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![]() "No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. [...] Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo"
"No me gusta nada que haga postrarse a un hombre" "La libertad no hace felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres" |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2006.
A la muerte de Amenofis IV, más conocido como Akenaton, los sacerdotes del culto a Ra se dispusieron a borrarr cualquier rastro de la existencia del faraón. Desaparecieron los nombres del rey del Nilo de la estelas de piedra, de los papiros e incluso sus representaciones estatuarias fueron destruidas. Los egipcios no eran nuevos en esta tarea de borrar a alguien para el futurio, siglos antes ya habían repetido el procedimiento con la reina Hatsepsup. Los arqueólogos e historiadores del siglo XX vieron su tarea dificultada por la escasez de registros sobre estas dos épocas de la civilización egipcia. Pues bien, algo similar está ocurriendo en la fabulosa Cataluñalandia. Cualquier referencia a la dictadura del general Franco está siendo borrada, literalmente, de la vida cotidiana de los catalanes. Al natural y, por otro lado, nada discutible traslado de las estatuas ecuestres del dictador, se le ha sumado la chiripiflautica idea de cargarse el castillo de Montjuic. Un castillo que, por otro lado, lleva desde el siglo XVIII en la montaña que preside Barcelona y que se sólo tangencialmente se vinculó con la dictadura. Los argumentos de la izquierda nacionalista y el progresismo de salón son varios. Algunos sostienen que el castillo es un símbolo (y contiene símbolos) fascistas. Cabría entrar aquí en lo que se considera o no fascismo, pero dudo que muchos de ellos lo entendieran. Otros, avispados, ven en el castillo un ejemplo de militarismo galopante que poco concuerda copn la Cataluñalandia pacifista, moderna y progre-guay que nos quieren vender. Y, los más, ven el pasado del castillo como prisión del franquismo yq eu en su foso de fusilase a LLuís Companys , un argumento más que suficiente. Son los mismo que no recuerdan que el castillo también fue prisión republicana y que en su foso se fusiló a franquistas. La idea principal de estos bien pensantes caballeros es la de convertir el castillo en un museo de la paz. La cosa parece de coña, pero no lo es. Según IC-V, ese partido de gente que se la coge con papel de fumar, habría que convertirlo en un alegato contra las guerras, etc, etc,etc. Apostaría cualquier cosa a que el 99 % de los que hablan de la paz y estas monsergas no han estado en su vida en el museo del castillo. Se trata de un museo militar que recoge diferentes colecciones relacionadas con aspectos de la historia militar. Podemos encontrar espadas de todas las épocas, ballestas, lanzas, alabardas, armaduras, armas de países lejanos como Filipinas o la India, armas de fuego, uniformes, maquetas de castillos y fortificaciones, piezas de artillería e incluso una pinacoteca de pintura de tema militar realizada por artistas catalanes. Ah! Por cierto, un gran número de las armas expuestas están fabricadas en Cataluña. Esto, ya se sabes, es políticamente correcto. Poco importa que los 5000 años de historia del ser humano se puedan narrar casi exclusivamente con sus guerras. Poco importa que innovaciones militares como los estribos, la pólvora, la artillería o tantos otros, cambiaran el curso de la historia humana en un sentido u otro. Poco importa que las guerras hayan decidido cosas tan importantes como que este país haya sufrido una dictadura durante casi 40 años. Todas esas cosas no importan Guerra, caca, mala. Cosa, que por otra parte, todo el mundo con dos dedos de frente ya sabe. No hace falta que venga el jipi de turno a decirte lo mala que es la guerra, con que cualquiera vea un telediario al día estará de sobra informado de lo cruel, sucia y terrible que es la guerra. Queda saber si el susodicho museo de la paz costará otra millonada -como el Forum- a costa de los impuestos de los barceloneses. La polémica está servida. Bono advierte que cederá el castillo si no quitan la bandera española (que la quitarán, y si no al tiempo) ni las antenas militares que están en el recinto (que las trasladarán también). Así que si nada lo remedia, el museo se irá a tomar viento, por fascista y por franquista. Ayer, Mónica Terribas se preguntaba cómo podía haber gente que se tomara un café rodeada de cañones, como si esos cañones no fueran tan humanos como ella misma. Como si los hubiesen fabricado en Marte y alguna raza pretérita y alienígena los hubiera dejado en el