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Educación, por favor

Yo ya no sé si me lo tomaré con estoicismo o a la primero me lio la manta a la cabeza y acabo en Burkina Faso. Allí por lo menos no tendré que aguantar las gilipolleces de mis compatriotas con respecto a las más insospechadas paridas.
Lo que nos diferencia de cualquier país civilizado, con su revolución de turno a cuestas, es que aquí la educación siempre ha sido algo secundario. Al colegio se lleva a los niños a que no den por culo y a que los maestros los aguanten hasta que la Paqui y el Manolo de turno los recogen como se recoge el coche del parking. Y por la noche que no molesten y dejen ver tranquilamente el Crónicas, que el día ha sido muy jodido. Ya se sabe que la telebasura es mano de santo para eso.
Lo dicho, que al cole se va a pasar el rato y, si el niño sale rarito y lee, pues oiga, a lo mejor puede estudiar una carrera y acabar siendo un parado culto como tantos cientos de miles.
La diferencia fundamental con nuestros vecinos, repito, es que aquí nadie se toma en serio la educación. Los institutos son de todo menos centros de enseñanza. El que escribe puede contar con los dedos de una mano los profesores buenos que tuvo en su etapa de escolar y bachiller. Una vergüenza. Luego mucho día del maestro y mucha chorrada, pero entre lo monstruito de los churumbeles y la falta de inteligencia del profesorado esto es una casa de putas.
Nuestro políticos, como siempre, durmiendo el sueño de los justos. Que no se enteran, vaya. Cada cambio de gobierno nueva reforma de la ley de educación de turno. Y luego pasa lo que pasa; la generación LOGSE que no sabe poner en el mapa ni una chincheta. Vergonzoso.
Si esto fuera un país en condiciones, sin tanto complejo ni tanta hostia, sin que cada hijo de vecino se dedicara a mirarse el ombligo y a reivindicar la memoria del don Pelayo de turno, a lo mejor se pondrían de acuerdo y se darían cuenta de lo importante que es para un país la educación. Porque alfabetizados tenemos muchos, pero la incultura campa a sus hanchas aun en las aulas universitarias.
Mucho soplapollas es lo que hay, que se preocupa de ponerse la pegatina del burrito en el coche y que se rasga las vestiduras porque en Villarobledo de Abajo no van a saber que es de Barcelona porque en su matrícula no lo pone.
Y mientras tanto la iglesia a lo suyo, como siempre, poniendo el grito en el cielo porque la asignatura de religión no es obligatoria. Como si alguna vez lo hubiera sido, oiga.
A ver si ponemos un poco de sentido común y hacemos como nuestros vecinos. La educación necesita de un gran pacto, de un entente cordiale entre todos los actores sociales. Al fin y al cabo los españolitos del mañana son las pobres criaturicas que sufren las sinrazones de los políticos. Y a su vez estas criaturas serán los políticos de mañana, y no te digo más.
Y si no pues a lo de siempre, oiga. Que inventen ellos, que para eso son extranjeros. Y aquí a tocar las palamas, o a bailar sardanas, según se tercie. Que ya se sabe: lo importante en este país es reivindicar la Edad Media. Aunque no se tenga ni puta idea de lo que fue aquel baile.

Nota del editor...

Siento no haber escrito nad estos días pero he estado sin ordenador. Mañana sigo...

RESACA

Pues eso...

cumpleaños

Madre mía cómo se pasa el tiempo. Hay que ver qué rapidez. Parece que fue ayer cuando íba a romper cristales de las obras tirachinas en ristre. Menudo cabroncete, pero qué quieren, era un chaval de pueblo, de aquellos que van a cazar renacuajos a las balsas y hacen cabañas en el bosque imaginando que era un pirata. Joder, qué tiempos.
Y por qué, se preguntarán ustedes, este ataque de melancolía. La razón es obvia para los que me conocen y saben de números. Hoy cumplo 29 primaveras, casi na. Hace 29 años vino al mundo un niño moreno de grandes ojos verdes (gracias a los cuales a caído más de una incauta) que pesó 3 kilos y medio. Tres días se retrasó el gachón, se ve que estaba muy agusto y ya se imaginaba lo perra que es esta vida. No me quejo, que conste, la vida me ha dado una familia como las de antes, buenos amigos, algún que otro escarceo amoroso y no demasiados disgustos, aunque alguno muy sonado. Qué le vamos a hacer. Ya vamos para la treintena y, la verdad, va apeteciendo un cambio de aires. La vida de eterno estudiante está bien y siempre te puedes pegar el moco de tener dos carreras, pero al final te das cuenta de lo que realmente importa. Creo que mi abuelo era un tipo más feliz en su fragua. Más tranquilo y con la sabiduría de los hombres viejos de pueblo. Un tipo de una pieza que nunca dejó de poner un plato en la mesa para cuatro criaturas. Claro, que a él se lo llevaron a la guerra con 16 añitos, y el que escribe no deja de ser un niñato de clase media.
Van pasando los años, vas llenando el armario de cadáveres –alguno exquisito--, y te vas haciendo un hueco por donde sacar la cabeza. A estas alturas pocas cosas claras hay. Muchos proyectos, muchísimos libros por leer, cantidad de gente por conocer y cada vez más recuerdos a cuestas.
Bueno, Sergito, no te pongas pelmazo que son sólo 29. A ver si llegas a los 90 y te conviertes en lo que siempre quisiste: un viejo cascarrabias que no para de contar batallitas.

PD Ayer fui a un concierto de Celtas Cortos en el Moll de la Fusta. Qué buenos. Acabamos abrazados cantando 20 de abril y a mi me dió un no sé qué. De ser la edad.

Un abrazo Víctor. Joder, que buena está tu novia. Con lo feo que eres, mamón.

