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De todo un poco

Esta mañana Ana Rosa Quintana le preguntaba a una ex lumi de lujo si se había sentido sucia alguna vez. La chavala de 23 años paodada Virginia se llevaba 6000 euros del ala cada mes por sus servicios, y encima el asunto le ha dado para escribir un libro. Contaba que, además, había cumplido todas sus fantasías. En tales circunstancias y ante la bienpensada y politicamente correcta Ana Rosa uno se pregunta si no se sentió sucia al firmar un libro que no había escrito ella misma. Al menos la puta no engaña a nadie.
La suciedad depende de los ojos de quien te mira.

El Govern de la Generalitat destinará 1100 millones de euros a política lingüística. Luego van y se quejan de que nos roban el dinero en Madrid, que no tenemos infraestructuras y que los niños extremeños tienen más ordenadores en las aulas que los catalanes.
Calculen ustedes mismos la cantidad de cosas que se hacen con 1100 millones de euros. Calculen ustedes mismos la estultez del nacionalismo pazguato y sus prioridades. Coros y danzas...

La película

La película

“No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio, y había uchado como soldado de los tercios viejos en las guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid, alquilándose por cuatro maravedís en trabajos de poco lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de otros que no tenían la destreza o los arrestos para solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá, deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras más.”
Así empezaba esa edición del Capitán Alatriste que mi señor padre tuvo a bien a regalarme la Navidad de 1994, si mal no recuerdo. Desde la fecha no he faltado a la cita con el Capitán en todas y cada una de sus lides. Ya se tratase de repartir estopa por las calles de Madrid, rescatar alguna doncella de un convento, robar el oro de su majestad católica o poner una pica en Flandes, que se dice pronto. Y como yo millones de españoles encantadísimos de la vida porque al fin un escritor decidiese hacer una novela de aventuras históricas como Dios manda.
Todo esto viene a cuento porque esta semana empieza el rodaje de la película. El protagonista será Vigo Mortensen o algo asín, que representó a Aragorn en El Señor de los Anillos (otra saga de la que no me leí ni un libro). Pinta de Alatriste tiene, con esos ojos azules y fríos, aunque le tendrán que teñir el pelo de negro para que tenga más pinta hispana. En fin, que los revertianos estamos de enhorabuena y con el corazón en un puño. A ver si esta vez no la cagan como en La Tabla de Flandes (Territorio Comanche estaba mejor). Y es que 4 millones de alatristanos estamos deseosos de ver al Capitán en carne y hueso después de habérnoslo imaginado mil veces. Y es que Reverte se ha documentado como un auténtico historiador y ha escrito una serie de novelas ejemplares. Mucho que aprender tendría el fulano ese del Código Da Vinci que confundía épocas y personajes. Pero en fin, que hablamos de Alatriste. Voto a Dios porque la peli se deje ver y no hagan un pastiche a lo jolibú con explosiones en pleno Madrid del Siglo de Oro, saquen pistolas de pedernal (las del XVII eran de mecha), o muestren las calles limpias como patenas, que todo puede ser. Porque por mucho que se empeñen cuatro necios, tenemos una historia que merece la pena ser recordada. Aunque esto que digo no es políticamente correcto—ya se sabe—y en este país, como en el siglo XVII, sigue habiendo mucho cantamañanas.

Requiem

Requiem

Lo descubrí hace dos semanas. En el canal 305, arrinconada del resto, aparecía la inefable Cubavisión. La programación la compone, casi en exclusiva, una retahíla de culebrones caribeños. No desistí en mi empeño de ver un noticiero cubano, cosa que me provocaba una especie de morbo indescriptible. Al final lo conseguí, y mereció la pena. Los telediarios cubanos son la lehce, si se me permite la expresión castiza. Se pasan la visda hablando de “los cinco héroes” cubanos de Miami. Unos tipos que han sido condenados por espieonaje—y fijo que lo son—por el amigo americano y que sacan cada dos por tres en el informativo. Las arengas son constantes, a los yuesei les dan canela fina cada dos por tres. Imagínense ustedes a Elena Resano—la maciza que presenta el telediario de la 1—llamando a Bush “el emperador” y su país “el imperio”—of course—. Les dan una de candela que es para alucinar. Fidel apenas aparece el hombre, salen imágenes suyas en la presentación de programa, pero le dedican más tiempo a la “Pelota”, o sea el Baseball. Como parte positca tienen un espacio dedicado a la cultura que dura un ratito largo, cosa de la que podrían aprender aquí. Lo de los derechos de copiright se lo pasan por el arco del triunfo, sacan imágenes de la CNN en español (“una televisión de habla hispana informa”), de TVE, de Al-Jazeera, y de todo lo que se les ponga por delante. Que pague Rita, deben pensar. Siempre sale más a a cuenta que mandar corresponsales.
Les contaba todo esto porque ayer me quedé expresamente hasta las tantas esperando ver si decían algo de Cabrera Infante. Ya saben, el escritor cubano que cascó ayer a los 75 años y diciendo que a Cuba no volvía hasta que fuera una democracia como Dios manda. Pues no volvió el hombre, y ahora sus herederos a guardar las cenizas hasta que palme el de los habanos. Pues en eso estaba yo allí esperando una noticia, un qué se yo y ellos dando noticias de los famosos 5, de la cosecha de papa en el oriente, de la sequía en la isla, de un método para bombear agua con energía solar. Pero de Cabrera Infante nada. Joder, pensaba yo, si aquí casca hasta Gracita Morales y le sacan un programa homenaje en Cine de Barrio y una hagiografía en el Telediario. Pues nada, que no, que de Cabrera Infante ni mu.
Aparte de las ideas políticas del susodicho y de la animadversión hacia Fidel Castro y su régimen, Cabrera Infante era uno de los escritores cubanos más internacionales por no decir el más. Así que lo podían haber sacado ni siquiera de refilón diciendo que fulano de tal había muerto y toda esa milonga. Pero no. Se me quedó un regusto así como amargo en la boca y una especie de mala folla en el cuerpo. Con la cantidad de cosas que hacen bien esta gente en Cuba—y que sacan cada dos por tres en el informativo—y se empeñan en seguir siendo una dictadura. Nada de cancha a la oposición—pagada o no desde Miami—, y a los intelectuales desafectos les queda la cárcel o el destierro. Lo de tratar a los intelectuales como anomalías y prohibir libros ya lo contaba Stefan Zweig de su Austria y Alemania en los años 30. No es propio de un sistema—se compartan o no sus ideas—que reivindica la libertad y la justicia.
Seguiré viendo el informativo a ver si les da por poner una esquelita. Ya se sabe que lo último que uno pierde—aunque en según qué cosas ya está más que perdida—es la esperanza.