patio del museo. Si duda, por ahí van los tiros, hacer creer que esas cosas son producto de una pesadilla, de una invasión marciana a la que fuimos sometidos los pacíficos catalanes por parte de unos extraterrestres peligrosos, belicistas e imperialistas. Como si no hubiesen existido almogávares, voluntarios con barretina en la Guerra de Cuba, somatens, milicianos antifascistas o voluntarios de la Virgen de Montserrat. Como si Cataluña no se hubiese formado a partir de guerras. Como si Jaime I hubiese ido a Valencia de Picnic y, amablemente, les hubiese dicho a los musulmanes que se fueran, por favor, que voy a montar mi reino aquí. Todo esto recuerda demasiado a lo que aquellos sacerdotes de Ra hicieron con Akenaton; borrar cualquier rastro de su presencia y crear una historia ideal y perfecta. Mañana se presenta el partido político nacido de la plataforma Ciutadans de Catlunya. Un rayo de esperanza para los que no comulgamos con el ideario nacionalista y, a la par, tenemos ciertas reticencias con el Pepé. Por mucho que insistan algunos desde sus columnas y sus televisiones, el nuevo opartido no enlaza con el españolismo rancio de la dictadura, sino con el constitucionalismo clásico y la defensa de la libertades democráticas. Muchos eran los que creían que Ciutadans de Catalunya se quedaría en una mera pataleta de cuatro intelectuales iluminados. Por el momento ya cuentan con más de 7.000 afiliados y un número importantes de simpatizantes. La trayectoria política y personal de muchos de sus impulsores son argumento más que suficiente para acreditar el pedigrí democrático y tolerante del nuevo partido. Tanto el Pepé como el PSC han intentado neutralizar sus efectos en la sociedad catalana de diferentes formas. Los socialistas pretendieron que no se constituyera como alternativa política, ya que temen el impacto que entre su electorado puede tener el mensaje que transmiten. Por su parte, el Pepé ha intentado fagocitar la iniciativa, pero las divergencias ideológicas de fondo son demasiado grandes. El proyecto nace como partido transversal, esto es, que no discrimina a nadie por su ideario político sino que aglutina a diferentes familias -democráticas- contrarias al nacionalismo que excluye de la vida pública cualquier manifestación ajena a sus postulados. Ciutadans de Catalunya nace como partido abierto, democrático y , sobre todo, constitucionalista. Sin duda, un balón de oxígeno para todos aquellos que huyen de los dogmatismos étnicos y culturales y apuestan por una sociedad abierta. Queda ver qué resultado obtendrán en las próximas elecciones, pero de momento, la histeria de ciertos medios de comunicación sirve de indicador de los miedos de muchos. Mañana, a las 12:00 horas en el Teatro Tívoli, Arcadi Espada, Albert Boadella y francesc de Carreras apadrinarán el nacimiento del partido. Ello si no lo impide o dificulta la presencia -como ya viene siendo habitual- de algún grupo fascista. Desde esta página les mando todo mi apoyo. Mañana nos vemos en el Tívoli. Artículo publicado por un servidor en www.lavozdesalamanca.com Ayer, por fin, pude ir a ver Munich, la película de Steven Spilberg sobre el atentado de Septiembre Negro durante la olimpiadas de 1972 -en el que fueron asesinados 11 atletas israelíes- y la plosterior venganza del Mossad. La película me gustó mucho, he de decirlo, las tres horas de metraje se me pasaron volando sentado en la butaca del cine. Spilberg logra transmitir al espectador la forma en la que la violencia acaba por destruir al ser humano. De todas formas, y a efectos históricos, la película diverge sustancialmente en algunos aspectos de lo que pasó en realidad. Por ejemplo, la operación llevada a cabo en Beirut contra terroristas palestinos difiere de como la narra la película, o la supuesta ejecución de los integrantes del equipo N (que así se llamaba) por parte no se sabe muy bien de quién pero eso es material de otro artículo. De todas formas, me quedo con la magistral interpretación de los actores, incluida la de la actriz que da vida a la inconmesurable Golda Meir, madre del estado de Israel. La película, auqnue de forma sutil, confronta las acciones del Mossad en Europa con la de del terrorismo palestino como respuesta -aunque cabe pensar en si lo habrían hecho igual de no haber actuado el Mossad-. Pese a todo, el propio film , aunque intenta igualar las acciones de ambos bandos, da un par de claves que me parecen interesantes. Mientras los agentes hebreos realizan operaciones selectivas contra una persona (en las que intentan por todos los medios que no muera nadie más) los palestinos perpetran