Churras y merinas

Yo ya tenía pensado el tema de mi articulito de hoy. Sí, por aquello de ser previsor y no ir dando bandazos. No desvelo el misterio, aunque podrán ustedes leerlo en breve. Pero bueno, ya me lo decía una exnovia: no hagas nunca planes para mañana. Qué razón tenía la moza. Me di ceunta en cuanto me dio puerta y me quedé, como suele decirse, compuesto y sin novia.
Pero vayamos a lo que realmente importa. Aparecen hoy unas declaraciones en Periodstadigital que no tienen desperdicio. Un fuego cruzado entre El País y el Pepé a propósito de una comparación poco afortunada entre Mister teacher Aznar y el Dr. No de nuestra época: Bin Laden.
Que los políticos de hoy en día no tienen ni puta idea de Historia es más que evidente. Sus cuatro referncias y sus tres fechas les dan para montar una teoría política. Y luego pasa lo que pasa y mezclan churras con merinas. Que no falte la anécdota de turno y la chorrada mal entendida. En esto los nacionalistas son los mejores, pero no se escapan ni los sucesores de Cánovas, historiador y presidente del gobierno para más señas.
Leo: "En la invención del pasado, y la reivindicación de las cruzadas entre el islam y la cristiandad, hay una inquietante similitud entre Aznar y Bin Laden". Pues bien, Acebes ya ha puesto el grito en el cielo y replica: "José María Aznar ha sido elegido democráticamente por los españoles en dos ocasiones para presidir el Gobierno, lo que ha hecho durante ocho años de manera ejemplar, con brillantes resultados en todos los ámbitos y avanzando de manera impecable en la lucha contra el terrorismo".
Si el señor Acebes se hubiera leído, además del Código Penal, cualquier manual de Historia, sabría que sus declaraciones son perfectamente extrapolables a la defensa de, por ejemplo, Adolfo Hitler. Un señor muy simpático, bajito también y con bigote, que ganó unas elecciones muy democraticamente y que llevó pan y orden a su Alemania querida. Así que, sin darse cuenta, el señor Acebes se sale de Guatemala para meterse en guatepeor. Por listo.
Sigo. Mister Teacher dijo en una de sus clases magistrales: "el problema de España con Al Qaeda empieza en el siglo VIII" y que "España rechazó ser un trozo más del mundo islámico", pues "cuando fue conquistada por los moros, rehusó perder su identidad". Claro. Sí, sí. Esto es lo que pasa cuando lees a César Vidal. Veamos, Mr Ansar. En el 711 los musulmanes entran en la península llamados por los hijos de Witiza --visigodo para más señas--, en pugna contra don Rodrigo. Mire usted si se resistieron los hispaniolitos (en aquella época con h) que en cuatro días tenían conquistada la península, cosa que los romanos hicieron en 200 años. Fíjese si hubo resistencia que casi no hubo batallas. Familias como la Casia pasaron, tan ricamente, oiga, a llamarse Beni Casim (a ver si alguien adivina el pueblo de donde eran y en el que se celebra cada año un festival de múscia). El señor Aznar no se ha leído los pactos, muy ventajosos, por otra parte, a los que llegaron los hispanos con los musulmanes y en los que se respetaban sus creencias (previo paso por caja, eso sí) y sus propiedades, por aquello de no ponerse a malas. Que sí, que luego se pasaron 8 siglos sacandose el bardeo por las esquinas, pero ya me dirá usted si el Cid no era íntimo del rey moro de Zaragoza y le ayudó a darle para el pelo al conde de Barcelona. O si los reinos crisitanos no estaban a la greña y liaban entre ellos la del pulpo cada dos por tres. Porque a los crsitianos lo que les molaba era la pedrería fina, oiga. Aquello de ir de expedición a Córdoba y traerle un colgante a la señora. Fíjese usted si les caían mal los moritos que no fue hasta 1609 cuando los expulsaron, y más por el qué dirán que por otra cosa, ya que Felipe III quería ser recordado con un adalid del catolicismo en semejanza a sus mayores.
Así que no me vengan con monsergas que no está el horno para boyos. Y ni unos ni otros no han sabido reconocer el parecido de las declaraciones de Mr Ansar. Hace unos años, a un señor con una toalla negra en la cabeza le dio por reivindicar aquello del siglo VIII. No era otro que Jomeini. Para que luego digan.

Un asco

Dese cuenta, este mundo es un asco. Pones la radio por la mañana y ya te están contando desgracias y majaderías. Que si en Irak ya se han llevado por delante a otro rehén, que si en la isla tal el huracán cual no ha dejado títere con cabeza, que si esto que si aquello. Un asco, vamos. Se te quitan las ganas de todo apurando el zumo de naranja.
Lo de las chavalas cooperantes en Irak me ha tocado la fibra sensible. Y eso que ya te vas inmunizando contra estas cosas y cada vez te vuelves un poquito más cabrón. A ver la culpa que tenían las pobres de que a los yankis les guste jugar al Risk “en vivo” en Oriente Medio.
Mire usted, si le pegan un zambombazo a un Abrahams pues mala suerte. Que para eso cobran y nadie te obliga a coger un M-16 e irle a tocar los cojones a los “iraquises”. Ya lo sabes, es tu curro, las quejas al maestro armero, chaval. Te queda la caja de pino y el entierro con honores en Arlington. Salva de honor de una formación de marines, le dan el trapo dobladito a tu señora o a tu pobre madre y te conviertes en una foto vestido de uniforme encima del televisor. Una pena, pero ya te lo imaginabas, chavalote. Además, cuenta que por cada uno como tú que cae, revientan un montón de árabes a los que ni les va ni les viene. Que encima de aguantar al sátrapa de Sadam ahora tienen que vivir con el miedo incrustado en sus cuerpos. Lo dicho, mala suerte. No es que me alegre, me sabe mal que pringuen siempre los mismos, porque seguro que tú no te has criado en Beverly Hills, pero así es la vida y donde las dan las toman.
Otra cosa son las cooperantes italianas. Buena gente. De la queda poca. Veintinueve añitos, como el que escribe, y una vida por delante. El único pecado conocido querer echarle una mano a los pobres niños desnutridos y harticos de aguantar bombardeos y cafradas de un mundo que no entienden pero que les ha tocado sufrir. Eso ya no es mala suerte, eso es una cabronada. Que los muy perros sabían quiénes eran y cómo se ganaban la vida. Hay que tener mala sangre para hacerles lo que les han hecho. Ya me dirás tú el mal que hacían las pobres criaturas. Que uno no se va a una guerra desarmado y con ganas de echar un cable tan a la ligera. Esta es la gente que de vez en cuando te devuelve un poquito de fe en el género humano.
Esta panda de cafres va a conseguir que se tomen las de Villadiego los pocos cooperantes que aún resisten allí. Solitos como la una, sin nadie que ayude a la gente de a pie, que al final es la que siempre pringa en todos los saraos. Porque dese cuenta, al final siempre palman los de siempre; el camarero hispano del restaurante de las Torres Gemelas, el currito madrileño que cogió el tren en Atocha y el niño iaquí que iba al colegio de la mano de su padre cuando le explotó un coche bomba. Un asco.
A este paso periodistas van a quedar los justos para que salga el boletín de la CNN. Tan subnormales y tan fanáticos ellos que le están haciendo el juego sucio a los americanos. No me imagino lo que puede ser aquello sin testigos, pero en fin,cuando tienes a Dios de tu lado no hay error posible.
Así revienten todos –los que mandan, los que dan las órdenes, claro--, por mal nacidos. A ver si hay suerte y no queda uno. Que nos dejen vivir en paz, cada cual con su historia y a su manera, y Dios en casa de todos. Que vayan a salvar a su puta madre, porque visto lo visto yo ya no quiero que nadie me libere, oiga. Ni en nombre de la democracia ni en nombre de Alá.

La fiel infantería

Arturo Pérez Reverte

La rendición de Breda, por Diego Velázquez.

Aún no se había inventado la fotografía; pero aquel tipo, Velázquez, recogió el momento. Estábamos allí, engalanados como para el Corpus, y a lo lejos Breda estaba en llamas. La verdad es que nos habíamos ganado a pulso el asunto, después de ocho meses dale que te pego, tragando miseria en los parapetos; cavando trincheras, zapa va y zapa viene, con los holandeses haciendo salidas y acuchillándonos en cuanto cerrábamos un ojo. Pero allá ondeaba, en el campanario, el lienzo blanco, grande como una sábana. Al final les habíamos roto el espinazo.

Nos alinearon en el centro, capitanes delante, guardia de piqueros y mosquetes a la derecha, más o menos en orden, aupándonos sobre la punta de los pies para verle la jeta a los holandeses. El capitán Urbieta nos puso en las filas delanteras a los que teníamos la ropa menos harapienta, empeñado como estaba en que impresionásemos al enemigo con nuestra marcial apariencia. La revista de la mañana había sido un calvario: diez azotes por cada falta de aseo y descuido en la vestimenta. Como dijo Antonio Muñoz, mi paisano, para qué puñetas queremos impresionarlos más, capitán, después de que los hemos fastidiado así de bien, que hasta se rinden, los herejes. Si eso no es impresionar a esos hideputas, que baje Cristo y lo vea. Y Urbieta, la mano en el pomo de la espada, mordiéndose el bigote para mantenerse serio, recetando cinco latigazos y medio rancho para el pobre Antonio, por bocazas y por meter al hijo de Dios en estos lances.