Liberales

Se habrán fijado ustedes, sobre todo si son asiduos al “blogeo”, que muchas de las bitácoras que aparecen por estos mundos cibernéticos son de personas que se califican de liberales. Ya he tratado el tema en esta página, pero considero que el tema en cuestión es harto interesante.
Pues bien, ante la ofensiva laicista y bochevique que asola el solar hispano muchos se han puesto manos a la obra y han cargado las tintas. Cosa que tampoco resultaría del todo dañina si los personajes en custión fueran o fuesen liberales de verdad. Aquí lo que pasa es que desde que aquel señor de bigote enarboló la bandera del liberalismo en este país salen liberales de debajo de las piedras. Resumiendo, que sin ánimo de generalizar, se podría decir que la mayoría de quienes se consideran liberales siguen siendo los mismos conservadores y derechones de toda la vida. La misma gente de la CEDA y los tecnócratas que arrinconaron a la poca gente con sensibilidad social del franquismo.
Desde sus bitácoras—respetabilísimas por otra parte—lanzan consignas a favor de la democracia, de la libertad y todo eso. Bueno, habría que ver qué tipo de libertad es la que pregonan. La libertad de la ley de la selva, la libertad del búscate la vida y de la economía desregularizada. Pero la libertad sólo en lo económico, porque no se plantean—salvo excepciones muy marginales—un anarquismo integral. La libertad del dinero, la economía como fin y no como medio, que manda narices.
Porque de la dignidad humana se habla poco. De los derechos de una persona a tener garantizados unos mínimos casi nada. El wellfare state a tomar por saco en nombre de una economía de mercado salvaje incapaz de solventar la exclusión social y la marginalidad. Si quieres seguridad social te la pagas tú, como en los yuesei. Y así les va.
No pienso hacer antiamericanismo barato, pero tampoco me gustaría vivir allí y pagarme el dentista, la universidad, el seguro médico y trabajar echando más horas que un reloj. Y si te pica te rascas. Han pasado muchas cosas desde que en el siglo XIX unos señores empezaran a plantearse que el Estado era algo más que una maquina de represión. La concepción del Estado como árbitro y como garante de los derechos de sus ciudadanos no puede relegarse al olvido así como así.
No sé ellos, pero muchos de los que escribimos casi a diario por estos mundos no hubiésemos tenido la oportunidad de tener una educación universitaria en según qué países. Aunque pensándolo mejor posiblemente sea eso lo que putea a más de uno.

Cuento corto

Cuento corto

Vio Roma a sus pies y supo que al mundo ya no volvería a ser el mismo. La ciudad que desde hacía siglos regía el destino del mundo se presentaba ante él como una vieja indefensa y cargada de achaques. Él, un godo, un bárbaro, tenía a la capital del mayor imperio que conocieron los tiempos a su merced.
Demasiados años de sometimiento y traiciones condujeron a su pueblo a declararle la guerra a Roma. Roma, la ciudad eterna, el ombligo del mundo.
Se quitó el casco a causa del calor sofocante y aferró con la mano izquierda la empuñadura de su espata. Ellos le habían enseñado a guerrear. Le habían entrenado en sus tácticas de batalla e instruido a su pueblo como eficaces tropas auxiliares. Guerreros bárbaros al servicio de los intereses de Roma. Hombres de pelo rubio e imponentes figuras defendiendo una civilización moribunda. Pero todo aquello era ya cosa del pasado. La ciudad le esperaba. Honorio había huido a Rávena como una muchacha asustada y le había dejado una ciudad enferma como botín. Ya nada volvería a ser como antes. Ningún caudillo había conseguido nunca someter la ciudad. Y ahora él, un Godo, un mercenario a sueldo, iba a entrar al mando de sus hombres en aquel recinto amurallado que había sometido con puño de hierro a la casi todos los pueblos de la Tierra.
Alarico volvió a ceñirse el casco. Comprobó su cota de malla y espoleó a su caballo para situarse al frente de sus guerreros. Pensó que su nombre se relacionaría, de ahora para siempre, con el del hombre que doblegó, al fin, al Imperio Romano. Un imperio débil, un león sin garras, apenas los restos de una gloria pasada. Pero un imperio al fin de cuentas.
Miró a sus hombres dispuestos en perfecta formación. Observó sus espatas, sus escudos redondos, sus hachas y los restos de uniformes romanos de algunos de ellos. Después de él ya sólo quedarían restos.
La venganza, por fin, había llegado. Su destino le salió al paso aquella mañana de agosto del año 410. Ellos serían los primeros. Pero de aquí en adelante todos sabrían que Roma era una ciudad más. Un botín de guerra como cualquier otro. Y algún día, no demasiado lejano, otro bárbaro se sentaría en el trono imperial. Sólo era cuestión de tiempo.

