creencias diferentes—pero difiere de la de su compañero de pupitre catalanoparlante—que sí comparte con uno una serie de lugares comunes y gustos—.
Esto de definir lo que es y lo que no es una cultura entra dentro de lo pantanoso. Cada vez que se intenta definir que es la cultura se tiene la impresión de haberse metido en un jardín. De la misma forma, siempre existirán flamencos como mi profesor capaces de pasarse años de investigación antropológica por el arco de triunfo y correrse de gusto ante lo más rancio del nacionalismo alemán del siglo XIX.

Rectificación

Donde dije digo, digo Diego. Resumiendo, que el artículo que escribí ayer ha quedado desfasado. De bien nacido es ser agradecido, por lo que el aquí presente enmienda el error y les comunica que ha pasado a formar parte de la sección de cultura (en Cataluñalandia) del segundo periódico más vendido de este país (sin concretar el país para no dar demasiadas pistas). Y prueba de ello son las horas intempestivas en las que escribo este artículo de hoy. Vísperas ya del día 21 en las que un servidor de ustedes le ha dado a la tecla hasta decir basta y ha firmado varias piezas que verán publicadas mañana.
Parece que la cosa se mueve.

Becarios

La figura del becario ha quedado inextricablemente ligada a la oronda figura de la señorita Lewinski y aquella celebérrima succión de miembro presidencial. La mamada, como metáfora, representa fielmente la figura del becario. Si bien se supone que uno accede a una beca para aprender, desarrollar sus capacidades y formarse como profesional, la triste realidad le confronta a uno con la faceta más chorra del ser humano. A saber: muertos, cines, programacion de televisiones locales y maquetación de artículos de opinión ajenos. Artículos que, por otra parte, son para mear y no echar gota. Tendrían ustedes que verlos, con sus faltas ortográficas y gramaticales y la incapacidad del opinador en cuestión para limitarse a un número establecido de palabras. Cuarenta del ala que se lleva el maromo al que acabo de editar por escribir cinco líneas de perugrolladas. Frustrante labor la de mamporrero, más cuando no te dan ni para pipas. En fin, la esperanza es lo último que se pierde.