El caso es que allí estábamos, en aquel cerro que se llamaba Vangaast o Vandaart o algo por el estilo, con una treintena de picas y otros tantos mosquetes como guardia de honor, con las banderas de los tercios y toda la parafernalia. El resto de las compañías en línea ladera abajo, la cruz de San Andrés desplegada sobre los morriones de nuestros piqueros, lanzas y más lanzas, y mosquetes, que era un gusto mirarlos hasta el llano donde estaba la artillería apuntando al valle y la ciudad. Y al fondo, difuminada y azul entre el humo de los incendios, con manchas de sol que iban y venían entre las motas grises de las fortificaciones y los edificios, Breda a nuestros pies.

Sitúense ante el cuadro y miren a los holandeses, a la izquierda del lienzo. Observen sus caras. Habían subido la cuesta despacio, tomándose su tiempo, como si los que iban a rendirse fuéramos nosotros. Y Justino de Nassau endomingado como para una boda, bajándose del caballo con cara de asistir a su propio funeral, mirando alrededor como un sonámbulo, intentando digerir la humillación mientras procuraba mantener el porte digno. Al pobre diablo le temblaba la mano que sostenía la llave de la ciudad. Algunos de sus oficiales eran muy jóvenes, demasiado para emplearlos en negocio como la guerra, crecidos en campos fértiles, con llanuras y ríos y graneros bien abastecidos, comiendo caliente desde renacuajos. Burgueses cebados y con mucho que perder. Había uno de sus cachorros, rubio e imberbe, jovencito, con casaca blanca y manos de damisela que, aunque destocado por el protocolo, miraba con desprecio nuestras botas con remiendos, las barbas mal rapadas, nuestras caras de lobos flacos, peligrosos y arrogantes. Y hasta tal punto galleaba el mozo que mi capitán Urbieta, que tenía el genio vivo, empezó a retorcerse el mostacho y a acariciar el pomo de la espada, sugiriendo una sesión privada de esgrima. Un compañero del holandés captó el gesto y, poniendo la mano en el hombro del joven oficial, lo reconvino en voz baja hasta que éste bajó los ojos humillado y furioso, a punto de romper en lágrimas. Demasiado tierno, como casi todos ellos. Así les había ido la feria.

A la derecha estamos nosotros; mi lanza es la tercera por la izquierda. En torno sonaban redobles, cascos de cabalgaduras, capitanes dando órdenes como latigazos. Y allí, descabalgando, nuestro general, con media armadura negra rematada en oro, cuello de encaje y banda carmesí, el apunte de una sonrisa en los labios, Ambrosio Spínola, el viejo zorro. Con aire de circunstancias, pero disfrutando por dentro el espectáculo. Al fin y al cabo, aquélla era su fiesta.

Lo que son las cosas de la vida. Cuando la gente se para ante el cuadro, en el museo, son Spínola y el holandés, el jovencito imberbe y la plana mayor de nuestro general, quienes acaparan todas las miradas. Nosotros só1o somos el decorado, el te1ón de fondo de una escena en la que hasta el caballo de don Ambrosio, sus cuartos traseros, parece tener más importancia. Y sin embargo, allí en Breda como antes en Sagunto, Las Navas, Otumba o Pavía, o después en los Arapiles, Baler, Annual o Belchite, quienes en realidad hacíamos el trabajo duro éramos nosotros. Los nombres dan igual, porque durante siglos fuimos siempre los mismos: Antonio de Úbeda, Luis de Oñate, Álvaro de Valencia, Miguel de Jaca, Juan de Cartagena... Con la España que teníamos a la espalda, no había otra solución que huir hacia adelante. Por eso éramos, qué remedio, la mejor infantería del mundo. Secos y duros como la ingrata tierra que nos parió, hechos al hambre, al sufrimiento y la miseria. Crecidos sabiendo lo que cuesta un mendrugo de pan. Viendo al padre, y al abuelo, y a los hermanos mayores, dejarse las uñas en los terrones secos, regados con más sudor que agua. A la madre silenciosa y hosca, atizando el miserable fogón. Salidos de ocho siglos de acogotar moros o de acuchi1larnos entre nosotros, crueles e inocentes a un tiempo, traídos y llevados a través del tiempo y de los libros de Historia so pretexto de tantas palabras huecas, de tantos mercachifles disfrazados de patriotas, de tantas banderas a cuánto la vara de paño de Tarrasa, de tantas fanfarrias compuestas por filarmónicos héroes de retaguardia. Fíjense en nosotros: siempre al fondo y muy atrás, perdidos, anónimos como siempre, como en todos los cuadros y todos los monumentos y todas las fotos de todas las guerras. Soldados sin rostro y sin nombre, carne de cañón, de bayoneta, de trinchera. La pobre, sudorosa y fiel infantería. Después, en los primeros planos y sobre los pedestales de las estatuas siempre aparecen otros: los Spínola que nunca se manchan el jubón, y que aún tienen humor y elegancia para decirle al holandés no, don Justino, faltaría más, no se incline. Estamos entre caballeros. El resto queda para nosotros: cruzar un río helado entre la niebla, en camisa para confundirnos con la nieve, la espada entre los dientes minados por el escorbuto. Levantarse y correr ladera arriba con la metralla zumbando por todas partes, porque al capitán, aunque es una mala bestia, nos da vergüenza dejarlo ir solo. Quedarte sin municiones en la Puerta del Carmen de Zaragoza y empalmar la navaja tarareando una jotica para tragarte el miedo, mientras los gabachos se acercan para el último asalto. Hacerse a la mar porque más vale honra sin barcos, dicen, en buques de madera ante los acorazados de acero yanquis. Morir de fiebre en la manigua, degollado en Monte Arruit por la ineptitud de espadones con charreteras. O cruzar el Ebro con diecisiete años mientras la artillería te da candela, el fusil en alto y el agua por la cintura, con los compañeros yéndose río abajo mientras en la orilla los generales y los políticos posan para los fotógrafos de la prensa extranjera.

Échenle un vistazo tranquilo al lienzo, sin prisas, e intenten reconocernos. Somos la humilde parcheada piel sobre la que redobla toda esa ilustre vitola de los generales y los reyes que posan de perfil para las monedas, los cuadros y la Historia. Y cuántas veces, en los últimos doscientos o trescientos años, no habremos visto ante nosotros, mirando con fijeza hacia el modesto rincón que ocupamos en el lienzo, un rostro de campesino, de esos arrugados y curtidos por el sol como cuero viejo. Un rostro parado ante el cuadro con aire tímido y paleto, dándole vueltas a la boina o el sombrero entre las manos nudosas, encallecidas, de uñas rotas. Los ojos de un hombre indiferente a la escena central del cuadro, buscando aquí atrás, en la modesta parte derecha de la composición, al fondo, bajo las lanzas, entre nosotros, una silueta confusa, familiar. Tal vez la de aquel hijo al que una vez acompañó un trecho por el sendero que conducía al pueblo, llevándole el hato de ropa o la maleta de cartón, liándole el primer cigarro. El hijo al que, ya parado en el último recodo, vio alejarse con su pelo al rape, las alpargatas y el traje de domingo, llamado a servir al rey. Hacia una guerra lejana e incomprensible de la que no habría de volver jamás.

Fíjense en el cuadro de una maldita vez. Nosotros le dimos nombre y apenas se nos ve. Nos tapan, y no es casualidad, los generales, el caballo y la bandera.