Si el hombre pudiera...

Si el hombre pudiera...

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando solo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Luis Cernuda

Diferente rasero

Diferente rasero

Después de lo del apagón informativo ya lo único que les faltaba a los del tripartito nacionalsocialista es vetar la creación de una comisión investigadora. Vaya, ahora resulta que es muy malo investigar. Justo lo contrario que cuando se rasgaban las vestiduras en el Congreso para que se creara una por lo del 11M. Otra vez se aplican un rasero diferente. Ahora es a ellos a los que les tocan las cacerolas. Aunque siguen sin darse por aludidos. Debe de ser porque ellos siempre tienen la razón o porque el aura mística de la pureza nívea de la izquierda les envuelve.
Ahora me gustaría ver al señor Puig (ERC) hablando de mentiras y transparencia. O al señor Rubalcaba diciendo que este “govern” miente. Pero claro, ahora tienen poltrona y cochazo con conductor a cuenta del presupuesto público.
De paso—y cambiando de tercio—nadie nos ha informado de que este referéndum por la Constitución europea no es vinculante. O sea, que aunque salga que no ellos dirán que sí. Eso es lo que quiere decir “no vinculante”, aunque a lo mejor los del talante nos sorprenden con una nueva pirueta léxica como cuando aquellos de las “soluciones habitacionales”. Con este panorama que vaya a votar Rita, o por lo menos que vaya a votar Sí, Rita la cantaora—y aquí notarán ustedes que me desdigo de declaraciones anteriores emitidas con vehemencia por parte del que escribe—. Que le vayan a tomar el pelo a su señora madre. Aquí ya está todo el pescado vendido.

Mitos

Mitos

Se quejaba mi buen amigo Víctor de la caída de un mito. Aquella fantástica foto de Cartier Bresson en la que unos enamorados se besaban frente a un café parisino era más falsa que un euro de madera. Al pobre aquello le tocó la fibra sensible, un icono menos.
Pero si de símbolos hablamos resulta que la mayoría de ellos son gigantes con pies de barro. Si hacemos un breve repaso de algunos de los más conocidos veremos que no son del todo como la imagen que se nos ha vendido.
Así, grandes conquistadores y guerreros como Julio César, Alejandro Magno o Ricardo Corazón de León tendían al dracqüinismo y a la sombra de ojos. Nada malo, por cierto, pero enfrentado a esa versión machunga y obsoleta del guerrero viril.
Felipe II era un tipo bastante dialogante y un padre amoroso; Sisí de Austria era una anoréxica histérica y tiránica; Rousseau era una mala bestia con su descendencia; Wiston Churchill simpatizaba con la causa franquista y boicoteó cualquier intento de la República por obtener reconocimiento internacional; Albert Einstein le ponía a su legítima unos cuernos de aquí te espero y la trataba con la punta de la bota; y Lenin pronunció frases lapidarias como “democracia ¿para qué?” (mi amigo Toni lo matizará convenientemente aunque desde aquí le recuerdo la famosa carta de Rosa Luxemburg). Si seguimos por el solar hispano veremos que a Rafael Alberti--además de escribir una inmundicia de columna titulada "A paseo" durante la Guerra Civil en la que señalaba a personas susceptibles de paseos nocturnos--le gustaba organizar bailes de disfraces en un palacio requisado en el que vivía con su señora mientras que a pocos kilómetros miles de españoles se dejaban la piel en trincheras inmundas. O también que el bueno de Durruti se jactaba de haber limpiado Barcelona de Homosexuales después de haber prohibido el baile y los bares en tierras de Aragón, cosa harto libertaria.
Vamos, que se mire por donde se mire los ídolos que uno pueda tener siempre acaban siendo señores de lo más normal e incluso deleznables. Así que bueno, viendo el panorama parece aconsejable tomar ciertas distancias con aquellas personas que tenemos en un pedestal, no vaya a ser que de tanto idolatrarlos se nos acabe pegando algo.

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería;
pero me quedas tú.
Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.
La gran prueba, a lo lejos,
de que existió, que existe,
de que me quiso, sí,
de que aún la estoy queriendo.

Pedro Salinas

Otro que cae

Hoy se ha casado un amigo. En breves momentos, al acabar estas líneas, saldré con el resto de amigos a celebrarlo. No es el primero pero sí el más cercano en casarse. Parece mentira que ya hayan pasado 17 años desde que nos conocimos y le contaba que a las chicas hay que darles dos besos cuando te las presentan. Un mundo y una vida que han pasado desde entonces. Parece mentira cómo hemos cambiado desde aquellos 13 años. Cómo cada uno de nosotros, de todos, hemos escogido un camino diferente. Un músico, un ejecutivo, una maestra, un comercial y un periodista. Quien nos lo iba a decir entonces.
Pero el tiempo pasa, las cosas cambian, conoces a más gente, a mujeres que te cambian la vida y te encuentras que un buen día tus amigos se casan, se arrejuntan o siguen siendo unos crápulas—como es mi caso—.
Hipoteca y matrimonio son dos palabras que no entran en mi diccionario. He de reconocer que alguna vez me he planteado alguna de las dos por junto y por separado. Al final siempre he acabado por desechar la idea y seguir con lo mío, que no es poco. Pero cuando tu gente más cercana se mete en según qué jardines te da por pensar que te queda poco para acabar con alguna de las dos variantes, o las dos. En fin, que me alegro mucho por el bueno de Alex y por Aiko, su ya esposa japonesa. De rasquis a ver si lo convencemos para que monte un bodorrio sintoista en Japón y nos invite a dar un garbeo por el país del sol naciente.
De momento aquí seguiremos al pié del cañón. Siguiendo la senda del soltero empedernido, del Peter Pan eterno y del mujeriego impenitente. Por lo menos mientras dure y ninguna gachí me meta por vereda, que todo puede ser.
Así que nada, felicidades, Alex.

