librodearena |
![]() "No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última. [...] Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo"
"No me gusta nada que haga postrarse a un hombre" "La libertad no hace felices a los hombres; los hace, sencillamente, hombres" |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2008.
HENRY KAMEN Pensarán algunos que yerro cuando cito aquí pasajes del famoso libro sobre Don Quijote, escrito por el honorable Miguel de Cervantes, pero pienso sinceramente que mis fuentes son correctas. Me refiero, por supuesto, a «las admirables cosas que el estremado Don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Moratinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa». La verdad es que no se puede dudar de la existencia de la cueva, porque yo también la he visto y paso a contar lo que de labios de Don Quijote salió. Tú, lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere. La verdad es que antes de que el famoso hidalgo bajara a la cueva de Moratinos, le habían dicho que ésta se encontraba en el corazón de la Mancha; sin embargo, cuando entró, vio que estaba en otro continente. En la cueva se topó con un venerable señor, pequeño y un tanto corpulento, medio calvo y con una alegre sonrisa en su redonda cara, que le dijo: «Soy el mismo Moratinos de quien la cueva toma nombre, y ésta es mi tierra que, vosotros mortales, conocéis como Africa». «¿Cómo es eso?» le preguntó el valeroso caballero, «¿cómo es que yo entré dentro de las entrañas de España y he acabado en Africa?». «Eso es fácil de explicar», dijo el otro, «porque en verdad todos los caminos llevan a Africa». «¿Pero no sois vos, venerable señor, una persona de cierta distinción en vuestro propio continente? ¿Por qué habéis venido a Africa?». «¡Ay!», contestó él, «debéis escuchar mi triste historia. Hubo un tiempo en que yo estaba en una posición de autoridad en mi tierra, y dirigía su política exterior. Muy pronto, sin embargo, los dirigentes de las otras naciones empezaron a cuestionar mi política y despreciar mis iniciativas. Los mandatarios extranjeros que hablan extrañas lenguas como inglés, alemán, francés y ruso empezaron a discrepar de mi política y me contradecían en sus reuniones. Un comentarista del Strategic Study Group de Estados Unidos llegó a declarar que 'España ha perdido su credibilidad'. Así que comprendí que es mejor cultivar amigos en tu propia familia, y me adherí a los generosos dirigentes que hablan nuestra misma lengua. Tu habrás visto como me acojo al amable y cultivado dirigente de Venezuela, a quien el anterior Gobierno de mi país vilmente intentó derrocar; pero todos mis gestos de amistad se colapsaron cuando mi Rey, públicamente, le enseñó el dedo. Realmente no es justo. He puesto todo de mi parte para apoyar el régimen progresista de Cuba, pero los otros europeos se me han opuesto constantemente. Y ahora otros países europeos acaban de tener una reunión en Londres, pero han rehusado invitar a mi venerado dirigente. Ciertamente, parece que todos se burlan de mí. Ni tan solo he tenido el privilegio de encontrarme formalmente con el gran dirigente de Estados Unidos. Su representante, Condi, me visitó brevemente el año pasado. Cuando defendí mi amistad con Cuba y dije 'estoy seguro de que con el tiempo usted se convencerá de que mi estrategia producirá resultados', ella simplemente movió sus ojos y dijo: 'No aguantes la respiración.' ¿Puedes entender por qué estoy molesto?». «Veo vuestras razones», dijo Don Quijote, con cierta simpatía, «¿pero supongo que habrá alguna salida para vos?». «Por supuesto, por supuesto», respondió el guardián de la cueva. «He inventado una nueva Alianza que substituirá todas las otras alianzas, porque sólo será entre gente civilizada. La he llamado Alianza de Civilizaciones, porque será sólo para gente progresista, no para europeos o norteamericanos. Tuvimos una reunión en Madrid este año. Costó muy poco, unos cuatro millones de euros, que no es nada por tan valioso foro. Y ofrecimos nuestro firme apoyo a Turquía, a quien los europeos han excluido de su familia. Tenemos mucho en común con nuestros amigos turcos». «Sé eso», dijo Don Quijote, «mi amigo Cervantes tuvo un notable encuentro con ellos en un lugar llamado Lepanto. Pero de eso hace ya mucho tiempo. Decidme, amigo Moratinos, ¿cómo es que habéis limitado vuestra Alianza sólo a musulmanes? Corregidme si me equivoco, ¿pero no tenían los judíos también una civilización en España?». «Tonterías, los judíos no han sido parte de España desde hace mucho tiempo, mucho antes de Lepanto. No pertenecen a la Alianza porque sus puntos de vista son diferentes, ellos no piensan como yo. No son parte de nuestra civilización. ¿Acaso sois judio?». «No, no en absoluto, os lo aseguro. Soy un buen cristiano, como vos. Y apoyo a la Santa Inquisición». «Pero si apoyáis a la Santa Inquisición, ¿acaso sois un integrista, fundamentalista y neoconservador, como los obispos de mi país, que también se me oponen?». «No, no, os lo aseguro. Entonces, decidme, buen amigo, ¿pensáis que deberíamos rechazar a los europeos y norteamericanos y confiar