Civilizaciones

Que a la gente del Pepé no le gustan los moros es vox pópuli. Vamos, que tienen una especie de grima a todo lo que huela a musulmán. Sólo hay que escuchar lo que dice el Fede cada mañana o leer los libros de César Vidal. El inquisidor herziano culpa a Marruecos de lo del 11 M y el gordito escribe acerca del antagonismo atávico entre la España crsitiana y los moritos del sur. Eso sí, sus abuelos no dudaron en trerse medio Magreb para pegar tiros como carne de cañón.
Por su parte ZP no hace más que demostrar talante. Joder, que no para el buen hombre. Que si ahora me voy a ver al sultanito de Marruecos, que si ahora saco los tercios de Iraq, que si más adelante propongo puentes de concordia.
Vamos, que la cuestión es marear la perdiz. Y a esta actividad mareatoria se apuntan los medios afines y apesebrados que difunden la buena nueva. Para Prisa el moro es maravillosos, para el resto el infiel llama a su puerta, como la señora de Avón.
Pues ni unos ni otros, oiga. La cosa es mucho más complicada que reducirlo todo a categorías. Los ultraprogres son capaces de ponerle un burka a su parienta con tal de ser multiculturales, y los peperos, como te descuides, te sueltan Santiago y cierra España y se quedan tan anchos. Joder, y mientras tanto el pueblo llano a pringar, que para eso somos lo que somos y vivimos en el país que vivimos.
Porque vamos a ver, y no nos pondremos estupendos, pero que me digan un país árabe democrático. Uno en el que se respeten los Derechos Humanos. A mi que me lo digan, porque a estas alturas del baile aún no he conocido ninguno. Ya no entro en lo de que el Islám es incompatible con la democracia ni gilipolleces por el estilo. A las malas el cristianismo tampoco es compatible con la democracia, y si no que se vayan al Vaticano y disfruten de su regímen asambleario.
Que no, mire usted, que ni una cosa ni otra. Que aquí somos medio moros, y que aunque le joda a más de uno, los pelos rizados y las narices prominentes denotan que algunos africanos se montaron un sarao a costa de las autóctonas (y al revés, que cuando estás de expedición punitiva en Granada y llevas tres meses sin ver más que tipos bajitos con coraza, no me imagino lo que debe ser ver a una morilla guapa haciéndote la de los siete velos). Tampoco es que la convivencia fuera ejemplar porque se tiraron 800 años dándose de hosias, pero intercambio hubo, y al final siempre tiran más dos tetas que el brazo incorrupto de Santa Teresa.
Otra cosa es que me salga ahora el progre de turno alabándome las excelencias del Islám. Oye, pues no te digo que no. Que la comida está muy buena y lo bonita que es mi Alhambra, pero dile a tu santa que se vaya a vivir al Yemen, a ver cuanto te tiras durmiendo en el sofá.
No sé si nuestra cultura es mejor, no creo mucho en eso de que una cultura es mejor que otra, porque al final todas te mangonean y coartan tu libertad. Lo que sí que sé es que en algunos países se vive más tranquilamente que en otros, y que según donde vayas, como le mires el culo a la parienta de alguien te los ponen de corbata, literalmente.
Hay una máxima que reza "vive y deja vivir". Yo por mi parte estoy completamente de acuerdo. Oye, mira, si quieren vivir en la jodida Edad Media allá ellos, ancha es Castilla. Y si en esas te piden que les eches un capote pues tan amigos. Pero eso de ir invadiendo países y provocando iras me parece un poco trasnochado. La democracia es un invento cojonudo, pero si te la meten con calzador a lo mejor te rebotas y le dices al samaritano de turno que por aquí. Ahí están los americanos recibiendo testarazos día sí, día también y pasándolas más putas que Caín. Por listos.
Lo dicho, que cada uno haga de su capa un sayo. El mundo es muy garnde y da para que cada uno viva como le salga de los mismísimos. Personalmente no soy partidario de las teocrácias, me parecen un coñazo. Que si Dios por aquí, que si Dios por allá y no poder trincarte un cervecita con los amigotes tranquilamente. Pero vamos, ya digo, que como si se la machacan. No voy a ser yo el que vaya a predicarles nada a estas alturas del sarao. Que cada cual aguante su vela. A ver si aprendemos.

Piropos entre muebles

Disculpen vustras mercedes que no compareciera ayer, pero otros menesteres me requerían. El caso es que acudí a ese nuevo templo del consumismo llamado IKEA. Joder, hay que ver que chabolos te montan por cuatro duros. Todo aquello lleno de Paquis y Manolos con los churumbeles a cuestas a la caza del sillón ideal. Yo me compré uno, lo reconozco, muy moderno y comodísimo en el que voy a poder ventilarme mis libros cual marajá de Kampuchea. Algo de repelús te da, no digo que no, cuando te pones a pensar que todo aquel derroche de imaginación es el fruto de la explotación infantil. Pero vamos, que uno también es pobre y por aquello de la solidaridad no se deja 100 de los verdes de antes por comprarse un reposa culos.
Bien, decía que entre tanto artilugio y rodeado de humanidad me llamó poderosamente la atención algo discordante. Estaba yo mirando cuadros y marcos para una lámina de Napoleón cruzando los Alpes de David que tengo intención de adquirir, cuando observé una foto. Era una fotografía de los años cincuenta, en blanco y negro, hecha en algún país latino, preferiblemente Italia o incluso Francia (si es que los gabachos son latinos). Hago referencia al origen meriodional de la foto por la circunstancioa en que fue hecha. El panorama era este: una maciza a lo Sofía Loren pasando por una esquina mientras que un grupito de mozos le recitan el catecismo. No faltaba ni el escooter, oiga. Aquello era puro neorealismo italiano, aunque ya digo que podría no ser Italia. La muchacha estirando el cuello pero contoneando el culo, que no se diga. Y los jambos con una sonrisa de oreja a oreja dejando fluir su concupiscencia. No puede dejar de pensar "claro que sí".
Y es que ya no se dicen piropos a no ser que trabajes colocando ladrillos. Yo no sé por qué me gusta tanto oir a los albañiles soltando barbaridades a colación de la anatomía de las transeuntes. Ahí hay algo atávico y carpetovetónico que no tienen los vikingos. No me imagino a un Otto diciéndole a una frau lo que le iba a comer como ella se dejase. Precioso, oiga, maravilloso. Una cosmogonía enterita resumida en cuatro vocablos. Algo que tristemente estamos perdiendo, no sé si por la sobredosis de tetamen o porque resulta sexista. Las de los pelos en los sobacos no lo pueden ni ver, claro que la mayoría son unos calamares de aquí te espero, y cualquiera suelta prenda ante tan inefable panorama. A mi me confesó una novia que tuve que se deprimía si pasaba por una obra y no le decían nada. Si es que no podemos luchar contra lo que somos, y si ves pasar a una zagala con más curvas que la arrabasada le sueltas que si te invita a dar una vuelta, y aquí paz y después gloria.
Aquellos tipos de antes a lo mejor eran algo brutos y puede que visen a las mujeres de otra forma menos civilizada, pero de lo que no cabe la menor duda es de que estaban hechos de otra pasta. Tanta androgenización y tanta leche y al final parecemos todos fabricados en serie por el IKEA. Pero a uno todavía le pone una señora voluptuosa pasando por una esquina. Y ése mismo no puede evitar, de vez en cuando, despojarse de los prejuicios y cantarle la Traviata a la susodicha.