Más de lo mismo

Si al final tendrá razón mi abuelo cuando decía aquello que todos son iguales. No es que lo dudase nunca, pero todos tendemos siempre a escorar para un lado. En el poco tiempo que llevan mis amigos del tripartito en el poder ya han montado una serie de pollos que pasarán a los anales de la estupidez política. Primero fue aquello de Rovireche reuniéndose con etarras en Francia, cosa que le costó el puesto. Sigió la cosa con aquella circular a los profesores para que no utilizaran el castellano, ya se sabe que es una lengua fascista y de ocupación. Para más inri volvió a salir el Rovi contando aquello tan bonito de las olimpiadas de Madrid, con la consiguiente caída del 12% en las ventas de cava en la capital del reino. Seguro que me olvido alguna, pero la memoria es selectiva.
Ahora nos han sorprendido con el socavón del Carmelo. Verdadero cráter en la vida política del oasis catalán, donde según decían nunca pasa nada. Pues bien, ha pasado, y menudo problema para la lidia y disfrute del gobierno tripartito—partido en tres—. Y uno se pregunta viendo las caceroladas de los vecinos del Carmelo si aquellos que tanto hablaban de transparencia y de asumir las responsabilidades cuando aquello del chapaote tienen un mínimo de vergüenza torera. Permítanme que lo dude muy seriamente. Ya se sabe, las dimisiones están muy bien para pedirlas cuando gobierna otro. Aquí no se mueve ni Dios de su poltrona oficial ni nadie renuncia al Audi con chófer en la puerta de la conselleria. Está la vida muy mala.
Lo que ya toca mucho la fibra sensible es lo del apagón informativo. Ya saben, lo de no dejar pasar a la prensa, no se vayan a hacer pupita con las obras. Indignante, propio de una dictadura bananera. Mucho progresismo y mucha gaita pero al final se comportan como aquellos señores de bigotito recortado de antaño. Si esto es un gobierno progresista que baje Dios y lo vea. Si darle 1500 euros a una familia para que se compre muebles y 12000 para que se ajencien un piso es ser de izquierdas, es que la izquierda está muy mal—cosa harto sabida—. A Maragall no paran de crecerle enanos en el circo y mucha gente ya se está planteando la analogía “govern-casa de barrets”.
Al parecer las obras del Carmelo se hcieron tan chapuceramente por culpa de la pasta gansa que se dejaron los amigos en el Forum. Según se cuenta de aquellos polvos vienen estos lodos. Y es que se rumorea que más de uno se agenció dinero que no era syo y se quiso tapar hinchando otras obras municipales. Esto es sólo un rumor, que conste, pero a uno no le extrañaría nada que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid algún listo se pasara del tal condición.
De momento lo único que sabemos es que aparte de unos incompetentes tienen a medio barrio viviendo en hoteles y a otro medio con los mismísimos de corbata. Ahora, eso sí, el presidente Petazeta y nuestro president periférico ya se han pasado por la Zona 0 y han charlado distendidamente con 6 vecinos debidamente escogidos. Para que luego digan.

El derrumbe

Les paso un artículo de Emilio Masiá. Poeta, escritor y amigo.

Ahora debe estar ocurriendo. ¿Será el fin?; como que las imágenes se le suceden a velocidad de vértigo y le pasa toda la vida en un barullo de fotogramas que la memoria pasa sin apenas tregua. Aún no había soñado Juan Marsé con escribir «Últimas tardes con Teresa», pero otra Teresa, su Teresa y él ya deambulaban cogidos de la mano por El Carmelo, mirando embobados algunos áticos, como el que mira el cielo fabricando sueños de habitar un día un palomar de esos que primero firmas en el banco y luego entregas media vida a cambio de una escritura que dice lo adjudica de por vida.

En la secuencia del derrumbe aún puede apreciarse el empapelado color salmón con florecitas del dormitorio. ¿Sabe usted?, a la izquierda estaba la cocina, se adivina a por la chimenea y esa mancha de negro humo, y qué curioso, pero aún persiste colgado de la pared desnuda un cazo para calentar el café que nadie tomará. En esa mecedora vieja, a punto de perder el equilibrio y sentarse en el vacío, hacía punto Teresa las tardes de invierno, al tiempo que con un ojo vigilaba de cerca a los nietos. Que ella nunca quiso volver a Granada desde que se casaron los chicos. Así que en ella mecía el vaivén de la contradicción sin queja alguna, consagrada a preparar meriendas y aparcar los ritmos de sus siestas dando cabezadas en silencio. Fue al irse cuando ya aparecieron las primeras grietas, que todos achacamos al deterioro implacable de los años y la desaprensiva construcción de los cincuenta. Y ya no tejió más lana, tornándose los días más crudos, las tardes más cortas, las paredes mudas y peligrosas las agujas, que en el ovillo parecían inyectar la última dosis inservible de insulina.

A Teresa la enterramos en Montjuich. Y la casa... la casa ya ve usted. La casa se fue con la construcción del metro a los infiernos, incluidas las fotos de esta historia y la caja de Suchard que las guardaba. Pero a mis años, qué quiere que le diga, mejor coger el petate y punto. O Maragall nos hará volver al banco, a rellenar otro papel mojado y vuelta a empezar. No, amigo. Los sueños rotos ya no tienen compostura. Los chicos se quedan, lógico. Que Clos tendrá que dar la cara. Pero yo me largo.