atentados indiscriminados en aeropuertos, aviones comerciales, embajadas, etc. alguno podrá decir que previamente los israelíes bombardearon bases terroristas, pero eran precisamente eso, campos de entrenamiento para terroristas. A pesar de todo, existe una realidad en Israel que casi nadie conoce y que posiblemente sería muy esclarecedora para muchos. La imagen general de los judíos es la de un pueblo que somete a los palestinos, los bombardea indiscriminadamente y destruye sus viviendas cundo lo cree oportuno. Según lo políticamente correcto, Israel ha concentrado en ghettos a miles de árabes y los mantiene viviendo en la pobreza. Sin duda esa es la realidad de los territorios ocupados, pero no es toda la realidad. Nadie, o casi nadie sabe que en Israel, alrededor de un 20% de la población es árabe. Y cuando me refiero a Israel hablo del territorio del estado de Israel, no de Cisjordania,m Gaza o los altos del Golán. Cuando se creó, en 1948, el Estado de Israel, fueron muchos los árabes que decidieron vivir en paz con los judíos. Sus descendientes viven dentro de las fronteras, reconocidas internacionalmente, del Estado Judío. Estos árabes tienen pasaporte israelí, hablan hebreo y van a las mismas escuelas y universidades de que los hebreos. Alguno podrá pensar que son ciudadanos de segunda, pero la propia política del Estado de Israel le ha “mimado” especialmente. Dentro de la Knesset, el parlamento Israelí, estos árabes cuentan con representación parlamentaria a través de sus propios partidos. Como resultado, los árabes con pasaporte israelí disponen de un nivel de vida equiparable al de cualquier europeo medio. Estamos hablando de alrededor de 2 millones de personas, no de un grupúsculo al que se dan privilegios de cara a la galería. Sayed Kashua es un joven árabe-israelí que, a trañés de su libro “Ärabes danzantes” narra la realidad de su gente. Sin duda no todo es de color de rosa; son árabes y como tales sienten un sentimiento de afinidad para con sus vecinos de los terriotorios ocupados, pero han sabido vivir en paz con los judíos y ahora están a años luz de sus vecinos. El otro día, un compañero de hebreo me comentaba que había conocido a uno y que se había emocionado al encontrar a alguien con quien hablar en su otra lengua. Los historiadores no solemos hablar de política ficción, pero no dejo de preguntarme qué habría pasado si la historia hubiese discurrido por caminos diferentes. Pese a todo, la patria palestina no habría existido jamás, ya que el rey Abdullah de Jordania, ya en 1948, había llegado a un acuerdo con el Reino Unido para anexionarse el territorio conocido como Transjordania. De todas formas, la imaginación vuela y uno se vuelve a preguntar si les habría costado tanto dejar a los judíos en paz y vivir con ellos, o junto a ellos, como buenos vecinos. Quizá los árabes serían los primeros en alegrarse. Alba tiene 6 años y está en el hospital en estado grave. Su padrastro - un presunto hijo de puta- le propinó -presuntamente- una paliza casi mortal. Hechos así le hacen hervir la sangre a cualquiera, más si la víctima es un ser indefenso y a todas luces inocente de cualquier tropelía. Vivimos en un país en el que los maridos ensañan con sus mujeres casi a diario, y en el que casos como el de Alba saltan a la palestra cada dos por tres. A riesgo de que caer en la demagogia y el populismo, uno se pregunta en qué narices están pensando los políticos patrios. Sin duda es mucho más importante reformar la Constitución para que doña Leonorcita pueda llegar a ser reina, o para que los capitostes periféricos se queden con la pasta de los aeropuertos. En España, los verdaderos problemas pasan por que La Caixa o E-On se queden con Endesa, o que el castillo de Montjuic -del que ya les he hablado- pase a convertirse en un museo del buen rollo. Estos son algunos de los debates abiertos en la prensa española. Patético. Mientras tanto, el españolito de a pie se enfrenta cada día a una verdadera jungla. Indefenso, sólo puede rezar para que no le pase nada y a ningún cafre se le ocurra ponerlo frente a su punto de mira. Luego pasa lo que pasa, y a la gente se le hinchan las pelotas y acaba votando al primer desaprensivo de extrema derecha que le promete tranquilidad. De momento no se ha escuchado a ningún político patrio -por lo menos en público- hablar de un cambio en nuestra blandita legislación. Nadie -además de las familias de las víctimas de cualquier fechoría- parece estar interesado en dotarnos de una justicia de verdad. Y digo esto desde mi constitucionalismo ferviente y mi incondicional adhesión a los principios