JIpis y tambores

Aquí o te afilias a un pesebre o te lías la manta a la cabeza. Como no vayas lamiendo culos y practicando succiones lo tienes claro, chaval. Sólo hay que ver la prensa día si, día también, para darse cuenta de esto que digo.
Que paren esto que yo me bajo, le decía el otro día a un amigo. Me niego a que me cuelguen la mochila con el kit de supervivencia del progre tripartito. Que les vayan dando, oiga; a unos y a otros. Entre el Fórum de los cojones, el Carlinhos Braum ese vestido de lagarterana y la programación fascista-provinciana de TV3 me tienen hasta los mismísimos. Que no, mire usted, que yo no tengo carné de nada, que a mi la misma grima me da un jipi tocando el tambor que un pijo de la Bonanova. Como el pesado que se puso ayer por la noche a tocar los bongos dichosos en las fiestas de Pueblonuevo. Seguro que piensa que es la hostia, que cómo mola ser un antisistema y tener un perro con más fauna a cuestas que Parque Jurásico. Ya te digo, el payo hizo de su capa un sayo se puso a tocar el tambor hasta las tantas. Yo se lo ponía de sombrero, el instrumento, claro. Que ya ni charlar con los amigotes tomando una cerveza. Fue parar la orquesta y empezar el jipi a dar hostias al tambor. Muy progresista lo de no dejar dormir a los vecinos millonarios de la calle Bilbao. Claro, luego se me afila la sin hueso y empiezo a soltar barabaridades y a repasar el árbol genealógico del de las rastas. Luego va la novia de un amigo me suelta que “para ser de izquierdas tienes una vena fascista que no veas” . No es aixó, companys, no es aixó. Como digas lo que piensas tardan poco en colgarte el sambenito partidario. “Aquest es un espanyolista perillós”, dice el tontito talibán en cuanto le sugiero por donde puede meterse la banderita con la estrella o el uso tan práctico que me haría en el cuarto de baño.
Nada, nada, que aquí hay que ser ultramoderno, ultraprogresista y hasta ultramontano. Te compras la caja llena de prejuicios sin masticar y a triunfar, chavalote.
Ahora, eso sí, la vocación de francotirador verbal no me la quitan. Menudo gustazo, oiga.

Lo que ha unido Dios...

Si es que se están perdiendo los valores. Hay que ver la cantidad de parejitas que se divorcian cada año en el solar ibérico. Ya no somos lo que éramos; la reserva espiritual de occidente trocada en lupanar romano.
Oye, pues que quieres que te diga, pero lo de acelerar el divorcio me parece una idea cojonuda. Si no aguantas a tu santa pues puerta, que ya somos mayorcitos. Aquí paz y después gloria, que entre pitos y flautas, y tal como está la vida moderna, no vas a tener que aguantar a nadie a estas aklturas si no te apetece. Hombre, pena da, no te voy a decir que no, pero vamos, que peor es aguantar a un maromo que te pone los cuernos a la que te descuidas o a una neurótica compulsiva de esas a las que soy tan aficionado. Si es que lo ves venir, joder, como el pobre Ulises amarrado al mástil de su bajel escuchando el canto de las sirenas. Vamos, que te ves estrellado contra las rocas, pero ya lo dicen el refrán: tiran más dos tetas…
Lo de la nueva ley del divorcio tampoco es que sea tan moderno. En muchos países esto funciona desde los tiempos de maricastaña, pero aquí, como siempre, llevamos retraso. Yo ya digo, esto del divorcio me parece bien, aunque lo que yo haría son cursillos. Como antes solo que desacralizados. Me explico, que te hagan un cursillo pero sin el mosén. Y es que la gente no sabe carsarse en condiciones. Mucho romanticismo, mucho achucheo y luego acabas viendo la tele en el sofá de casa. Y el tema de la jodienda en un decrescendo agónico hasta que al final acabas harto de la parienta (o el maromo) y se te van los ojos mirando el culo de alguna adolescente.
Si ya lo decía mi padre, Sergito, no te cases que las mujeres son muy putas (disculpen vuestras mercedes pero es que el hombre es ligeramente carpetovetónico). Claro que hay cada jambo por ahí suelto que lo tendrían que enterrar en Atapuerca para que no diera el cante. Mucho hijodeputa que se divierte utilizando a su santa de esparring. Hay que ser cabrón, dicho sea de paso, y no tener sangre en las venas.
Así que mira, una cagada la puede tener cualquiera, y si por aquello de que la carne es débil ,o por lo que sea, acabas cohabitando con la persona equivocada pues carretera y manta. A ver si evitamos tanta truculencia y tanto mamoneo.
Yo soy un antiguo, que le vamos a hacer. En cuanto encuentre a una moza decente y honrada me desdigo de mi soltería, que ya soy mozito viejo y tengo que pensar en sentar la cabeza. Eso sí, antes de cometer nada irreversible me lo pienso con mucha calma y le pongo una vela a san Apodaco de Eritrea a ver si no me sale rana la niña. Que un desliz lo puede tener cualquiera, joder.

Lo dejo

Lo estoy dejando. Palabra. Y miren ustedes que ha sido uno de mis grandes amores. Me refiero a la tele, por supuesto, las mujeres y el tabaco todavía me dan alguna satisfacción de vez en cuando, aunque habrá que ir pensando en dejarlos también si sigue así la cosa.
Lo de la televisión no tiene nombre, cada vez la cuota de mierda tolerada se incrementa y a este paso sucederá como con los yonkis. Sí, sí, exactamente lo mismo, acostumbrados a inyectarse hasta la cal de las paredes, cuando un día pillan una dosis en condiciones les de un jamacuco de aquí te espero. Lo mismo nos va a pasar con la caja catódica cuando esto de acabe, le cierren el chiringuito a Sardá y se decidan a poner buena programación. A la gente le va a dar un yuyu de agarrate que vienen curvas y más de uno se va a quedar como un pajarito delante del televisor.
Es que no hay derecho, oiga, que ya ni películas en condiciones. Todo porquería concentrada. Ahora todos se copian, el síndrome del Gran Hermano va ya por la sexta edición y la capacidad de asombro parece que no tiene límites. Meten a unos fulanos en una casa y venga, que se lien a hostias y que se reciten el catecismo los unos a los otros. Y cuando más decibelios tengan los improperios tanto mejor. Ahí está la "periodista" de turno rodeada de las manadas familiares de lso concursantes. Chusma, lo mjeor de cada casa. Pero hasta esta chusmilla arrabalera es carne de cañón de los verdaderos buitres del asunto, los que se llaman periodistas, por no hablar de la otra subraza de "colaboradores".
Las parrilas televisivas copadas de programas que hablan de estos programas. El interés nacional sito en una transexual que le dice de todo menos bonito a un jambo con una pinta de chulo putas que tira para atrás. Vileza en estado puro.
Ya sabemos que este no es el país de la educación y el savoire faure o como coño se diga, pero esto ya es esperpéntico. Pongas la televisión a la hora que la pongas aparece alguien soltando berridos, y si se le ven las tetas mejor que mejor. El rey del asunto, el sátrapa, es Sardá. No descubro nada nuevo. Mi hermana fue invitada con un amigo al programa hace unos meses y en el intermedio se levantó y se fue. Así como se lo digo. Se dió las de villadiego diciéndole al maromo de los cascos que aquello era de juzgado de guardia.
A mi personalmente lo que más me irrita son los periodistas y colaboradores. Un puñado de lumis esquineras y unos macarras que no han dado palo al agua en su puñetera vida gritándose en una mesa. Periodistas. Ni de coña, oiga, ni de coña. Lo que quiera usted menos periodistas. Los periodistas de verdad los hemos visto dejarse la piel en la última guerra o escribir unas crónicas de honoris causa sobre cualquier tema. Pero estos no son periodistas, repito, que uno no se tira 8 años de su vida estrudiando 2 carreras para que le salga un zorrón de estos y le diga "colega". Que se inventen una categoría propia, pero que no jodan la marrana.
Lo dicho, que lo estoy dejando, me he tirado de cabeza a los documentales del satélite y aprovechos el tiempo que me deja mi niña para leer el Conde de Montecristo, pero de lo demás prefiero olvidarme por el bien de mi escasa salud mental.
El consuelo que me queda es saber que cada uno tiene lo que se merece. Y este país de mierda tiene una televisión de mierda. A ver como nos salen los churumbeles entre la LOGSE y el crónicas. Porque esta gente vota, se lo digo yo.