Hundimienting

Qué país es una expresión a la que los españolitos estamos tan acostumbrados como los franchutes a comer croisants y los hijos de la pérfida Albión a tomar té a las 5—con pastas, claro—. Esta alocución intemporal ya fue recogida por el bueno de Larra, maestro de periodistas y tonto del culo que se saltó la tapa de los sesos por una gachí. ¡Qué país!
En este solar celtibérico nos pasan las cosas en pack, o dicho de modo más castizo, a mogollón. Después de los perros asesinos o de la matanza indiscriminada de mujeres a manos de los cabrones de sus parejas nos ha dado por el hundimienting. Se trata, en pocas palabras, de que se te caiga la casa encima, ya sea por un terremoto murciano o por una vía del metro barcelonés. Sorprendente cuando menos que día sí día también estemos viendo por la tele cómo se van cayendo edificios por media piel de toro. Inauguró la moda un túnel carmelita y catalán. El barrio del Carmelo vive con el ay en el cuerpo por la incapacidad de alguien aún sin determinar a la hora de hacer estudios geológicos como Dios manda. En el Turó de la Peira—otro castizo barrio barcelonés—otros edificios tienen los días contados. Estos por la doble amenaza de la aluminosis y de otras obras varias en el subsuelo. Siguen en el ranking un edificio en Tarragona, y un pueblo murciano meneado por un terremoto bailongo Ante este panorama de cascotes uno se pregunta si los señores que planean los agujeros aprendieron ingeniería de minas en la playa con el cubo y la pala de plástico.
Sabido es que aquí los poderes públicos quieren hacer las cosas a las buenas de Dios, con prisas y dejándose cuanta menos pasta mejor. Así de paso se la podrán patear montando proyectos faraónicos y chorradas varias—léase Forum.
Está la cosa muy malita para conseguir un piso en este país. Y si encima luego van y te lo tiran abajo unos señores jugando a los túneles pues ya ni te cuento. Este debe de ser el único país del mundo occidental donde no son las catástrofes naturales las que te tiran la casa por tierra, sino las administraciones públicas. En fin, Spain is different.

Pecadores

Disculpen ustedes el retraso pero la vida del aprendiz de piniodista es muy dura a veces uy otros menesteres reclamaban mi atención.

No sé si se han enterado vuestras mercedes de lo ocurrido en un pueblo jienense llamado Guarromán—se lo juro—. Pues resulta que el párroco de la localidad se ha negado a darle la comunión a un hombre por tener pareja de hecho y para más INRI masculina. Vamos, que era homosexual. Ya lo decía el bueno de don Quijote, encarnación novelesca de la España soñadora, “con la Iglesia hemos topado, Sancho”.
Con la Iglesia se ha topado este pobre hombre, escarnecido en público por un señor con sotana. Yo ni soy creyente ni homosexual, cosa que me permite ver tranquilamente los toros desde la barrera. Desde mi posición ventajosa observo como, día a día, se van quedando sin clientela. Que conste que a mi plin, que hagan de su capa un sayo. Si no aceptan a divorciados, homosexuales y demás calaña pecadora es su problema. Al fin y al cabo, como decía Norberto Bobbio, Juan Pablo II es un estupendo ejemplo de Papa de la Contrarreforma. No es de extrañar pues que de ahí para abajo mucha gente siga viviendo en el siglo XVI. Aunque injusto sería meter a todo el mundo en el mismo saco, porque católicos los hay muy apañaos. Mucha gente que se deja la piel cuidando leprosos, y monjitas con hábitos blancos charlando con prostitutas en cualquier esquina del Chino.
En tiempos de Jesús a los homosexuales se les lapidaba. En Judea, claro, porque en Roma se pegaban unas fiestas de agárrate que vienen curvas. Hoy en día las lapidaciones son psicológicas y cualquier cura de pueblo puede ejercer de inquisidor.
Decía el Papa que España sufre una ola de laicismo—ya era hora—y no se quién que se pecaba de forma masiva. Como laico y pecador masivo tengo ya claro que al cielo no voy a ir. Cosa que, por otro lado, no me preocupa lo más mínimo dado mi poca afición por los países donde manda un autócrata, sean terrenales o celestiales. Si en cielo hubiera un parlamento, una constitución y una separación de poderes, a lo mejor me lo planteaba y todo. Así que mi consejo para todos aquellos creyentes que se sientan decepcionados por sus pastores es que acepten su condición de pecadores y la ejerzan con alegría. Al fin y al cabo Cristo predicaba entre putas, y lo dejó muy clarito ante aquellos que pretendían lapidar a una pobre adúltera, “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”… Y nadie la tiró.