sólo en los musulmanes?» «Bien, es verdad que nuestro destino no es Europa, sino que se sitúa hacia el sur, en Africa. Es por eso que esta cueva se halla en Africa. Acabo de hacer un largo viaje a través del continente, y tranquilizado a todas las gentes del continente diciéndoles que obtendrán de mí -de nosotros- aquello que no han podido obtener de los europeos y norteamericanos, amistad verdadera y mucha ayuda financiera, de modo que puedan vivir al fin en paz. Incluso hablo su lengua: 'nalingi botondi', les dije en el Congo. Tal vez os preguntéis, por qué Africa. Os lo diré, en palabras de uno de nuestros filósofos, Ortega y Gasset: Africa para nosotros es 'una fatalidad histórica y, en la Historia, la fatalidad es obligación'. Otro de nuestros grandes hombres, Joaquín Costa, explicaba que 'el Estrecho de Gibraltar no es un tabique que separa una casa de otra casa; es, al contrario, una puerta abierta por la Naturaleza para poner en comunicación dos habitaciones de una misma casa'». «He oído», comentó Don Quijote, «que intentáis construir un túnel por debajo del mar para conectarnos a Africa». Al oír la palabra «túnel» los ojos del guardián Moratinos se iluminaron, y las palabras casi se precipitaron de sus labios. «¡El túnel, el túnel! Sí, ese es el gran futuro. Costará casi nada, y será más grande y mejor que cualquier cosa que han construido los británicos y franceses bajo el Canal de la Mancha. Mi túnel irá desde La Mancha -perdón por el juego de palabras- directamente a Marruecos. Realmente convertirá a Africa y a nosotros mismos en 'dos habitaciones de la misma casa'! ¿Os podéis imaginar eso? Millones de españoles podrán ir libremente a Africa, y millones de africanos nos vendrán a visitar. Como dije el otro día en Luxemburgo: 'Va a ser irreversible que el continente africano sea uno de los ejes prioritarios de la política exterior española'. ¡Africa, Africa, ese es el gran futuro para nosotros! ¡España será grande en Africa!». «He oído estas palabras antes», Don Quijote murmuró, sin atreverse con el emocionado guardián, «pero las dijo alguien poco antes de una batalla que ocurrió en un lugar llamado Annual». «Como no estás experimentado en las cosas del mundo», el guardián respondió, a penas escuchado lo que Don Quijote decía, «todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles. La verdad es que en esta cueva he descubierto los secretos del futuro, y aunque neguéis con la cabeza os puedo asegurar que, a pesar de que tanto Washington como Londres me han cerrado las puertas, el camino hacia delante se encuentra donde siempre ha estado desde los grandes días de Isabel la Católica, en Africa». Esas fueron las últimas palabras que Don Quijote oyó antes de que, de repente, se desvaneciera, y se despertara delante de su buen amigo Sancho Panza. Cuando explicó todo lo que había visto y oído a su sorprendido asistente, Sancho comentó: «Bien se estaba vuestra merced acá arriba con su entero juicio, tal cual Dios se le había dado, y no agora, contando los mayores disparates que pueden imaginarse». Aunque muchas cosas me separan de Joaquín Leguina, por lo menos me parece un hombre coherente. Ahí les dejo una interesante entrevista de la que me han lamado gratamente la atención algunas respuestas. –Tras esta legislatura dice adiós al Congreso de los Diputados y de alguna manera a su vida política.Aunque ya lo anunció hace tiempo, ¿como se siente ahora, que llega el momento? -¿A mí? No creo. Ha señalado con el dedo a toda una generación por intereses puramente espurios, pero explicables. Es la forma de dejar sin alternativas su propio liderazgo, que es una pretensión de casi todo el mundo y casi todo el mundo fracasa... y espero que él también. -¿Se juegan PP y PSOE algo más en las elecciones? Me refiero al liderazgo. Decían esta mañana en la radio que nunca antes en la historia de España había habido un número tan considerables de jóvenes liberales como ahora. Supongo que es cierto, aunque me hubiera gustado ver lo que se cocía en las facultades durante la primera mitad del siglo XIX. En fin. De todas maneras, lo que uno sí percibe es cierto distanciamiento con las ideas que nos movilizaron a muchos no hace tanto tiempo. Las universidades ya no son un hervidero de jóvenes revolucionarios dispuestos a cambiar el mundo y jugar a mayo del 68, y eso se nota. No puedo decir que me alegre, puesto que soy de los que piensan que las ideas revolucionarias son una estupenda escuela para los liberales del futuro. En muchos casos, el ansia de justicia y de libertad, que ton tanta vehemencia se practica durante la juventud, cristaliza con el paso de los años en una nueva concepción del mundo que pasa por la libertad individual entendida como piedra de toque sobra la que se sustenta cualquier otro derecho. Pues bien, lo que sí que parece claro es que muchos jóvenes se saltan este paso previo y se instalan en el liberalismo de forma natural. Una posible explicación pasa por los ejemplos del llamado Socialismo Real. Porque en estos tiempos que corren ya nadie, o casi nadie, sueña con una reedición de ese sistema fallido que condenó a la