Pepe y Manolo en Formentera

Aparte de mi diario articulito del día no puedo dejar pasar la ocaasión de poner esta joya para que la disfruteis.

Pues eso. Que arribé de madrugada y estoy fondeado frente a los Trocados, en Formentera, con treinta metros de cadena en cinco de sonda, intentando recobrarme de una larga noche frente a la pantalla de radar o con los prismáticos en la cara, esquivando mercantes que nunca se apartan aunque vayan a vela y encima vean tu luz roja de babor, los muy cabrones. Estoy tumbado en el camarote, digo, durmiendo el sueño glorioso de los marinos cansados que al fin arrían velas y echan el hierro donde querían echarlo, sobando como un almirante pese a los rayos de sol que se filtran por los portillos, y además tengo la suerte de que no hay ningún retrasado mental con moto de agua dando por saco cerca, y de postre hace dos semanas que no leo periódicos, ni oigo la radio, ni tengo la menor idea de cómo andan la comisión del 11-M, ni el Pesoe, ni el Pepé, ni el plan Ibarretxe, o sea, ni puta falta que me hace, ni a mí ni a nadie. Estoy tal cual, digo, dormido y razonablemente feliz, soñando que una sirena se desliza a mi lado y me despierta con la habilidad que tienen las sirenas como Dios manda para esa clase de menesteres despertatorios, cuando un estruendo exterior estremece los mamparos. Chunda, chunda, hace, igual que cuando estás en la calle y pasa un imbécil con la radio a toda leche y las ventanillas del coche abiertas.

Me levanto, jurando a los doctrinales. Después subo a cubierta y veo el otro barco. La playa tiene muchas millas y hay sitio de sobra; pero el recién llegado ha venido a situarse cerquísima de mi banda de estribor. Es un yatecito a motor de nueve o diez metros, algo cochambroso, con música bailonga atronando por los altavoces de la bañera y tres jóvenes señoras en tanga y con las tetas al aire bailando en la proa. Para ser exactos, se trata de una rubia y dos morenas. Y para ser más exactos todavía, lo de señoras resulta relativo, porque tienen una pinta de putas que te rilas. Con Ibiza cerca y a primeros de agosto, no digo más.

Pero lo mejor, el tuétano del asunto, son los tres jambos. El dueño del barco está al timón, en la toldilla. Cincuentón, moreno, peludo, tripón, con una cadena de oro al cuello. Sus dos colegas responden al mismo perfil ibérico: barriga cervecera desbordándoles la cintura del bañador, latas de birra en la mano. Un común toquecito hortera. Españoles maduros de toda la vida, con aspecto y maneras de estarse corriendo una juerga de cojón de pato. El típico Manolo que le ha dicho a su respectiva: oye, Maruja, me voy tres días con Pepe y Mariano a pescar atunes en alta mar, para descansar un poco del curro, y a la vuelta te llevo con los críos a la playa. Eso es lo que imagino mientras los observo moverse al ritmo de la música, bailoteando a saltitos discotequeros entre sorbo y sorbo a la cerveza alrededor de las pájaras de la proa, que siguen a lo suyo sin hacerles mucho caso. Y entonces, como si me hubieran adivinado el pensamiento, uno empieza a darse golpecitos de nalga con la grupa de una de las tordas y le grita al patrón: «Vente pacá, Manolo, que no decaiga». Lo juro: Manolo. Tal cual. Y entonces llega Manolo moviendo la tripa al ritmo de la murga discotequera, esforzadamente moderno a tope, y agarra a una chocholoco, la rubia, y se tira al agua con ella, y allí le quita el tanga y lo agita en alto como trofeo antes de ponérselo de gorro, y los colegas lo jalean desde el barco, y uno saca una cámara y le hace una foto chapoteando con la lumi apalancada, el tanga en el cogote y él sonriendo regordete y triunfante, imaginando, supongo, la envidia de los compañeros del curro cuando en septiembre les enseñe el afoto. Ese afoto que luego la legítima siempre encuentra escondido en un cajón y te cuesta, según la pasta que tengas, el divorcio o un disgusto.

Pero lo mejor es que, cuando Manolo sale del agua y se pone a secarse desnudo, ciruelo al sol, mientras la rubia despelotada pasa de él y se va a bailar con las otras, y los colegas lo rodean cerveza en mano celebrando lo del tanga, juás, juás, qué jartá a reír nos estamos pegando, compadre, oigo que a otro de ellos lo llaman Pepe. Les doy mi palabra. Pepe esto y Pepe lo otro. Y me digo: no puede ser, es demasiado clásico todo, demasiado patéticamente perfecto. Pepe y Manolo. La España eterna, cutre, cañí, nunca se rinde. Entonces me entra así como una ternura retorcida y rara, oigan. Y, horrorizado de mí mismo, sonrío.

Arturo Pérez Reverte

De qué van

Lo de la comisión de investigación del 11 M tiene ya todos los tintes de un sainete. Si los Álavrez Quintero levantaran la cabeza tendrían un argumento inmejorable para una de sus obras. Aquí parece que nadie está dispuesto a investigar, que lo único que interesa a unos y otros es tirarse los trastos a la cabeza. La pregunta de por qué no se quiere llamar a declarar a confidentes de la policía, periodistas y demas actores de la función de marzo no hace sino alejar al ciudadano de la clase política. Menos mal que el señor Aznar va a comparecer y a hacer el paripé, aunque parece difícil que le pongan en un brete visto lo visto. Como siempre estamos solos ante esta caterva de chupópteros apoltronados. Mucha lágrima y mucha solidaridad con las vícitmas, pero los que están en el hoyo no son ni ellos ni sus familiares, son los del sufrido pueblo. Nosotros ponemos el pellejo y ellos las palabras grandilocuentes, pero a la hora de depurar responsabilidades todo se queda en el berrinche y en la acusación superficial.
Queremos saber, y queremos saber las famosas 5 uves dobles que todo periodista aprende en su primer año de facultad. Hay demasidadas cosas que huelen mal y, al parecer, todos ellos desprenden un tufillo a cloaca del que no quieren desvelar el origen. Bonita panda de mercachifles los políticos patrios, más interesados en perpetuarse en sus sillones que en desvelar lo que el pueblo clama a gritos desde la matanza de Atocha. Me gustaría saber qué hubiese pasado si las bombas en cuestión hubiesen explotado en la Carrera de San Gerónimo en lugar de en una estación de tren llena de trabajadores.