Surrealismo

Está la cosa calentita. Lo de Bono, digo. Esta mañana Esperanza Aguirre se ponía hecha un basilisco al denunciar el intterrogatorio por parte de la policía de dos señores del PePé . Al parecer estaban en la algarada contra el ministro manchego y aparecían en las fotografías de la supuesta agresión. Blanco y en botella, leche.
Pues la señora presidenta de la Comunidad de Madrid se subía al púlpito herziano de don Federico y no dejaba títere con cabeza. A saber, que esto no pasaba desde tiempos del generalísimo. Desde aquella dictadura tan chunga en la que ella corría delante de los grises--ironía--. Poco después el señor Ángel Acebes--ya saben, aquel tipo de la doble línea de investigación con menos credibilidad que Chiquito de la Calzada en una convención de astrofísicos--decía que lo que se ha producido es un complot "políticopolicial". Qué afición que tienen esta gente por por los neologismos compuestos, igualito que aquello de la amezada judeomasónicablochevique. En fin, que se ha liado un cristo considerable a cuenta del achuchón al ministro socialista.
Por su parte la SER contraataca--ya se sabe que los imperios siempre contraatacan--denunciando a su vez que desde el PePé de Madrid se instaba a sus militantes a acudir a la manifestación de las víctimas para liarla de lo lindo. O, en palabras suyas, para "mostrar el descontento con la actual política del gobierno". Otra vez blanco y en botella.
Decía mi querido amigo Chorche esta mañana que esta gente no está acostumbrada a ir a manifestaciónes y que un madero te suelte un guantazo by the face. No es de extrañar que la policía haya interrogado a dos tipos que aparecen en una foto en la que le están dando la del pulpo a un ministro. Yo todavía recuerdo cuando los antidisturbios entraron a saco en el campus de la Universidad Autónoma de Bracelona a las ódenes de la señora García Valdecasas--ilustre apellido de rancio abolengo democrático--.
Así que bueno, que según que gente se ponga a moños por según que cosas es de juzgado de guardia. Si vas a liarla atente a las consecuencias, y si te enganchan, pues mala suerte, chaval. Porque oir de determinadas bocas palabras como dictadura, represión o "manipular a las víctimas" es, se mire como se mire, de vergüenza ajena.

Respeto

A mi que un señor me diga cómo tengo que vivir mi vida me toca mucho la fibra sensible. Y la historia está llena de salvapatrias, dictadorzuelos e iluminados que, en un momento dado, se ha dedicado a ir diciéndolo q todo cristo cómo tenían que vivir su vida. Otra cosa es que al final la gente hay dicho que tururú y que no, que iban a vivir como les viniese en gana.
Me acuerdo de aquel tipo con toalla en la cabeza y barba a lo Moisés que lio la del pulpo en Irán con la excusa de la Revolución Islámica. Un ayatolá con muy mala leche que, de buenas a primeras, les dijo a las señoras que se pusieran pañuelos en la cabeza y que fueran vestidas como aquí las viudas de los pueblos, osea, de negro. La gracia que le hizo a más de una aquello, por no hablar de los iluminados por excelencia: los talibanes.
Pues bien, en pleno siglo XXI, con una Ilustración, una Revolución Francesa, varias liberales y dos guerras mundiales a cuestas, al señor este que es jefe de Estado del Vaticano le da por decir que los españoles somos unos flamencos de aquí te espero. Mucha guasa encima y la laicidad ganado terreno día a día contra las huestes del viario de Cristo en la Tierra, que ya es decir. Pues bien, ya se ha vuelto a montar un pollo a colación de las declaraciones del señor Papa de Roma. Esta mañana han cruzificado en las ondas a un anitguo profesor mío por decir que la religión es el opio del pueblo, o algo por el estilo. Y claro, los católicos de toda la vida han inundado de mails quejumbrosos la redacción del programa del señor Herrera indignadísimos de que se atente tan vilmente contra la libertad de culto. Pero ¿y la libertad de hacer lo que nos rote sin molestar, no está en entredicho por las declaraciones, día sí, día también de los prelados españoles?
Aquí uno cree fervientemente en la libertad, ya sea de culto o de tomarse una caña con quien le apetezca. Así que bueno, si ellos quieren que sus hijos se dediquen al tema del fornicio--porque les digo yo que se dedican, la carne es débil--sin protección, pues ayá ellos. Luego ya vendrá más de uno quejándose con el bombo de su niña o, en el peor de los casos, con un sidazo de aquí te espero. Queda lo del celibato y la continencia... Ya.
Yo tengo la teoría que en este país se folla--perdón por la expresión descarnada--poco y mal. La cosa iría un poquito más desahogada con algo más de vidilla y todos iríamos tan contentos. O no, pero ahí dejo la propuesta. El caso es que me parece muy bien que ellos les enseñen a sus niños lo que quieran y como quieran. Que si la Santísima Trinidad, el Sagrado Corazón de Jesús y y todo aquello. Tampoco es que enseñen nada malo y muchas cosas tienen su qué y hasta su punto. Pero a los demás que nos dejen en paz y si queremos darnos una alegría que no mareen la perdiz con historias de morlidad y cosas por el estilo, que ya somos mayorcitos. El mismo respeto que piden tendrían que ofrecerlo unos cuantos a los que no comulgamos los domingos. Uno no piensa meterse en camisas de once varas y decirles a ellos cómo tienen que vivir.
Tenía un amigo testigo de Jehová que hasta la fecha--y es coetáneo mío--no ha yacido con mujer--que yo sepa--por aquello de que la Biblia dice. Más de una vez me he preguntado cómo se lo hará el pobre chaval para reprimir lo que es natural en un tio--que con doce años ya tenía un mostacho considerable--de pelo en pecho. Nunca le dije nada y respeté su opción de vida, aunque dicho sea de paso me parecía una barbaridad. No es que desde aquí apueste por el desenfreno, pero hombre, como decía mi abuela, para todo roto hay un descosido y alguna vez sonará la flauta.
Lo dicho, que cada cual aguante su vela como mejor se tercie, y a vivir que son dos días. Yo los respeto y a muchos los tengo como amigos--buena gente--, pero pido para mi estilo de vida el mismo respeto que mi me merece el suyo. Y si no querdan dos remiedios tan saludables como lo que hicieron en Albania--prohibir la religión-- o lo que hicieron en este bendito país durante los años del nacionalcatolicismo, que tiene guasa.