reflejados en la Declaración de los Derechos Humanos. Nada de penas de muerte, torturas ni milongas por el estilo. Eso queda para salvapatrias y fascistas varios. Aquí, por lo que el ciudadano medio clama es por una justicia de verdad, no contaminada por principios de patio de colegio que culpan de todo a la sociedad y convierten al delincuente en una mera víctima. ¿A dónde vamos con un cuerpo judicial compuesto por jovenzuelos empollones que se sacan una oposición ? ¿Es que no sería más razonable que para ser juez hiciera falta una larga trayectoria profesional como jurista? Por no hablar de esas leyes de mentira que han convertido a España en el paraíso de la delincuencia (dicho esto por varios integrantes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado). Posiblemente esta no sea la solución para acabar con la delincuencia, y de hecho puede que incluso les de la razón a quienes lo piensan, pero uno se quedaría más tranquilo al saber que a gentuza como el padrastro de Alba no la soltarán del talego hasta el 2050 -por lo menos-. Son muchos los días en los uno siente pena por este país. Mañana tras mañana nos levantamos con la última trifulca entre Gobierno y oposición. En este solar ibérico se aprovecha cualquier cosa para tirarle los trastos al oponente. Lo que pasa ya de castaño oscuro es lo del 11 M. Y que conste que en lo referente a este asunto da igual de quién hablemos. Unos y otros, con los cuerpos de las víctimas todavía calientes, se enzarzaron en una carrera frenética hacia la Moncloa. Todo vale, parecía ser la consigna. Dos años después, los muertos siguen siendo moneda de cambio entre sociatas y peperos. Por no hablar de IU, pero esos están en órbita hace tiempo -qué pensará Julio Anguita de todo esto-. En fin, que ahora nos salen con que la mochila encontrada en Atocha era falsa. Y uno piensa que, de ser cierta la acusación, el pollo que se puede liar es considerable. Ello en el caso, repito, de que la información sea cierta, porque de ser falsa no crean ustedes que el sarao sería menor. Lo que queda claro es que alguien miente como un bellaco. Ya sea el Pesoe o el Pepé, aquí a alguien le canta el aliento. Y jode, jode mucho que el que sea esté tan enganchado al poder que sea capaz de metir sobre 200 cadáveres. Pero ¿de qué nos sorprendemos? Ya decía don Antonio -Machado, of course- aquello de "españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos españas ha de helarte el corazón". Las dos españas, el viejo cuento de Abel y Caín. LLevamos desde el alba de los tiempos dándonos mojadas por las esquinas; sociatas y peperos, españolistas y nacionalistas periféricos, rojos y nacionales, republicanos y monárquicos, isabelinos y carlistas, liberales y absolutistas, patriotas y afrancesados, borbónicos y austracistas, comuneros e imperiales, la Buisca y la Biga. Y luego nos quejamos. Las pocas oportunidades que hemos tenido para salir adelante han sido, la inmensa mayoría de las veces, desprovechadas. ¿Saben ustedes dónde quedó la Constitución de 1812? Bajo las ruedas del carro de Fernando VII tirado por el glorioso pueblo español al grito de "vivan las caenas". Una pena, teniendo en cuenta que fuimos el tercer país del mundo -tras EE.UU. y Francia- en tener una constitución. Todo ello por no hablar de aquellas desamortizaciones de pacotilla que contribuyeron a asentar el régimen de los señoritos y el latifundio. O aquella Primera República, auténtica olla de grillos, que acabó con un señor a caballo entrando en el Congreso. Lo demás ya lo conocen ustedes; guerras carlistas, alternancia de poder, dictablanda de Primo de Rivera y Segunda República. La otra gran oportunidad desaprovechada. Decía Niceto Alcalá Zamora que él quería una república de obispos y de burgueses. Lo que le deparó la historia fue una carnicería. Nadie quiso a la República -salvo honrosas excepciones-. Todos quisieron prostituirla en favor de sus intereses y sus dogmas. Para más inri, vino al mundo en plena pugna entre totalitarismos. Y así nos fue, con una Guerra inCivil que dejó el solar patrio sembrado de cadáveres, tumbas y fosas comunes. Lugares donde las nuevas generaciones tuvieron un sitio donde ir a llorar a sus muertos y renovar así el secular odio entre españoles. Así que, miren ustedes, nada nuevo bajo el sol. Particularmente, un servidor se queda con la Tercera España. Aquella que defendieron gente como Ortega o Unamuno. Una España ilustrada, democrática, serena y alejada de dogmatismos fanáticos. Una quimera, tal vez, pero una Arcadia que se hace necesaria entre tanto capullo vendedor de motos y sus respectivos epígonos. |