Justicia

Hace ahora un año un grupo de hijos de puta, porque no se les puede llamar de otra manera, asesinaron salvajemente a una muchacha llamada Sandra Palo. La violaron, la atropellaron repetidamente y aun con vida le prendieron fuego. Pues bien, sólo uno de los asesinos cumplirá una condena de las que se contamplan en el código penal. Sólo a uno le condenarán a 69 años de cárcel como máximo, de los que no llegará a cumplir ni 30. El resto a la calle en 4 años. Cuatro miserables años por acabar con una vida humana, por hacerlo de la forma más salvaje que se pueda uno imaginar. Es el precio de una vida humana si el asesino es un menor. Menor de edad para recibir el castigo, pero no menor de edad para ejecutar friamente y ser verdugo. Las leyes no son siempre justas y este caso es una excelente muestra de ello.
Matar a un ser humano en España no conlleva más de 12 años de prisión, y si eres menor ni eso. Decía el otro día un señor muy inteligente que ya que las cosas estaban así sólo nos quedaba liarnos la manta a la cabeza. Es decir, este buen hombre me contaba que si algún malnacido se cargara a su hija se lo llevaba por delante. Dos tiros y santaspascuas. Total, no le iban a caer más de 4 o 5 años. Te emborrachas, te pones hasta el ojete de somniferos o lo que pilles y le vacías un cargador al asesino. Luego te encierran, das entrevistas desde la cárcel, te llaman "el padre vengador", escribes un libro y de paso te forras. Negocio redondo.
Aquello me hizo pensar en lo que puede degenerar esto si los gonbiernos de turno no ponen toda la carne en el asador y hacen que la justicia sea precisamente eso: justicia. Como no se dejen de hostias las calles de este país van a empezar a convertirse en el far west americano con vengadores armados dispuestos a hacer justicia.
Y es que como me contaba un funcionario de prisiones este verano, aquello hay que verlo. La cárcel es una auténtica universidad del crimen y los que entran salen peor que antes. Esto me lo dijo un tipo que estudió conmigo, marxista y con un sentido dela justicia social que echa para atrás. Pero la realidad es más brutal que los sermones políticamente correctos y las ideas de las almas cándidas. Este país no necesita pena de muerte, pero necesita justicia para personas como la madre de Sandra Palo o para los familiares de tantas mujeres asesinadas cada año a manos de sus parejas. Algo tan sencillo como que si la haces la pagas, ni más, ni menos.

Sainete

En esta tierra ibérica de caínes y mercachifles lo más normal del mundoe s despertarse cada mañana esperando el sainete de turno. País poco serio este en el que la derecha es paleolítica y la izquierda se pasa de magamoderna-divinadelamuerte.
El último capítulo del esperpento nacional se corresponde a esa faceta progre del PSOE, que es ultraavanzado en lo que debería mostrarse un poco más cauteloso y rancio en aquello que clama al cielo. La última, decía, es la genial idea de hacer que los inmigrantes consigan papeles a base de denuncia. Idea que si en elfondo se ajusta a los principios más humanitarios, en la práctica es la chorrada más grande que ha salido del gobierno socialista en los últimos meses. Si será absurda que hasta las asociaciones de inmigrantes se han puesto en contra. Natural, por otra parte, a ver quien es el listo que contrata ahora a nadie si pende sobre su cabeza la espada de Damócles institucional. Y si bien es cierto que existen empresarios explotadores, la mayoría no lo son y pagan el jornal a un precio bastante razonable. Pero vamos, que lo de denunciar al que contrata a irregulares y los explota ya estaba contemplado en el corpus legislativo, y lo único que van a conseguir estos ministros lumbreras es que se inunden los juzgados de denuncias de gente que quiere sus papeles. A ver como se bajan ahora de la moto y se echan atrás.
En este país parece que nadie sabe llegar a un término medio y ver toda la situación en su conjunto. Unos por xenófobos y otros por modernos, lo que están copnsiguiendo es marear la perdiz y perjudicar a todos; inmigrantes y ciudadanos con pasaporte. Una situación como la de la inmigración no se soluciona ni dando papeles para todos (y creando de paso ghettos y bolsas de marginación), ni impidiendo la entrada de trabajadores extranjeros en nombre de la paz social. Que entren los que hagan falta, que se les regularice y que se instalen entre nosotros como ciudadanos corrientes. Incitar a la denuncia falsa es más propio de tiempos inquisitoriales que esa pretendida modernidad que pretenden algunos.
Un problema serio que requiere de políticos serios. algo que parece que escasea por estas latitudes.

Ole tus cojones

Existen maestros en lo vital y en lo espiritual. Gente que con su ejemplo le van a indicando a uno el camino en esta puta vida llena de listos y gente con horchata en lugar de sangre. Tipos que sin pretender especular sobre la cida de la caspa en el mes de otoño al son una sinfonía de Maller, te escriben unos libros que te quitan el hipo y que te dan un repaso de conocimientos de aquí te espero. Y personajes como estos hay pocos: Stevenson, Dumas, Conrad o patrios como Vazquez Figueroa o Pérez reverte. Por este úlltimo es por el que más inclinación he sentido en los últimos años. Desde que mi padre me regaló las aventuras del Capitán Alatriste, libro que por otra parte recibí con sonrisa de compromiso y pensando en que mi progenitor estaba muy mal si creia que dedjaría de leer a Sartre para empezar con la novela infantil 8uno también tiene un pasado). Y como siempre en esta vida hay algo que te da la vuelta y te pone del revés. Si bien, como creo yo, la introspección en lo profundo del alma humana está en la base de la buena literatura, un camino tan excelso como la peorata pseudointelectualoide es el de la narración del hombre contra su destino, contra la adversidad. Vamos, sin marear más la perdiz, que una buena novela épica (n o olvidemos que la literatura nace con Homero)de aventuras o histórica, o como cojones se quiera llamar, te puede hacer llegar a ver algo que se ta había pasado por alto o en lo que no pensaste nunca.
Y por si no había quedado claro todavía, coincido en la cruzada personal del susodicho contra lo políticamente correcto, el progre de salón que se ha leído 8 veces el Ulises de Joice y otras tantas la película mítica del cine corenao de entreguerras. Es decir, pedantes, políticamente correctísimos, relativistas y todos aquellos que en nombre de la razón actúan desde la sinrazón y el fanatismo.
El maestro Perez Reverte a veces nos obsequia con algunos artículos que además de matarte de risa ponen todos los puntos sobre las íes con una precisión pitagoriana. Y entre ellos el de hoy en periodistadigital. Ahí va y que lo disfruten ustedes.

Tenemos por delante una larga temporada de polémica histórica, a base de aniversarios, bicentenarios y cosas así. Que es justo lo que le faltaba a esta nueva España megaplural y ultramoderna que nos están actualizando entre varios compadres. La verdad es que el tricentenario de la ocupación inglesa de Gibraltar habría pasado inadvertido de no ser por la murga que organizaron los guiris, pues aquí nadie pareció acordarse de nada. Pero vienen tiempos difíciles para la amnesia.

En 2005 hará doscientos años de lo de Trafalgar. Y entre 2008 y 2014, una docena de ciudades y pueblos españoles tendrá ocasión de conmemorar fechas de batallas decisivas hace dos siglos, como Bailén, La Coruña, Zaragoza, Gerona, Talavera, La Albuera, Cádiz, etcétera. Me refiero a ese período que antes, en los libros del cole, se llamaba guerra de la Independencia, y ahora no sé cómo cojones se llama, si es que aún se llama algo.

En otros países, conmemorar esas cosas está chupado: acuden los historiadores, los niños de los colegios, las asociaciones, se recorre el campo de batalla, se homenajea a las víctimas de uno y otro bando, y se mantiene viva la memoria de los hombres, sus hazañas y sus miserias. Lo hemos visto en Waterloo, en Gettysburg, en Normandía. Todos lo hacen, como recordatorio de lo grande y lo terrible que hay en el corazón humano. En España no, claro.

Somos el único país donde conmemorar batallas no sólo está mal visto, sino que permite, a la panda de mercachifles y payasos de que tan sobrados andamos, sacar fuera la mala leche, el oportunismo, la insolidaridad y la incultura que, precisamente, crearon campos de batalla. Acostumbrados a confundir Historia con reacción, memoria con derechas, pacifismo con izquierda, guerras con militarismo, soldados con fascistas, cualquier iniciativa para rescatar la memoria, el coraje y la dignidad de quienes lucharon y murieron por una idea, por una fe o simplemente arrastrados por el torbellino de la Historia, tropieza siempre con un muro de estupidez y demagogia.