Manel

Cada tarde lo veo al pasar por la carretera que cruza el pueblo vecino al mío. Atiende amablemente a alguna viejecita, le lleva las bolsas del super o despacha atrincherado tras la máquina registradora. Embutido en su bata azul repite con monotonía la rutina del día a día. Se llama Manel, según creo recordar de la época del instituto. Algún cabronazo le puso de mote del “16 válvulas” por no sé qué problema en su cerebro. Nunca me gustaron aquellos chascarrillos ni las risas autosuficientes de aquellos pisaverdes que tenía como compañeros.
Ahora, años después, despacha como tendero en el colmado de su familia. Su cara expresa confianza y buena fe, esos sentimientos de aquellos que no tienen malicia ni doble fondo. Manel atiende siempre con una sonrisa, o por lo menos es así como lo observo cuando mi coche se para enfrente de su pequeño establecimiento. Una mezcla de compasión y de envidia me asalta al ver al bueno de Manel. Compasión por saber que nunca será capaz del todo de entender en qué clase de mundo vive, ni de disfrutar de tantas cosas que nos ofrece la vida. También de no poder defenderse como es debido de tanto desaprensivo suelto. Me imagino al comercial listillo de turno o a la señora encantada de haberse conocido jactándose de las pocas entendederas del pobre Manel. Pero a la vez también siento una especie de envidia por él. Envidia por su pequeño mundo de latas de conservas y botes de jabón. Una existencia simple, rutinaria y segura en la que cada día se parece al anterior y en la que pocas cosas hay que temer. A Manel no le interesa que un desaprensivo invada un país que no es el suyo, ni que cuatro iluminados jueguen con los sentimientos de millones de personas. Él vive, a su manera, en otro mundo; mucho más sencillo que el de la mayoría. Nunca se preocupará por el reconocimiento personal, por llegar a ser alguien, ni por buscarle un sentido metafísico a su propia existencia.
A veces, mientras lo observo, vienen a mi aquellas palabras que el tío Iturrioz le decía a Andrés Hurtado en “El árbol de la ciencia”; unas palabras cargadas de amargura en las que equiparaba dolor y conocimiento. Y mientras miro a Manel sonrío al pensar que ahí radica, precisamente, su particular venganza contra todos nosotros.

Cantidad y calidad

El límite de la estupidez humana parece no conocer límites. Hace un par de días, haciendo zapping, recalé en las inefables costas catódicas de Crónicas Marcianas. El amigo Sardá se practicaba en público una autofelación a cuento de una pizarrita con unas líneas de colores. Las rayitas en cuestión indicaban las audiencias de su programa y dos de la competencia.
Pues bien, el amigo Sardá se regodeaba de su gran audiencia en comparación con el resto de los pobre mortales. Lanzaba un aviso para navegantes en el que venía a decir que su programa, pese a críticas e improperios varios, era líder. De ahí a decir que Crónicas era bueno porque era visto por la gran masa no pasó ni un minuto.
Sabido es por todos—menos por este señor—que cantidad y calidad son conceptos que no van unidos casi nunca. Una cosa puede ser buena y no ser mayoritaria o al revés. Ejemplos a patadas. Como ese señor bajito con bigote a lo Charlie Chaplin que ganó unas elecciones en Alemania en el año 33, y que montó el pollo más considerable de la historia del género humano. O como la infinidad de ejemplares del Código Davinci con los que se topa uno, o la lista de discos más vendidos cuando aquello de OT. Vamos, que ya lo decía Séneca—que no tenía un pelo de tonto—cuando escribía aquello de “aléjate de la multitud”.
Ahora bien, si su programa tiene éxito pues muy bien, pos m´alegro. Si las lumis que saca cada noche enseñando los pectorales le hacen subir la audiencia, pues de coña. Pero por favor, que no diga chorradas de tal calibre y se quede tan ancho. Porque por su misma regla de tres la mejor ciudad de este planeta para vivir es México DF, el mejor remedio contra la impotencia es el pene de tigre seco y la mejor película de la historia del cine español es Torrente. Ahí queda eso.

"Aquí no sirve ni muere nadie"

Iba a escribirles hoy un artículo muy mono, pero por aquellas cosas que pasan he encontrado uno mejor y que toca alguno de los temas que trataré en breve. No creo que haga falta que les diga--a estas alturas--quien lo ha perpetrado.Así que ahí va.
Huelga decir que comparto la inmensa mayoría de lo dicho por el autor...

Seguimos actualizándonos, pardiez. En la academia de suboficiales de Lérida, Defensa –el nombre empieza a parecer un chiste– ha retirado la inscripción «A España servir hasta morir». La decisión se tomó por presiones de vecinos y políticos locales, que pedían la desaparición de un mensaje que consideraban «una vergonzosa agresión al paisaje, al buen gusto y a la libertad». Y bueno. Lo del paisaje y el buen gusto podría ser; pero la agresión a la libertad no termino de verla del todo. Mi libertad, por lo menos, no se ve agredida porque los suboficiales del Ejército sirvan a España hasta morir, en Lérida o en donde sea. Más bien al contrario. A mí, la verdad, que en un ejército voluntario, como el de ahora, haya individuos e individuas dispuestos a dejarse escabechar por España, siempre y cuando sea en condiciones normales de milicia y no en vuelos chárter de segunda mano para ahorrarle cuatro duros al ministerio, me parece estupendo. Alguien tendrá que hacerlo llegado el caso, digo yo. Y además lo llevan incluido en el oficio y en la mierda de sueldo que cobran. De modo que si a alguien le parece mal, sólo veo una explicación: ese alguien cree que no hace falta que nadie muera por España.