carestía, cuando no directamente al hambre, a millones de seres humanos. Decía Winston Churchill que la democracia es el peor sistema si exceptuamos todos los demás. Y es que el ser humano no ha sido capaz de encontrar una alternativa viable al capitalismo y, por ende, al liberalismo político (entendido éste en su definición más amplia). Esta falta de alternativas ha calado en muchos de nuestros jóvenes, más si se tiene en cuenta que durante los últimos 30 años de democracia en España, 16 los hemos vivido bajo gobiernos de izquierda con todo lo que ello representa. Y es que el caso de España es singular, ya que en la izquierda se ha instaurado una especie de pensamiento “progre” y políticamente correcto que adolece de cierto anquilosamiento. Al estar basado en clichés e ideas preconcebidas, esta ideología es incapaz de evolucionar y adaptarse a los nuevos retos que plantea el futuro. Aspectos como la inmigración, el auge de los nacionalismos, la globalización, la educación o la defensa de la democracia contra sus nuevos enemigos, son tratados por los “progres” desde el simplismo políticamente correcto y la frase hecha. Es cada vez mayor el número de españoles, y por ende de jóvenes, que ven la artrosis en la que se ha sumido el izquierdismo. Es difícil, por no decir imposible, habla de que “un mundo mejor es posible” cuando al mismo tiempo se defiende una dictadura como la castrista, con más muertos en su haber (guste o no es un hecho objetivo) que la infame dictadura del general Pinochet en Chile. Por no hablar de las prácticas poco democráticas de Hugo Chávez y del fracaso estrepitoso de su política económica. Así que, pese a que los últimos tiempos algunas universidades saltan a los titulares de los periódicos por agresiones e insultos a María San Gil o a Rosa Díez, lo cierto es que cualquiera que se de una vuelta por una facultad puede darse cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas últimamente. Aunque siempre quedarán los cuatro irreductibles de siempre, que ya, estas alturas, forman parte del folklore universitario. Después de innumerables años de batallar contra Windows, al final he decidido pasarme (otra vez) al lado oscuro de la fuerza e instalarme Linux. Hasta la fecha no había encontrado una distribución que fuera sencilla de usar y en la que instalar programas no se convirtiera en un suplicio. Hasta que encontré Mandriva 2008. Sólo puedo decir cosas buenas de este maravilloso sistema operativo. Llama la atención lo bonito que es (incluso más que Windows), el gran poder de autodetección de hardware y la “sencillez” para instalar paquetes (así es como llaman los linuxeros a los programas). Hay que tener en cuenta que no es Windows, y que no es tan sencillo como darle al archivo.exe y esperar. Pero nada que no se resuelva “googleando” y consultando alguna web especialiaza como www.blogdrake.com. Tomé la decisión después de que mi Windows XP muriera por segunda vez en 48 horas. La verdad, ya estaba harto de cuelgues, mensajes de error, virus, incompatibilidades y demás movidas. Con Linux no hace falta instalar antivirus y la gran mayoría de programas son gratuitos. Además, por cada programa de Windows existe su equivalente en Linux. Por otra parte, todos aquellos que estén demasiado enganchados a algún juego o programa de Windows lo podrán emular con programas como Wine o Cedega (yo lo he hecho con Ares y funciona). He de decir, que pese a todo, hay que dedicarle algo de tiempo para saber cómo hacerlo, pero el resultado final merece muchísimo la pena. Por mi parte, también existe cierto sentimiento de revancha contra el señor Will Gates y su cuasimonopolio windowsero. Esto de bajarte un sistema operativo mejor y que además es gratis da mucho “morbo”. Lo dicho, lo recomiendo a todo el mundo. Es especial a usuarios medios de Windows (por su parecido con el programa de Microsoft) que utilicen el ordenador para escribir textos, bajarse pelis, música y cosas por el estilo. Decir que me he pasado horas "puteando" al sistema y no se me ha colgado ni una vez. Es mucho más estable y seguro que Windows. Existe una versión gratuita, que es la que tengo instalada, que se llama Mandriva One y que ocupa poco más de 600 megas. Sólo hay que “quemarla” en un CD y ejecutarla desde la unidad de CD o DVD (arrancando el ordenador desde dicha unidad). Esta versión básica viene de serie con gran cantidad de programas como reproductores multimedia, grabador de DVD's, OpenOffice (que es la versión gratuita del Microsoft Office) y un largo etc. Además, existe una versión de pago llamada Powerpack 2008 que incluye 4,5 Gigas de utilidades. Cualquiera que esté un poco avezado en Internet sabrá cómo conseguirla “de free”. He probado otras distribuciones como Kubuntu o Knoppix, pero me quedo con esta por lo cuidado de su presentación, las traducciones al castellano y lo rápido que lo autoconfigura todo. De todas maneras, las demás, y en especial Kubuntu, también son unas grandes alternativas. Aquí les dejo la web donde descargar este sistema operativo que pueden probar sin ejecutar desde el mismo CD o DVD (Live CD lo llaman). ¡A disfrutar! |