El último caso tuvo lugar hace poco en Bailén, cuando, en los actos conmemorativos, un párroco local –ignorando que conmemorar no significa celebrar– alzó una escoba mientras leía un texto de San Francisco en defensa de la paz, mostrando así su disconformidad con que la ciudad recuerde que allí, hace ciento noventa y seis años, un ejército de campesinos y patriotas alzados contra la ocupación de su tierra por un ejército extranjero infligió a Napoleón su primera derrota.

Y así la demagogia del párroco desplazó, en los titulares de diarios, la que hubiera sido reflexión adecuada: que Vietnam o Iraq, por ejemplo, tuvieron en la batalla de Bailén –en España– un precedente digno de consideración. Que es justo de lo que se trata. La Historia como luz para iluminar el presente.

Conmemorar el aniversario de una batalla no es un acto belicista, ni de derechas, ni de izquierdas. Es un acto de afirmación histórica, de identidad y de memoria. Es homenajear a los abuelos, honrando la tierra que mojaron con la sangre que corre por nuestras venas. Es recordar el sufrimiento, el valor de quienes fueron capaces de levantarse y subir ladera arriba, entre la metralla, porque ese día, en aquel lugar, fueran cuales fuesen la bandera o las ideas que los empujaban, creyeron su deber hacerlo; así que apretaron los dientes y pelearon, en vez de quedarse en un agujero agazapados como ratas, leyendo a san Francisco mientras sus amigos y sus vecinos morían por ellos.

Porque a veces, la vida, la Historia, las cosas, son muy perras, y te obligan a luchar y a morir, te guste o no te guste. Por pacífico que seas. Y todo hombre o mujer que cumple esa regla, en cualquier bando, merece recuerdo y respeto, igual que una bandera –aunque en tu fuero interno las desprecies todas– debe ser honrada, no a causa de los políticos de mierda que se aprovechan de ella, sino a causa de quienes murieron por defenderla. He dicho alguna vez en esta página que la Historia no es buena ni mala. Es objetiva. Sólo es Historia.

Ocurrió y punto. A las nuevas generaciones corresponde sacar lecciones de ella, en vez de barrerla con una escoba como pretenden el párroco de Bailén y tantos imbéciles más. Escoba que, por cierto, los soldados franceses que en 1808 ocupaban su tierra a los acordes de La Marsellesa, poco amigos de sotanas, no habrían dudado en meterle al señor párroco por el ojete.

Vaya día

Me levantaba esta mañana, o mejor dicho, esta tarde, feliz e ignorante de la fecha del calendario. Dramático día de catástrofes este 11 de septiembre, prolijo en matanzas y agravios nacionales. Venía el telediario, el de la 1, claro está, atestadop de referencias al atentado neoyorquino, a los seis meses de la carniceria de Madrid, al golpe vil que asesinó a Allende y, como no, a esa inefable cita de los ignorantes de la Historia que se reunen cada año por estas fechas ante el monumento dedicado a ese gran notario llamado Rafael de Casanovas. No se extendrerá este cronista en las imprecisiones y falacias de esta gran diada inventada no hace mucho para reivindicar lo irrenvidicable. Sólo añadir que si tanto quieren reivindicar y tanto pretender fidelizar el espíritu de aquellos que cayeron en el Fossar de les moreres (por cierto, recomiendo efusivamente el bar Sushi, sito en la susudicha plaza), les recomiendo que sustituyan sus "esteladas" por banderas de Sant Jordi y sus reclamaciones independentistas por otras encamiadas a poner a un Habsburgo en el trono del reino, ya que básicamente era por lo que luchaban aquellos señores.
Mañana será otro día y como es domingo los comercios no abrirán, justo al contrario de lo que pasó aquel 12 de septiembre de 1714 después de aquel "genocidio" tan inenarrable, en el que los comerciantes barceloneses aprovecharon para vender sus productos a locales y borbónicos.
Un ciero morbo recorre mi cuerpo este día 11 en el que siempre me apetecería estar en Cervera, y contemplar la actuación de los lugareños en esta jornada reivindicativa que por harte de birli birloque les ha puesto, ya per secula seculorum, el sambenito de "traidores".
Pero ya lo decía diáfanamente el señor Mas esta mañana: esta es una nación en construcción. Porque las nacionalidades se construyen y se destruyen, las lenguas van y vienen y de aquí 100 años todos calvos. Y si el señor Mas es fiel a su tierra y a su país, a la lengua originaria y la esencia ensencial de lo catalán, que haga algo útil y se dedique a descifrar la lengua ibérica de laietanos e ilergetes (entre otros) para dar así con el sustrato original e inconfundible de los primeros catalanes y de esta nación suya en construcción. Y de paso que cambién la bandera porque la que usan se la mangaron al rey de Aragón.
Ante lo dicho uno se arriesga en este a que le deciquen calificativos de "facha" o "españolista", dedicados amorosamente por esa generación "vaixell" de talibanes. Pero cierto espíritu masoquista, y por qué no decirlo, tocacojones, mora en este aprendiz de peridista que cada diada se rie a expensas de tal elenco de majaderos.

Regreso estival

Acabaron las vacaciones y uno se prepara para el incio del curso siguiente. Vuelve el amanuense a su tarea cotidiana de transcribir textos e ideas que siempre son de otro. Y así, después de un verano que no ha sido precisamente de juerga continua sino más bien de aprendizaje digital, regresa el alumno a su aula dispuesto a engrosar el rebaño, tras creerse, por uno meses, un periodista de verdad. Y si bien este que escribe tiende más a la pluma que la imagen, un cierto hechizo catódico ha venido a turbar la claridad diáfana de sus ideas de futuro. Sí, amigos, se acabó el estío, los amores clandestinos, la soledad disfrutada, los baños a media tarde y la novela devorada con vehemencia.
Muda uno ya la vestimenta veraniega por una más acorde con la nueva temporada. Regresa el curso político a su anormalidad y estallan en las radios los improperios de los voceros apesebrados.
Decían los antiguos griegos, faro del occidente olímpico, que la existencia es cíclica. Vamos, que todo se repite. Y un año después de pisar por primera vez una facultad de periodismo regresa el estudiante con una mezcla de hastío y de ilusión por encontrar a los camaradas de cuartillas y borracheras. Retornan las caras conocidas, y aún aquellas a las que la mala memoria no pone nombre, en una especie de carrusel que, aunque parezca siempre reiterativo, añade cada año nuevas especias al guiso de lo cotidiano.
Esperemos que este año vaya todo mejor --aunque no saldrá de mi boca queja alguna sobre el anterior--, que la sabiduría se derrame sobre nustros capelos inocentes aunque no tonsurados, todavía.
Por mi parte me reitero en la equivocación de la providencia por hacerme nacer en este siglo ( o mejor dicho en el pasado) tan dado a la mediocridad de espíritu. Pero bueno, no nos quejaremos, todavía nos queda un año para pasar por el haro.

Traspaso

Los norteamericanos han traspasado hoy la soberanía al gobierno irakí. El traspaso se hace dos días antes de lo previsto, no se sabe si por motivos de seguridad o en un ataque de generosidad. Poco cambia la cosa. Siguen las milicias armadas y siguen los ocupantes. Atmbi´çen siguen los secuestros y las amenazas de decapitación. Nada parece señalar que el nuevo gobierno vaya ser otra cosa que un muñeco de trapo. Con poco credibilidad tanto en el interior como en el exterior no es el interlocutor de nadie.
Mientras tanto en EE.UU. la película sobre Bush dirigida por Michael Moorere, Farenheit 9/11 arrasa en las taquillas. En este país se está produciendo un fenómeno parecido al que se vivió en la guerra de Vietnam. La mayoría de americanos cree que fue un error invadir Irak.
La lástima es que los americanos siempre acaben actuando cuando la sangre les llega a las rodillas. Esperemos que tengan claro su voto (los que voten) para noviembre.