Dejemos las cosas claras. En este país ruin e insolidario, y en lo que a mí se refiere, las banderitas e himnos nacionales, regionales y locales, los villancicos navideños, las salves marineras y rocieras, las jotas a la Pilarica o a San Apapucio, los pasos de Semana Santa y la ola en los estadios cuando juega la selección tal o la cual, se los pueden guardar algunos donde les alivien. Cuando políticos, generales, obispos, financieros y presidentes futboleros, entre otros, agitan desaforadamente trapos, crucifijos, folklore, camisetas o lo que sea, en vez de heroísmo, patrias, dignidades, espiritualidades, tradiciones y cosas así, lo que yo veo es a millones de infelices manipulados desde hace siglos por aquellos que diseñan las banderas y los símbolos, utilizándolos para llevarse al personal a la cama. Lo que no es incompatible –acabo de escribir una novela sobre eso– con la ternura y respeto que siento por los desgraciados que lucharon, sufrieron y palmaron por una fe, por un deber o porque no tenían más remedio. Pero entre quienes se benefician de ello, no veo distinción entre derechas, izquierdas, nacionalistas o mediopensionistas. En sus manos pecadoras, tan sucia es la bandera que agitan como la ausencia de la que niegan. Bicolor, tricolor, multicolor, technicolor o cinemascope. Lo mismo si la izan que si la descuartizan.

Respecto a lo que decía antes, me explico más. Quienes crean que en un país normal, con fronteras y política exterior, los ejércitos resultan innecesarios, son unos pardillos. Esa murga sería preciosa en un mundo ideal, pero nada tiene que ver con éste. Ciertos cantamañanas olvidan, o ignoran, que quienes en 1936 vertebraron la defensa antifranquista, tonterías populacheras aparte, fueron los organizadísimos comunistas y los militares profesionales leales a la República. En cuanto al presente de indicativo, la razón de que Estados Unidos, nos cuaje o no, sea árbitro del mundo no se basa sólo en su potencia económica, sino en su carísima y eficaz máquina militar sin complejos. Europa es un ratoncillo en ese terreno, y España la colita cochambrosa de ese ratón. Pregúntenselo a Javier Solana, el míster Pesc del circo Price, cuando va a Israel y esa mala bestia de Sharon se le descojona en la cara. O a nuestro genio de la blitzkrieg diplomática y el buen rollito, el ministro Moratinos, la próxima vez que los ingleses le metan la Royal Navy en el estanque del Retiro. El pacifismo y el antiamericanismo rinden en titulares de prensa; pero la falta de fuerzas armadas propias significa que, si algo se va al carajo, habrá que pedir ayuda a los Estados Unidos, como en las guerras mundiales, Bosnia, Kosovo y demás. Siempre y cuando Estados Unidos no esté con el otro bando. Lo ideal, claro, es acabar de una vez con las armas y las guerras y besarnos todos en la boca dialogante, muá, muá, slurp. Pero esa película hace tiempo que la quitaron de los cines.

Aunque, volviendo a lo de la academia de Lérida, cabe una segunda posibilidad: que aparte de quien cree innecesario que exista gente capaz de sacrificarse por España, haya a quien le conviene que nadie la defienda si la maltratan o descuartizan. En el primer caso nos las veríamos con un ingenuo, o un imbécil. En el otro caso, con un relamido hijo de la gran puta.

Un poquito de porfavor

Estaba el otro día comiendo apaciblemente con unos compadres cuando la conversación viró hacia el plan Ibarretxe y toda esa milonga. De los tres contertulios dos éramos de ascendencia sudista y el restante un aborigen del Montsiá—que como él mismo dice es una cosa extraña incrustada en Cataluña—. Pues bien, entre chato y chato de vino les comentaba a mis amigos que, en un momento dado, no tenía la más remota ilusión por escoger una nacionalidad que me diferenciase de ninguno de ellos. Que no, que ganas las justas de decirle a mi amigo Robert que es de otra nacionalidad que yo. Tengo muchas más cosas en común con él—como el gusto por las señoras voluptuosas o el amor al rock duro—que con algún ceporro de los de la banderita española en el chandal. Así que bueno, decidimos que si la cosa se ponía fea siempre nos quedarían las islas Feroe o algún lugar tranquilo de este mundo desde el cual observar como se tiraban los trastos a la cabeza entre unos y otros.
Comprenderán ustedes la esquizofrenia de un servidor al tocar el tema de la nacionalidad intrínseca. Nunca me he sentido cómodo entre señores con bigote recortado ni en la compañía de salvapatrias de medio pelo obsesionados por la pureza de la lengua. Imaginarán ustedes la poca gracia que le hace a un servidor que según que pazguatos se dediquen a joder la marrana y a calentar los ánimos. La misma gracia que le haría a más de uno que le dijeran que su mejor amigo es un extranjero—no es de su misma nacionalidad—y que se tiene que ir de chetnik al Tibidabo a lanzar castañas contra la plaza de Sant Jaume. A lo mejor esto que digo puede resultar muy exagerado y muy fuera de tono, pero no sería la primera vez que pasa en este continente. Y quien dice Tibidabo dice también la orilla izquierda del Nervión o la islita esa tan coqueta de la bahía de la Concha.
A ver si de una vez por todas nos dejamos de leches y nos dedicamos a sacar a este país a flote, que si antes ya era el esperpento de la Europa occidental, ahora ya ni les cuento el espectáculo que estamos dando.
Porque en esta semana que llevamos ya he oído varias veces las palabra “tanques”, “boicot”, “artículo 155” y un sinfín de lindeces que le amargan la cerveza a un servidor. Así que bueno, ellos sabrán, pero luego que no vayan—unos y otros—poniendo el grito en el cielo porque el vecino resulta que es un cafre de tomo y lomo y—casualidades de la vida—se presenta a las tantas de la madrugada con unos amigos para invitarnos a una fiesta particular. Uno pediría, como dicen en una serie televisiva, un poquito de porfavor.